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EL SEIS DOBLE - DIARIO DIGITAL DE ALZIRA

MIEMBROS DE LACUA, ASOCIACIÓN PROTECTORA DE ANIMALES DE ALZIRA, ASISTIERON A UNA MANIFESTACIÓN EN CONTRA DE LA EXPERIMENTACIÓN CON ANIMALES

MIEMBROS DE LACUA, ASOCIACIÓN PROTECTORA DE ANIMALES DE ALZIRA, ASISTIERON A UNA MANIFESTACIÓN EN CONTRA DE LA EXPERIMENTACIÓN CON ANIMALES

Una parte significativa de los animales a los que se maltrata en pruebas de laboratorio se llevan a cabo en campos como el militar, el espacial, el de la cosmética o el industrial

Miembros de Lacua, Associació Protectora d’Animals d’Alzira, asistieron el pasado domingo día 27 a una manifestación, en la plaza de la Virgen, organizada por el grupo Libera, contra la experimentación con animales. 

Cada año son utilizados en contra de su voluntad cientos de millones de animales no humanos para la experimentación. En las estadísticas oficiales no se incluyen a los animales criados para la investigación pero que son asesinados como excedentes, ni los que mueren durante su transporte.

Mucha gente asumiría que la prohibición de los zoos, la industria peletera, las corridas de toros o las carreras de galgos no afectaría en gran medida a nuestro bienestar, y que por tanto podríamos prescindir de esos usos de los animales. Pero, ¿qué sucede con la experimentación? ¿Tenemos que aceptar la experimentación con animales no humanos por parte de los investigadores como un deber desagradable pero necesario para nuestra salud? Podemos aceptar dócilmente los mensajes amenazantes y al mismo tiempo esperanzadores de la industria de la investigación, o analizar el fenómeno de manera global y más crítica. 

El primer error consiste en creer que la experimentación con animales tiene lugar única y exclusivamente en el área de la medicina y la farmacología. Pero una parte significativa de los animales a los que se maltrata en pruebas de laboratorio se llevan a cabo en campos como el militar, el espacial, el de la cosmética o el industrial. Hacer sufrir y matar caballos para probar armas químicas y biológicas que posteriormente serán utilizadas para esos mismos fines en seres humanos resulta, simplemente, perverso. Someter a monos a crueles pruebas de descompresión para enviarlos al espacio, irritar deliberadamente los ojos de conejos con sustancias corrosivas, o envenenar ratas obligándolas a ingerir grandes dosis de aditivos alimenticios son actos difíciles de justificar, y tras los cuales se ocultan grandes intereses económicos. 

Pero incluso, cuando entramos en el terreno de la investigación médica, nos encontramos con numerosas situaciones absurdas. Las pruebas sobre drogodependencias o las que se realizan en el campo de la psicología son tan sólo algunos de los ejemplos más inmorales. ¿Qué información podemos obtener de convertir roedores sanos en alcohólicos, o de obligar a monos a inhalar humo hasta provocarles cáncer, que no obtengamos de la ingente cantidad de datos que nos ofrecen a diario los miles de personas aquejadas de estas dolencias en la consulta del médico? ¿Qué nos puede enseñar el hecho de inducir conscientemente a la depresión a un bebé mandril que es arrebatado a su la madre? ¿Acaso no hay ya suficientes enfermos mentales humanos de los que obtener conocimientos realmente valiosos? 

Si fueran sinceras, las empresas y los laboratorios responsables de tales prácticas confesarían que su motivación primordial no es ni el progreso, ni la ciencia, ni la preocupación por la salud del prójimo, sino pura y exclusivamente el afán de lucro. Para curar humanos no es imprescindible asesinar ni torturar a otros animales. La práctica de la experimentación con animales no humanos posibilita la proliferación de medicamentos y de otros productos, ya que son coartadas legales que permiten dar una falsa sensación de seguridad al usuario. 

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