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EL SEIS DOBLE - DIARIO DIGITAL DE ALZIRA

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (10) // LA TABERNA DEL "GLORIETERO" // POR: ALFONSO ROVIRA

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (10)     //     LA TABERNA DEL "GLORIETERO"     //     POR: ALFONSO ROVIRA

 Entre los licores de la bodega y los perfumes de las flores 

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¿Qué recuerdos les trae a mis contemporáneos la imagen de hoy? Aunque no tiene nada que ver el comercio de bebidas, puesto que nuestro recordado señor Paco “El Glorietero” vivía en el piso superior, la taberna de la planta baja la conocíamos como la "Casa del Glorietero". Era una casa de despacho de bebidas frecuentada por gentes del campo,  trabajadores de las distintas industrias del alrededor o por los numerosos pescadores que por aquellos ya lejanos tiempos eran bastantes. Estos últimos bajaban al río Júcar con sus cañas, y en las inmediaciones del puente de hierro probaban su paciencia en la pesca del barbo. Algunos venían de Xàtiva en tren, dormían en el sótano de la casa y al amanecer se acercaban al río para pescar y llevarse a su casa la cesta llena de pescado.

La casa que hoy reproducimos en la fotografía se situaba, para los que no la conocieron, cercana al puente de hierro, en el enclave de la carretera de Algemesí, cerca de la estación del ferrocarril. Frente a la casa recordamos haber visto dirigir el tránsito rodado, cuando los carros se dirigían al muelle de la estación para descargar el fruto dorado que se enviaba a Europa, por policías urbanos, tocados con su casco blanco. Cabe recordar algunos de ellos: el andaluz Antonio Heredia y su simpatía, el "manitas" Aureliano Lozano, la seriedad de Andrés Grau o la bonanza de José Barroso.

Francisco Valle Romero, como hemos dicho, vivía arriba de la taberna. Al mismo lado del local disponía de un pequeño terreno donde cultivaba flores para la venta en la festividad de Todos los Santos. Era, además, el jardinero municipal desde 1901. Estuvo en activo hasta los 92 años, falleciendo el 27 de agosto de 1962. El señor Paco, como familiarmente le llamábamos, era muy querido por todos y se caracte­rizaba por su bondad y buena educación. Aún le recordamos llevando a cabo su menester en la plaza mayor, en la glorieta, ataviado con su uniforme y su bastón, cuidando de que fueran respetadas las flores y plantas que él, toda su vida, había cultivado con todo cariño.

La casa del "Glorietero" situada en el entorno de las carreteras comárcales 3320 y 3322,  que discurrían por el centro de la población, fue derribada por el ayuntamiento en el mes de agosto de 1966; procediendo Obras Públicas a la ordenación de la carretera para su ensanchamiento. Los últimos moradores de la taberna fueron Eloy Ruiz y su madre Carmen Artés, que pasaron posteriormente a regir el bar de La Parrilla en la Avenida de los Santos Patronos.

Antes de llegar a la desaparecida chimenea que ven en la foto, levan­tada en 1907 y derribada por el maestro de obras Alberto Alós, estaba situado "El Palaciet", un lujoso chalet que mandó construir Vicente Pardo, el de la serrería mecá­nica poco más abajo, que también fue el que trajo la luz eléctrica a Alzira en 1900. La entrada al "Palaciet" era de piedra sillar y en el interior el piso era de mosaico. Posi­blemente,  las piedras base del edificio estén enterradas bajo los escombros que dejó en 1936, en plena fraticida guerra civil, una bomba que la "Pava" descargó con la idea de volar el puente de hierro; una de ellas cayó rozando el puente al río Júcar, la otra fue a dar de pleno en "El Palaciet", destruyéndolo totalmente. Queda, en lo que fue Serrería de Pardo, una chimenea interior. Una parcela de la serrería pertenece a lberdrola y donde se situaba “El Palaciet” es una propiedad de los herede­ros de Ramón Flor. De la chimenea, que fue derribada por Alberto Alós, fueron de­jando caer los ladrillos en montones de arena para aprovecharlos después en otras construcciones.

Después de la contienda, desde el 1936 a 1939, un grupo de exportadores, capita­neados por Ramón Flor, intentaron construir una fábrica de derivados de cítricos, pero no hubo respaldo del gobierno. Adquirieron unos terrenos en el huerto de la "Tancà de Butiñes" y años después, al no poder llevar a cabo esta realidad, Ramón Flor y compañía procedieron a su venta. El producto sobrante de la compraventa fue distribuido entre los centros necesitados, como la Beneficencia, el Hospital y el Asilo. 

Alfonso Rovira, 22.03.1992

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