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Con los casi ocho siglos que los árabes vivieron en estas tierras, nos dejaron, entre otras cosas, los hornos morunos, que aún existían en Alzira hasta que se produjo la Pantanada
El pan es una porción de masa de harina y agua que, después de fermentada y cocida al horno, sirve de alimento al hombre. Antes de que se cociera el pan, el ser humano comía los granos de trigo masticándolos; después aprendió a triturarlos entre dos piedras; más tarde se tuvieron piedras oblongas, ligeramente cóncavas, donde se machacaban. La experiencia mostró muy pronto el valor nutritivo de los granos de trigo y se extendió el uso. En Egipto se amasaba cada día y era oficio de las mujeres, por eso había piedras o muelas en cada casa.
Desde que se comían los granos triturándolos, hasta que se amasó el pan de flor de los romanos, hubo, sin duda, muchas maneras de aprovechar la pasta. Más ¿quién ha sido el inventor del pan? Los griegos lo atribuyeron a Triptolemo, o al Dios del pan, unos 1.400 años antes de Jesucristo.
Los hornos de cocer pan fueron ya conocidos en Egipto. La fabricación de pan tiene hoy grandísima importancia en todas partes. No se amasa ya a mano, se emplean grandes máquinas para este menester.
Con los casi ocho siglos que los árabes vivieron en estas tierras, nos dejaron su cultura y, entre otras cosas, los hornos morunos, que aún existían en Alzira hasta que se produjo la Pantanada de Tous, y de los cuatro que funcionaban solamente queda el de Miguel García Navarro, en la calle de Chulvi, esquina a la plaza de la Constitución. Los otros eran el de Goig, en Les Barraques; el de Carlos Ramón Chafra, en Sant Roc; el de Tudela en Santa Teresa y el de Enrique Camarena, en la calle de la Enseñanza. El horno moruno o romano, pues ya en sus tiempos comenzaron a utilizarse, eran de plataforma o piso circular, de unos cuatro metros de diámetro donde se quemaba la leña para caldear el horno; después limpiaban las baldosas de ceniza y se depositaba el pan para su cocción.
Enrique Camarena
Por haber transcurrido gran parte de mi niñez y adolescencia —treinta años— al mismo lado del horno de Enrique Camarena, es del que tengo más vivencias. Auxiliado por el mismo recuerdo que entre 1939 y 1940 su padre, Enrique Camarena Sifre, procedió a la reforma del edificio, apareciendo en el subsuelo tres pisos de baldosas, lo que viene a significar que las constantes inundaciones del Xúquer, poco a poco, nos ha aportado la elevación del terreno. Del horno de Camarena, de los más antiguos de la población, tenemos noticias documentadas que su abuelo, Francisco Camarena, lo adquirió a María de la Presentación Casani y Bernardo de Quirós, herencia de su abuelo el marqués de Santiago. ¿Serían descendientes de los marqueses de Santiago, propietarios del palacio donde hoy se asienta la casa consistorial?
El “pa groguet"
¿Quién no recuerda, de los clientes que frecuentaban el horno de Camarena, al So Bernat? Un oficial que con su buena voz de barítono entonaba zarzuelas como Marina de Campodrón y Arrieta; ya saben aquello de... "costas las de Levante, playas las que añoré”... “y no las de Lloret", como se cambió después.
Por otra parte, antiguamente, los horneros no amasaban el pan; lo hacían las flecas —tahonerías que se dedicaban a ello—, para después llevar el pan a cocer al horno, donde el hornero, por su trabajo, cobraba en especie, que luego vendía. En Alzira existían flecas, una cerca del Pont de Sant Bernat; la de Saura, frente al Forn de les Rajoletes y la otra en lo que fue el Romeral, en la plaza de Casasús.
Nos viene al recuerdo el pan que consumíamos en los años siguientes a la contienda civil, el “pa groget”. Era de maíz amarillo y raíces. Enrique Camarena nos apuntaba que se extraía el alcohol del maíz amarillo, quedando el producto similar al serrín, por lo que no ligaba la pasta y había que cocerlo en latas, como si fueran albóndigas. En aquella época lo que más se cocía en los hornos eran boniatos, calabazas, coquetes de dacsa y patatas cortadas por la mitad y espolvoreadas con pimiento rojo molido. Más tarde, cuando llegaron los tiempos mejores, las amas de casa amasaban las monas de Pascua en unos lebrillos colocándolas dentro de la cama para que no perdiera el calor la pasta y más tarde llevarlas al horno a cocer.
Algunos hornos de Alzira
Los hornos más antiguos de los que tuvimos el placer de conocer a sus propietarios eran el de Constantino Llinares; de los Albeldo; Bernia; Llopis el llauraoret, del valencia, en la calle de la Purísima; San Bernardo, en Piletes; Nicolau, en San Juan; Serra, en el hospital; Chordá; Tudela; Roselló; Martínez; Roca; Ribera; Montaner, en la Montañeta; Ramírez y Carlos Ramón, en Sant Roc y alguno más de los 47 que funcionan en la actualidad. Un gremio que siempre ha estado muy unido.
Los horneros, sabemos por un documento que hemos hallado que data de 1770, celebraban su fiesta al Arcángel San Miguel. En la actualidad la fiesta anual la dedican a Nuestra Señora de la Merced, homenajeando, como merece en este día, a la mujer panadera.
En la foto que hemos elegido, vemos al que fue hornero toda su vida, en la Vila, Enrique Camarena Sifre, en plena dedicación. Un horno, el de Camarena, que lleva 53 años ininterrumpidos sirviendo "el pan nuestro de cada día" a los ancianos acogidos en el Hogar Santa Teresa Jornet de Alzira.
Alfonso Rovira, 25.03.1993

“… que bien se está cada uno usando el oficio para el que fue nacido”
Artículo de opinión de Alfonso Rovira
En la edición del jueves 2 de abril último, aparecía una noticia en el periódico Levante, que acompañaba el titular de “Bautizos y funerales civiles en Aldaia”. Hace casi cinco años, el 14 de noviembre de 2004, el que suscribe participaba contestando al alcalde de Igualada sobre esta sorprendente noticia, que deseo volver a transmitirla a la corporación de Aldaia. Con el encabezamiento de “Cada cual a lo suyo”, anunciaba: “Yo no nací para ser gobernador, ni para defender ínsulas ni ciudades de los enemigos que quieren acometerlas, decía Sancho. Mejor se me entiende a mi de arar, y cavar, podar y sementar las viñas, que de dar leyes ni defender provincias ni reinos. Bien se está San Pedro en Roma: quiero decir, que bien se está cada uno usando el oficio para el que fue nacido. Quijote, part II, cap, LIII”.
Como decíamos el 2 de este mes de abril, yo mismo y muchas personas más, leíamos el tergiversado título de “bautizos civiles…”. Aunque la alcaldesa, Empar Navarro, alega que el reglamento a elaborar será “acogida ciudadana, o bienvenida a la comunidad de un recién nacido”, que es lo correcto; pero, a continuación, se añade “popularmente bautismo civil”. El que inventó este título estaba manipulando indebidamente lo que conocemos los seres racionales por bautizo. Si quieren, se lo recuerdo, por si existe alguien que lo ignora.
El bautismo es el primer Sacramento de la Iglesia, que borra el pecado original de la vida a la gracia, y convierte al bautizado en miembro de la Iglesia, católica, claro.
El bautismo en un Sacramento instituido por Jesucristo, cuyo rito consiste en una ablución, acompañada de una invocación a las tres personas de la Santísima Trinidad.
La materia es el agua vertida y natural, símbolo de la purificación del alma; puede ser aplicada por inmersión total, como ésta última se utiliza en la Iglesia de Oriente. Debe ser administrado por ministros del culto; obispos, presbíteros o diáconos —no dice nada de alcaldes— dentro de la iglesia, catedral o parroquia —tampoco, añado, en Ayuntamientos—.
Creo que más bien debería haberse denominado esta insólita noticia, como señalaba algún periódico, “ceremonia civil de imposición de nombre”, con la fiesta o celebración que sus padres o padrinos quisiesen añadir después. Es como si una persona acude el Registro Civil a presentar al recién nacido, pero con más alharacas que, por supuesto, pueden hacer, pero respetando lo que propiamente es un bautizo, que nada tiene que ver con un niño presentado en sociedad como lo hizo hace cinco años el alcalde de una ciudad catalana, que dio lectura en aquella ocasión de dos fragmentos de la Carta de los Derechos Humanos, que a nada se asemeja a ablución del agua en lo que es la ceremonia de un bautizo. Los padres del neófito, como cualquier ciudadano, tienen libertad, ¿quién lo duda?, de realizar una ceremonia como la noticia que nos han servido los medios de comunicación, pero con otro titular. No confundir churras con merinas.
Alfonso Rovira

Amante como pocos de esta tierra que le vio nacer el 21 de junio de 1912, fallecía en Valencia el 19 de diciembre de 1985
Comenzaba el año 1957, cuando el alcireño José Mengual Peris, abogado y juez municipal, me convocó para que le auxiliara en la puesta en escena de una obra que acababa de escribir: "Estandarte de Reconquista", que describe la vida, obras y martirio de los Santos Patronos de Alzira.
La colaboración se centraba en grabar la música para acoplarla al montaje y darle vida en el escenario. Para la música recurrimos al conjunto Serenade; los maitines y benedictus, estuvieron a cargo del coro de la parroquia de Santa Catalina con las interpretaciones al órgano del sacerdote de la misma, Salvador Gisbert, y el final de la obra, como bien apuntaba el guión, la interpretación del himno del Centenario que se celebró en 1935, los facilitó el presidente de la Archicofradía, Manuel Montagud. Procedente de una grabación del año 1935.
El juez Mengual, con una simpatía, llena de valencianía, de vital euforia y dinamismo, me contaba como nació la idea de escribir esta obra dedicada a San Bernardo y sus hermanas María y Gracia: "hacía dos años, en 1955, cuando asistía a la misa mayor el día de la fiesta, contemplando la imagen relicario llegué a pensar la gigantesca talla humana del santo mártir la importancia de que un príncipe moro, ministro de hacienda del Saheb de Valencia, se convirtiera al cristianismo precisamente cuando se estaba gestando la reconquista de Valencia. Deseé escribir, para los alzireños una biografía en la que los graves problemas de la conversión y situar a Bernardo dentro del ambiente moro de estas tierras en aquella época".
Ensayada la obra, después de haber elegido a los actores que la pusieran en escena, todos ellos alcireños aficionados al teatro. Herminio Plaza, Ricardo Sanz, Alejandro González, Antonio Pérez, junto con sus hijas, fueron los encargados de representarla.
Puesta en escena
Incluida en el programa de feria y fiestas de Alzira de aquel año 1957, fue estrenada el día 19 de julio. Una puesta en escena acertadísima, con el decorado mínimo necesario para subrayar el lugar y ambiente, con un vestuario variado y entonado, contribuyen da como elementos materiales a que el nutrido grupo de entusiastas intérpretes, bajo la eficaz dirección del autor, tuvieron momentos de acierto que el público premio con grandes aplausos, que hicieron aparecer en el escenario al autor y protagonista varias veces.
"Estandarte de Reconquista" volvió al escenario del Gran Teatro Municipal dos días después del estreno y ya no sería puesta en escena hasta julio de 1966, no haciéndolo ya hasta nuestros días.
En 1989, al celebrarse el Año Jubilar Bernardino, se intentó por parte de la Archicofradía, el resurgimiento de la obra del juez Mengual, pero ante las dificultades que entrañaba la puesta por no poder formar un cuadro escénico que lo interpretara, tuve la idea de adaptarlo para la radio y se hizo realidad en aquel año, transmitiéndola a través de Radio Alzira, con las voces de Joaquín Sanchis, Arturo Masiá, Delfina Esteve, Cristina Soler, Rosendo García Marco, Bartolomé Moltó, Antonio Pérez, Aureliano Lairón, Jordi Verdú, Juan Carlos Roselló, María Gracia Rovira, Segundo Álvarez y Tomás Ferrer.
Entiendo que en este año, cuando se cumple el 350 aniversario del patronazgo, aquí en la capital de La Ribera Alta, donde derramaron su sangre había que recordar la obra "Estandarte de Reconquista", salieran a la luz las figuras señeras de Alzira: Bernardo, María y Gracia.
Este es, pues, el momento de llamada para enaltecer la terra de Bernat y animar a todos los alcireños a que se unan a esta conmemoración.
Otras obras
El polifacético alcireño José Mengual Peris, no solamente dejó escrita la obra de referencia. En el año 1970 puso en escena "Retaule de Nadal", una obra literario-musical que mereció al aplauso de cuantos asistieron a su estreno en el salón de actos del Instituto de Bachillerato “José María Parra”, la Navidad de aquel año.
En aquella ocasión en que niños de colegios prestaron sus voces, también colaboré con él en las grabaciones para su escenificación.
Un último canto
José Mengual Peris, amante como pocos de esta tierra que le vio nacer el 21 de junio de 1912, de su arte, de su historia y costumbres, fallecía en la capital de provincia el 19 de diciembre de 1985 y unos días antes, internado en una clínica de Valencia, recibió la visita del doctor José Vila, a la sazón presidente de la Cofradía de la virgen de Lluch, a quien le pediría le entonase, con su buena voz, una canción que él mismo compuso dedicada a la virgen y que fue estrenado el día de la boda de su hija María Amparo. Días después fallecería.
El señor Mengual Peris, bernardino por excelencia y devoto amante de la Santísima Virgen, perteneció a la Junta de Obras pro-construcción de la parroquia de los Santos Patronos y había dedicado también composiciones de su pluma a cada uno de los Pasos de la Semana Santa Alcireña.
En la fotografía que adjuntamos del acto de inauguración del Instituto de Bachillerato José María Parra, el 10 de diciembre de 1968, le podemos ver en primer plano junto a otros conocidos alcireños como Manuel Oro, Juan Ferrer, Miguel Oliver, Juan Bialcanet, Francisco Montagud, José Tudela... algunos de ellos fallecidos.
Alfonso Rovira, 16.05.1993

El nuevo mercado de abastos fue inaugurado el 26 de julio de 1981 y el complejo deportivo el 22 de enero de 1984
Recordarán mis contemporáneos lo que fue antaño, la hoy Avenida Luis Suñer. Un brazo de río muerto que se encontró en esta situación al desaparecer el puente de San Gregorio y construir el muro de defensa del río. En esta charca crecía la enea, que servía para la artesana labor de la fabricación de asientos de las sillas; también donde los niños de mi época se "enfrentaban" haciendo "arca" —lanzamiento de piedras— entre los de la Vila y el Arrabal.
Frente a las murallas, salvando este cauce, huertos de naranjos y también donde se sembraba el grano en los terrenos de los señores Arricaut, Peris, Colomer, Rosell, Magraner, Montalvá...
Lo que hoy conocemos por la calle Pedro Morell era el camino del Alborgí —la Torre en árabe—, que comenzaba atravesado un puente sobre el río Barxeta, muy cerca el Gran Teatro, que tenía tres ojos. Este camino discurría hasta el muro de defensa del Júcar, hoy variante de Alzira, a la altura de la finca de Rosell Magraner, una curva de ángulo recto, tras salvar una cadena que cerraba el paso, una pequeña cuesta que atravesaba el muro, se llegaba al huerto de naranjos y frutales de Redal.
Polideportivo actual
Como dice el dicho —valga la redundancia—, nos quedaremos a mitad de camino dedicando el comentario de hoy a lo que conocemos por polideportivo “Fontana Mogort”.
Como bien pueden ver en la imagen que acompañamos, así era la estructura del complejo deportivo hace casi treinta años; pero la misma no iba a servir a bote pronto para que practicara los deportes la juventud alcireña, si no para prepararla con una alimentación sana, procedente de nuestras huertas. El proyecto era el mercado al por mayor; es decir de abastos, que fue inaugurado en las fiestas de Sant Bernat y les germanetes de 1967.
Recordarán los lectores que el mercado de abastos se situaba al pié de los tres escalones que existían para acceder al antiguo y desaparecido mercado de detall, acogido bajo los árboles al mismo lado donde los falleros del Mercat plantan su monumento cada año.
La Corporación Municipal, viendo la problemática del poco espacio de que disponían los asentadores, proyectó la construcción de un nuevo mercado. Corría el año 1963 y el primero de mayo, en un pleno, se acordó el estudiar una moción para llevarlo a la realidad. El proyecto lo llevó a efecto el arquitecto municipal Andrés Herruzo Goberna; la ubicación del mismo, como ya hemos indicado, era la partida del Alborgí y el presupuesto ascendía a la cantidad de 6.759.754 pesetas.
Al terminar la obra serían conserjes del mercado Roberto Palacios Garrigues y Miguel Monserrat Martí. La junta directiva la constituirían los propios asentadores presididos por Vicente Soler y fueron por parte del ayuntamiento alcaldes de plaza, Francisco Clari Juan, Octavio Daries Vergara y Juan Bautista Caballero Torres, en distintas épocas consecutivas.
Debido al insuficiente espacio, por el desarrollo que iban tomando las ventas, la Corporación Municipal se planteó un nuevo mercado, por lo que la estructura sirvió para las instalaciones de un polideportivo, que después de las obras que dieron comienzo en febrero de 1982, se construyeron dos pistas polideportivas, vestuarios y gradas en el interior del que hasta entonces fue mercado de abastos, con un costo de 13.404.827 pesetas. El constructor, Juan Roig Palau, entregó la obra a primeros de 1984, inaugurada el 22 de enero de aquel año, con la asistencia del presidente de la Generalitat Valenciana, Joan Lerma y Francisco Blasco.
Por otra parte, la comisión de urbanismo del Ayuntamiento de Alzira, tras el estudio del proyecto de arquitecto municipal José Pellicer Revert, propuso la ubicación del nuevo mercado en el polígono industrial número uno en la barriada de Les Barraques, que fue aprobado en el pleno del 22 de febrero de 1979. Tras los trámites legales la obra se adjudicó a la compañía Levantina de Edificaciones y Obras Públicas.
Nuevo mercado de abastos
Terminadas las obras del nuevo mercado de abastos, fue inaugurado el 26 de julio de 1981. Para el funcionamiento interno fue creada una junta que estaba integrada por tres concejales del ayuntamiento: Juan Bautista Caballero Torres, como presidente; Alfredo Martín Sifre y José Martínez Alonso, consejeros y también como consejeros los asentadores Francisco Teresí Alegre y Salvador Sampedro.
En la actualidad, la junta directiva del mercado la forman Francisco Ludeña Lerma, presidente; Joaquín Vida, secretario; Eugenio Alcover, tesorero; Salvador Palop, contador; Bernardo Montalvá, supervisor de cuentas y Vicente Catalá, Juan Martínez y Alberto Ferrer, vocales de mantenimiento y portavoces todos los asentadores. La plantilla de conserjes está formada por Miguel Monserrat, Antonio Garrigues, José Folgado y José Soler.
Un mercado que podemos catalogar como de los mejores de la nación, por la calidad de los productos y sus instalaciones a donde acuden los compradores de los puntos más alejados, como podrían ser de Burgos, Ibiza, Benidorm, por citar algunos.
Alfonso Rovira, 09.05.1993

El mas reciente que se compuso, con música del maestro Miguel Villar González y letra del doctor Manuel Just, fue estrenado en la Plaza Mayor la noche del 18 de Julio de 1.954
Alzira, como cualquier pueblo de nuestra comunidad, ha prodigado música por doquier. De sus músicos y poetas salieron bellas melodías y de sus plumas sus mejores rimas.
Hemos conocido composiciones a lo largo de la historia con letras que han salido de la mente de grandes escritores, de poetas alcireños: José Garrigues Peris, sastre que tenía el taller en la calle Mayor Santa Catalina 17; Bernardo Fontana, funcionario del Ayuntamiento y secretario de la Junta Local Fallera en sus inicios; Enrique Pérez Presencia; Enrique Marzal Boluda y el preclaro doctor en medicina, Manuel Just Aparicio, entre otros.
Varios himnos dedicados a nuestra bella Alzira fueron escritos y les pusieron música; como el que escribió el Padre escolapio Juan Tomás, con música de Consuelo Colomer Medan, cuya letra decía: "Viva Alzira, la reina de la Ribera, se deja del Júcar acariciar y asciende decidida a la alta espera cuando baja su río hacia la mar. Le dio Don Jaime sus nobles fueros para que fuesen su luminar entre leones y entre corderos pudiese siempre y supiese andar".
Hubo otro himno a Alzira del que no hemos podido averiguar quienes fueron sus autores, aunque si fue y es el que más hemos conservado en la memoria por haberlo cantado en la escuela cuando asistíamos de niños. Su letra y música es muy pegadiza: "de la vega valenciana, maravilla de color, es Alzira la huertana, con sus naranjos en flor. Y entre tanta galanura, que Alzira sabe tener, lo mejor es la hermosura que Dios puso en la mujer".
El mas reciente que se compuso, con música del maestro Miguel Villar González y letra del doctor Manuel Just, fue estrenado en la Plaza Mayor la noche del 18 de Julio de 1.954, estrenado por la banda de música de l'Alcudia.
Al finalizar el concierto programado para el inicio de las fiestas dedicadas a los Santos Bernardo, María y Gracia de aquel año, la Filarmónica Alcudiana, dirigida por el maestro Enrique Garcés, con la plaza materialmente ocupada por multitud de alcireños, el director titular cedió la batuta al autor del Himno a Alzira, Miguel Villar, que era profesor de música del Frente de Juventudes, quien con seguridad y ritmo dirigió a la banda y coros. El público lo acogió con tal entusiasmo que tuvo que bisarse, teniendo que subir al estrado el autor de la letra, el popular poeta alcireño doctor Manuel Just, quien se fundió en un fuerte abrazo con el maestro Villar, recogiendo ambos el homenaje de los alcireños que se hallaban en la plaza. La parte coral del himno fue interpretada por jóvenes alcireñas pertenecientes a la Sección Femenina y la voz solista la puso el recordado alcireño José Vila Felices quien, a pesar de su emoción, no perdió su línea un solo momento, luciendo su hermosa y potente voz vibrante y de bello timbre. La letra, obra del doctor Just, magnífica como nos tenía acostumbrados, nos dejaba mensaje: "Sal de entre nubes mi bella Alzira, llegue hasta el cielo tu denso clamor. Cante tu río, cante tu huerta, rinde homenaje al Conquistador. Nobles y monjes hoy te visitan, armas y escudo tu mereces ya. Llave de un reino sea tu cetro y entre las barras felicidad. De los pueblos de la reconquista eres meta de nuestro tesón. Tus murallas lucen la Senyera, bandera bendita de oro y sol. Una Virgen hermosa y morena que del cielo cuajado de luz nos hará en el templo de los bosques, vivir a la sombra de la cruz. Monjes y ascetas entre riscos, como abejuelas de tu vergel, harán del suelo, cual paraíso, ricos panales de flor y miel. Ciudad preciada que en la Ribera eres el faro que mas luz da, fuente de vida, fuente de historia, la sed de gloria tu calmarás. Vestida de nardos, de rosas y azahar, al mundo le brindas riquezas sin par. Renazca tu historia, brille como el sol y seas orgullo de nuestra región. Lanzamos al viento con alma y con vida, ¡Viva la patria! ¡Viva nuestra Alzira!”
Un himno precioso, que después de la noche del estreno no hemos vuelto a escuchar.
También recordamos de aquella noche el estreno del pasodoble "Radio Alzira", del maestro Villar, con letra del poeta carcagentino José Armiñana Canut, interpretado por la misma banda, los coros y la voz de Pepe Vila. Éste si que adquirió popularidad y hoy aún los programan las bandas en sus conciertos.
La fotografía que acompañamos fue tomada por el fotógrafo alcireño Juan Ortega, en la residencia de Luis Suñer, en Montealegre, con motivo de la fiesta del nombramiento de Reina de los Juegos Florales en honor a la Virgen de la Murta, de su hija María del Carmen, en 1958. En la imagen, de izquierda a derecha: el abogado alcireño Hilario Sanchis Coll; Ricardo Fluixá, director de la Academia Municipal de Dibujo; el maestro de música, Miguel Villar; Bernardo Pellicer y el doctor y poeta Manuel Just Aparicio.
Alfonso Rovira, 02.05.1993

En los toques a difuntos, si se daban dos sones con la campana mayor era mujer y si tres, hombre. Para la misa mayor eran volteadas las dos campanas, comenzando siempre por la pequeña
El domingo pasado comentábamos la desaparición de la iglesia del Sufragio, cuyos restos o ruinas "perecieron" en 1967. En la parte derecha del edificio en cuestión y la contigua "Escola del Ratolt"', que más tarde fue el grupo escolar “Julio Tena”, en la actualidad delegación de Hacienda.
Cada día que paso por el lado del antiguo y viejo campanario de Santa Catalina, recayente a la plaza del Sufragio, me viene a la memoria los años de mi niñez, cuando por las mañanas, vestido de sotana roja y sobrepelliz de monaguillo de la referida iglesia, alrededor de 1940, ascendía por las escaleras de la vieja torre para “revoltear” las campanas con otros compañeros acólitos; Luis Espí Albert, hoy párroco de San Rafael de Ontinyent, era uno de ellos. Nos desprendíamos la sobrepelliz o roquete, para no ser enganchados por el remate de las campanas y entonces comenzábamos a hacerlas sonar.
Se desconoce la época en que fue construido este campanario que es de los monumentos más antiguos, unas de las pocas reliquias que nos dejaron nuestros antepasados. Una torre cuadrada, de unos cinco metros de banda por treinta y cinco. Poco más o menos de altura total. Su fabricación es de piedra en casi su totalidad y se encuentra adosada por dos de sus lados a la iglesia de Santa Catalina de Alzira.
Si nos acercamos a ella, contemplaremos y veremos que su nacimiento está a flor de tierra, si bien hay escondido más de metro y medio de profundidad en su base. Tiene la torre un poco de inclinación hacia la derecha, en perspectiva a la plaza del Sufragio alcireña, siguiendo así hasta llegar a la mitad de altura, donde a sus cuatro caras sobresale una espadaña. Continua verticalmente hasta llegar a término de su construcción donde su fábrica sigue hacia arriba con ladrillo de barro cocido, hasta llegar a una altura que en sus cuatro costados están instaladas las campanas, de gran volumen y peso extraordinario.
Sobre esta fase, sólo por uno de sus lados, el que da a la plaza del Sufragio, remata su altitud con una pared que asemeja a una capilla o retablo, donde nos muestra en la parte de arriba una gruesa bola de piedra trabajada, que en señal de triunfo, sostiene una cruz de hierro de pequeñas dimensiones.
Avisos de catástrofes
Las campanas de esta torre en tiempos pasados, con sus toques y repiques, avisaban a los habitantes de esta ciudad de grandes temporales que se avecinaban y de las posibles riadas que estos acarreaban; del estado de la guerra en las revoluciones producidas, tanto en el interior del país como al exterior y de todo lo que pudiera afectar a la tranquilidad de la vida ciudadana. También avisaban de las fiestas, como eran, verbi gratia, de la coronación de los reyes, sus casamientos, el nacimiento de los infantes; de los advenimientos locales, como epidemias, incendios u otras incidencias.
Como se puede deducir, el campanero era todo un personaje para transmitir estos mensajes de los que dan la impresión de que las campanas hablaban, y no digamos de los alcireños, que tenían que interpretarlos a la letra. Las dos campanas existentes hoy en la torre, a la que hacía casi cincuenta años que no subía —lo hice hace unos días para fotografiarlas—, son una grande y otra más pequeña, con distinto sonido. La grande, que da a la plaza del Sufragio, cuenta con unas inscripciones gravadas en la misma que dicen: "San Bernardo Mártir”: Alcira 1939. Año de la Victoria".
En otro lateral un águila imperial y al otro LHS. Fue fundida, según dice, por CTR-Roses Hermanos de Silla. La otra, un poco más pequeña, "Santas María y Gracia". En uno de los laterales un águila imperial y en la otra una palma representando el martirio.
Ambas, contienen adosadas al remate o contrapeso de madera, una placa con una inscripción: "Taller de carrocerías Manuel Giner Cucó. Teléfono 9. Puebla Larga”.
Hay una tercera campana en uno de los corredores laterales de la iglesia, que no recuerdo bien si estaba instalada en el hueco de la torre que da al ayuntamiento que, por otra parte, fue bañada por la "pantanada" de octubre de 1982 y riada del año 1987, en la que hemos podido leer grabado "Santa Catalina, V y MR. Siendo Párroco arcipreste D. Antonio Sanchis. Alzira 1955". Hay una placa que recuerda quien la construyó. "Fundición Salvador. Manclús. Calle Industria, 27. Valencia".
Distintos toques
De esta torre campanario pendían hasta llegar al suelo por el hueco de la escalera dos cuerdas para hacerlas sonar en la llamada a misa; también en los entierros desde que salía el clero de la parroquia hasta regresar a la misma.
Al finalizar estos toques a difuntos, si se daban dos sones con la campana mayor era mujer y si tres, hombre. Para la misa mayor eran volteadas las dos campanas, comenzando siempre por la pequeña.
Esta recordada plaza del Sufragio, donde transcurrieron muchos días de nuestra niñez, por servirnos la misma de patio de recreo a los que asistíamos a clase en l'Escola del Ratolí, era también lugar donde cada miércoles se formaba el mercado de cerámica y alfarería, procedente gran parte de estos productos de las alfarerías y rejolars quc habían a la otra parte del río, en la partida del Alborgí.
Alfonso Rovira, 25.04.1993

El cementerio llamado "Fosar de Santa Caterina" no tenía iglesia. Fue en 1753 cuando se edificó la ermita de Nuestra Señora del Sufragio, lugar destinado para rogar por las almas de los allí enterrados
La plaza del Sufragio y del Carbón eran dos plazoletas separadas por una estrecha abertura entre el asilo de ancianos y las propias plazas; muy cerca de esta comunicación es donde se situaba el portalón de salida de carruajes del asilo. En la tartana de esta casa instalaban el escenario al llegar el mes de agosto los festeros de San Roque, para celebrar las fiestas al patrón de la barriada con las varietés, frente a la casa de Visantico el "carreter".
Escribimos hoy de la plaza del Sufragio y de su iglesia, que de Nuestra Señora del Sufragio tomó el nombre. La plaza del Sufragio estaba abrazada de edificios monumentales, entre ellos la referida iglesia, que fue levantada por nuestros antepasados y debido al abandono se fue arruinando, hasta llegar al extremo de que fue aprovechada para almacenar enseres municipales, entre otros, puesto que también sirvió de depósito de las cajas de madera que después de transportar cajetillas de "70" y “potets" de tabaco en los años 40, tras ser vaciados por la Administración Tabacalera, sita en la calle de Amparo, junto a casa abadía.
Derribada por la “picola"
La “picola", allá por 1967, se encargó de terminar con la amenaza de ruina, como muestra la fotografía tomada en aquel año.
Precisamente donde hoy se asienta el edificio San José, con sus dos pasajes —uno de ida y otro de vuelta— aún, si nos fijamos en el lado paralelo a la delegación de Hacienda, veremos restos del pasaje, que junto a la muralla discurría desde el mercado al detalle hasta el cuartel de la guardia civil, era la línea donde terminaba la parte trasera de la iglesia del Sufragio.
Este templo se construyó en 1753. Sabido es que nuestros antepasados acostumbraban a tener los cementerios cerca de las iglesias. En Alzira todos los conventos tenían cementerio propio; así se enterraban a los religiosos que fallecían, en capillas o ermitas conventuales. La iglesia de Santa Catalina no era dependiente de ningún convento, siempre ha estado destinada a parroquia, después de ser transformada en templo católico lo que había sido antigua mezquita árabe, que lindaba con la entonces plaza Mayor, hoy de la Constitución, los cristianos alcireños quisieron tener su cementerio.
De esta manera, el nuevo cementerio, que recibió el nombre de "Fosar de Santa Caterina", estaba carente de iglesia y por ello, los Jurados de la Vila, en el referido año 1753, edificaron la nueva ermita y le dieron el nombre de Nuestra Señora del Sufragio, ya que era destinado para rogar en sufragio de las almas de los allí enterrados.
Pasado el tiempo, debido a las exigencias de salud pública, el cementerio fue trasladado al exterior de la población, en la partida de Tulell donde se enterraba hasta casi finalizar el pasado siglo en que fue construido el del Pla de Corbera.
La ermita del Sufragio quedó bajo esta advocación, donde se guardaron durante algún tiempo los Pasos de la Semana Santa, así como utensilios religiosos, arruinándose debido al abandono como ya hicimos mención anteriormente y derribándose para convertir su solar en vía pública. Según nos transcribieron oralmente los protagonistas de este significativo hecho, en mayo de 1936, al ser incendiada la iglesia de Santa Catalina, entraron por la noche en la misma y con un banco de madera donde depositaron la imagen de bronce de San Bernardo, que debido al fuego aún estaba muy caliente trasladándolo a la iglesia cercana del Sufragio en primera instancia y más tarde al domicilio de Ramón Flor, donde éste procedió a su transporte a casa de su amigo José María Llopico, en Onda, donde fue salvado.
No existían edificios en la que después sería la avenida Luis Suñer, era la partida del Alborxí, vean, si no, al fondo como aparece la construcción del que fue mercado de abastos que en la actualidad sirve como polideportivo, el “Fontana Mogort”. También recordamos que en la parte izquierda del edificio en cuestión, la iglesia del Sufragio, haber visto horizontalmente, salido de la pared, un hierro que servía para instalar un peso para la paja que se administraba a los animales, si pensamos que en aquella plazoleta se instalaba el mercado de animales.
El historiador alcireño Bernardo Montagud, en su publicación “Alzira, arte en su historia”, nos recuerda que Rafael d'Alzira en 1966 escribía del interior de esta iglesia: "Era muy espaciosa y estaba compuesta de una sola nave sin claustros, con un precioso altar mayor —en la actualidad en Santa Catalina— y excelente retablo en el que presidía la estancia, como es natural, la imagen de Nuestra Señora del Sufragio. A cada uno de ambos lados había dos altares en los que se albergaban las imagen es de otros santos, y entre estos un artístico nazareno”.
Entresacamos del libro de Eduardo Soler i Estruch, “Alzira al cor”, en el que describe que en este cementerio del Sufragio fue enterrada N’Blanquina March, madre del humanista Luis Vives.
Alfonso Rovira, 18.04.1993

Una iniciativa que comenzaron los cofrades de la Oración de Jesús en el Huerto y que ha quedado para la historia
Decía William Shakespeare en su obra “El rey Enrique VIII”: "Interpretad todo con caridad". Con esta intención se lanzaron los componentes de la cofradía alcireña de la Oración de Jesús en el Huerto, en la que cierran filas els taronjeros, los comerciantes dedicados a la manipulación de frutos y productos hortícolas, que allá por las décadas de los 50 y 60 tuvieron la feliz idea de abrir un capítulo, como reza el acta número doce de la cofradía, fechada en 30 de abril de 1962, que trata sobre la organización y explotación de las sillas para que los vecinos de esta población y los miles de ciudadanos de la comarca que nos visitan el Viernes Santo pudiesen presenciar el desfile del Santo Entierro cómodamente sentados.
El destino de esta dedicación era los tres centros bien queridos por los alcireños; el hogar de ancianos Santa Teresa Jornet, Santo Hospital y Casa de Beneficencia, que en aquellos primeros años produjo buenos frutos para estos establecimientos de caridad y beneficencia.
La cofradía del Huerto quería superar los beneficios que se obtenían de la venta de los tiquets de las sillas, ya que existía un capítulo de gastos que mermaba los rendimientos líquidos de la explotación; una buena parte era dedicada a pagar el alquiler y transporte de las sillas, que si mal no recuerdo venían de la vecina población de Algemesí, por lo que en aquel año 1960 concibieron la idea de adquirir 1.200 sillas nuevas que se pagaron con donativos aportados por los cofrades, que al mismo tiempo se logró la amortización con los beneficios que se obtuvieron de la Semana Santa de 1960 y siguiente, 1961, regalando a cada centro 400 sillas, consiguiendo superar los costos del alquiler para que los destinatarios las administraran y explotaran durante el año para otros menesteres. En 1962 los cofrades del Huerto incrementaron el censo de sillas con 150 más, que distribuyeron a razón de cincuenta para cada centro.
La entonces Junta Coordinadora de Cofradías supo valorar este esfuerzo en bien de los necesitados, conformando la misma confianza en la cofradía de la Oración de Jesús en el Huerto, y a propuesta del presidente se concedió el voto de gratitud a tal cofradía, por su desinteresada labor. En aquellos años, ya lejanos, el presidente de la cofradía, Vicente Soler Hidalgo, nos citaba a Ismael Mascarell, locutor de Radio Alzira y delegado comarcal del diario Levante, y al que suscribe, que cubríamos la información de radio y prensa, a que les acompañáramos para hacer entrega de los beneficios obtenidos de la venta de sillas. El encuentro convenido era el segundo domingo de Pascua, a las doce del mediodía, en el Guinea; era el punto de partida para recorrer los centros benéficos. Como testimonio aquí está la foto del presidente Vicente Soler, acompañado de Alfredo Martín, haciendo entrega del donativo a Sor María Luisa Domingo, Hija de la Caridad, superiora del Santo Hospital.
Pasaron más de veinte años y la cofradía del Huerto en estas dos décadas siguió haciendo esta meritoria labor, meta que se habían marcado. Llegó el comienzo de la década de 1980 y la nueva corporación municipal, aportaron nuevas ideas, como la del concejal Eduardo Gallardo, que propuso el que la municipalidad se hiciera cargo de la reparación de las sillas, y con ello se aumentó el número de asientos y se obtuvieron mejores beneficios. Entraron en el reparto nuevas instituciones; la Asamblea Local de la Cruz Roja, Asociación Pro Subnormales y Cuestación Contra el Cáncer.
Hoy las sillas siguen cubriendo una necesidad en las calles de la ciudad por donde discurre la procesión del Santo Entierro para presenciar los desfiles. Una obra que comenzaron los cofrades de la Oración de Jesús en el Huerto quedó en la historia. Surgieron algunos problemas de los que pienso que no es competencia de este comentarista, que cada semana se dedica a recordar nuestras vivencias contemporáneas, la historia más próxima que nosotros hemos conocido.
Alfonso Rovira, 11.04.1993

La baliza que señalaba el punto más alto de Alzira era el faro, como un señuelo, donde se adivinaba por las noches donde se encontraba nuestra ciudad
Mediaba la mañana del primaveral martes 30 de marzo de este año 1993, cuando un grupo de especialistas, auxiliados por una potente grúa, hacían desaparecer, como por arte de magia, la torre de 45 metros de altura que sirvió durante los casi treinta años más próximos de nuestro pasado inmediato de poste radiante o antena transmisora de la ribereña y añorada Radio Alzira. La baliza que señalaba el punto más alto de Alzira era el faro, como un señuelo, donde se adivinaba por las noches donde se encontraba la capital de La Ribera Alta, en dicha torre donde se situaban tres luces rojas que dejaron de lucir.
Finalizaba la década del año 1960, cuando el entonces director de Radio Alzira, Juan Ortega Vicente, realizaba las gestiones pertinentes para mejorar los equipos técnicos de los transmisores y que la voz de La Ribera llegara más lejos de nuestros límites comarcales, motivo por el cual había que trasladar las instalaciones de alta frecuencia fuera de la población y que en los estudios de la plaza del Caudillo quedaran solamente los de baja frecuencia, desde donde se producían las emisiones diarias.
El primer punto que se estudió fue en la ladera sur de la montañeta del Salvador, a la entrada de la replaza. Después, ya en firme, fueron adquiridos unos terrenos propiedad de Matilde Gimeno, en el Torrechó, junto al colegio Sagrada Familia, lugar donde se acondicionó para emplazar primeramente el poste radiante. Seguidamente, fue construida la casa donde albergar los equipos técnicos, obra que realizó el constructor alcireño Próspero Enguix.
Las instalaciones contaban con un equipo de onda media y otro de reserva, comenzando su andadura las emisiones de modulación de frecuencia, que tanto hizo por los clubes de fútbol, como fue el objetivo de Radio Alzira con la UD Alzira, Olimpic de Xàtiva o el Algemesí CF, transmitiendo en directo los encuentros que disputaban en los lugares más apartados de la península incluidas las islas.
Mejor calidad técnica
En el mes de mayo de 1981 desaparece la onda media, que había sido trasladada a Cartagena; el poste sigue su prestación ahora para soporte de las antenas de la emisora de modulación de frecuencia, hasta que fue "jubilado" para entrar en servicio en el mes de octubre de 1991 otro poste emisor con mejores cualidades y calidad técnica, debido a su emplazamiento en la Urbanización de San Bernardo, con una cota sobre el nivel del mar de 200 metros. Saliendo al aire bajo el indicativo de “Dial Mediterráneo”
Cuántas noticias salieron al éter, transformadas en vibraciones radioeléctricas, convertidas en voces y música al llegar al receptor de los radioescuchas desde el centro emisor de L’Alquerieta. Recordamos a compañeros con los que compartimos servicio en largas horas del día y noche vigilando su buena marcha. Vicente Lloret, Ricardo Rubio, Miguel Nebot, Félix Serrano, Laureano García, Vicente Puig, Tomás Ferrer, Fernando Domingo... entonces la técnica no estaba tan avanzada y no se disponía de controles automáticos.
Lo que más se nos ha quedado grabado en la mente son las fechas del 20 de octubre de 1982 y meses que le siguieron. En aquellos fatídicos días de la pantanada, fue como un albergue durante los primeros días para nuestras familias.
Cuanta labor se hizo desde aquel lugar, desde la transmisión vía radio de la visita del Papa a la Montañeta del Salvador de Alzira el 8 de noviembre de 1982, hasta la riada de 1987, pasando por las ayudas de socorro a los habitantes de esta zona. Allí consumimos muchas horas a la "sombra" del poste emisor, de nuestro quehacer diario, que hoy recordamos con nostalgia al ver desaparecer una cosa tan nuestra, ya en desuso, tras casi 30 años de servicio. La foto que acompañamos hoy en nuestro reportaje señala el inicio del montaje de la antena.
Alfonso Rovira, 04.04.1993

“… por lo cual le dio su blasón y escudo con las siglas “FF”, añadiéndole la llave en posición horizontal, que daba a entender que si no se atravesaba la Vila pasando por sus puentes habidos a ambos costados sobre el río Júcar, no se podía recorrer el Reino de Valencia. Era testimonio la inscripción Claudo Regnum et Adaperio, obric i tanque el Regne”
La Estela regional es un monumento emplazado en la carretera de Alzira a Carcaixent. Hasta que se construyó la variante de Alzira, se ubicaba en el centro del Pont de Xàtiva, por donde discurre el barranc de La Casella. Hoy, un poco desplazado del lugar de origen y enmascarado, sucio como si por él hubieran pasado los vándalos después de abandonar la antigua Sucro, después de la batalla que enfrentó a Pompeyo y Sertorio, a principios de la era cristiana, en el año 700 y pico.
Este monumento fue construido por el escultor Roberto Roca Cerdá, en el año 1961, con un presupuesto de 28.000 pesetas. Tiene un cuerpo central de ladrillo, pilas tras laterales y placas para la inscripción en piedra y cerámica. Desgranaremos hoy el contenido histórico de lo que la piedra recoge.
La Sucro Ibera
No está confirmado que las ruinas de la antigua Sucro se hallen bajo las edificaciones de la vieja Algezira, pero como dice el setabense Vicente Boix en su “Memoria histórica de la inundación de La Ribera”, publicada en 1865, Sucro fue la ciudad íbera que durante la dominación romana adquirió gran celebridad por la famosa batalla en la que se enfrentaron Pompeyo y Alranio, contra Sertorio y Perpenna.
Sucro estuvo en pie con gran decadencia hasta que los Vándalos la destruyeron en el 717 de la era cristiana, en que fue poblada por los árabes, dándole el nombre de Algezira Xúcar, isla del Júcar.
Plinio dijo que Sucro estaba situada junto al río del mismo nombre, Júcar, en el término de la Contestania. Por los textos de Boix y Escolano se sabe que a la parte norte del río comenzaba la Edetania, y al Sur la Contestania. Luego, si Sucro estaba en el término de la Contestania ha de ser precisamente, sin lugar a dudas, la de Alzira o algún paraje dentro de su demarcación, siempre al límite sur del Júcar.
Una vez posesionada la villa por el rey, después de habérsela entregado pacíficamente y convencido de que los habitantes le eran fieles, la incluyó en el patrimonio de la Corona de Aragón a perpetuidad, con el mandamiento expreso de que ni él, ni sus sucesores pudieran enajenarla a tercera persona; por lo cual le dio su blasón y escudo con las siglas “FF”, añadiéndole la llave en posición horizontal, que daba a entender que si no se atravesaba la Vila pasando por sus puentes habidos a ambos costados sobre el río Júcar, no se podía recorrer el Reino de Valencia. Era testimonio la inscripción Claudo Regnum et Adaperio —obric i tanque el Regne—.
El aumento de población hizo que elevara en manera considerable las decisiones del rey, el cual, por la pasión que sentía a su Algezira, a la que denominaba 'perla més fina de la sua coronar", cuando apenas hacia seis años que pertenecía a su Reino de Aragón. El 2 de agosto de 1249 le concedió un privilegio por virtud del cual nuestra villa adquiría una importancia dentro del Reino.
El gobierno de Alzira se regía, a partir de la reconquista, por los generales del Fuero de Valencia, hasta que consigue de Juan II (1468) el privilegio de la insaculación para la elección de los que han de desempeñar cargos de gobierno con una capitulación que ha pasado a la historia con el nombre de Capítols del Sach, sistema lleno de instinto social con el que los seleccionados son la genuina representación de la colectividad. Tuvieron vigencia escrupulosamente observada hasta que Felipe V, al tomar posesión del trono en 1707, arremetiera contra nuestros Fueros, Privilegios y Libertades comunales. De todos es suficientemente conocida la historia de nuestros santos Bernardo, María y Gracia —Aben-Amete y sus hermanas Zaida y Zoraida— hijos de Almanzor y Zaida, señores de Pintarrafes, Carlet, que fueron martirizados y regaron con su sangre estas ubérrimas tierras en el término de Alzira, en la partida de Sant Bernat, el día 20 de agosto de 1180. Sus cuerpos fueron hallados por el rey conquistador, construyendo un templo y dándoles piadoso culto. Precisamente este año, el 19 de julio, se cumplen 350 años de que fueron nombrados patronos de Alzira.
Si tenemos en cuenta que “Cármenes” equivale a jardines, los montes de este término municipal eran verdaderos cármenes: La Casella y la Murta, que desaparecieron en grandes y voraces incendios en esta segunda mitad del siglo XX
Comenzaba el XVI, los campos de este término, sujetos al cultivo, producían frutos en cantidad que la población no podía consumir y de la predisposición por el sobrante se hizo eco el Consejo General de la Villa de Alzira, y el 18 de marzo de 1517, cuando el Jurat de Cap, Francesc Costera, exponía se construyesen puentes y caminos para dar facilidad al tránsito de carretas que venían cargadas de cereales. A la vuelta se llevaba “olis, taronges, llimes i altres mercaderies” según el Llibre dels actes dels Jurats e Consell, Sg. 03/104, folio 79 vuelta) .
La producción de naranja entre los frutos en escala de cosecha es un hecho en 1517 en que los vecinos de Alzira lo promovieron y, con esfuerzo, lo han sostenido de generación en generación. El agricultor alcireño, intuyendo que el caudal de agua es un filón de oro, excavó la tierra, perforó la peña sin reparar profundidades, halló manantiales y, elevando las aguas, llenó con ellas los llanos y las empujó a las alturas para que lo que eran montes cubiertos de maleza, sean ahora “Cármenes” tapizados de verde y con el perfume del azahar en primavera.
Alfonso Rovira, 28.03.1993

Julia Mateo Menéndez fue una maestra que impartió clases en nuestra ciudad durante 36 años y siempre ha sido recordada y admirada por todos los que la conocieron
Decía el escritor griego Plutarco en su obra “Vidas paralelas”: "De mi madre he recibido la vida, pero de mi maestra he aprendido a vivir".
Cuántos y cuántas alumnas recordarán a su maestra; de ellas aprendieron a "vivir", como dijo Plutarco. Julia Mateo Menéndez, doña Julia para todos los que nos honramos de su amistad y cariño, vive con los alcireños cincuenta y nueve años, treinta y seis de ellos impartiendo el magisterio en distintas aulas, a lo largo de su vida profesional. Ella manifiesta que es alcireña de adopción. Nació en la capital de provincia en el año 1902 —resten y les dará el producto de su dilatada edad, que lleva muy bien, por cierto—. Cursó estudios de Magisterio en la Normal de Valencia, obteniendo plaza en el año 1923; su primer destino, Benilloba, en la provincia de Alicante. Más tarde fue en un pueblecito de Castellón, Alcalá de Chivert, llegando a Alzira el 31 de octubre de 1934, por oposición a más de diez mil habitantes, como se denominaba aquella, tomando posesión de la plaza el 1 de noviembre del mismo año, al igual que los recordados maestros, Francisco Llácer Domingo, Agustín Izquierdo, Alfonso Escudero, Manuel Gaspar, Emilio Pastor, Fernando Nuez, Ismael Rovira —mi padre—, entre otros.
Doña Julia impartió clases, como todos los maestros de aquella época en los locales provisionales que habilitaba el Ayuntamiento, hasta la terminación de la Guerra Civil. Después lo haría en una casa particular de la calle de la Purísima, frente a la parroquia de San Juan; y seguidamente en las aulas de las antiguas Escuelas Pías, en el piso superior de la CNS —hoy locales de la Junta Local Fallera y Cruz Roja—. Ella inauguraría el nuevo grupo escolar, “Julio Tena”, donde antiguamente se ubicaba l’Escola del Ratolí, en la actualidad la delegación de Hacienda, ostentando el cargo de directora hasta su jubilación, que se produjo en el año 1970.
Su vida profesional, dedicada a la enseñanza, no la abandonaría en los años siguientes. En su casa de la calle del Teniente Boscá, junto al Forn de les Rajoletes, en el piso superior de la farmacia de Toniquín Goig, doñaJulia siguió formando a la juventud alcireña.
Clases vespertinas
Multitud de jóvenes acudían todas las tardes a las clases donde eran bien preparadas para opositar a distintos cargos de responsabilidad en instituciones, donde siempre obtuvieron números uno de su promoción, como en el Ayuntamiento, Telefónica, magisterio u otras ocupaciones, como la religiosa alcireña de la orden franciscana Ángeles Ferrandis Amat, que es una institución en la enseñanza a sordomudos, vocación que lleva a cabo desde los 17 años.
El 18 de diciembre de 1965, la inspectora de primera enseñanza le hace entrega a doña Julia, del título "maestra distinguida" y cinco años después le llega la edad de la jubilación. Con motivo del “Día del Maestro”, el sábado 27 de noviembre de 1970, festividad de San José de Calasanz, patrón del magisterio español, en los locales de la Parrilla, el entonces alcalde de Alzira, José Pellicer Magraner, al que acompañaban todos sus compañeros dedicados a la enseñanza, en el transcurso de un cálido homenaje, le hacía entrega del escudo heráldico de Alzira en oro por su dilatada vida impartiendo la enseñanza en nuestra ciudad.
De aquel acto lo recordamos en la foto que hoy acompañamos, en el que vemos al alcalde haciéndole entrega de la distinción antes mencionada. A la derecha, el maestro, Francisco Llácer Dómingo, y a la izquierda de la homenajeada el arcipreste Francisco Albiol y el entonces delegado del SEM — Servicio Español del Magisterio—, Ernesto Casanovas Juanes.
Próximo homenaje
Pocas personas que hayamos conocido en Alzira, si descartamos al prócer Luis Suñer, han recibido más de un homenaje en vida. Doña Julia a sus noventa años cumplidos, va a recibir otro homenaje después de haber transcurrido veintitrés años de su jubilación. Sus antiguas alumnas, que son muchísimas, se van a reunir con ella el próximo sábado 27 de marzo en los locales del Círculo Alcireño —coincide en sábado y 27, como el día del homenaje de su jubilación— y van a ser más de un centenar las que acudan a esta cita para recordar "tiempos pasados que no volverán".
Terminamos la crónica de hoy con uno de los versos más bellos de la poetisa Gabriela Mistral, hija de un maestro de escuela rural el pasado siglo XIX: "Señor; Tú que enseñaste, perdona que yo enseñe; que lleve tu nombre de Maestro que Tú llevaste por la tierra... Señor Nuestro”.
Alfonso Rovira, 21.03.1993

Golpe a golpe, clavo a clavo…
Han transcurrido muchos siglos desde que la humanidad en la edad de piedra vivía en las cavernas y, conforme ha avanzado el tiempo, se ha ido modernizando. No tenemos noticias de cuando arranca el noble oficio artesanal de carpintero. Suponemos que muchas personas aprovecharon la madera de los árboles para construir sus enseres y tener las comodidades, como las que disfrutamos hasta llegar a nuestros días, en que nació también la carpintería metálica.
Todos tenemos puesta la mirada en el Patriarca San José, que allá en Nazaret, cuenta la historia, ejercía la profesión de carpintero. Aquí en Alzira, la devoción al santo arranca antes del siglo XVII. En 1677, podemos hallar noticias referentes a las fiestas que se celebraban en honor a San José, al parecer, de gran devoción por considerarlo protector contra las inundaciones del Júcar. El sacerdote, vicario de la iglesia parroquial de Alzira certifica que "se ha celebrado una fiesta al Patriarca San José". A principios del XVIII, se fundó una cofradía que se encargaba del culto y la fiesta que ya se celebraba al Santo, que era uno de los protectores de la Vila.
La asociación del gremio de carpinteros de Alzira, se fundó en 1887 con una junta compuesta por trece personas, a cuya cabeza figuraba Enrique Vendrell. El primer acuerdo que tomaron fue la construcción de una imagen con su correspondiente anda, para al año siguiente comenzar a celebrar la fiesta en su honor, que se sigue celebrando en la actualidad.
Por curiosidad les contaremos que la imagen de San José costó en aquella época 300 reales. De los gastos ocasionados en aquel 19 de marzo de 1888, destacaremos que la fiesta de la iglesia costó 118 reales; la orquesta que armonizó la misa, 160, la banda de música, 200 y el dolçainer y campanero veinte reales cada uno, entre otros gastos.
Imagen enterrada y carpinteros de Alzira
Al comienzo de la Guerra Civil, en 1936, la mayoría de enseres religiosos fueron destruidos. En 1940 los carpinteros continuaron la fiesta con una imagen que Salvador Gomis había enterrado en el huerto de naranjos de su propiedad, que después se construiría una nueva. En 1960, a propuesta del carpintero Salvador Rodríguez, se confeccionaba una bandera para acompañar a la imagen del santo en la procesión, cuyo bordado realizó Teresa Pellicer, hija de los clavarios de aquel año, Manuel Pellicer y su esposa, María Carbonell, enseña que fue bendecida el 19 de marzo.
Muchos carpinteros han formado parte de este gremio en los últimos cien años, que desarrollaban su profesión en los talleres diseminados por toda la población. También existían grandes fábricas de muebles como la de Salvador Carreres Oliver, de cuyo gremio fue fundador su padre, que ostentaba el cargo de secretario, después pasó a ser la Cooperativa del mueble San Bernardo. Bartolomé y Martínez, fábrica de muebles, se convirtió en Cooperativa del mueble San José y otras fábricas como la de los Llavador, Moll o Ramírez.
En el mes de marzo de 1970, siendo presidente de la Junta Local Fallera, Alberto Rubio Santa Fe, los carpinteros acordaron invitar a la fiesta a las comisiones falleras para dar mayor realce a la misma y desde entonces miles de alcireños ataviados con las galas regionales, desfilan en la procesión junto a los carpinteros. De este día es la foto, y en primer plano las hijas del secretario del gremio de carpinteros, Trini y María Angeles Canet; de izquierda a derecha: Alberto Rubio, el alcalde José Pellicer, el presidente Manuel Pellicer y el secretario Gregorio Canet. Detrás, en segundo plano, el jefe de la policía local, Ramón López Burgos y el alguacil Luis García.
En distintos lugares de la ciudad podemos contemplar aún retablos cerámicos con la imagen del santo carpintero. En la calle de la Enseñanza 4, donde al parecer antaño existía la escuela de artes y oficios, lugar donde en el año 1926 comenzó la empresa Cartonajes Suñer, se conserva un retablo dieciochesco con la inscripción "el Patriarca Sant Josep". En la calle Santa Lucía se encontraba un grupo cerámico compuesto por doce azulejos representando al santo que se erigió a devoción de José Gómez en 1773, obra artesanal que conservan los consortes Alós-Carrascosa.
Imagen del hogar del anciano
Las parroquias de Alzira tenían a San José con anterioridad a la Guerra Civil, en las de Santa María, San Juan y en el convento de San Agustín. En la actualidad destaca la imagen que se venera en el hogar de ancianos Santa Teresa Jornet, pieza atribuida a Vergara, del siglo XVIII. Por otra parte, en el poblado desaparecido de Cabanes, en este término municipal existió una ermita dedicada a San José. También la imagen del santo de Nazaret sufrió los avatares de la pantanada de 1982 y el pintor alcireño, José Goig, policromó la misma y Gregorio Canet restauró el anda, encargándose de dorarla Francisco Goig. Esta imagen, que se custodia durante el año en casa del clavario, dentro de una gran urna labrada en madera de mobila, mide 260 de alta; 120 de ancho y 75 de profundidad.
A los “fusters” que se disponen a celebrar la 106 edición de la fiesta, que conservan el libro de actas desde la fundación del gremio, les animamos a que continúen esta conmemoración que cada año celebran en honor a su patrón, San J osé.
Alfonso Rovira, 14.03.1993

Se inauguró el miércoles, 21 de septiembre de 1921 para representar en la sesión inaugural la opereta de costumbres gallegas Maruxa, de Amadeo Vives
El telón de la boca del escenario del Gran teatro de Alzira, con su pintura representando el desaparecido Pont de Sant Gregori, obra de Hipólito Rovira, se abría por primera vez la noche del miércoles, 21 de septiembre de 1921 para representar en la sesión inaugural la opereta de costumbres gallegas Maruxa, de Amadeo Vives
Honorato Brunet, residente en París, era propietario de un terreno de 945 metros cuadrados, al mismo lado del río Barxeta, junto a la P]açeta dels Porcs, hoy de l’Alborxí. En 1919 presentaba un proyecto del arquitecto Emilio Ferrer para construir una sala de espectáculos públicos con un costo que alcanzaba las 75.000 pesetas, siendo aprobado por la Corporación que presidía Bernardo Llinares. De la obra se hizo cargo el veterinario Carlos Plasencia Contel, para explotarlo durante 25 años, tras los cuales pasaría a revertir al Ayuntamiento como compensación del solar y sus rentas integras al Hospital Santa Lucía. Se obligaba a la empresa a dar dos funciones anuales a beneficio del centro asistencial y ofrecer entradas gratuitas a centros benéficos y tres entradas a cada centro de enseñanza para premiar a los alumnos más aventajados.
Pantalla para un cine
El 6 de junio de 1921, Plasencía cede los derechos a la Sociedad Gran Teatro y se forma un consejo de administración que presidiría Vicente Sanchis, de la junta de explotación. En 1924 se construye una pared en la plaza de l’Alborxi para proyectar las sesiones cinematográficas y así disponer de un cine de verano. Al cumplirse los 25 años legislados de la explotación, desde el 18 de septiembre de 1928, regentaba el teatro el empresario alcireño Miguel Zorita, quien solicita al Consistorio una prórroga de tres años para compensar los de la guerra civil en que fue incautado. El Ayuntamiento, que preside Carlos Llinares, deniega esta solicitud y el día 12 de noviembre de 1946 es precintado el local, pasando a revertir al Ayuntamiento. El 20 de diciembre de 1946 vuelve a hacerse cargo Miguel Zorita, que lo explota al 50% con el ayuntamiento. En 1947, el 1 de abril, se ordena sacarlo a pública subasta por 30.000 pesetas anuales, otorgando el 25 de agosto la concesión al empresario alcireño Juan Guardiola Martínez por 33.300 pesetas.
Varias reformas sufrió nuestro primer coliseo. En 1956, para mayor aforo, se presenta un proyecto para la construcción de un nuevo anfiteatro —lo que conocemos por la preferencia— proyecto que finalmente llevó a cabo Juan Guardiola el 23 de agosto de 1958, con un coste de 259.958 pesetas. El 11 de enero de 1960, una intensa nevada daña considerablemente el inmueble, invirtiéndose en la reparación 140.112 pesetas. Al fallecer el arquitecto alcireño Juan Guardiola, el 24 de diciembre de 1962, empresario del Gran Teatro y de los salones Cervantes, Giner y Casablanca, la concesión de la explotación del Gran Teatro pasa a su hijo Rafael, quien la dejó, suspendiendo las sesiones cinematográficas el 30 de mayo de 1965, habiéndolas llevado a cabo dieciocho años.
Por causas de carácter comercial, económico y administrativo, los herederos de Guardiola cerraron sus locales el 1 de noviembre de 1965. El 3 de enero de 1967 es procesada la reversión del Gran Teatro al Ayuntamiento, siendo el presidente de la comisión el concejal Rafael Andújar, al que acompañaron los ediles Rafael Giner, Antonio Perelló y Agustín Forcadell; el arquitecto, Andrés Herruzo; el aparejador José Luis Enguix y el secretario municipal, Julio Tauroni Vitalis.
Actividades de todo tipo
El Gran Teatro, que fue proyectado para teatro circo, ha acogido durante casi 72 años de actividad toda clase de espectáculos: combates de boxeo y catch, conciertos, revistas, zarzuelas, óperas y ballet.
Al principio de los años treinta la actuación de los barítonos cubanos Alfredo y Eduardo Brito. ¿Quien no recuerda a Marcos Redondo? Estuvo Alzira en varias ocasiones; siempre era muy bien acogido Antonio Machín; los alcireños Hermanos Núñez —Enrique y Pachín —; Mari Carmen Solves, José María del Valle, Emma Carol, Ana María León, Guillermo Palomar... y díganme si no recuerdan con nostalgia Les peses valencianes, interpretadas por Vicente Aledón y Joaquín Sanchis. El Gran Teatro ha sido la casa por excelencia de los falleros de Alzira, que se han visto en la calle en algunas ocasiones con motivo de inundaciones o incendios.
A principios de los años ochenta, el Gran Teatro ya iba sufriendo los achaques de la edad, por lo que el Ayuntamiento que presidía Francisco Blasco proyectó una remodelación a fondo, con un presupuesto de cuarenta millones de pesetas; rejuveneciéndolo y dotándolo de los adelantos técnicos y comodidades. El 25 de mayo de 1982, cuando la sala revestía sus mejores galas, fue reinaugurada con la asistencia del gobernador militar de Valencia, Carlos Lázaro Rodríguez; gobernador civil, José María Fernández del Río, y el presidente de la diputación, Manuel Girona. Numeroso público que llenaba por completo el teatro presenció las actuaciones de la banda de Alzira y la de la División Motorizada Maestrazgo, bajo la dirección de Francisco Hernández Guirado y del comandante Juan Vicente Más Quiles, respectivamente.
Para dejar constancia del pasado, aquí tienen una pequeña muestra de nuestro antiguo coliseo, donde en el frontispicio aparece un letrero luminoso que anuncia el Parador so Bernat, que la Junta Local Fallera instalaba para las fiestas josefinas y los bailes de nochevieja. Detrás, la Constructora, con sus hornos y almacenes; la higuera al pie de la chimenea construida en 1913; hacia el fondo el malecón; detrás, Papensa y, a la derecha, el "Molí de baix".
Alfonso Rovira, 07.03.1993

“Un día pensé que era una forma ideal de dejar constancia de unos personajes y de una historia de un pueblo que, normalmente, por su carácter costumbrista quedan en el olvido y se difuminan con el paso del tiempo”
Hoy se cumplen 17 años desde aquel 12 de enero de 1992 en el que vio la luz en el periódico Levante EMV, Edición de la Ribera, la primera crónica de la serie “Y parece que fue ayer”, escrita por Alfonso Rovira Marín, notable y conocido personaje alzireño, aunque nacido en Caravaca de la Cruz un 23 de febrero de 1931; a las 10 de la noche, como añadiría él, a buen seguro.
El primer relato que se publicó estuvo dedicado a “Casablanca”, un escenario multiusos al aire libre en el que se llevaban a cabo varios tipos de espectáculos, cine, teatro, baile y actos sociales. Desde entonces, y hasta este viernes pasado, 9 de enero, en el que ha tratado un tema sobre la transformación urbanística en Alzira, han pasado por las páginas del diario Levante EMV un total de 680 crónicas, eventualidad inédita en nuestra ciudad.
Así mismo, este abundante material documental ha sido publicado en 5 tomos titulados “Crónicas de un pueblo” a iniciativa de la comisión fallera de Camí Nou. La colección, de momento, es incompleta, ya que hay ingrediente para 2 libros más.
Por último, el autor ha considerado oportuno la edición digital de esta antología narrativa en nuestro portal EL SEIS DOBLE, que actualmente va por la entrega 58. En este caso, la recopilación de reportajes lleva por título “Estampas y recuerdos de Alzira”.
Alfonso Rovira lleva con gusto una constante y ardua labor informativa, en concreto son 58 años enlazado a nuestra ciudad, y también suya, a sus gentes, a su costumbrismo a su historia…
Su personalidad y su talante han hecho a lo largo de su vida que esta ocupación le venga como anillo al dedo, ya que Alfonso es un comunicador nato, activo en su más alto grado y, sobre todo, una buena persona. Esta mixtura ha provocado que sea conocido o querido por los alzireños y que podamos pensar que este cronista es del pueblo o relativo a él y que esta ciudad ya lo considera como un componente propio de la misma.
Ha tenido la virtud de saber adecuarse a todas las clases o condiciones de la gente con la que ha tratado en su quehacer, desde el personaje importante, al popular y ¡como no! al pueblo llano… esa masa que conglomera la historia de cualquier ciudad.
Hemos querido pulsar la efeméride de esos 17 años de crónicas y nada mejor para ello que compartir mesa y mantel para, entre viandas, disfrutar de este personaje “multi-vivencias”, de sus remembranzas. Me concedió ese placer.
¿Alfonso, por qué surgió esta idea recopilatoria?
Porque un día pensé que era una forma ideal de dejar constancia de unos personajes y de una historia de un pueblo que, normalmente, por su carácter costumbrista quedan en el olvido y se difuminan con el paso del tiempo.
De esas 680 crónicas, ¿cuáles no hubieras querido escribir?
El secuestro de Luis Suñer y la Pantanada de 1982, por ser acontecimientos trágicos y calamitosos para Alzira.
¿Cuándo te sientas a escribir una crónica?
Suelo hacerlo por costumbre los miércoles para, de esta manera, entregarlo al cierre de los viernes del diario Levante. No obstante, en ocasiones, escribo sobre acontecimientos intemporales que dejo en “conserva”.
¿Qué medio utilizas para escribir?
El ordenador, por las prestaciones que tiene, la agilidad y las posibilidades de retoques o rectificaciones que posee. No podemos negarnos a la tecnología, aunque no seamos amantes de ella. Siempre he utilizado el ordenador, desde la primera crónica o estampa, como le llamas tú.
Siempre me ha gustado saber donde escribe un autor, su entorno… ¿Dónde lo haces?
En mi despacho personal, rodeado y repleto de libros, fotos, recuerdos y todas mis cosas desordenadas dentro de un orden.
¿Cuáles son tus fuentes habituales para recopilar la información?
Si no es necesario, no suelo consultar. El origen de mis reportajes, principalmente están archivados en mi cabeza, son mis vivencias, mi día a día con la gente. ¿Hay alguna fuente mejor?
¿Han querido influir en ti o limitarte alguna vez para que escribieras bajo un prisma determinado?
En absoluto, no lo hubiera consentido. Nunca me han condicionado a escribir lo que no pienso.
¿Ni lo políticos?
Ni los políticos.
¿Es agradecida la gente?
Por regla general, sí; aunque cuando uno hace cosas siempre están esos “sabuts” para intervenir como críticos.
Antes te he preguntado qué crónicas no hubieras querido escribir. Ahora, la petición, es lógica: ¿con qué reportajes te quedas?
Esta es la pregunta más difícil. ¡Son tantas! Más que elegir una en concreto yo me quedaría con un concepto global de todo lo que he experimentado con el pueblo llano, con la gente de a pie. Nunca he hecho distinciones.
Entre cafés acabamos la tertulia. Yo tuve más suerte que el lector pues fueron dos horas de charla en la que Alfonso me contó de todo, pero ¡de todo!: de la vieja Alzira, de sus calles y sus vecinos, de la radio, de las viejas profesiones, de comercios alzireños… hasta hablamos de Chamarrusca y Llorenset y aprendí lo que es un “Canari Cantaor”, ni más ni menos que “aigua sels amb llimó i casalla”, tan común en esos bares de antaño de Alzira y que él ha recordado en más de uno de sus artículos. Y preferí ser un oyente disciplinado, valía la pena.
Ramón Alfil

El paso fue encargado al escultor Juan Giner Masegosa en 1943
Cincuenta años cumple una de las más veteranas cofradías de la Semana Santa Alcireña. El Descendimiento de la Cruz, el Devallament, hace ahora 211 años que fue fundada, pero los miembros de la misma celebran estas cinco décadas de la construcción, en 1943, del nuevo paso.
Alfredo Borrás Pascual, hijo del que fue dos veces presidente de la cofradía ha escrito un magnífico y documentado libro que lleva por título Devallament de la Creu, del que tomaremos alguna documentación.
El paso antiguo fue destruido y quemado en julio de 1936 en la plaza General Dolz por los iconoclastas, dentro de los disturbios llevados a cabo en la época de la guerra civil. Fue construido por el imaginero valenciano José Gil, y terminado el 2 de diciembre de 1802.
Terminada la fratricida guerra, los cofrades del Devallament, volvieron a reorganizarse para la reconstrucción, y en 1940 comienza a celebrarse en Alzira la Semana Santa. En esta ocasión desfilaron las cofradías de La Columna, El Nazareno, Devallament, Virgen de los Dolores y Virgen de la Soledad. El Devallament participó en el desfile procesional del Santo Entierro con la imagen de María, salvada de la destrucción. En una junta celebrada el 19 de abril de 1942 se debatió la construcción del nuevo paso. Francisco Méndez, cofrade del Devallament, poseedor de una fotografía del antiguo, la cedió para encargar al escultor lo que será el nuevo paso procesional.
Construcción del nuevo paso
Juan Giner Masegosa, de la vecina población de Polinyà, sería el encargado de llevar a término este proyecto por el importe de 36.000 pesetas, que sufragaría el matrimonio alcireño Francisco España y Encarnación Signes, cumpliendo una promesa que realizaron en el periodo de la guerra civil, si bien cuando se completó la custodia, ramos y tulipas, alcanzó la cantidad de 48.000 pesetas.
El nuevo paso estuvo terminado el día 4 de abril de 1943, para ser trasladado a Alzira. El antiguo, sabemos por tradición oral, fue trasladado desde Valencia a pie hasta Alzira en 1802, y los actuales cofrades, haciendo honor a sus antepasados, también lo trasladaron a hombros. El 3 de abril de 1943, el párroco de Santa Catalina, Antonio Sanchis Castellano, solicitaba al arzobispado autorización para la bendición del nuevo paso en Polinyà, acto que se llevaría a cabo el 11 del mismo mes a las tres de la tarde. Poco después, el paso fue llevado a hombros por las calles de Polinyà en dirección a Albalat. El calor de la primavera hacia mella entre los portadores, si tenemos en cuenta las polvorientas carreteras de aquel tiempo. Al llegar al pueblo vecino y bajar el puente del río Júcar, los hombres de Polinyà que habían portado el paso hasta el limite de su término municipal, fueron relevados por los de Alzira, a donde llegaron avanzada la tarde. En L’Alquerieta fueron recibidos en loor de multitud por los alcireños bajo la presidencia de la Corporación Municipal, organizándose la procesión que llegó a la plaza, deteniéndose delante de lo que fue iglesia de San Agustín, donde se situaba la capilla del Devallament antes de ser destruida.
En la Plaza Mayor no podía caber más gente, Radio Alzira transmitía en directo el acontecimiento de la llegada del paso que iba a ser depositado en el domicilio de Francisco España y Encarnación Signes.
El paso del Devallament ha sido guardado en distintas parroquias; en el antiguo convento de San Agustín el primer paso; el nuevo, ya en casa del matrimonio que sufragó su costo; más tarde en la parroquia de La Encarnación; en Santa Catalina; y, en la actualidad, en la casa de la Cofradía, junto al Mur del Alborxi.
"La nit de les miraetes"
Recuerdo tal día como el Viernes de Dolores, La nit de les miraetes, haber presenciado, pasadas las diez de la noche, en la puerta en la que se depositaba el paso, prepararlo para "El Encuentro" con el de la Virgen de los Dolores, en la Plaza Mayor. Acompañaban cantando los "motetes", un grupo de alcireños entre los que se encontraban Vicentet Albert y Pepe Mascarell “El Bolo”, ambos invidentes. En mayo de 1976, un grupo de señoras de los cofrades del Devallament acordaron crear una sección femenina donde pudieran acogerse las esposas, hijas y hermanas, fundándose lo que se viene en llamar Marías del Descendimiento, a cuyo cargo tienen la organización del septenario, vía crucis y la celebración de la fiesta de la Aurora. El pasado viernes se llevó a cabo un acto con motivo de este cincuenta aniversario en el que fue presentado el libro de Alfredo Borrás. Maestro de ceremonias, el doctor Bernardo Montagud, quien fue el encargado de presentar el libro; poco después daría una cronología del mismo el propio autor. En el acto fueron entregadas unas placas y medallas conmemorativas a cofrades veteranos, así como insignia de oro a Bernardo Rosell Magraner, a Milagros Redal Mayans y al autor del libro, Alfredo Borrás Pascual.
En la fotografía se puede ver el momento en que se dirigen a por el paso para salir a la procesión. En ella figuran, de izquierda a derecha, José Parra Redal; Alfredo Borrás Carrió, presidente; Francisco Antich y Bernardo Expósito Burguete.
Alfonso Rovira, 28.02.1993

Con los brazos y el corazón abiertos
Decía Voltaire, en su elogio de Federico II de Prusia: "Por preciosos que sean los dones de la mente, imaginación, genio y cultura, no puede compararse con los actos de humanidad y beneficencia. Aquellos se admiran, estos se bendicen y reverencian". Esta excelente obra la han venido desarrollando en Alzira, durante casi un siglo las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, en el establecimiento de la Beneficencia, en la casa del Camí Nou de Gandía, siempre abierta a los niños huérfanos o necesitados.
San Vicente de Paúl, tras haber organizado varias cofradías de siervas de los pobres, las reunió en una sola comunidad, con asistencia de Luisa de Marillac, que bajo la dirección del Santo Parisino, se dedicó a trabajar por el necesitado. En 1633 formó las auxiliares de Damas de la Caridad, que más tarde se constituirían en Congregación de la que Luisa de Marillac fue la primera superiora, canonizada en 1934 por el Papa Pío XI. Esta institución fue confirmada por SS Clemente IX en 1668, extendiéndose pronto por toda Europa; en la actualidad tienen fundaciones por todo el mundo.
El establecimiento de Caridad y Beneficencia en Alzira con la invocación de los santos patronos Bernardo, María y Gracia, se fundó en 1905. Figuraba en una inscripción en la antigua puerta de la entrada a la casa. La Corporación Municipal presidida por el alcalde José Bolea Villanova, acordó realizar, un año antes, las gestiones para conseguir la creación de esta Casa Beneficencia. La donación del inmueble en la calle Gandía 20, la realizó una benefactora alcireña llamada Rosa García Delgado, cuyo retrato encontramos en la sala de visitas de este centro asistencial.
El reglamento fue impreso en la imprenta Muñoz en 1905. Del documento han cambiado muchas cosas. La Beneficencia dista mucho de la misión para lo que fue creada. Beneficencia es vivir para otros y no sólo es deber, sino también felicidad, aunque en la actualidad, la denominación y actividad ha cambiado por Colegio de los Santos Patronos, donde se imparten clases de EGB, pero que aún cumple el cometido de atender a niños necesitados, puesto que diez niñas son atendidas en régimen de internado por necesidades familiares.
La llegada de sor Vicenta
No vamos hoy a escribir desde sus inicios, si no de lo que hemos conocido, de la época de los años 1940, cuando llegó a Alzira una hermana de la Caridad de todos muy querida y recordada, sor Vicenta Ramírez. Nadie como Pascual Serrano —Pascualet, el de la Agrícola— que tanto bien ha hecho en sus largos años de servicio en esta entidad. Un hombre afable, conversador, que a los seis años quedó huérfano de madre siendo su segunda madre sor Vicenta, que él mismo la recuerda con emoción en la Beneficencia, de donde salió para contraer matrimonio.
También las hermanas disponían de un huerto de unas veinte hanegadas en la carretera de Carcaixent; unos terrenos y una casa, hoy destinada, donde los niños disfrutaban del verano en aquellos lares. Eran 18 niños y 14 niñas, éstas quedaban en la casa de la calle Gandía —hoy Pérez Galdós—. Sor María, una monja granadina, que llegó a Alzira en 1940, era la encargada. Acompañada de Pascualet, se desplazarse en los autobuses de línea de Miguel Pallás a Valencia, donde alquilaban, en la calle Bailén, un carrito de mano y recorrían los distintos centros de distribución del racionamiento de víveres. Imagínense a sor María, con aquel aparatoso hábito que usaban las hermanas, desplazándose a pie por las calles de Valencia tirando del carrito Todo por los niños que se albergaban en la casa de Alzira. Dice el artículo 83 del capitulo XIII del reglamento de 1905 "la religiosa destinada al servicio de la cocina recibirá de fa despensa los artículos necesarios para la confección de las comidas diarias y los tendrá dispuestos para el reparto a las horas señaladas. Dará cuenta a la superiora de las faltas que notare, en fa calidad de los alimentos...".
Cuando las religiosas consiguieron que marcharan los hortelanos que se albergaban en la casa, que habían arrancado los naranjos, la arreglaron reforzando las vigas, aprovechando un pino que crecía en el patio de la residencia de la calle Gandía. Auxiliados por Francisco Camarasa y también por Bernardo Magraner, ya que su padre, Bernardo Magraner Carrió, era el director del centro desde el 22 de mayo de 1939, se dispusieron a cultivar las tierras, sembrando patatas, boniatos y maíz. De este último producto que daba la tierra, sor María confeccionaba tortitas de las que tantos de nosotros hemos comido.
Existía en la casa de la calle Gandía una capilla donde venía con frecuencia a celebrar la eucaristía el capuchino Fray Julio de Alzira, hasta que en 1954, el ocho de marzo, el arzobispado creó tres parroquias en Alzira, entre ellas la de los Santos Patronos, nombrando párroco de la misma al sacerdote alcireño Bernardo Mascarell García, ubicándose la misma provisionalmente en la referida capilla hasta que fue construido un nuevo templo, inaugurado en 1966. En 1976 la Casa Beneficencia, con la ayuda de Luis Suñer, sufrió una remodelación para pasar a la docencia, si bien la enseñanza se impartía años antes, pasando por sus aulas innumerables niños que aún recordarán a sus primeras maestras como Sor Vicenta, que falleció a los 97 años; Sor Amparo Sanchis, que el día 3 de febrero nos dejó; a Sor Pilar, Sor Josefina, y muchas más.
En la foto, una de las visitas de los Reyes Magos, en la que vemos al alcalde, José Pellicer, acompañado de sor Vicenta, de Eleuterio Grau y Vicente Gimeno, con unos niños acogidos en el centro.
Alfonso Rovira, 21.02.1993

“Siempre recordaremos con cariño al que fue nuestro primer maestro”
Si observamos atentamente las condiciones de la vida, encontraremos que hay un problema esencial en el mundo: hacer mejor al hombre. Si profundizamos en las condiciones de este problema, sacaremos pronto la consecuencia de que para resolverlo, no hay más que un remedio: educar al niño. Pero la educación es una obra larga y compleja, que comprende el desarrollo y perfeccionamiento de todas las facultades y a la que deben ser dirigidos todos los afanes y cuidados de la vida entera.
Para ello, fue creado el Magisterio Nacional, un cuerpo formado por maestros nacionales que para ingresar en él, se requería estar en posesión del título de Maestro de Primera Enseñanza y haber aprobado una oposición.
En España, a partir del siglo XIX, surgió la preocupación de la enseñanza estatal; y a partir de 1812 se organizaron los distintos tipos de enseñanza primaría, media y superior que se han visto acrecentadas con estudios técnicos y artísticos.
En la época de mi niñez y adolescencia, nuestra nación había terminado de atravesar una guerra civil; era, el nuestro, un país pobre, devastado, deshecho; los ayuntamientos, de los que dependían las escuelas nacionales a través de la Junta Municipal de Enseñanza, tuvieron que rehabilitar escuelas, si bien ya existían antes de la contienda y durante la misma en edificios particulares —no habían, como ahora, grupos escolares— se instalaron las escuelas. Las conocimos en la recordada "Escola del Ratolí”, en la plaza del Sufragio; al final de la calle San Francisco; en la calle Chulvi; plaza de Santa Catalina; en l’Alquerieta; Muntanyeta; Les Barraques; Garrofera y en la calle de la Enseñanza, número cuatro, donde ejercía el magisterio mi padre —lugar donde se fundara Cartonajes Suñer, en el año 1926, que en el año 1935 se trasladó a la calle del doctor Ferrán—.
Doce pesetas diarias
Era un grupo de maestros —que percibían el emolumento del Estado de 12 pesetas diarias, que como ustedes podrán imaginar, muy escaso para subsistir una familia— casi todos llegados a Alzira el 1 de noviembre de 1934, donde tomaron posesión por concurso de traslado, como se denominaba, a “más de 10.000 habitantes”, pasando poco después, como todos los alcireños, todas las necesidades y sufrimientos que comportaba la contienda civil.
Llegados los años cuarenta, —1940— de los que recordaremos hoy, los maestros continuaron dando clase y enseñando a leer y escribir a los niños. No se olviden que en la docencia, lo más importante, entiendo, es la primera enseñanza, que es como el árbol que se planta y hay que cuidar y vigilar para que no crezca torcido. Por ello, cuando el niño acceda al siguiente paso como son las enseñanzas medias, tenga una buena base de inicio y ello se debe a los maestros de primera enseñanza, llamada ahora EGB. En 1940, mis contemporáneos se acordarán aún de sus maestros, los que nos dieron las primeras clases, con el catón, en los parvularios o con la enciclopedia de primer y segundo grado de "Dalmau CarIes". Eran Francisco Llácer, en la calle Canónigo Cervera, al mismo lado de la plaza de San Juan; Juan Bautista Navarro, en la del Ratolí; Emilio Pastor Rojo; Manuel Gaspar Lacruz; Manuel Chorro; Alfonso Escudero Inglán; José Bosch; Andrés Rico; Fernando Nuñez; Agustín Izquierdo Villagrasa; Ismael Rovira Doménech y Fabián Marco. ¿Se acuerdan de las maestras?: Emiliana Belinchón, esposa de Manuel Gaspar; Juana Vicente Marco; Agustina Benedí, esposa de Alfonso Escudero y Julia Mateo Menéndez, que es la única que vive de esta generación de maestros.
El parvulario
También recordamos a las maestras de párvulos, María Morales; Josefa Momparler; Justa Estellés, que tenía la "escuelita" en la plaza de Santa Catalina; Silveria Soler y Matilde Soler. Estaban después atendidas las barriadas de la población. En L’Alquerieta, Benjamín Durbán Alegre y María Romero; en Les Barraques, Juan Vicente Sanchis y en La Garrofera Francisco Ribero.
Sería quizás, en 1942 o al siguiente año, cuando por aquellos días se acercaban a las escuelas los fotógrafos y tomaban unas placas de los alumnos, en grupo, de las clases. La muestra que hoy publicamos está tomada en la puerta de lo que fue iglesia del Sufragio, en la plaza del mismo nombre, junto a la escuela, donde hoy se sitúa el edificio de la Delegación de Hacienda. Eran niños de la barriada, hoy hombres maduros por el paso del tiempo, que no perdona.
El maestro, Agustín Izquierdo, y de entre los alumnos que en la foto figuran, quisiéramos nombrar a todos, pero la memoria nos traicionaría. No obstante reconocemos a Gregorio Canet, al lado del maestro; un poco a la derecha, Eugenio Canet, sacerdote párroco de la iglesia de la ciudad fallera de Valencia; en la línea superior hacia la derecha, Pepe Aranda Company; al lado de Gregorio Canet; los hermanos Grande, Manolo y Lorenzo; el tercero de la línea de abajo, Bernardito Cuenca, fallecido no hace muchos años y el que suscribe, tercero de la línea superior.
Niños, que en la época en que comenzaron la enseñanza, solamente disponían de pocos libros; como hemos dicho, la enciclopedia, una libreta, lápiz, goma de borrar, un tintero empotrado en el pupitre donde mojar la pluma y muy poco más. Hoy, "como las ciencias adelantan que es una barbaridad", nuestros hijos salen, de lo que en la actualidad se llama EGB, mayormente preparados para acceder a institutos y más tarde a la universidad, con mejor capacidad que nosotros, los de la generación del "moniato" y la "coca de dacsa", pero de lo que estoy bien seguro, es que siempre recordaremos con cariño al que fue nuestro primer maestro.
Alfonso Rovira, 14.02.1993

La andadura de la Cooperativa La Agrícola comenzó en 1892. En aquel año, Alzira hacía 16 años que había pasado de villa a ciudad y contaba con unos 13.000 habitantes
El miércoles 11 de diciembre de 1991 comenzaba el acto de apertura del I Centenario del punto de arranque de la Cooperativa La Agrícola de Alzira, cuyo distintivo, en este último siglo, se ha distinguido por una enseña en la que se aprecia una “C” y una “A” (Cooperativa Agrícola), entrelazadas con los colores verde del naranjo y naranja del mismo fruto; además de un campo labrado y un sol naciente. Todo relacionado con la agricultura. Una bandera con el arco iris, que representa el cooperativismo desde 1923, en la que la alianza cooperativa internacional la adoptó como el símbolo de la unidad de las personas, cooperativistas sin ninguna distinción de raza, color o estamento económico.
Este acto de apertura del I Centenario se llevó a cabo en el Gran Teatro municipal con "lleno hasta la bandera". Estaban presentes, el alcalde Francisco Blasco; el presidente de la cooperativa, Bernardo Martín; falleras mayores de Alzira, acompañadas del presidente de la Junta Local Fallera; miembros de la junta rectora; socios y muchos vecinos de esta población.
La andadura de la Cooperativa La Agrícola comenzó en 1892. En aquel año, Alzira hacía 16 años que había pasado de villa a ciudad y contaba con unos 13.000 habitantes. Desde aquella época, la agricultura ha ido evolucionando progresivamente, de la viña, algarrobos, olivares y morera para la industria de la seda, pasaron sus habitantes al cultivo del arroz y más tarde a los cítricos. Faltaban pocos años para que concluyera el siglo XIX, cuando un grupo de alcireños se reunieron para formar una cooperativa y así hacer valer aquello de "la unión hace la fuerza".
Alzira, con unas plantaciones de naranjos que ocupan una extensión de más de sesenta mil hanegadas, hace que sea el mayor término de la nación de productores de estos frutos y puede sentirse orgullosa de tener una cooperativa, La Agrícola, que ha venido enarbolando la enseña en esta última centuria en el mundo cooperativo. Aquella tarde intervendría, primeramente, realizando los menesteres de moderador, el archivero municipal y cronista de la ciudad, Aureliano José Lairón, siguiéndole en los parlamentos el presidente de la cooperativa, Bernardo Martín, quien hizo una exhaustiva historia de la entidad que representaba, destacando el que en estos cien años han pasado alrededor de diez mil socios efectivos en una estrecha relación familiar de 40.000 personas, manteniendo en la actualidad unos 3.500 socios, en una relación aproximada de 15.000 personas, es decir, casi la mitad de la población asociados a la cooperativa. Todo este colectivo ha sido, hasta la actualidad, dirigido por unos 50 consejos rectores, que servían unas 500 personas, de los cuáles 20 habían ocupado la presidencia, todos ellos, con la colaboración de 2.000 empleados, han hecho posible que la cooperativa haya llegado a este día para celebrar esta conmemoración.
La Cooperativa fue creada primero como una asociación, más tarde como un sindicato agrícola, y en consecuencia de su finalidad, fue acoplándose a las necesidades del labrador, para resolver sus problemas, que cada día salían al paso y que no eran pocos. Desde esta asociación se promovió la creación de un sindicato de Policía Rural —las oficinas de estos guardas del campo se situaban en el piso alto de los locales de la cooperativa—, servicio que con el tiempo pasó a depender de la Cámara Agraria y en la actualidad del Ayuntamiento por haber quedado disueltas.
Esta cooperativa es por consiguiente una realidad democrática, dentro de los distantes momentos, pues fundada durante la regencia de la reina María Cristina y el reinado de Alfonso XIII, pudo sobrevivir a todos los cambios de la dictadura de Primo de Rivera a la segunda República, la Guerra Civil, el gobierno de Franco y la actual monarquía parlamentaria, lo que arroja una idea de la solidez de esta empresa, fundamental para la agricultura. En este año de la celebración del primer centenario se han desarrollado una serie de actividades en las que han tomado parte los escolares, los deportistas y los amantes de la cultura, que disfrutaron en el concierto que ofreció la banda de la Sociedad Musical de Alzira en el Gran Teatro Municipal. También la publicación de un libro que recoge la historia de esta entidad que ha recopilado el estudioso alcireño Bernardo Sanchis, libro que será presentado en el transcurso del acto de clausura que se llevará a cabo el próximo viernes.
En los actos celebrados con motivo de la efemérides, destaquemos el del día 15 de mayo de 1992, festividad de San Isidro Labrador, patrón de los agricultores, la misa que se celebró en la parroquia de Santa Catalina que ofició el Arcipreste, Juan Pont Bodi, acompañado del sacerdote alcireño, Bernardo Carreres Oliver. El descubrimiento por parte del presidente Bernardo Martín de una placa de” taulellets valencians” dedicada a los que hicieron realidad el acto que se estaba conmemorando.
Por la tarde continuaron los actos con la inauguración de la muestra agrícola en la casa de cultura, presentando el acto el arqueólogo alcireño y director del mismo, Agustín Ferrer. En esta exposición se podían contemplar aperos de labranza que usaban nuestros antepasados. Por la noche se reunieron en una cena de clausura de los actos celebrados en este día, donde el presidente agradeció la colaboración de todos y pidió más unión, si cabe, a los labradores socios de la cooperativa, calificándoles de "autoridades responsables".
Recordemos aquella casa habitáculo de la cooperativa, en aquel rincón de la placeta donde el recordado contratista Olegario Esteve servía a los agricultores que comentaban los trabajos que habían realizado a lo largo del día, sentado reposando en los cómodos “panerots” de mimbre amarillento y, sobre todo, recordemos también a alguien que dio un gran empuje a la cooperativa, como fue el presidente recientemente fallecido, Antonio Costa Ull.
Alfonso Rovira, 07.02.1993

Luces para La Murta
"Si la Candelaria riu, ja estem en I'estiu, i si plora, el l'hivem ja està fora". Es uno de los refranes populares valencianos que anuncian la llegada del buen tiempo, que la primavera se acerca.
La liturgia de la Iglesia católica celebra en estos días la Purificación de María y la presentación del Niño en el templo. Una fiesta que aparece ya en el siglo IV en Jerusalén. A mediados del VII se introduce en occidente, donde se subrayó el aspecto mariano de la fiesta, ya que se conmemoraba la también purificación de la Virgen, cuarenta días después del parto. La reforma litúrgica actual ha restituido su categoría de fiesta del Señor. Al principio del oficio, el celebrante bendice los cirios para recordar que Cristo es la "luz de las naciones" de ahí el nombre de Candelaria. Luego se distribuyen los cirios y se celebra una procesión cuyo origen más antiguo es penitencial.
Distintas parroquias de nuestra ciudad vienen concelebrando esta fiesta a través de los años, de los que recordamos en el transcurso de los años cuarenta, ésta se celebra en la capilla de las Escuelas Pías, a la imagen de la Virgen de la Consolación y Correa, que en años anteriores a 1936 se celebraba en la iglesia conventual de San Agustín, que como los alcireños recuerdan estaba en el carrer Fosar, hoy Pérez Galdós. Parroquia que fundaron los monjes agustinos que moraban en el monasterio de Aguas Vivas y que vinieron a Alzira a instancias del rey Jaime I, allá por la mitad del siglo XIII, y que alrededor de 1877 pasaron a regirla los padres escolapios, quienes estuvieron más de sesenta años impartiendo el magisterio en nuestra ciudad. Al abandonarla, la imagen de la Consolación y Correa, que presidía esta celebración de la Candelaria en la capilla que estaba instalada a la izquierda de la entrada de lo que hoy es la Casa de Cultura, se hizo cargo la familia Ribes, que vivían en la plaza Mayor, 16, en cuyo número siguiente se ubicaba la droguería central y en el primer piso los locales de Acción Católica de San Juan.
Después, estas dos casas formaron lo que hoy es un solo edificio. Con motivo de las obras pasó a disponer de ella María Ribes, quien tras la pantanada de 1982, con el acuerdo de la junta directiva de la cofradía, la donó a la parroquia de la Virgen de Lluch, que comenzó a funcionar en un domicilio particular de la calle Camilo Dolz, propiedad de Tomás González y, más tarde, en un aula del colegio Francisco Franco, hoy Blasco Ibáñez, hasta que fue construido el templo en la calle Pedro Esplugues por el párroco Joaquín Nadal Steinfelder.
La primera madrina de la fiesta fue María Cruz Carrió Boquera, y a partir de entonces alternaron cada año el madrinazgo solteras y casadas. En la actualidad, dirigidos por el párroco José Santamaría, dentro de estas celebraciones litúrgicas, se dedican actos con la participación de jóvenes, niños, la familia, la celebración de las bodas de plata de los matrimonios de la feligresía y también para las personas de la tercera edad y, finalmente, el día 2, la celebración de la fiesta de la Presentación del Señor en el templo. Cabe señalar que, en el salón Parroquial, con la colaboración de feligresas de la parroquia y de otras de la ciudad, se realizó una exposición de trabajos de ganchillo artesano y bordados.
Otra parroquia del arrabal, la de San Juan Bautista, desde 1944, nos cuenta Salvador Baeza Peris, que es presidente de la Asociación Religiosa de la Inmaculada y San Luis Gonzaga, celebran la fiesta a la imagen de la Virgen del Consuelo y Correa. En la época a que nos referimos, la fiesta se celebraba en los locales de una cooperativa. En la actualidad se celebra en la misma parroquia, donde se nombra una madrina y se organiza una procesión que recorre las calles de la feligresía. Celebrar la fiesta
En 1954 se fundaba la Real Cofradía de Nuestra Señora de la Murta y al año siguiente comenzaron a celebrar la fiesta de la Purificación, con un triduo preparatorio, llegando al día 2 de febrero en que por la mañana se celebra misa de infantes y descubierta. Por la tarde, a las siete, tiene lugar el reparto de candelas y bendición de las mismas y más tarde la procesión denominada de "luces", que recorre los aledaños del templo, finalizando con la misa y ofrenda del niño por los padrinos, que este año han sido nombrados Juan Antonio Navarro y su esposa Dolores Landa. Para ilustrar el reportaje de hoy, hemos elegido la fotografía de las personas que participaron como padrinos y camareras de la fiesta celebrada en el segundo año, organizada por la Real Cofradía de Nuestra Señora de Alzira. Era en 1956 cuando el día anterior de la misma, el 1 de febrero, los asistentes pasaron "més fret que Carracuca", pues los ribereños sufrieron la fatal helada que hizo fueran arrancados todos los naranjos. En la imagen, de izquierda a derecha, de pie: María Lacasa Gomar, Amparo Hernandis Simarro, Lina García García, Rafael Presencia Lliso —padrino—, Julia Pellicer Verdú, Marisa Martínez García y Araceli Coves González. Sentadas: Mariles Piera Redal, Manolita Sanfrancisco Llinares, María Teresa Donat, Amparo Redal Sánchez —madrina—, Maruja Sifre, Amparo García Llinares y Adela Tena Ramírez.
Alfonso Rovira, 31.01.1993

Se trata de una obra pictórica que representa a San Félix de Cantalicio, un lego franciscano capuchino, fallecido en 1587 y beatificado en 1625
Les vamos a contar las vicisitudes que "sufrió" una pintura que, hallándose en la capital de España, hizo el viaje a nuestra Alzira. Se trata de un gran cuadro que en la actualidad, desde hace más de cuarenta años, cuelga en la puerta de acceso a la sacristía de la iglesia de Santa Catalina.
Según nos relata el historiador alcireño Bernardo Montagud en su publicación “Alzira, arte en su historia”, editado por la Asociación de Padres de Alumnos del Instituto Rey Don Jaime de Alzira, en 1982, “es una pintura que representa a San Félix de Cantalicio, un lego franciscano capuchino, fallecido en 1587 y beatificado en 1625; viste hábito de la orden y no el blanco de los cistercienses. Los ángeles que le acompañan llevan la bolsa del pan para los pobres, tal y como lo exige su iconografía y detallan los textos”.
Los alcireños, sigue diciendo Montagud, pretendían un "San Bernardo de Claraval", de la orden del Cister, del pintor alcireño Parra, quizás, al desconocer la iconografía, remitieron equivocadamente la tela tal y como se ha tenido.
En 1970, el catedrático y consejero superior de investigaciones científicas del instituto Diego de Velázquez, Alfonso Pérez Sánchez, contempló el referido lienzo. Recibiendo datos sobre la procedencia del mismo, afirmaba, tras proporcionársele el documento gráfico, que se trataba de una pintura cuyo autor era el madrileño Francisco Camilo (1615-1671), discípulo de su padrastro, Francisco de las Cuevas.
Su producción muy extensa y de calidad irregular; su mayor parte fue para las iglesias de Madrid, Alcalá de Henares, Toledo y Segovia. Fue uno de los pintores de estilo plenamente barroco de la escuela madrileña.
¿Quién de mis contemporáneos no recuerda a la familia Lanzas? Residían en la casa solariega de un bello huerto, aún en pie, al que se accede por la carretera de Albalat, en el entronque en el camino de Benicull, en la partida de Xixerá. Allí vivían las hermanas Milagros e Isabel de Lanzas Barrere con su madre, María Barrere Carón de Lanzas. Aquí, en Alzira, las conocíamos por el cariñoso sobrenombre de "las madrileñas", que se destacaban allá donde se encontraban por su esbeltez y simpatía. En el frontispicio de la casa del huerto, aún se puede contemplar una imagen de Nuestra Señora de La Murta, de ladrillos de cerámica, construida en el siglo XVIII, en 1786 concretamente.
Esta familia que, habitualmente residía en Madrid, en una casa nobiliaria de la calle Hortaleza, donde colgaba, entre otros, el referido cuadro. Alrededor de 1950 hubo de trasladarse de vivienda, en la que la pintura no les cabía por sus dimensiones, pensaron en hacer donación a la iglesia.
Era párroco de Santa Catalina Antonio Sanchis Castellano y, para que la pintura viniera a Alzira, ciudad muy querida por la familia Lanzas, el buen cura se puso en contacto con el director de la academia de dibujo Ricardo Fluixá, y éste con otro alcireño residente en Madrid, Eugenio Martí Sanchis, quien hizo las gestiones de viajar a la capital del oso y el madroño. Tenía en Madrid, si mal no recuerdo, en la calle Serrano, una exposición de muebles, Salvador Carreres Oliver, cuya fábrica se ubicaba en la placeta de les Gallines, de Alzira. Él se encargó de la construcción de un cajón de madera, donde ubicar el cuadro para el transporte a la ciudad del Xúquer. Una vez todos los cabos atados y el cuadro convenientemente embalado, había que pensar en el traslado. El transportista alcireño Bernardo Rosell Ferrer tenía que realizar un viaje a El Escorial para trasladar unas colmenas, por lo que se ofreció para que al regreso, que venía de vacío, recoger el cajón con el cuadro. Allá que se fue en tren a Madrid Ricardo Fluixá, donde se encontró con Eugenio Martí y Salvador Carreres, regresando con la pintura en el mismo camión hasta Alzira.
Como dijimos al principio, esta obra se le atribuía al pintor alcireño Máximo Asensio Tomás Parra Albentosa y su sobrino, el archivero municipal y sacerdote, José María Parra, quiso estar presente a la llegada del cuadro para comprobar la firma del autor, que era Francisco Camilo, uno de los primeros pintores del barroco.
Pocos días después, el cuadro, cuya pintura tenía cuatro dedos de margen cortados en todos los ángulos, fue colgado en el lugar donde hoy lo podemos admirar, a la entrada de la sacristía de la iglesia de Santa Catalina, por el carpintero Francisco Bernabeu, oficial del taller de Rafael Coll Furió, que se situaba en la calle Mosen Grau
El párroco de Santa Catalina y arcipreste de San Bernardo, Antonio Sanchis Castellano, relataba las noticias en la publicación semanal, "Aleluya" de aquellos días.
Alfonso Rovira, 24.01.1993

Desde 1884, hasta hace bien poco, Alzira tuvo un mercado municipal de notable importancia
En 1884 fue construido en la plaza del Mercado un pabellón destinado a pescadería, según memoria descriptiva del arquitecto. Desde aquel año, la recién nombrada ciudad, Alzira posee un mercado cubierto, como vemos en la fotografía que acompañamos, que después describiremos. Un mercado cubierto, digno de su importancia y compuesto de cuatro galerías formadas por elegantes columnatas de hierro, en combinación con la madera y el zinc, los cuales ofrecían un agradable conjunto que resultaba cómodo para el público y los vendedores. Limitaban al lado del mercado numerosas casitas independientes, cubiertas y con sus cierres en las que se realizaba la venta de carnes y salazones. Faltaba tan sólo una dependencia separada para la pescadería y este servicio fue el que vino a llenar, completando el mercado. Un pabellón octagonal cuyo presupuesto alcanzó 6.377.64 pesetas. En 1944, siendo alcalde el doctor Lisardo Piera Rosario, se remodeló parte del mercado con la higienización de algunas dependencias, ampliación del mismo con una serie de mesas de piedra artificial, colocadas sobre artística obra de fábrica de ladrillo timbrado de gran solidez.
Si "recorren" la foto verán, en primer término, a la izquierda, las casetas donde estaban instaladas las carnicerías que se asentaban sobre el antiguo circuito amurallado. De los industriales carniceros que conocimos en la época a que hacemos referencia, estaban Gregorio Marzal, "Goriet el carnicer", los hermanos Alfonso, los Morell, Flores, Tudela, Bohígues, Serra... Un poco más arriba, en la misma línea, aún se puede ver el desaparecido también "Café Fondo", regentado por Micalet. A su izquierda se situaba la pescadería, donde vendían su mercancía procedente de la mar, entre otras, las señoras Victorina y Tonica. Más a la derecha, la otra taberna de la señora Elisa y en la esquina siguiente, tras cruzar la calle del Amparo, dentro de la misma plaza, se situaba una de las dos chocolaterías, en ésta lo servían calentito, tres hermanas: Consuelo, Pura y Trini. Siguiendo la línea rectangular, estaban las carnicerías y al llegar a la esquina de la calle Santos, la dels pilonets, podíamos degustar el buen chocolate que preparaba Encarna Corts, con las también buenas manos de su hermana Fina y de su prima Rosita Ferrer. Rico chocolate en cuya taza se podía mojar con los deliciosos churros que elaboraba María Fuster en su caseta al bajar los escalones, cerca del río. La señora Encarna, en verano, también preparaba un rico “aigua llimó” y leche merengada. No nos podemos olvidar en el centro del mercado a los hermanos Peris, Ernesto y Eduardo, que vendían salazones. Rafael Esteve, Salvador y María, Vicente Carrión y el quiosco de Blayet en el centro de la plaza, que Emilio Serra, el carnicero, fue el último en disfrutarlo. Muchas verduleras, que despachaban ricos productos de la huerta. Detrás del quiosco, entre las carnicerías, una fuente con un pilón de hierro y al lado el retén de la policía, el repeso.
Descendíamos los tres escalones, y en la amplia acera encontrábamos a los asentadores en el mercado de abastos. Aún podemos comprobar en la fotografía la casa de los Aranda, en la esquina el ultramarinos de Alberola, Pepe y Tomás; al lado la casa de los Aranda, la Taberna de la Simona y más adelante la señora Virginia que vendía loza y la señora Isabel que también tenía el mismo producto; la fábrica de hielo de Torremocha, el almacén de plátanos de Patricio Soler y la posada de los Palomares. Otras tiendas de tejidos se situaban más hacia el principio de esta calle, como la de Antonio Martínez, Conill, Borrás, Sierra, Durá, Micó, el Randero, Gresa, la tintorería Diego, la oficina de consumos y, ya casi cerca del mercado, la posada de Sampedro y, muy cerca del mercado, en el centro de la calle, los vecinos vienen plantando falla desde los primeros años después de los cuarenta, al llegar las fiestas de San José.
De todo lo que les hemos hecho memoria solamente quedan para el recuerdo los árboles que siguen marcando el tiempo transcurrido.
Desaparecido el antiguo mercado salieron a relucir vestigios de nuestros antepasados.
El mercado es un edificio público destinado permanentemente en días señalados a comprar vender o promulgar géneros y mercancías. En la península Ibérica, los visigodos impulsaron la creación de lonjas para la venta y cambio de mercancías y, por otra parte, siguieron funcionando pequeños mercados dedicados al consumo local, que se situaron junto a las ciudades. En Alzira conocimos hasta no hace muchos años el mercado, la plaza, el Prado, en la Vila, entre el antiguo brazo muerto del Xúquer —hoy avenida Luis Suñer— y la calle Faustino Blasco, antes de la lonja. Era donde acudían las amas de casa cada mañana, excepto domingos y festivos, a proveerse de los alimentos necesarios del consumo diario.
Desconocemos cuando comenzó a funcionar este mercado, el del Prado; lo que sí sabemos por haberlo conocido a través de los documentos que se conservan en el rico archivo municipal, que en 1859, siendo alcalde Juan Redal, el Consistorio propuso expropiar terrenos anexos a la plaza de referencia. Eran propiedad de Francisco Ignacio Monserrat y la casa de José María Laviña. Estas se situaban en lo que hoy es la calle del Amparo y casa de Laviña entre Santos y Faustino Blasco, en cuya esquina había una noria y una balsa para almacenar el agua que extraía la misma.
Las obras de remodelación se basaron en el proyecto del arquitecto municipal José Camaña Laguna, alcanzando la cifra de 30.744,07 pesetas el 21 de octubre de 1880. La armadura que conocimos fue terminada el 31 de diciembre de 1882 y en la construcción intervino el arquitecto Antonio Martorell, con una verja de cerramiento.
Alfonso Rovira, 17.01.1993

Jaime I, tras la liberación de Alzira, hizo buscar sus cuerpos. Tras hallarlos, mandó fabricar una iglesia en honra de nuestros mártires
EI 19 de julio de 1993, camino del siglo XXI, se cumplirán 350 años en que el entonces pontífice de la Iglesia Romana, Urbano VIII, dispuso el "Motu Propio", la reducción de fiestas de precepto, por el que de entre las locales, sólo la del patrón había de prevalecer. Y era el caso que Alzira que no tenía patrón proclamado oficialmente. Sucedió que dando cumplimiento a la disposición Pontificia, los jurados de la Villa, con el Justicia, en Concejo General —19 de julio de 1643—, convocado a timbales, batientes y vibrantes sones de nafils por calles y plazas de la población, proclamaran patrón de la Villa a San Bernardo Mártir, que regó con su sangre esta bendita tierra.
En la huerta de la Algetzira había un convento bajo la advocación de San Bernardo. La fundación tuvo lugar en el tiempo del rey Jaime I de Aragón que más tarde fue monasterio bajo el título del mismo santo. Convento de trinitarios porque los Padres de la Villa con el auto recibido de Jaime Clemente, notario, dieron esta casa a los frailes de dicha orden y por ellos la aceptó Miguel Bonell, que fue el primer ministro de este nuevo convento. En primera instancia, en el cenobio vivieron nueve frailes, reteniéndose los dichos jurados en el auto de donación, por pacto especial el patronazgo de dicha iglesia y el cuerpo de San Bernardo y sus reliquias y así quedaba a disposición de los jurados de la Villa. Así lo cuenta en su crónica de Valencia el P. Martín Vizayens en 1564.
De este santuario trataremos hoy, más conocido por “la Pileta” muy próximo a la carretera de Alberic, en la partida de Sant Bernat. En 1956, siendo presidente de la Archicofradía de los Santos Patronos, Manuel Montagud Ricart, se construyó en un grácil edículo, donde tras la reja se pueden venerar, en un retablo en cerámica de quince piezas que reproducen las imágenes de San Bernardo y sus hermanas, Gracia y María, cuyas reliquias se conservan en la iglesia Parroquial de Santa Catalina. Hay una inscripción donde se lee "en este lugar según la tradición, fueron martirizados en el año 1180 los santos Bernardo María y Gracia". Era un 20 de agosto. Poco más de medio siglo después, don Jaime el Conquistador, tras la liberación de Alzira hizo buscar sus cuerpos, con ayuda de señales del Cielo. Tras hallarlos, mandó fabricar una iglesia en honra de nuestros mártires.
En 1558 el convento de San Bernardo Mártir se entrega a los monjes de la Santísima Trinidad ya raíz de la guerra de las Germanías se ocultan sus restos. El día 23 de julio de 1599 son encontradas las reliquias donde habían sido escondidas en el suelo de la sacristía, siendo autentificadas por el entonces arzobispo de Valencia, Juan de Ribera, y en 1609 se depositan en una imagen de bronce y se precintan. El mismo prelado, en enero de 1610, presidía el novenario y decretaba el que cuando salgan en procesión lo hagan bajo palio, haciendo donación de un palio que se conserva en el Ayuntamiento de Alzira.
El 21 de julio de 1746, el Consejo Municipal conocía un Memorial en el que los monjes del convento de San Bernardo para la construcción de un nuevo edificio y abandonar el viejo, construido en 1558, que amenazaba ruina por las constantes avenidas del Xúquer, que lo habían dejado mermado en cuanto a firmeza, como ya sucedió en otras ocasiones, además de que la partida de Sant Bernat está muy honda y las malas condiciones del terreno que eran muy húmedas.
Nuevo convento
Los monjes consiguieron la licencia y el 14 de agosto de 1750, fray Miguel Peña, ministro del convento, con otros monjes y autoridades, se trasladaron al lugar donde se iba a ubicar el nuevo convento, que debió situarse en lo que hoy conocemos por la “Placeta de Sant Bernat”, cerca del antiguo mercado del detall.
Pasaron los años y a escasa distancia de la Pileta, fue construido un nuevo santuario dedicado a los Santos Patronos. El proyecto lo diseñó el arquitecto Francisco Revert y el aparejador Enrique Montalvá.
El domingo día 20 de enero de 1980, a las doce del mediodía, se efectuaba la colocación de la primera piedra. Presidía la ceremonia el entonces vicario general de la Diócesis Valentina, Rafael Sanus Abad, hoy obispo auxiliar de Valencia; las autoridades locales y como invitado especial el alcalde de Onda. El arcipreste Francisco Albiol, hacía la presentación explicando el acto que se iba a realizar, procediéndose a la colocación de la primera piedra como recoge la fotografía. En primer plano, el arcipreste junto con los padrinos, la niña Rosa Elena Mazo y Rafael Ruíz, con el presidente de la Archicofradía Bernardo Mazo, quien bajo el período de su mandato tuvo el honor de cumplir la promesa que otros antepasados nuestros hicieron antaño para la construcción de un santuario en el lugar del martirio. Un año más tarde, precisamente el 19 de julio, el recordado arzobispo Miguel Roca Cabanellas inauguraba y bendecía solemnemente las obras terminadas.
Con motivo del 350 aniversario del patronazgo, la Pontificia Archicofradía, que presiden José Palacios y María del Carmen Quilez, han programado diversos actos. Está previsto realizar un viaje al monasterio de Poblet, en el mes de junio, un acto literario, poner en escena tres representaciones de la obra de José Mengual "Estandarte de Reconquista", celebrar una misa en rito mozárabe, invitar al arzobispo de Valencia y al Abad de Poblet, un Te Déum en acción de gracias el día 19 de julio y, por otra parte, se están realizando obras de remodelación y acondicionamiento del Santuario en la Partida de Sant Bernat.
Alfonso Rovira, 10.01.1993

Cualquiera sabe donde se apostaron las huestes del rey Jaume I para la toma de la antigua isla del Xúquer Algetzira. Posiblemente, el bloque principal estaría donde hoy se asienta la barriada del Arrabal de Santa María "Les Barraques", al otro lado del río, si las tropas procedían de la capital Valencia. Pero también hubieran podido atravesar el río y situarse en el Alborgí, cerca de la "Senieta alta", o en el campo dels "mandarins de Fava". Lo bien cierto es que, ahora hace 750 años, el rey de Aragón y sus ejércitos, sitiaron la inexpugnable isla e hicieron que los árabes se rindieran, ya que no podían salir a las huertas de su ubérrimo término para aprovisionarse de sus ricos frutos, donde sus moradores eran reconocidos labradores. Era, según las crónicas "la vespra del benaurat Sant Silvestre Papa", es decir, el 30 de diciembre de 1242, cuando le era entregada la llave de la ciudad a Jaime I y, poco más tarde, ondeó el pendón cristiano en el "Castellet de Sant Pere". Pero eso fue después de separar el terreno entre los conquistadores y conquistados.
Al finalizar la guerra civil española, recordamos que la conmemoración de la entrada de los cristianos a las tierras ocupadas por el poder de la media luna, se celebraba el mismo día de San Silvestre, 31 de diciembre. No sabemos el por qué. ¿Sería la interpretación del Aureum Opus.
De lo que damos fe es que la fiesta de la conquista de la ciudad —que fue tomada sin derramamiento de sangre, ni violencias— antaño, a principio del año 1940, era una fiesta restringida donde participaban los vecinos, la corporación municipal junto con las autoridades locales y funcionarios del Ayuntamiento; reuniéndose a las doce del mediodía en el salón de sesiones de la casa consistorial, donde el archivero, y a la vez funcionario, el recordado y erudito sacerdote, José María Parra Ballester, oficiaba la misa, en latín, en el altar de San Silvestre, para conmemorar tal efemérides. Misa que siempre ayudaba el también funcionario y profesor de la Academia Júcar, Justo Navarro Parra.
Pasaron los años y un alcireño, teniente alcalde del ayuntamiento y a la vez presidente de la Junta Local Fallera, José María Sales Luis, adquirió una Senyera valenciana, enseña que había sido portada por muchos alcireños que habían luchado en ambos bandos en la contienda civil. También, por el que fue alcalde de Alzira a principios de los años 30, Francisco Oliver y por otra parte hay testimonios gráficos del desfile de soldados, cuando el general Franco entró en Valencia en el año 1939, de que la Senyera figuraba entre otras enseñas en la tribuna presidencial. La verdad es que la bandera, que había adquirido José María Sales, particularmente, fue guardada por orden del alcalde, por considerarla "separatista". Al correr los años y sucesión del consistorio en el ayuntamiento, llegó el tiempo en que tomó posesión de la Junta Local Fallera el concejal Alberto Rubio Santa Fe; con el jefe de alguaciles, Manuel Grau Gurrea, y tras exhaustiva búsqueda, la hallaron en un arcón del cuarto de concejales, entre otros enseres, como unas espadas que usaban hace muchos años los agentes de la policía municipal. Dada cuenta al alcalde, José Pellicer Magraner, decretó que la bandera fuera entregada en depósito y custodia a la Junta Local Fallera y, desde aquel tiempo, en la fiesta de la conmemoración de la toma de Alzira, participa el pueblo, representado por los falleros a los que se adhieren los ciudadanos.
Fue en 1971, cuando el escultor valenciano, Octavio Vicent, por encargo del Ayuntamiento, moldeó una alegoría en bronce: un monumento que se ubicó en la Plaza de Casasús, bajo el titulo de "La muerte de Jaime I". Bernardo Montagud Piera, en su libro “Alzira, estudios artísticos”, publicado por la comisión fallera de la Plaza Major en 1990, lo describe con todo detalle, cómo el rey don Jaime recibe el viático en Alzira, poco antes de morir, vistiendo el hábito de San Bernardo Mártir y renunciando a la corona, en 1276.
Los falleros, que custodian la Senyera Real en su sede del antiguo edificio del Ateneo Mercantil, la bajan con todos los honores por uno de sus ventanales y es recibida por el presidente de la Junta, quien es el portador, custodiada por otros miembros de la misma o presidentes de comisiones falleras. Es acompañada por multitud de comisiones falleras ataviados todos con el traje regional, cerrando la comitiva la banda de música. Después, es trasladada hasta la plaza de Casasús. Antaño, según cuentan las crónicas, en 1975, siendo alcalde el doctor Camilo Dolz, la recibió en el salón de sesiones, oficiándose una misa por el reverendo Bernardo Carreres Oliver, para después rendir homenaje al rey conquistador en la plaza de Casasús y el camino de regreso a la sede de la Junta Local Fallera; en aquella ocasión era portada por el concejal síndico, doctor David Cuesta Caselles.
La fotografía que acompañamos data de diciembre de 1972, al término de la ceremonia en el ayuntamiento, la enseña real era portada por el concejal sindico, Manuel Ros Sifre, al que acompañaban los concejales Rafael Andújar Oliver, Alberto Rubio Santa Fe, y detrás de éste aparece el recordado y muy querido maestro nacional, Francisco Llácer Domingo. Un poco más a la derecha, el alguacil Bernardo Cano. En primer plano de la comitiva, la fallera mayor, Manola Comes Sanfrancisco, acompañada de dos de las seis damas de la corte, María José Tude!a Duval y Encarnación Ros Fontana.
Alfonso Rovira, 03.01.1993

“Siempre que se llega a Alzira se despierta un sentimiento análogo; el sentimiento de una sorprendente admiración. Llegar a Alzira, encontrarse con los montes transformados en huerta; ver lo que podríamos llamar ‘rascacielos’. Transformar un río en una espaciosa avenida es algo que despierta forzosamente la admiración de cuántos gozamos de estas transformaciones. Por eso, solamente en Alzira podría haberse llevado a cabo esta maravilla que hoy contemplamos del más bello, indiscutiblemente bello, Club de Tenis que puede haber en el mundo entero. Situado ante una panorámica sorprendentemente de tal naturaleza, que tengo la seguridad que el único fallo deportivo que aquí se va a producir es la dificultad de mantener la atención pendiente de aquello que se está jugando, porque hay excesivas tentaciones, no solamente de las muchachas que integran este club, sino también del paisaje”.
Eran palabras del Gobernador Civil de Valencia, Antonio Rueda y Sánchez Malo, el día de la inauguración del Club de Tenis Alzira un 22 de diciembre de 1972, precisamente el día en que por la mañana se había realizado el sorteo de la lotería de Navidad, sin que hubiera ninguna suerte gorda para nuestra ciudad. A las cuatro y media de la tarde, en la explanada de] club, se habían reunido muchísimos alcireños para llevar a cabo la mencionada inauguración, hace ahora veinte años (en el momento de escribir esta crónica). Junto a la primera autoridad provincial estaba el Gobernador Militar, general de división, Luis Barbeito Louro; el alcalde de Alzira y procurador en Cortes, José Pellicer Magraner; el delegado provincial de deportes, Eugenio Martí Sanchis; el inspector comarcal de deportes, Juan Ferrer Ferrandis; el delegado local de deportes, David Cuesta Caselles; el presidente de la Federación Provincial de Tenis, Álvaro de Moutas González; el presidente de honor del Club de Tenis Alzira, Luis Suñer Sanchis y presidente del mismo; Adrián Campos Bialcanet y su junta directiva.
El primer acto que se llevó a cabo fue cortar la cinta protocolaria de la inauguración por el Gobernador Civil, quien aprovechó la ocasión para saludar a las reinas de las fiestas de Alzira, Manola Comes Sanfrancisco y a la niña María del Carmen Ruiz Quilez. Poco después, el arcipreste Francisco Albiol Bañón procedía a la bendición de las instalaciones. Seguidamente, la comitiva se desplazó a las pistas deportivas donde presenciaron una exhibición de tenis de simples y dobles a cargo de Arín y Jesús Gisbert y los locales Llobregat y Cuesta, así como una demostración de baloncesto en la pista polideportiva.
Poco más tarde, en la entrada principal del club social, pronunciaba unas palabras el presidente Adrián Campos Bialcanet, en las que resumió el breve historial del recién inaugurado Club de Tenis Alzira, con la entusiasta ayuda de Luis Suñer que les había facilitado los terrenos. Seguidamente, hablaría el alcalde, José Pellicer, quien manifestaba la enorme satisfacción de la puesta en marcha del club: “Con vuestra obra, este atractivo complejo deportivo hará que nuevas gentes y nuevas empresas vengan a visitarnos y al hacerles más agradable su estancia entre nosotros, reforzarán nuestra economía. Quede bien patente, en nombre de la ciudad, el agradecimiento a todas las personalidades que se han desplazado desde la capital de provincia para presidir la inauguración y felicitar el Club de Tenis Alzira y a todos sus miembros, y especialmente a la junta directiva con su presidente, por la vertiente en que ha sido cumplida su doble misión, alentándoles para que sigan inasequibles al desaliento, con la seguridad de que cumplen una patriótica tarea. Para todos, mi enhorabuena”.
Después de este parlamento, el Gobernador Civil procedió a descubrir una lápida en la que dice textualmente: “Club de Tenis Alzira. Fue inaugurado por el Excmo., Sr. D. Antonio Rueda y Sánchez Malo, Gobernador Civil de Valencia, el 22 de diciembre de 1972, siendo presidente de honor perpetuo el Excmo. Sr. D. Luis Suñer Sanchis”.
En la obra del Club de Tenis Alzira, situado en la Colonia Montealegre, privilegiado balcón sobre el frondoso Valle de La Murta, se invirtieron veinticuatro millones de pesetas. Este gran complejo deportivo contaba en el momento de su inauguración con cinco pistas reglamentarias de tenis, todas ellas perfectamente iluminadas y con un amplio graderío para contemplar las competiciones. En otro plano distinto se encuentra una piscina de 25 por 13 metros, así como otra destinada a los niños, con su parque infantil.
El local social del club cuenta con un amplísimo salón al estilo valenciano, con un mural de azulejos que reproduce el desaparecido puente de San Gregorio, histórico en Alzira, al igual que un mirador que divide la vega naranjera.
A lo largo de estos veinte años últimos (en el momento de escribir esta crónica), el Club de Tenis ha sido centro de visita turística obligada en la gira por la ciudad. Por sus pistas han pasado las mejores raquetas y en sus salones se han celebrado innumerables fiestas, tanto sociales como benéficas. Los presidentes a cuyo cargo han estado la organización y conservación del mismo, con las juntas directivas, se han esforzado siempre para que sigan in crescendo para la atención y el bienestar de todos cuantos lo visitan. En la fotografía que acompañamos, podrán reconocer a muchos de los alcireños que estuvieron presentes en la inauguración.
Alfonso Rovira, 27.12.1992

Desde un principio, en las sociedades de régimen agrícola, se usaron distintos instrumentos de percusión, en especial morteros de piedra o madera para triturar el grano de los cereales y proceder a la elaboración de diferentes harinas. Fue en Grecia y más tarde en Roma cuando se extendió el empleo del molino de núcleos de piedra dura, una inferior, fija, y otra superior, móvil, que giraba alrededor de la primera gracias a la fuerza animal.
El paso a la molturación gradual tuvo lugar a partir de la mitad del siglo XVII, entonces ya se pudo separar el grano de la cáscara y elaborar molinos de gran calidad. En tiempo de Julio César, se inventaron los molinos de agua hidráulicos. Los árabes inventaron el de viento hacía el siglo VII, pero no fue conocido en Europa hasta que lo trajeron los cruzados en 1040, aunque el molino era ya conocido 65 años antes de Cristo.
¿Quién de ustedes, mis contemporáneos, no se ha acercado a un molino en tiempos de la "fam" para cambiar grano —de trigo o de maíz— por harina, para amasar el pan o la "coqueta de dacsa". En la época de 1940, conocíamos los molinos de Villalba, en Guadassuar; del "Borrego" en el "Riu Verd" o "dels Ulls"; de Genís, en la partida del Pla; el de Fus, en la Papensa; el de Montagud; el "Molí de Baix" y el del "Molinet", al mismo lado derecho, según el curso del Xúquer, del "Pont de Sant Gregori", donde íbamos a bañarnos de chicos. De los que tenemos noticias trataremos hoy, sobre todo del "Molí de Baix" .
El “Molí de Baix”
Los que hace muchos años, hasta 1934, regentaron el molino, trabajando en él, fueron Pascual Tudela Alabort y su esposa, Amparo Murillo Cucarella, que vinieron de Benigánim. De este matrimonio nacieron cinco hijos: Paco, Pepita, Pascual, Amparo y Antonio. El mayor, Paco, el que más conocimos, fue hornero. Sus primeros pasos para elaborar el alimento básico fueron el horno de Roselló, en la calle Santa Teresa, como oficial y en 1934 se estableció por su cuenta en el horno de la plaza que lleva el mismo nombre. Francisco Tudela Murillo fue el primer presidente que tuvo la falla de la Plaça del Forn, que está próxima a celebrar su primer medio siglo. El señor Paco falleció en el año 1972.
Al dejar el “Molí de Baix”, la familia Tudela vino a reemplazaría un matrimonio formado por Juan Llinares Fos e Inés Fos, oriundos de Sueca, que tenían un molino en Almussafes, el "Molí de Grau". Como su antecesor, Juan Llinares e Inés Fos, tuvieron cinco hijos, pero en su caso fueron cinco preciosas hijas: Hortensia, Inés, Dora, Conchit:a y Juanita.
Aguas del río Barxeta
El molino hidráulico movía sus piedras con la fuerza de las aguas del río Barxeta. En la planta baja tenía instaladas cuatro muelas, dos en cada ángulo del rectángulo del habitáculo donde se molía el grano. La familia del señor Juan, todo mujeres, tuvieron que trabajar duro en los años difíciles para "tirar adelante". Sus hijas eran las encargadas de cortar el agua de acceso al molino, con una esclusa que se movía con una manivela para desviarla, cuando su padre limpiaba las muelas, todos los sábados que habían de ser picadas por el desgaste.
En el primer piso estaba la vivienda de la familia y en la parte superior un molino de arroz que funcionaba recogiendo el grano de la parte baja a modo de noria que, una vez molido, caía la cáscara por un hueco al piso bajo.
El señor Llinares cambiaba la harina por el grano en aquellos años del "estraperlo" y en una ocasión recibió la visita de la "fiscalía" que ordenó se desmontaran dos piedras del molino y con un carro de bueyes fueran depositadas por un tiempo en el solar de lo que fue la iglesia conventual de San Agustín —hoy edificio de la Caja de Ahorros— para que mermara la molienda.
Muchas fueron las anécdotas que sufrieron la familia Llinares Fos. En el tiempo de la Guerra Civil, la "Pava" se orientaba a través del curso del río Barxeta para dirigirse a bombardear la fábrica de bombas de Carcaixent, y en una ocasión recibieron una ráfaga de ametralladora, sin consecuencias, del avión, un Junker, procedente de Palma de Mallorca y que realizaba incursiones nocturnas
El "Molí de Baix" se encuentra en uno de los niveles más bajos del término, en la partida de Materna, y cuando el río se "salía de madre", el alcalde de la época, Lisardo Piera, les enviaba una barca para rescatarlos —ya que las aguas llegaban al primer piso—, para ser acogidos en la fábrica de papel por la familia Pastor. La madre, la señora Inés, al vivir en contacto con el campo, criaba gallinas, cerdos y gansos, éstos últimos se desplazaban por el río y en alguna ocasión, con motivo de las inundaciones, tuvo que convertir el molino en una improvisada arca de Noé para ponerlos a salvo.
En 1950, el propietario del "Molí de Baix", Marcelino Alamar Mocholí, vendió el habitáculo a un hornero de la capital de provincia, Miguel Tomás Caldés, que cambió la profesión por la de fabricante de almidón. Después fue taller de "picapedrer" hasta nuestros días, que es un edificio abandonado, desprovisto de sus piedras que tanto grano molieron para el sustento de los alcireños que tanta necesidad tenían en aquellos años. Hoy, la harina para amasar, "el pan nuestro de cada día", viene de fábricas que son el portento de la mecánica y del ingenio humano.
Pero hablando de la invención del pan, el filósofo español Eduardo Benot, hizo una juiciosa y profunda observación: "Sabemos quien fue Atila e ignoramos el nombre del inventor del pan".
Alfonso Rovira, 18.12.1992

Pocos años habían transcurrido desde la actuación en el campo de deportes de la vecina población de Carcaixent, quizá fuera en 1946 ó 1947, de Joaquín Cordero, Manuel López Ochoa y Rubén Zepeda Novedo. Ustedes les habrían identificado enseguida si hubiera comenzado diciéndoles que formaban el “Trío Calaveras”, que recorrían la Madre Patria interpretando canciones populares de su país azteca y que en aquellos años las escasas emisoras de radio habían popularizado en nuestro país. También, en aquella época tuvo su gira por España el popular Jorge Negrete, que falleció en Los Ángeles en 1953.
A los jóvenes de aquella generación les gustaba escuchar aquellas canciones mejicanas y aquí, en Alzira, habían buenas voces; como ejemplo de ellas, José Vila Felices, Estábamos a punto de comenzar la década de 1950 y un joven alcireño, José Vayá Iranzo, hijo de un benemérito maestro nacional, cursaba estudios de violín y piano en la vecina población de Algemesí, con el maestro Ernesto Francés, profesor de las Escuelas Pías en Valencia, primer premio por oposición en el conservatorio de música de nuestra capital de provincia, y en eso llega la nueva década y un grupo de amigos, Ángel Sampedro y Salvador Enguix, de la mano de José Vaya en su casa del Carrer Nou —hoy Santa Teresa— en el número 30, en un patio tras la vivienda, muy cerca del Pontet de Tudela, se reunían para ensayar con sus guitarras. A ellos se unió, en primera instancia, Pepe Vila, con su potente y agradable voz. Más tarde actuarían en los programas que emitía Radio Alzira “Micrófono para todos” y “A la rueda rueda”, que conducía el veterano locutor Joaquín Sanchis. Así nació el “Grupo Hispano-Mejicano”. Antes de esta andadura ya habían actuado con Hilario Huesca y Pepe Mascarell "El Bolo". Muchas fueron las andanzas de este nuevo grupo alcireño por los pueblos de La Ribera, dando también serenatas en las fiestas josefinas a las falleras de las pocas comisiones que realzaban la fiesta de la música, el cartón y el fuego.
Llegó a ser tanta la popularidad de este grupo alcireño, que tomaron parte en el concurso radiofónico que todos los sábados, a las tres de la tarde, se emitía a través de Radio Valencia, retransmitido por Radio Alzira de la mano del popular locutor Juan Granell Acosta. En la final de este programa, que se realizó en el Teatro Olimpia de la capital de provincia, el “Grupo Hispano-Mejicano” obtuvo el primer premio dejando en segundo lugar al de "Rosa y los Galindos", que tanto renombre alcanzarían en los escenarios como profesionales. Poco tiempo después se llevó a cabo una finalísima en el coso taurino valenciano, donde Radio Valencia premiaba al mejor locutor con una plaza en esta emisora, logrando alcanzarla el conocido locutor Joaquín Prat, que estuvo muchos años en la emisora de la calle Don Juan de Austria. Problemas de varias índoles salieron al encuentro con estos jóvenes alcireños como era la posibilidad de convertirse en profesionales —viajar, dejar a las novias en casa— ya que cada uno tenía su profesión particular y una de las más importantes era que Pepe Vayá tenía que incorporarse al servicio militar ocho días antes de esta convocatoria en la base área de Alcantarilla, en Murcia. Tuvieron que abandonar la idea de participar en este concurso con la desilusión de los organizadores. Pero, a nivel local, cuando Pepe Vayá regresó de la mili, volvieron a "engancharse" a la guitarra y participar en las emisiones falleras que se llevaron a cabo todos los lunes por la noche en la emisora de la "placeta" y tomaron parte con las fallas de las calles del Doctor Ferrán y la de Sant Joan, entre otras. La última actuación del grupo fue el catorce de septiembre de 1958, en los estudios de Radio Alzira, con motivo de la boda de uno de los componentes del grupo. Fue Juan Sospedra Pastor y la emisión serenata radiofónica estuvo dedicada a Juan y Lolita.
Muchas fueron las anécdotas que sufrieron estos muchachos. Cuando actuaban en una ocasión en el Teatro Principal de Valencia, como a sus jóvenes años eran imberbes, los bigotes eran pintados con el tizne de los tapones de corcho mascarados y como era casi verano, al sudar, el diseño para parecer más charros se iba diluyendo, con lo que llamaba la atención a los espectadores como los bigotes se diluían.
Otro tema eran los trajes de mejicano, que eran alquilados y los vestían encima de los propios, aumentando el calor. En una ocasión, el cantante Pepe Vila, con un chorro potente de voz, al final de una canción, al hacer un esfuerzo se le rompió el tirante con que sujetaba los pantalones y tuvo que sujetarlo con la mano y, saludando al público, desaparecer por el foro so pena de que se le vinieran abajo, los pantalones claro.
Tenían problemas cuando de noche salían a hacer serenatas a las chicas; como quiera que no tuvieran permiso, la policía les detenía y llevándolos al retén permanecían unas horas hasta que llegaba el alcalde y después de "arengarlos" los mandaba a casa. Pero no fue así en Carcaixent, donde los metieron en el "trullo" por unas horas, en aquel calabozo que era más antiguo que el del conde de Montecristo. Así se trataba la cultura musical.
El grupo estaba al corriente de las canciones que iban apareciendo. El director de Radio Alzira, Juan Ortega Vicente, cuando llegaba un disco de Negrete, les llamaba y eran los primeros en escucharlo. Este grupo de alcireños tuvo mucho éxito en los años cincuenta —1950—. Aquellos jóvenes dieron mucho renombre a Alzira. Dos de ellos ya nos dejaron hace años, Ángel Sampedro y José Vila. Aún parece que están sonando en nuestros oídos su guitarra y su voz, respectivamente. En la foto que acompañamos, los que fueron los iniciadores del grupo. Preferimos que ustedes los identifiquen. No les será difícil.
Alfonso Rovira, 06.12.1992

No se conoce con exactitud el origen del billar. Shakespeare, en el siglo XVI, ya lo nombraba en alguna de sus obras. Estuvo de moda en la corte de Luis XIV. En el siglo XVII, la mesa era de roble y a veces de mármol; hacia 1825 se usaron mesas de pizarra. El billar estuvo en boga en el siglo XVIII y en los palacios y mansiones de la alta burguesía se disponía de mesas de billar. Los billares datan del siglo XIX.
Las primeras noticias que tenemos sobre el billar en Alzira —deporte de caballeros— organizado en club, se remonta al año 1950, cuando en el mes de septiembre, en el Ideal Café de Alzira, regentado por Enrique Revert. Se celebró el primer campeonato de billar, en el que participaron Rafael Casterá, Rafael Andujar, Rafael Peris Yudici, Vicente Vila y Gonzálvez (que se proclamó campeón). Segundo y tercero fueron Rafael Casterá y Rafael Andujar.
Club Billar Colón
Pasaron dos años y en 1952 se formaba, federándose en la valenciana, el Club Billar Colón, ubicado en el local que llevaba este mismo nombre: el Café Colón, que regentaba Francisco Lluch. Fue el primer presidente José Benavent, al que acompañaron en esta primera junta directiva: Rafael Andújar, José Villatoro, Roberto Llavador, Manuel Grande, Francisco Alberola, José Mansergas, Enrique Verdú “el torroner” y Rafael Casterá. Fue un grupo de alcjreños muy unido, que hizo posible que en esta ciudad se celebraran varios campeonatos locales. También se llevaron a cabo campeonatos regionales. Para llevar a cabo estos campeonatos, Roberto Llavador, desinteresadamente, instaló en el Colón dos billares “gran match” y cuatro 2,40 con la colaboración de Rafael Casterá.
Casi diez años funcionó, con gran éxito de público, el Club Billar Colón, en la sede del Café; pero en 1961, Francisco Lluch rescindió el contrato y los socios del club tuvieron que buscar local. Contactaron con el Círculo Alcireño, del que era presidente Andrés Palop Gimeno. Por gestión de José Benavent comenzaron a "rodar" las bolas de marfil en este centro cultural y recreativo.
Este mismo año, recién estrenada la nueva sede, la directiva, en el mes de febrero, entre el día 2O y 26, organizó el Campeonato de España de primera y segunda categoría, al cuadro 47/2, a llevar a buen término en el salón árabe de "La Gallera". En él intervinieron, en la primera categoría, Gálvez, de Huelva; Tejerina, de Castilla; Domingo y Aguilera, de Barcelona; y Ortí, Vélez y Estrada de Valencia. Tres años más tarde, en 1964, entre el 13 y 19 de abril, la directiva organizaba otro campeonato de modalidad libre, clasificatorio para el mundial que el día 3 de junio se celebraría en Vigo. Participaron Gálvez, Domingo, Aguilera, Nadal, Perona, Muñoz, Ortí Vélez y Tortosa.
En este campeonato, Vicente Baeza, presidente de la Federación Valenciana de Billar, manifestaba: "Conocemos y hemos visto los afanes de organización y desvelo del Club de Billar. Su actual presidente, José Villatoro, con los anteriores Rafael Casterá y Rafael Andujar, en una ejemplar compostura de entrañables lazos amistosos y deportivos, se esfuerzan juntamente con el resto de directivos por defender el alto nivel y prestigio billarístico de Alzira y sus muchos y buenos aficionados".
Anecdotario
Que se nombre un médico en un club de fútbol, de baloncesto, ciclismo, etc. es cosa lógica; pero que se elija un médico para un club de billar suena extraño. Pues nada más y nada menos que los del Billar Colón nombraron al doctor Manuel Just como médico del club. Se puso "més ample que una lloca". Me decía Casterá: "El metge Just asistía a todas las partidas como espectador y un día, haciendo las funciones de árbitro, el presidente de la valenciana, Vicente Beut, tuvo un amago de infarto con la suerte de que estaba presente el Dr. Just que fue quien le atendió en la primera instancia.
Eran tan elevados los gastos económicos para hacer frente a la organización del Campeonato de España, que la directiva se comprometió a hacer frente a ellos, por lo que se organizaron y con huchas de postulación de Cruz Roja y Domund, los muchachos del club recorrieron bares, comercios, visitaron empresas y ayuntamiento para obtener fondos.
Batiste Chordá, camarero del Café Colón, que sin saber coger un taco de billar animaba y alentaba a todos con su buen carácter, fue motivo para que el socio número uno del club, Rafael Casterá, le cediera este honor.
El recordado arcipreste de Santa Catalina, Francisco Albiol, debido a la importancia que tuvo el Campeonato de España de Billar, dio cuenta en la hoja Parroquial de los resultados de esta confrontación nacional. En el transcurso de este campeonato, a Ortí Vélez se le rompió el taco del que se estaba sirviendo. Lo guarda como recuerdo Roberto Llavador.
El protagonista de otra anécdota fue José Benavent, que era un poco inferior en el juego del billar con Casterá y Andújar. Se disputaron una botella de coñac a una partida a tres bandas y fue una gran proeza del “pollastret" que venció a sus oponentes.
De aquel Club de Billar que nació en Alzira hace más de cuarenta años queremos hoy tener un recuerdo. En la foto figuran, de izquierda a derecha: Cervera, cronista deportivo de Valencia; Alberto Rubio Salvador Sifre; Rafael Casterá; Rafael Andújar; Federico Kramer; José Villatoro; Francisco Lluch; Enrique Verdú y José Benavent. Sentados, de izquierda a derecha: Vicente Beut, José Mansergas y Manuel Grande.
Alfonso Rovira, 29.11.1992

Dos picas en Flandes
Hacía una mañana fría el domingo 12 de febrero de 1978, cuando visitaba Alzira el Ministro de Cultura Pío Cabanillas Gallas, que venía acompañado de autoridades y del director general de la música, Jesús Aguirre —hoy Duque de Alba—. El ministro Cabanillas, aquella mañana, se detuvo especialmente en los locales de la Sociedad Musical como vemos en la foto. De izquierda a derecha: Eustasio Enguix; el presidente de la sociedad, Salvador Ausina; detrás, el director Francisco Hernández Guirado; Alfonso Rovira, que firma esta crónica; Pío Cabanillas; el doctor David Cuesta, concejal de cultura; Gustavo Pastor; el alcalde, doctor Camilo Dolz y el vicepresidente de la Sociedad Musical, Cipriano Cardona. El ministro estuvo aquella mañana en el patio de las antiguas Escuelas Pías, donde hoy se levanta el hogar del jubilado y la banda le ofreció una audición especial, interpretaron “Suspiros de España”, de Álvarez y “Pinos de Roma” de Ottorino Respighi.
Pío Cabanillas, tras escuchar atentamente el pequeño concierto, anunciaba públicamente, entre los aplausos del público que llenaba el recinto, que la banda de la Sociedad Musical de Alzira tomaría parte en el Concurso Internacional de Música a celebrar en el mes de julio en la ciudad holandesa de Kerkrade. Recordamos las palabras finales del ministro Cabanillas: "A ver si ponéis una pica en Flandes".
Les podemos decir, que el lunes 10 de julio de aquel año de 1978, cuando el sábado y domingo anterior la banda había conseguido un primer premio en el desfile en el estadio de los deportes de la municipalidad de Kerkrade y otro primer premio en la audición del concurso en la sala de conciertos, el presidente, Salvador Ausina, cursaba un telegrama al ministro comunicándole que la banda de Alzira no había conseguido poner una pica en Flandes, sino dos.
Cipriano Cardona
Todo comenzó en el mes de enero del año anterior, 1977, cuando una comisión de la junta directiva de la Sociedad Musical se desplazaba a la capital de España para visitar al Comisario de la Música, Enrique de la Hoz, con quien disfrutaba de muy buena amistad, gracias a su don de relaciones públicas, el vicepresidente Cipriano Cardona Llinares. Sin lugar a dudas, Cardona fue el punto de apoyo para que la palanca hiciera la fuerza necesaria para que la banda participara en tan reconocido Concurso Mundial de Música de Kerkrade. En este mismo desplazamiento a Madrid, Cipriano Cardona consiguió a través de sus amistades que la Sociedad Musical, un mes después de su visita, el18 de febrero, el consejo de ministros otorgara el titulo de "Utilidad Pública".
Los proyectos e ilusiones del bueno de Cipriano Cardona, quizás no llegaran a convertirse en realidad, aunque se ha trabajado mucho en estos últimos catorce años. Era un gran amor y capacidad de trabajo lo que dio Cardona en el tiempo que estuvo junto a la Sociedad Musical. Era la banda de su tierra, de su pueblo. Cipriano Cardona, al que como ya hemos dejado constancia, fue el trampolín para viajar al centro de Europa, no pudo recoger la siembra, se quedó con el sentimiento de todos, a mitad de camino. EI 21 de mayo, mes y medio antes de la partida, fallecía este alcireño, difícil de sustituir en su servicio ilusionado, entusiasta para con la cultura musical de esta nuestra ciudad.
Pasaron los días después de la visita del ministro y la banda, conducida por el maestro Francisco Hernández Guirado, ensayaba presurosamente la obra obligada para el concurso, “Cap Kennedy”, de Serge Lancen y dos de libre elección, para que el jurado eligiera una de ellas.
Llegó el día tan esperado de la partida. La banda, el 5 de julio, estuvo ensayando hasta pasadas las dos de la madrugada y cerca de las cinco partíamos desde la Plaza Mayor 218 personas entre músicos y acompañantes, presidiendo la expedición el alcalde, Camilo Dolz Enguix.
Los músicos de la banda, entre ellos muchos niños y adolescentes, que era la primera vez que salían al extranjero, pudieron ver y admirar ciudades como Lyón, París y Bruselas. Pero lo más emotivo del viaje fue cuando el domingo, día 9 de julio, en la sala de audiciones de Kerkrade, anunciaban que la banda de Alzira había conseguido 350 puntos, que le valían un primer premio y mención de honor del jurado internacional, que califica la pureza, sonido, técnica, articulación, representación general, conjunción de la banda, el ritmo y el tiempo. En cuanto a la nuestra, la calificación de insuperable y excelente. Una experiencia tan agradable como la participación en el Concurso Internacional de Música de Kerkrade se repitió siete años después, en 1985.
Hoy, cuando todas las agrupaciones musicales celebran la festividad de su patrona, Santa Cecilia, queremos dedicar un homenaje a nuestra sociedad Musical que en esta ocasión cumple sus primeros veinticinco años, las bodas de plata como entidad. A los hombres y mujeres que laboran y a los que quedaron en el camino, habiendo puesto su gran aportación y sacrificio, el agradecimiento de un pueblo que quiere y ama a su banda. Felicidades a todos.
Alfonso Rovira, 22.11.1992

Alzira, la hermosa y progresiva ciudad, capital de las ubérrimas tierras de La Ribera Alta del Xúquer, en el plano docente cuenta en la actualidad con tres institutos con el nombre de preclaros personajes que mucho hicieron por esta noble población: "Rey Don Jaime", "José María Parra" y "Luis Suñer". También cuenta con una academia privada, de solera, como es la "Júcar", donde impartieron enseñanza queridos alcireños Como José Pellicer Magraner, Francisco Llácer Domingo y Justo Navarro Parra, entre otros. Colegios religiosos como el de la Sagrada Familia, regido por las Hermanas Obreras de la Cruz, en la siempre querida barriada de l'Alquerieta; el de los Santos Patronos, de las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl y "La Purísima", de las MM Franciscanas, del que trataremos en nuestro reportaje dominical.
Nos viene a la memoria, gratamente, con nostalgia, las Escuelas Pías y los PP Escolapios, por donde pasaron varias generaciones de alcireños. De su noble edificio, construido el pasado siglo, con aportaciones de todos los vecinos de esta población, recordamos que los Escolapios dejaron la ciudad a mediados la década de los 40. También "l'Escolapía" albergó en los años siguientes escuelas nacionales: la Academia Municipal de Dibujo, bajo la dirección de Ricardo Fluixá; el Instituto Laboral "Rey Don Jaime" a mediados de la década de 1950; la Biblioteca Pública Municipal, dirigida por José María Parra; la sede de la Sociedad Musical Alzira, y, en la actualidad, la Casa de la Cultura, donde aún se están realizando obras de mejoras.
También estuvieron en Alzira las MM Escolapias, su colegio se situaba en la plaza Mayor, donde se ubica hoy el Banco Hispano. Durante los tres años que duró el enfrentamiento fratricida, la guerra civil, se albergó un grupo de escuelas nacionales bajo el nombre de "Grupo Escolar Pablo Iglesias". La parte trasera de este colegio daba al río, cerca del "Pont de Sant Bernat".
Con el paso del tiempo han ido creándose varios centros docentes en distintos puntos de la población: "García Lorca", "Blasco Ibáñez", "Pintor Andreu", "Alborxi", 'Tirant lo Blanch", "Ausias March" y "Luis Vives". Estos dos últimos, durante mucho tiempo, los conocimos como "Alzira I" y "AIzira II". No obstante, según fue aprobado en un pleno de la corporación municipal, en el año 1977, estos dos colegios debieron denominarse "Manuel Gaspar" y "Emilio Pastor", dos eminentes maestros nacionales que llegaron a Alzira el día primero del mes de noviembre de 1934 y que dejaron bien alto el pabellón de docencia en nuestra ciudad.
Las Religiosas Franciscanas
El colegio de las MM Franciscanas, conocido popularmente por los alcireños como "El Centro", fue fundado en 1883, en el número 36 de la calle Santa Lucía, donde impartían la enseñanza a los párvulos de esta población. Verán el por qué de la denominación "Centro". Mediaba el último cuarto del siglo XIX, cuando la obra Franciscana fundaba en Alzira un colegio de párvulos, bajo el nombre de "Nuestra Señora del Buen Consejo", que al mismo tiempo, en su primera etapa tuvo a su cargo la obra benéfico-social de protección y ayuda a la mujer. En 1879, el entonces Arzobispo de la Diócesis Valentina, Antolín Monescillo creaba en la capital de provincia un centro de protección a la mujer, con el objeto principal de moralizar, instruir y favorecer a las sirvientas domésticas principalmente. Uno de estos centros nació en Alzira, propulsado por José Gomis Suñer, que al transcurrir poco tiempo pasó a depender, el "Centro Protector a la Mujer", a la obra franciscana de Alzira. Se había instalado en la calle Albornoz, como saben, en el centro de La Vila, cerca de las plazas del Sufragio y del Carbón, con final en la antigua Muralla, hoy avenida Luis Suñer.
Siguiendo las normas por las que se regían estas instituciones, las ayudas a las jóvenes consistían en facilitarles los medios para su desenvolvimiento en la ciudad, lo que podríamos llamar hoy una residencia. Fue la primera labor franciscana en Alzira.
En el desaparecido convento o colegio "La Purísima" —"El Centro"— las franciscanas vivieron allí muchos años. La excelente labor educativa que siguieron desde el inicio las religiosas franciscanas con los niños de Alzira fue valorada muy positivamente por los padres. Alcanzó una numerosísima matrícula con niñas de primera enseñanza y más tarde hasta el bachiller, lo que hizo que el antiguo edificio de la calle Sama Lucía, en la vieja Alzira, fuera insuficiente para su albergue, por lo que la Congregación planificó la construcción de un nuevo y amplio colegio. Los terrenos previstos para su ubicación fueron al otro lado del río Barxeta, en la partida de Tulell.
La primera piedra, que en arquitectura se denomina "piedra de Fundación", generalmente angular, colocada solemnemente, a la que se suele practicar una entalladura para introducir algún pergamino, periódicos del día o monedas de curso legal, fue depositada en los terrenos, un día del mes de noviembre de 1966. Fueron padrinos de esta ceremonia el ilustre abogado alcireño Rafael Presencia Lliso y su esposa, Amparo Redal.
Dos años duro la obra de este suntuoso centro docente "La Purísima", regido por las MM Franciscanas. Numeroso público asistió al acto de la inauguración, entre los que se encontraban los padres y familiares del alumnado y religiosas de la orden Franciscana. Fue el 24 de octubre de 1970, cuando se procedió a la bendición de las instalaciones, estando a cargo del entonces Arcipreste de San Bernardo Mártir y párroco de Santa Catalina, Francisco Albiol Bañón.
Fue aparejador de la obra el alcireño José Luis Enguix Mengual y el constructor Ricardo de la Petra. En la actualidad, en el colegio "La Purísima", mil cien alumnos pasan todos los días por sus aulas, donde se dan clases hasta el curso de orientación universitaria.
En estos días, si se lleva a cabo, a corto o medio plazo, el Plan General de Ordenación Urbana de Alzira, al norte de la ciudad, en la partida de Tulell, nacerá una zona residencial de las más bellas de la comarca de La Ribera.
Alfonso Rovira, 15.11.1992

Era lunes el 8 de noviembre de 1982. Alzira, al igual que todas las poblaciones de La Ribera, era una ciudad devastada. Barro y escombros por todas partes a causa de la pantanada del 20 de octubre.
De pronto, se produce un hecho inesperado. El Papa modifica su programa y se presenta en el epicentro del desastre, en la Muntanyeta del Salvador, en el Santuario de la Virgen de Lluch. Las gentes comienzan a sonreír por primera vez. Ha llegado el Papa y con él, el primer rayo de esperanza.
Hacía un día gris aquel principio de semana, cuando a las ocho de la mañana —hora que nos había señalado la policía, en la autorización especial para subir al santuario con la unidad móvil de Radio Alzira, puesto que no se permitía el acceso de vehículos a la montañeta— subíamos al lugar, donde por la tarde iba tomar tierra el helicóptero papal.
El equipo que iba a transmitir la noticia en directo estaba formado por José Manuel González, de Radio Valencia; Miguel Ángel Picornell, de Radio Gandía, que había estado desde los primeros momentos de la catástrofe; Bernardo Clari, de Radio Alzira y el que suscribe, para la coordinación técnica.
A lo largo del día, aunque las dificultades eran enormes para los desplazamientos, las gentes de La Ribera iban congregándose en la explanada para recibir al Papa, llegando a reunirse más de seis mil personas.
Fue el mismo Juan Pab!o II quien mostró el deseo de visitar las zonas afectadas. Igual pudo ser Carcaixent, que el valle de Cárcer, como otras poblaciones no menos afectadas que Alzira. Pero, tras un minucioso estudio, se acordó por más seguridad para el aterrizaje de la aeronave, la Muntanyeta del Salvador de Alzira.
La megafonía del santuario había conectado con la programación de Radio Alzira, los ribereños allí congregados tuvieron noticias en todo momento del desarrollo de la visita papal a Valencia, si bien el momento más emotivo fue el anuncio de la partida desde Moncada hacia Alzira.
Eran cerca de las cinco y media de la tarde cuando en el horizonte aparecieron los helicópteros de la Fuerza Aérea Española; el júbilo fue impresionante. Una aeronave tomaba tierra entre los gritos enardecidos de la multitud; las campanas del Santuario al vuelo, los aplausos del público gritando "Vixca el Papa"; sin embargo, no era Su Santidad el que viajaba en el primer helicóptero. De él salieron varias personas del equipo de seguridad del Papa y el aparato se elevó en el aire. No duraría muchos minutos la decepción del público puesto que otro helicóptero se posaba entre las blancas letras de "Totus Tuus", que marcaba el centro del improvisado helipuerto.
Al descender su Santidad los gritos de alegría se acrecentaron más. El Papa venía acompañado de nuestro llorado arzobispo de Valencia Monseñor Miguel Roca Cabanellas. Juan Pablo II, tras saludar al alcalde de Alzira, Francisco Blasco, recorrió el tramo que le separaba del helicóptero al santuario, en donde en el interior se posó a los pies de la Virgen de Lluch, en oración, pidiendo por todos los habitantes de esta Ribera del Xúquer, que tanto habían sufrido.
Unos minutos más tarde apareció en las escalinatas para dirigirse a los micrófonos instalados en la terraza: "He sentido como un deber y un impulso del corazón antes de concluir mi visita a Valencia venir a ver a los habitantes de La Ribera del Júcar", así comenzaba sus palabras el Papa, nombrando varias poblaciones afectadas por el desmoronamiento de la presa.
Al nombrar a nuestra vecina población de Carcaixent sonó un clamoroso aplauso. "Os aliento —concluiría el Papa— a elevar vuestra mirada a Dios a la vez que a los presentes, a todos los que habitáis en otras zonas afectadas, especialmente a heridos, enfermos y familiares en luto. Os dejo con afecto y cordial bendición".
Acto seguido, el Arzobispo de Valencia, Miguel Roca Cabanellas, brevemente y por el mismo micrófono hizo público el agradecimiento al Santo Padre por el interés demostrado por los habitantes de nuestra Ribera El Papa fue despedido con el mismo entusiasmo y clamor con que fue recibido.
Muchas serían las anécdotas que podríamos contarles aquí. Nosotros emplazamos la unidad móvil, conociendo el terreno que pisábamos, al mismo lado de la puerta de la sacristía. Allí estuvimos desde las ocho de la mañana hasta la hora de llegada del Papa. El equipo de periodistas de Radio Alzira, a la hora del mediodía, compartimos las viandas que portábamos con los miembros de la Policía Nacional de servicio en aquel sector.
Las comunicaciones eran muy difíciles —no existían líneas telefónicas—, toda la transmisión se hizo vía radio desde la unidad móvil, con un enlace en el centro emisor de l'Aquerieta y de allí a Radio Valencia y a toda la Cadena Ser, recibiendo la felicitación de la cadena radiofónica por el esfuerzo en las condiciones infrahumanas en que nos movíamos. Hoy, recordamos con nostalgia aquella visita tan gloriosa.
Alfonso Rovira, 08.11.1992

Un gordo muy atractivo
Aunque en España habían existido loterías a escala local, la Lotería Nacional fue creada por el mejor alcalde de Madrid —como popularmente se conocía al Rey Carlos III— el 30 de septiembre de 1763. Las ganancias iban a parar exclusivamente a la beneficencia como hospitales, asilos y hospicios. Más tarde, al ir adquiriendo auge, se convirtió en un importante recurso financiero para el estado. Alzira ha sido visitada en varias ocasiones por la diosa romana Fortuna. La que más nos “suena” fue la del sorteo extraordinario de Navidad de 1968, en que el cuerno de la abundancia, como conocemos a la fortuna, “descargó” más de mil millones de pesetas; fue hace 24 años, con el número 57150, al que correspondieron 750 millones de pesetas con el primer premio y, además, un tercer premio con 150 millones de pesetas, que suman los mil además de las centenas de estos números que también fueron vendidos en la administración de loterías de Francisco Comes Lacasa, un alcireño afable campechano y comunicativo. También tenía un ultramarinos en la calle Calderón de la barca, 11. Aparte de despachar los productos alimenticios, incluido el chocolate “El puente” y cuya fábrica fundó su padre Manuel Comes Fabiá, a principios de siglo expedía también lotería de la Administración número 1, que se situaba en una mesa debajo de la escalera de acceso a la vivienda, en el piso superior.
Muchos miles de pesetas se vendieron en aquella ocasión, pero el número completo de la suerte del gordo, el 57.150, lo adquirió, así, al azar, Alfredo Pellicer, para distribuirlo en participaciones en la empresa Avidesa, donde trabajaba.
Aquel 22 de diciembre de 1968, apareció primero el tercer premio para Alzira y cual fue la sorpresa que, avanzada la mañana, los niños del Colegio de San Ildefonso cantaron el gordo que correspondió al 57150, que también fue integro para nuestra ciudad.
Las participaciones fueron distribuidas entre los empleados de Avidesa y algunas en Cartonajes Suñer. También el Jefe de Ventas de Avidesa Rafael Sanfrancisco, remitió participaciones a las delegaciones de la empresa a toda España, con la inmensa alegría que suponía a todos los afortunados. Los alcireños, aquel día, vivieron momentos indescriptibles, ya que el dinero que “entró” en Alzira supuso las mayores ventas para todos los comercios, aunque, si cabe, la mayor venta fue de automóviles y nuestra ciudad se vio llena de vehículos cuyas matrículas comenzaban por 228.
Aquel 22 de diciembre a Paco Comes, que había distribuido el gordo y el tercer premio del sorteo extraordinario de Navidad, le “tocó” la lotería sin jugar, como se suele decir, y que con la alegría de los que les habían correspondido los premios y otros “adheridos”, en su tienda de ultramarinos, con una extensión de poco más de 50 metros cuadrados se “colocaron” más de quinientas personas, unas con la sana intención de felicitarle y otras con hacer el “agosto” en Navidad. La verdad que le “vaciaron” media tienda de productos alimenticios, e incluso jamones que colgaban tras el mostrador. Por otra parte, una de las comisiones falleras alcireñas, la entonces de la calle General Goded —hoy Colmenar—, en el mes de septiembre como es costumbre en fallas y cofradías y asociaciones, encargaron 10.000 pesetas de lotería para venderlas en participaciones. Los falleros que eran unos jóvenes de la barriada vendieron las participaciones del número que luego correspondería al tercer premio, pero los décimos que respaldaban las mismas, no los fueron a retirar pasados unos días del sorteo. Paco Comes les manifestó que el número deberían haberlo retirado y abonado antes del sorteo —era lo natural—, por lo que ya no podían contar con ellos. El representante de la comisión casi se desmaya y el señor Comes le tranquilizó diciendo que era una broma por lo que por las diez mil pesetas les abonó quince millones. He aquí la honestidad, seriedad y honradez de nuestro paisano Paco Comes, que no “pellizcó” ni una peseta en este sorteo, ni siquiera del primer premio, que en Avidesa había distribuido su cuñado Rafael Sanfrancisco.
Otra anécdota ocurrió a muchos kilómetros de Alzira. Radio Alzira, en aquella época, tenía en antena un programa, “Una llamada al corazón”, dedicado a obtener fondos para el recién inaugurado Hogar Teresa Jornet que se emitía por la mañana de lunes a sábado. El día 21, Ismael Mascarell, que era el locutor realizador del programa, había sido llamado a Madrid por la Dirección General de la SER para ser nombrado director de Radio Alzira y llamó por teléfono diciendo que como estaba la retransmisión del sorteo de la lotería, el programa lo realizaríamos el sábado por la tarde y que como no saldría nada de lotería, no había porqué preocuparse. A la mañana siguiente Mascarell quedaba bloqueado en el aeropuerto de Barajas a causa de la niebla. Al llamar por teléfono se enteró del “follón” que teníamos en Alzira y que le estaban requiriendo de Radio Madrid y del diario Levante del que era delegado comarcal, para transmitir información al respecto. Mascarell llegó por la tarde y se reintegró a las labores informativas.
Días después vinieron a A!zira, invitados por Luis Suñer, los niños del Colegio San Ildefonso que habían cantado el Gordo.
Alfonso Rovira, 01.11.1992

Santa Marta (festividad el 29 de julio), hermana de Lázaro y María (San Juan 11-12), la cita como testigo de la resurrección de su hermano (San Lucas 12-38-43), cuenta que dio hospitalidad a Jesús y que este la reprendió suavemente por la exagerada solicitud con que se afanaba en servirle. Por este motivo, las personas que trabajan en la hostelería la eligieron como patrona, fiesta que celebran cada año el día 29 de julio. Queremos tener un recuerdo para aquellos que dedicaron su vida a servir a los demás, que se destacaron por su bien hacer y simpatía y a los que quedan en sus respectivos puestos de trabajo cada día.
Camareros conocidos
En la imagen tomada por el fotógrafo algemesinense Nácher, el 11 de junio de 1958, en plenas fiestas patronales de aquella población dedicadas a San Onofre, aparecen caras conocidas, algunas desgraciadamente desaparecidas. Galo López Casas comienza la fila de los que permanecen derechos de izquierda a derecha, falleció el día 20 de febrero de este mismo año; Joaquín Navarro; Manuel Rubio y Díaz Carrasco, que fue quien trajo a nuestra ciudad a Galo López; Pedro Cortés y Alfredo Martínez Perelló, que falleció e! día 15 de enero de 1968. Agachados: Bautista Chordá; su padre Juan Bautista Chordá Alonso “Batiste”, que nos dejo el día 12 de abril de 1978; Benjamín Benedito Campos, que trabajó en el desaparecido Bar Guía y Pepe Cortés, hermano de Pedro.
Galo López Casas
Galo López llegó a Alzira en mayo de 1954, desde su pueblo de la provincia de Ciudad Real, Socuéllamos. Treinta y cuatro años avalan la profesionalidad, hasta que le llegó la hora de la jubilación. Comenzó su andadura profesional en el Bar Deportes, por aquel entonces ubicado en la calle Calderón de la Barca, junto a la casa de la señora Palmira Vives, donde adquiríamos tebeos. Era el dueño del Deportes, el señor Pepe y recordamos en la barra al bueno de “Gostinet”. Galo pasó después al bar del Respirall, donde la señora Fina cocinaba tan buenas paellas; más tarde al Cocodrilo. Allí estuvo doce años hasta su traslado a la Cafetería de la Gallera, que al poco tiempo se convertiría en contratista, pasando a ser propietario del Bar Cocodrilo, que hoy regentan sus hijos José Luis, Manuel y Juan Galo. Galo López fue un hombre afable y comunicativo En los últimos años fue presidente de la asociación empresarial de hostelería que antaño, bajo la denominación de “Gremio de Hostelería y similares”, habían ostentado la presidencia Faustino Aguilar, del Bar Júcar, después Enrique Lapeña y en la actualidad, Antonio López, propietario de la tasca Cami Vell.
Por el Cocodrilo pasaron, degustaron sus platos y firmaron en el libro de honor, Jorge Martínez “Aspar”, Adrián Campos, Lluis Llach, Nuria Espert, Marcelino Camacho, Hernández Mancha, el cardenal Vicente Enrique y Tarancón y el pintor de I’Alcudía Manolo Boix, entre otros.
Otros profesionales, bares y cafeterías de la época
Otros profesionales que permanecen en sus puestos de trabajo como Remedios Martorell, esposa de Miguel Peñaranda, en el Bar Guinea, o Manuel Cañete, creador de la sabrosa horchata “La Ribera” hace muchos años del Bar Alzira. Profesionales populares, donde los haya, fue Juan Bautista Chordá, “Batiste, el camarero”, oriundo de Salem, en la Vall d’Albaida, que militó primero en el Bar Valencia con Amadeo Guía, después sus largos años en el Café Colón y más tarde en La Gallera. El viejo Café Colón, con sus puertas giratorias y su famoso club de billar, del que formaban parte Rafael Casterá, Pepe Villatoro, Casterá...
El primero de abril de 1977, en los bajos del edificio Cervantes, se le tributó un caluroso homenaje al señor Batiste, con motivo de su jubilación; acto al que acudió el alcalde de Alzira, Camilo Dolz, y el presidente de la Asociación Provincial, señor Bolaños, que le impuso la medalla del mérito del ramo.
Otro lugar de esparcimiento fue el Ideal Café, sito en los bajos del que fue Reina Victoria Hotel, actual residencia de la familia Suñer, edificada en 1967. El Ideal lo regentaba Enrique Revert, al que acompañaban sus hijos. Era lugar de encuentro donde se degustaba la mejor leche merengada o se podía jugar una partida de billar, cartas o dominó en la sala acristalada por donde debajo discurría el río junto del Pont de Sant Bernat. Allí estuvo de camarero Emilio Valentín Beneyto, conocido por sus paisanos con el sobrenombre de “El Canari”.
No nos olvidemos de otros buenos profesionales, como fueron Alfredo Martínez Perelló, quien encauzó a sus hijos en el ramo de la hostelería; al señor Sanmartín “El Blanco”, que trabajaba en el Bar Júcar; Emilio Montalvá, que ejerce la profesión en Sueca y que en las carreras de camareros fue casi siempre el primero en llegar a la meta. También los de la rama denominada social, la clase trabajadora, tuvieron presidentes como Adolfo Montón o José Noguera, entre otros. La fiesta a Santa Marta, que cada año, el día 29 de julio, celebraban estos buenos profesionales, con el nombramiento de la Hostelera Mayor y Damas, los reunía en una misa que se celebraba en el Hogar Santa Teresa Jornet y por la noche en una fiesta.
A muchos no habremos nombrado pero, en todo caso, a los que se fueron y a los quedan y viven y comparten con nosotros el pan y la sal cada día, nuestro reconocimiento y afecto.
Alfonso Rovira, 25.10.1992

Agua pasada que no se llevó ningún molino
Era miércoles 20 de octubre de 1982, hace ahora diez años (en el momento de escribir esta crónica). Resumimos las fatídicas horas vividas de aquel día en nuestro puesto de trabajo, de tanta responsabilidad como era la radio. A lo largo de la noche del martes al miércoles, se registraron muchos litros por metro cuadrado de lluvia que caía en las zonas altas del Xúquer y también en La Ribera, por lo que los ríos Albaida y Canyoles iban engrosando el Xúquer. Bernardo Clari, hoy delegado de este diario en la comarca de La Ribera, era el responsable de los servicios informativos de Radio Alzira, junto con un equipo de la misma; desde los primeros momentos no descansaron, hasta las 17,50 horas de aquel fatídico día 20, en que fue cortado el suministro eléctrico. A media mañana contactábamos con el alcalde de Alberic, quien nos manifestaba la situación de peligro inminente; había lugares de su pueblo que ya estaban inundados. La carretera nacional 340 estaba cortada hasta el puerto de Cárcer por las aguas que bajaban.
Medidas de precaución
Poco antes de las cinco de la tarde, la unidad móvil de Radio Alzira hacía su recorrido por las zonas más peligrosas de la población por su bajo nivel de cota sobre el mar, en la confluencia de la carretera de Les Barraques con la variante, cuando las aguas ya no dejaban circular hacia Algemesí por haberse desbordado el riu dels Ulls, el alcalde de Alzira, Francisco Blasco, dentro del vehículo, puesto que arreciaba la lluvia, nos decía "vamos a dar aviso para que se adopten todas las medidas de precaución en las barriadas que en estos momentos tienen más peligro como son Les Barraques y todo el entorno del Pont de Xátiva, la calle Naranjo y adyacentes". A las 5,34, en un informativo de alcance, se daba cuenta de como se iba agravando la situación. Bernardo Clari decía: "Últimas noticias indican que el río Albaida continúa creciendo y aumentando su caudal. Todo el mundo debe tomar las precauciones oportunas. Que ningún vehículo se dirija hacia el puente del Xúquer, en Alzira, porque se están originando serios problemas de tránsito. No se puede viajar hacia Algemesí, tampoco a Carcaixent y la variante de Alzira está incomunicada".
Unos minutos más tarde, después de haber dado una batida por las zonas de más bajo nivel en Alzira, regresando a los estudios de la plaza del Reyno, en comunicación directa con Andrés Valls, de Carcaixent, nos facilitaba la última hora de la situación en la vecina población, se producía un corte en el fluido eléctrico, que poco más tarde supimos las causas, las aguas habían llegado a la subestación de Hidroeléctrica de la carretera de Alberic, inundándola y causando cortocircuitos que provocaron un pavoroso incendio, destruyéndola totalmente.
No pasarían muchos minutos de las seis de la tarde, cuando el teniente de la Guardia Civil de Carlet, Manuel Martín Baco —fallecido en acto de servicio poco tiempo después en un incendio forestal en la zona de su responsabilidad— desde el mismo pantano, decía a su central de comunicaciones, al COS, las siguientes palabras textuales: "En estos momentos revienta la presa".
Emisora sin energía
Conscientes de la gravedad y peligro de la situación, sin poder comunicar con los radioescuchas de La Ribera para prevenirles de lo que se nos venía encima, puesto que la emisora a falta de energía eléctrica no podía salir al aire, con serenidad, ordené al personal que se hallaba de servicio marchar a sus casas para poder salvar lo que pudieran y poder dar aviso a sus convecinos.
Los vehículos circulaban por las calles de Alzira con destino a las zonas altas para ponerse a salvo. Eran las 6,30 de la tarde cuando nos desplazábamos a l'Alquerieta, al centro emisor, para poder continuar desde allí las emisiones, como así fue en la mañana del 22, cuando Hidroeléctrica nos franqueó el servicio a través de la subestación de Gandía, por una línea que venía por El Torrechó.
Bernardo Clari quedó aislado toda la noche en los estudios de la plaza del Reyno, saliendo a nado de ellos y llegando a l'Alquerieta en la mañana del día 22, desde donde se prestaron encomiables servicios de orientación y noticias.
Lo ocurrido a renglón seguido, en los días que se fueron sucediendo ya lo conocen ustedes de sobra. Las aguas se enseñorearon por todos los pueblos de La Ribera. Aquella noche del 20 de octubre gracias a un equipo de compañeros de Radio Gandía que llegaron, no sabemos cómo a la Montañeta del Salvador, pudo saber toda España de la situación en la que se encontraba Alzira.
Vivencias, anécdotas, noticias; cuántas les podríamos contar, pero sería larguísimo de narrar. La realidad es que han pasado ya diez largos años. Diez años de lucha por los damnificados de estas tierras, que tanto sufrieron, reivindicando las indemnizaciones para paliar los daños sufridos por el desmoronamiento de la presa de Tous. Muchos de ellos ya no lo percibirán, por estar descansando para siempre en el Pla de Corbera. Los que quedamos no perdamos las esperanzas, es lo último. ¡Suerte!
Alfonso Rovira, 18.10.1992

Dice un proverbio chino que "vale más una imagen que mil palabras". Esto es lo que hacían un grupo de alcireños cuando, a principios del año 1950, fundaron el Foto Club Alzira. Empezaron unos pocos: Juan Saura Lozano —fotógrafo y óptico— quien, en unas tertulias con los amigos José Villalba Bono y el doctor Carlos Perrón Andrés — fallecido hace pocos años— les instruía en la técnica del revelado por los distintos procesos químicos. Contactaron con el Foto Club Valencia, quienes les facilitaron información del funcionamiento de un Foto-Club. Asistieron invitados a las reuniones con los de la capital de provincia y un día, regresando en el tren a Alzira, se fraguó la creación del Foto Club Alzira, que comenzó a funcionar dependiendo en principio de la capital, independizándose poco tiempo después. Fue el primer presidente de esta asociación el odontólogo Carlos Perrón Andrés.
Cuando adquirieron cierta experiencia se convocó un concurso de tipo nacional, en colaboración con el arquitecto alcireño Juan Guardiola Martínez, también miembro del Foto Club. Guardiola les propuso que el tema girara en torno al teatro de verano Casablanca —desaparecido en febrero de 1976— que como sabemos fue diseñado y construido por él mismo.
A partir de aquella época se confeccionaron los estatutos. Con el presidente a la cabeza, acompañándole prestigiosos alcireños como Arturo Masiá Picot, José Villalba Bono, José Moll Sanchis, Antonio Ferrer Ferrandis, Gustavo Pastor Aracil —años más tarde sería el presidente—, Alfredo Aranda Piera, Juan Saura Lozano y Francisco Suñer Perepérez.
Poco después se inscribieron los doctores José Izquierdo Mellado y Camilo Dolz Enguix, Vicente Solves Mortes, Antonio Carrillo Moll, Alejandro González Oliver —presidente que fue del Foto Club— y muchos alcireños aficionados a la fotografía. Después de una reunión en el Círculo Alcireño se formó la primera junta. La primera labor fue la captación de socios, pasando a engrosar la lista, entre otros, los doctores Daniel Miguel Álvarez, Salvador Sanchis Coll y Enrique Orts Lacasa. También los fotógrafos Juan Ortega Vicente y Juan Giménez; Rogelio Adelantado de Sanfélix, Manuel Miralles Francés y Queremón Gómez Bolinches.
El presidente, Carlos Perrón, era delegado de la Casa Americana y con un proyector de 16 mm proyectaban películas culturales en el salón árabe de la Gallera. Cuando llegaba el verano, se trasladaban al jardín situado en la planta baja, donde en el transcurso de una de las sesiones, coincidiendo con las fiestas de Sant Bemat, sucedió una anécdota que no me resisto a contársela a ustedes. Contemplando la película se hallaba el alcalde Bernardo Andrés Bono y en ese momento fue disparado el castillo de fuegos de artificio, que al primer mandatario le gustaba contemplar, como buen valenciano. Se enfadó con el teniente alcalde de fiestas, que era Arturo Masiá, por no haberle avisado del comienzo de la dispará.
Temas de concursos no faltaron. Una vez fue la “paella”; “21 vasos”, que se le ocurrió a Manolo Miralles, del que se presentaron casi treinta fotos. Antonio Ferrer propuso el tema “Barcas” y todos al río a “perchear”. Ferrer se “cargó” tres “perchas”. Tous, el pueblo antiguo desaparecido tras la construcción del pantano, era motivo de "safaris" fotográficos y los miembros del Foto Club, por cincuenta pesetas cada uno, incluido el taxi, lo pasaban bomba en las periódicas visitas a Tous. También fueron motivo de concurso las fallas y Semana Santa.
Una vez, había que montar un salón y para que les saliera más económico, las "diablas" —unos artilugios para la iluminación— se “fabricaron" en casa de Carlos Perrón. Manolo Miralles aportó la pintura y las brochas y la mitad de la pintura fue para las "diablas" y la otra para los "pintores", quedando ambos "endiablados".
El 15 de junio de 1984, en el salón Árabe del Círculo Alcireño, por gestión del presidente del Foto Club, Alejandro González, se tributó un homenaje al doctor Carlos Perrón, que fue primer presidente y fundador del mismo, del que le cupo el honor al que suscribe, como mantenedor del acto, de glosar sobre su personalidad. El doctor Perrón, un valenciano de Massanassa, vino a Alzira y se quedó prendado de su belleza y de la amistad con sus habitantes. Su afición era la fotografía y los libros.
El Foto Club Alzira pasó algunos "baches" en su larga vida desde que fue creado hace 42 años. Esperemos que, como el Ave Fenix, renazca algún día con más pujanza y siga cosechando los triunfos, como lo hicieron aquellos aficionados al principio con el escaso material del que disponían.
La foto que acompañamos está tomada el día 15 de junio de 1984, en el homenaje al doctor Carlos Perrón. De izquierda a derecha, Alejandro González, Alfonso Rovira, Francisco Suñer, José Villalba y el mismo médico homenajeado.
Alfonso Rovira, 11.10.1992

"El correo es el servicio público, directamente regido por el Estado, a cuyo cargo se halla el recibo, transporte y distribución de la correspondencia oficial y privada, así como el desempeño de otras funciones que le ha confiado el Gobierno". Así rezaba el artículo primero de la Legislación Postal, cuando en 1950, el que suscribe estudiaba para ingresar en el cuerpo de Correos; ésta nunca bien ponderada institución.
Se pierde en el túnel del tiempo la fundación del servicio de correos. Podríamos extendernos demasiado contándoles la historia postal, cuando aún no se había creado el sello que hoy conocemos como previo pago del transporte y entrega del envío. En esta ocasión, trataremos del servicio de telégrafos en Alzira; antaño Correos y Telégrafos, aunque dependían ambos del Estado, funcionaban por separado. Hoy, sin lugar a dudas, por lo menos en lo que conocemos en nuestra ciudad, los probos empleados de correos pasan a telégrafos y viceversa.
El transporte de la correspondencia, siglos atrás, se realizaba a través de mensajeros; así tenemos que en los Estados Unidos iba un hombre a caballo, que cambiando de montura en casas de postas, recorría el territorio llevando lo que podríamos llamar el correo. Era el Pony Express, incluso respetado por los indios. Después vendrían las diligencias, los barcos para el transporte marítimo y el avión postal en nuestros días.
Tartana para el correo
En el tiempo en el que hago referencia, mediado el siglo XX, la estafeta estaba ubicada en la placeta de Santa Catalina, donde hoy se sitúan las oficinas parroquiales. Conocimos al administrador de aquella época, Emerano Gil, que además era constructor. Después vino Rodolfo Carrión, un hombre que llegó a Alzira y en ella se quedó contrayendo matrimonio con una alcireña de la familia de los Piquer. La correspondencia no era tan abundante como lo es ahora, llegaba a la oficina desde la Estación de Ferrocarril a través de la tartana que conducía Bruno Butiñá, que vivía en la plaza del Horno; el encargado de la recogida del coche-correo en la estación de ferrocarril era Lucas Alonso, un salmantino llegado antes de la Guerra Civil a nuestra ciudad. Poco después de ser clasificadas las cartas por barrios, el cartero mayor, Gregorio Belenguer, tras solicitar el permiso al administrador, daba la orden de salir al reparto hacia las diez de la mañana; a las doce los carteros regresaban del primer reparto y recogían la correspondencia del correo de Madrid y salían a un segundo reparto. Los sábados y domingos había un solo reparto.
Los carteros eran cuatro, puesto que la ciudad "postalmente" estaba dividida en cuatro distritos: La Vila, el primero; el segundo era de la mitad de la plaza Mayor hacia la calle Mayor San Agustín; el tercero, plaza Mayor parte izquierda, Pérez Galdós hasta la calle Purísima y el cuarto comprendía la barriada de San Juan, la Muntanyeta y Alquerieta; las casas terminaban en la calle del Cid y la parte paralela, detrás de Doctor Ferrán eran huertos de frutales, el rajolar de Garés y por la parte izquierda, el Camí Fondo, lleno de baches y mucho polvo. Carteros de la época recordamos a Juan BeIla, Miguel Belda y Ángel Penadés y otros muchos que vinieron después. El oficial de la estafeta era Juan Toledo Girau.
Poco antes de la contienda de 1936, el arquitecto municipal Juan Guardiola Martínez, diseñó el proyecto de ]a nueva casa de correos y telégrafos, al mismo lado del río. Si contemplan la fachada por donde hoy se sitúa la entrada principal, quedando paralizada la obra por la guerra, estaba proyectada para usarla por la propia Avenida que como ya saben fue inaugurada en 1967. ¡Qué visión de futuro tenía el señor Guardiola!
Es obligado hacer comentario de la oficina de telégrafos que se hallaba frente ala de correos, también en la plaza de Santa Catalina. Allí comenzó, muy joven su andadura profesional, el actual jefe de la oficina de Alzira, Francisco Vilaplana.
Era jefe de la oficina de telecomunicaciones por aquella mitad de la centuria que estamos, Andrés Hispano, un señor que llevaba muchos años en la profesión, había sido antaño huguista, un telégrafo inventado por Hugués, después del de Samuel Morse, que funcionaba por contrapesos, que conocimos, ya fuera de uso. Eran oficiales José Manuel Such y más tarde vino destinado un segoviano, Fermín Bausa, un buen filatélico. Los encargados de distribuir los telegramas desplazándose en bicicleta, eran Pedro Pérez Fleta, Enrique Morades Gómez, Vicente Giménez y Fernando Zamorano.
Mensajes con teletipo
Los mensajes llegaban a través del teletipo desde la capital de provincia. No era así los de los pueblos de la comarca, con los que se enlazaba por línea física, a través de los manipuladores de morse. Así funcionaban, como nos muestra la fotografía, una sección de manipuladores, que al picar deprisa o pausadamente, en el aparato receptor, en una cinta estrecha de papel continuo, iban quedando registrados puntos y rayas convencionales, que traducidas a letras, resultaba el mensaje transmitido.
Han pasado más de 40 años desde mi paso por la estafeta de Alzira y, con el tiempo y los avances de la técnica, todo ha cambiado, hasta el equipo humano. El cartero que se preciaba de conocer casa por casa de su barrio y quien residía en él. Hoy con las colmenas de viviendas hace que nos conozcamos menos. El fundamento para el que fue creado el correo sigue firme a su creación, el recibo, transporte y distribución de la correspondencia para la comunicación de los pueblos.
Alfonso Rovira, 03.10.1992

Construido en un viejo edificio, en su parte principal, era de planta rectangular, compuesto por tres cuerpos unidos, uno de ellos por la parte delantera orientado hacía el mediodía. El bajo a la derecha y la totalidad del alto se hallaba destinado a vivienda de los ermitaños. El resto del edificio, en su parte izquierda, formaba el atrio del templo, constituyendo una sala rectangular de un solo piso bajo que disponía de altar.
A groso modo, este era el antiguo ermitorio del Salvador, en la cumbre de la montañeta del mismo nombre, como también describe el historiador alcireño Eduardo Part Dalmau en su publicación “La ermita del Salvador —Santa María de Lluch— (tradición e historia)” , editado por la comisión fallera Pintor Andreu de Alzira en el año 1986.
Parece ser que, según recoge Eduardo Part en su libro, este ermitorio data sus orígenes a mediados del siglo XIV; desapareciendo para siempre no hace muchos años. Allí moraron muchos años los últimos ermitaños, Enrique Sancho y su esposa Andrea Ceballos, que seguía la tradición de siglos de cantar els gojos, como ya lo describe el escritor Blasco Ibáñez en el capítulo tercero de Entre Naranjos.
Transcurrieron los años, muchos años, el viejo caserón fue muy visitado por los alcireños, principalmente los huertanos que cada año veneraban la imagen de su patrona; pues era, recuerden, y sigue siendo, la reina de los azahares de La Ribera. El viejo caserón, decíamos, amenazaba ruina y fue en las fiestas a la Virgen de 1922, en la predicación del recordado padre escolapio Pompilio Tortajada, el día 8 de septiembre, cuando incidió y alentó a los alcireños a la construcción de un nuevo ermitorio dedicado a la Virgen de Lluch. Fue unos años más tarde, en 1927, cuando una junta de alcireños, presidida por el doctor Lisardo Piera Azorín, acometieron los trabajos con los proyectos preliminares.
En las fiestas de San Bernardo de 1924 fueron inauguradas las obras en la explanada, que era muchísimo más pequeña que la existente. La primera piedra del actual santuario, se colocó el domingo 17 de julio de 1927, con asistencia del arzobispo de la diócesis, Prudencio Melo y alcalde, siendo los padrinos Lorenzo Colomer y Emilla Gisbert. Las obras continuaron hasta 1932, paralizándose por los motivos políticos de la época.
En marzo de 1936 la imagen de la Virgen de Lluch fue destruida. Al terminar la contienda fraticida se reemprendieron las obras que no finalizarían hasta el mes de febrero del año 1966, fecha en que se terminó de coronar el campanario, tras remozar la fachada. Avanzada la tarde del 14 de marzo de 1966, hacia las seis, llegaba al santuario el vicario general de la diócesis, que durante muchos años fue párroco de San Juan de Alzira José Songel Pérez. Fue recibido al pie de la escalinata por el director espiritual de la cofradía Joaquín Nadal Steinfelder y por el teniente alcalde en representación del ayuntamiento, doctor Enrique Montalvá Albentosa. También estaban presentes en este acto las falleras mayores de las fallas de la ciudad de Alzira con sus respectivas cortes.
Las cuatro campanas que se iban a bendecir se hallaban situadas, como muestra la foto, al pie de la escalinata. Antes de proceder a la bendición, junto a cada campana se situaron los padrinos correspondientes. Luis Suñer Sanchis y su esposa Carmen Picó al lado de la campana de la Virgen de Lluch, de quinientos kilos de peso y en memoria de su hijo Luis. De la campana dedicada a los Santos Patronos, de 300 kilos, fueron los padrinos Eugenio Martí Sanchis y Josefina Galvañón Eced, de la Colonia Alcireña en Valencia. La tercera, denominada Virgen de los Desamparados, de 150 kilos de peso, tuvo como padrinos Manuel Sanfrancisco Llinares y a su esposa Amparo Ahulló Vila, que fueron representados por su hermana e hija. La cuarta, bautizada con el nombre de El Salvador, de 100 kilos, fue dedicada al joven alcireño recientemente fallecido Rafael Ruiz Beltrán, siendo padrinos sus padres Rafael Ruiz Baixauli y Ana Beltrán.
Realizada la bendición, el vicario general y los padrinos dieron los primeros golpes de sonería a las nuevas campanas. A continuación, en el interior del santuario, se celebró la eucaristía y, al finalizar la misma, el mismo vicario general, en nombre del arzobispo Marcelino Olaechea, dio lectura del decreto pontificio, por el que se otorgaba la coronación canónica a la imagen de la patrona de Alzira, la Virgen de Lluch, hecho que se llevó a cabo dos meses después, el domingo, 22 de mayo.
Las cuatro campanas siguen llamando a la oración a todos los habitantes de la comarca de La Ribera desde su santuario de la Muntanyeta, si cabe, un poco más cerca del cielo.
Alfonso Rovira, 27.09.1992

"Cuando los rayos del sol naciente le despertaron por la mañana en el vagón —venía de Madrid Rafael Brull en el tren— lo primero que vio antes de abrir los ojos fue un huerto de naranjos a la orilla del Xúquer y una casa pintada de azul, la misma que asomaba ahora, a lo lejos, entre las redondas copas de follaje, allá en la ribera del río". Así hace referencia Blasco Ibáñez de "La Casa Blava" al principio de su novela “Entre naranjos”, que como nuestros lectores ya saben se desarrolla en nuestra ciudad de Alzira.
"La Casa Blava", según la tradición, parece ser la que mostramos en la foto del reportaje de hoy, cercana a la ciudad, al principio de la partida de Tulell, al mismo lado del que fue cementerio hasta 1898, año en el que fue construido el nuevo en el Pla de Corbera debido a los problemas que acarreaban las inundaciones en esta zona cercana al río.
En esta casa vivía el señor Martí, cuya fábrica de tejas y ladrillos se hallaba en el Penalet, cercano a su residencia. Hoy, en el mismo Penalet, se encuentra la calle denominada “Tejar Martí”, en memoria de la fábrica que allí se asentaba. No hemos podido hallar documentación, pero, al parecer, funcionaba en el pasado siglo porque el bisabuelo de Ramón Méndez, que siempre residió en esta barriada con su familia, era el encargado del tejar. “El teular” se extendía desde lo que hoy es la calle de este mismo nombre a la de Hernán Cortés.
Los”Almerieros" y su Cristo
Los "Almerieros", así se les denominaba, eran los encargados de las expediciones de troncos que transportaban por vía fluvial desde Cuenca, utilizando la corriente de las aguas del Júcar. Eran hombres de extraordinaria experiencia que saltando de tronco en tronco y armados con una pértiga llamada galonda en unas tierras y en otras tocho, conducían hasta Alzira "la maera"; depositándola en el embarcadero de la serrería de Pardo, pasando el Pont de Ferro, desde donde las caballerías lo hacían llegar hasta la serrería, hecho que nos ha constatado José Vila, un anciano alcireño que lo presenció en repetidas ocasiones. También, al parecer, la madera era sacada del río a la altura del puente de San Gregorio hasta el arenal para llevar los troncos hasta donde se ubicaba el ¿teularet? y, desde allí, las carretas de bueyes lo distribuían a las serrerías de Alzira y pueblos de La Ribera.
El señor Baeza, "Estanquer de la Plaça", nos ha saciado la curiosidad contándonos como llegó la imagen del Cristo de los “Almerieros” a Alzira. “Els Almerieros”, al parecer, según le contaron nuestros antepasados, lo hallaron entre unas cañas y enseres que arrastraban las aguas, lo recogieron y ataron a los troncos que transportaban por las aguas y al llegar a Alzira lo depositaron en el “Teularet de Martí”. De allí nació la fiesta que hemos conocido.
Transcurrida la Guerra Civil, y la imagen sagrada guardada en casa de un vecino, se reanudó la fiesta del Cristo, hasta que la noche del 2 de octubre de 1962 se celebraba una cabalgata de disfraces en la que tomaban parte muchos niños; otros la presenciaban desde el tablado instalado en la esquina, al final de la calle, éste estaba en su base atado con cuerda de la que antaño se usaba para sujetar los andamios. Lo cierto es que con el peso de la multitud que ocupaba el estrado, éste cedió viniéndose abajo, con la fatalidad de quedar atrapado y falleciendo el niño Javier Hidalgo Galán, que apenas contaba con diez años de edad. A partir de aquel año, las fiestas al Cristo de los "Almerieros" no ha vuelto a celebrarse.
Sin embargo, pasado bastante tiempo, los jóvenes residentes en la barriada de EI Penalet, hace unos pocos años, han formado una comisión fallera y todos los años plantan una falla en este sector de la ciudad. La imagen del Cristo se dejó en depósito en el domicilio de la familia Dalmau, en la calle Pintor Parra numero nueve, donde fue salvado de la pantanada de 1982 y de las inundaciones de 1987.
Cuenta la tradición que el nombre de Penalet viene del tiempo de la dominación árabe en Alzira. Era un lugar donde enviaban a los moros rebeldes, “els penats”, a modo de destierro, a extramuros de la población. Otros hablaban de que era un penal a modo de sifón de una acequia de riego y algunos prefieren el que a la altura de lo que hoy es la calle Méndez Núñez, se levantaba un muro donde los niños jugaban a la pelota. Escojan el que más les guste, lo cierto es que no hemos encontrado noticias fidedignas que lo avalen. Lo que es seguro es que en Alzira no hubo ningún penal.
Alfonso Rovira, 20.09.1992

Algetzira, la vieja isla según los árabes, era una ciudad amurallada, inexpugnable militarmente, rodeada por el río Júcar que la abrazaba con sus aguas. Poco a poco, al transcurrir el tiempo, fueron construidos puentes para el acceso a ella. Que sepamos, el primero de ellos, en el camino de Valencia, fue el de Santa María, que después pasó a denominarse de "Sant Gregori" por la ermita que en uno de sus lados se ubicaba. Su construcción, según Carlos Sarthou, en su "Geografía del Reino de Valencia", comenzó a realizarse en 1308, terminando sus obras en 1329; se invirtieron 143.700 sueldos.
Conocimos también el puente del arrabal, que después fue de San Agustín y, finalmente, hasta 1966 (año en el que fue destruido) de "San Bernat". Terminando la segunda decena de este siglo, entró a prestar servicio el "Pont de Ferro", del que nos ocuparemos hoy.
También se construyeron pasarelas como la de Tudela, que fue después de San José. Otra, la del Mercado al Arrabal, cerca del "Cami VeII" —Colón —. Hubo otro puente que tenía tres ojos y que iba desde el "Molí de Fus", cercano a la Constructora, al camino del Alborgí —hoy calle Pere MorelI —.
Muy cerca del "Pont de Sant Gregori", río abajo, alrededor de los años 20 del siglo XX, se estaban terminando las obras del puente de hierro —cuyo modelo también lo podemos ver en Albalat de La Ribera, Sueca y Cullera—, cuyo proyecto fue realizado por el ingeniero Enrique González Granda, que lo terminó un año antes de finalizar el siglo XIX por encargo de la Dirección General de obras públicas de Estado. El presupuesto ascendió a 400.000 pesetas.
Este puente, sin más apoyo que los estribos sillares edificados sobre los márgenes del río Júcar, cruza su cauce y tiene 72 metros de luz. En las obras estaba previsto realizar, al mismo tiempo que se construía el puente, la demolición del puente de San Gregorio, cerrar el brazo muerto del río Júcar que encerraba a la ciudad en una isla y la construcción de muros o pretiles de piedra sillar de contorno, circunvalando la población, como conocemos en la actualidad, para la defensa de las avenidas del río.
En el número 18 del semanario "Alzira Cartelera" de fecha 17 de febrero de 1962, que editaba Ismael Mascarell, uno de los colaboradores, Ángel Ares Álvarez, recogía a modo de pensamiento, lo que del puente de hierro opinaba: "Cuantas generaciones han pasado por mi maltrecho cuerpo. Cuánto he sufrido con las inclemencias del tiempo, que sin cesar se han abatido sobre mis miembros. ¿Cuánta ha sido el agua que discurrió bajo mi atenta mirada, oyendo constantemente ese dulce rumor de su continuo deslizar por estas rocas de su lecho? ¿Cuántas triunfales mañanas, cuántas lánguidas tardes, propicias noches, amaneceres inciertos, gozó de mi la juventud? Pero ahora, al correr el tiempo, y en la soledad de las noches, cuando sólo se perciben los misteriosos ruidos nocturnos, que suena dulcemente en mis oídos, cansados de tanto tráfico diurno, me gusta recordar".
Sigue diciendo, en este caso, como si hablara el propio puente: "Fue por el año 1911 cuando comenzó mi construcción, finalizando en 1918, después de haberme sometido a riguroso examen. Desde entonces, vengo prestando mis servicios ininterrumpidamente. Creo que fue a finales del pasado año 1961 cuando entre los muchos rumores que el viento trae y se lleva a través de mis miembros, me enteré de que pronto tendré un sustituto. La verdad, la noticia no me causó gran impresión, la esperaba hace tiempo, éste no pasa en balde y creo que he quedado un poco anticuado para los tiempos actuales, de momento quizá me destinen a "servicios auxiliares", pero mi fin está próximo, lo presiento; pero lo espero con gallardía, tengo la certeza del deber cumplido".
Pues no ocurrió como predecía Ángel Ares, hace treinta años. No ha pasado nuestro querido puente a "servicios auxiliares", si bien está limitado el paso por él de grandes tonelajes. Antaño, ya lo saben ustedes, transitaban los carros portando la naranja; pero en la actualidad, tras haber sido remozado en varias ocasiones de pintura y obras en su calzada, así como en sus estructuras más vitales, sigue prestando un buen servicio, aunque, recordemos, estuvo a punto de ser destruido por una de las bombas que arrojó la "Pava" en plena Guerra Civil y que afortunadamente no dio en el objetivo en el que tenía previsto impactar.
Hoy, a sus 74 años de su construcción, sigue prestando un buen servicio a los alcireños y habitantes de la comarca.
Alfonso Rovira, 13.09.1992

Cuando a mitad del mes de septiembre de 1977 entraba en servicio el polideportivo de la carretera de Algemesí, que fue el primero de que dispuso la ciudad para hacer deporte a cubierto, su emplazamiento, según el proyecto, se ubicaba en la zona ya descrita, en la comarcal 3320 de Xàtiva a Silla, en el kilómetro 22, margen derecho.
En el Pleno de la Corporación del 15 de noviembre de 1972, que presidía José Pellicer Magraner, se refrendó la convocatoria de la construcción de una pista cubierta en el polígono número 1, del Plan General de Ordenación Urbana, proyecto que realizó el ingeniero Antonio Peris Barberá, con la conformidad de la Delegación Nacional de Educación Física y Deportes, obra que realizó el constructor alcireño Agustín Goig Lorente.
Las obras se iniciaron el 31 de marzo de 1975, hecho que constata la fotografía que acompañamos y en donde una máquina procede a la realización de las zanjas para la cimentación del edificio. A un lado, Ismael Mascarell, delegado comarcal del diario Levante, entrevista al concejal de deportes del Ayuntamiento, el doctor David Cuesta Caselles.
Por aquella época, temporada 1974-75, se fundó el equipo de baloncesto Avidesa, por iniciativa de Luis Suñer, en la que también tomaba parte el jefe de ventas de la empresa, Rafael Sanfrancisco y el delegado del equipo, Luis Sánchez García. Los encuentros se disputaban en los terrenos donde poco más tarde se construiría el polideportivo al que hacemos referencia, precisamente donde hoy se ubica el parking de vehículos. Luis Suñer, también en esta ocasión, colaboró para el acondicionamiento del campo. Poco después el Club Baloncesto Avidesa ascendería a la tercera división, pasando a disputar los encuentros en el campo municipal “Venecia”, en las pistas ubicadas tras la tribuna del campo de fútbol.
La reglamentación establecía jugar en pista cerrada, eco que recogió el alcalde Camilo Dolz, acelerando el proyecto que fraguó el anterior consistorio y con la colaboración de la Delegación Provincial de Deportes, que presidía Juan Domínguez, comenzó a construirse el polideportivo cubierto del que estaba carente la capital de La Ribera Alta .
En 1978, el equipo de baloncesto Avidesa pasó a depender del Ayuntamiento alcireño con la colaboración de firmas comerciales de la ciudad. En el mes de mayo de este año, jugó la liguilla de ascenso en Logroño y pasó, tras vencer a sus oponentes, a la segunda división. Aquí terminó su historia, puesto que al no haber presupuesto, no ejerció en esta categoría.
Este polideportivo cubierto ha sido testigo presencial de numerosos encuentros, sobre todo del público alcireño, en el que militaban jugadores tan conocidos como Alberto Medán y Vicente Cucarella, entre otros; cuando estaba en pleno vigor el A.D. Balonmano. Fue inaugurado en el mes de septiembre de 1977, siendo concejal de deportes Ginés Gil Azorín. Por su pista pasaron equipos de renombre nacional como el Bazán, Valencia, Lliria y el Cotonificio de Granollers.
No hace muchos años, el concejal que fue del Ayuntamiento de Alzira, Ramón Méndez López, según sus propias manifestaciones, propuso a la corporación dar el nombre de “Fernando Pérez Puig” al polideportivo de la carretera de Algemesí. ¿Quién era Fernando Pérez Puig? Fernando, el mayor de diez hermanos, nació en Alzira y fue maestro nacional; ejerció su docencia en un pueblecito asturiano, Casto Somiedo. Murió en Almazora, provincia de Castellón. Algunos de sus hijos siguieron también su profesión de enseñar.
En la época en que el A.D. Alzira jugaba en el campo del Arenal, junto al río Júcar, muy cercano al nuevo puente de la variante, a Fernando Pérez Puig le preocupaba que los deportistas tuvieran mejor terreno y ubicación. En “El Heraldo de Alzira”, publicado en el año 1928, encontramos la reseña sobre la bendición e inauguración del nuevo campo de deportes “El Fernandino”, de la sociedad Deportiva “Grupo Escolar D.F”. “El Fernandino” se encontraba en lo que después fue Padre Castells; en sus obras contribuyó económicamente con la filantropía que caracterizaban a Fernando Pérez. Fue inaugurado el día 22 de julio de aquel año 1928. Ese día, a las cuatro de la tarde, directivos y socios, juntamente con los ciclistas que tomaron parte en las carreras de aquella tarde y la banda de música “La Unión”, se dirigieron a la iglesia de San Juan, donde con el cura párroco y los padrinos, el doctor Francisco Bono y su hermana Toniquín, se trasladaron a las instalaciones. Terminó el acto —según cuenta la crónica— con los acordes de la Marcha Real y una “dispará” de una traca de 80 metros.
Las necesidades, el crecimiento de la población y la práctica del deporte, han hecho que los responsables de la administración local, en el transcurso de los últimos años hayan construido el polideportivo “Fontana Mogort” y el “Palau dels Esports” ambos al lado de lo que fue al antiguo camino del Alborgí, orgullo de los alcireños y de todos los que lo han visitado.
También, la concejalía de deportes del Ayuntamiento, siempre potenciado por la entusiasta mano de José Martínez Boronat, el Ayuntamiento municipalizó, hace unos años, el campo Venecia; primero llamada “El Fernandino”, después “Padre Castells”, más tarde “Estadio del Frente de Juventudes” y, ahora, “Estadio Venecia”; donde también se celebran los festivales en las fiestas patronales del mes de julio.
Alfonso Rovira, 06.09.1992

El transporte público que conoció el que suscribe, en principio se centraba en las recordadas tartanas de la época de menos prisa y sosiego que, tiradas por caballos, tenían su punto de salida en la Plaza Mayor, situadas en la parte derecha en el sentido de la marcha hacia el puente de San Bernardo, entre los tres quioscos que existían en el paseo de los árboles.
Las tartanas eran de dos clases, las clásicas y las de verano; se cubrían con tela de color caqui y eran más frescas, corría mejor el aire. De sus aurigas, recordamos a Bruno Butiña y su hijo Bruno y al “So Bernat" suegro del primero, que a sus más de ochenta años aún conducía la tartana que llevaba el correo a la estación de ferrocarril. Recordamos también a su sobrino Eduardo Butiña "Eduardet el taxista"; Boluda y Antonio Micó, que presentaban servicio de transporte de viajeros a la estación, distante del centro poco más de un kilómetro, por la única vía de acceso que era el "Carrer Nou" y el ”Pont de Ferro". También las tartanas prestaban servicio en los entierros para desplazar a los deudos del fallecido al camposanto.
Conservamos un grato recuerdo del señor "LIuiso", un alcireño propietario de un landó que tirado por dos caballerías servía el traslado a la iglesia a las bodas y bautizos con sus caballerías enjaezadas de donde pendían campanillos que alegraban el paso por las calles anunciando un acontecimiento ciudadano; también recordamos cuando trasladaba al torero alcireño Antonio Alarcon "Carbonerito" a la plaza de toros de Alzira, vestido de luces, para enfrentarse con el astado que le hubiera tocado en suerte. También le recordamos cuando era monaguillo de Santa Catalina, a principios de la década de 1940, y acompañaba al sacerdote don Luis Castellano para celebrar la misa dominical en el oratorio del Huerto de Brú, en la época estival, donde residía la familia Lamo de Espinosa y disfrutando de la amabilidad de una anciana, doña Amelia, que era abuela de Jaime Lamo, que fue Ministro de Agricultura. José María Sales Luis, concejal de fiestas del ayuntamiento de Alzira y sustituto del registrador de la propiedad, gustaba que todos los sábados por la tarde el tartanero le desplazara a la vecina población de Carcaixent para asistir a las peleas de gallos.
Discurría la década de 1940 cuando entraron en servicio los avances de la técnica, los automóviles de alquiler, llamados "taxi" por llevar taxímetro —de "taxe", tarifa; del latín "taxare" y éste del griego "tasso"—, la buena cuestión es que los coches de alquiler, poniéndose a nivel europeo, se llamaron "taxis".
Terminada la contienda civil española daría comienzo la guerra mundial y, con las dificultades propias del momento, el combustible era escaso, por lo que fue adoptado por los transportistas el gasógeno, que habían de "fabricar" el gas, dando a la manivela del "artilugio" que antes habían prendido fuego a la cáscara de almendra o hueso de oliva. También había que detenerse tras algunos kilómetros recorridos para sustituir el filtro, como lo hacia el padre de Sebastián Gil en el desplazamiento a Valencia, al llegar a la Torre de Espioca.
Los taxistas tenían su punto de parada en la Plaza Mayor, junto al andén de los árboles, frente a la escalinata de las Escuelas Pías. Eran propietarios de licencias de taxis, no quisiéramos olvidarnos de nadie, Antonio Micó y después su hijo Antonio; Sebastián Gil y su hijo que continúa en la profesión; Bernardo Giménez; los hermanos Páris; el señor Gomis; Vicente Bellver; Cándido Sales; Eduardo Butiña; Enrique Costa; Manuel Rubio; Elías Abarques; Bernardo Boquera; Juan Castellón; el señor Domingo y José López, el "americano", del que disfrutábamos escucharle sus andanzas por el oeste americano.
La mayor parte de los taxistas eran oriundos de Almería, como José López Salmerón, de "Roquetas de Mar", más conocido por el "compadre" y que hoy hemos elegido para ilustrar este reportaje. El "compadre" fue uno de los populares taxistas por los servicios que realizaba en la vida alegre y nocturna.
No podemos resistir el contarles alguna de las anécdotas de los servidores del transporte público. Isidoro Cano Zapata, que vivía en la barriada de Les Barraques, tenía una mujer que, para que no perdiera el “punto" al mediodía, antes de salir de casa por la mañana le preparaba una "cassola d'arros al forn" y él, tranquilamente, a la hora de la comida, sacaba una banqueta de su gran vehículo y la consumía en la misma plaza a la orilla de su coche, para ir después al Bar Guinea donde el bueno de Pepe Peñaranda le servía un café.
Antonio Micó —padre—, persona muy sería y responsable, siempre cuidó de estar a la altura de la modernidad de sus vehículos de servicio público; también en su larga vida de servicio, le ocurrió una simpática anécdota. Llegó un cliente y le dijo "vatja fent el gas, que me té que portar a Valencia". Mientras, se fue al coche para salir, y este señor fue al coche y abrió la puerta para dejar la gabardina y la cartera, pero no subió. Al escuchar la puerta, abrirse y cerrar, arrancó y emprendió el viaje. Al llegar a la altura de la torre de Espioca le preguntó al supuesto viajero a donde tenía que conducirle, dándose cuenta de que no había nadie detrás e iba solo.
Han pasado muchos años, las licencias han ido cambiando de manos, de los que conducían desde el pescante a otros "amarrados" al volante con cien ojos pendientes de la carretera. Algunos son nuevos en el oficio, pero todos, sin lugar a dudas, se esfuerzan en atender al usuario lo mejor que pueden, poniendo a disposición del público los mejores vehículos, tratando de estar al día en la técnica, comodidad y rapidez; sin tener que dar a la "manivela" para "fabricar" el gas con la cáscara de almendra o tener que buscar piezas de repuesto para los automóviles que venían de América o de Europa.
Alfonso Rovira, 30.08.1992

De poco más de mitad de siglo, hasta nuestros días, Alzira ha sufrido un notabilísimo incremento en su parque móvil. Aquellos carros con tracción animal pasaron a los pequeños camiones que transportaban al muelle del ferrocarril, desde los almacenes de manipulación del dorado fruto, para su exportación a Europa. Estos vehículos que atravesaban el desaparecido “pont de Sant Bernat", para entrar en la Villa, sufrían una bajada muy pronunciada. Para que las caballerías no resbalasen se esparcía arena. La circulación era en doble sentido y al llegar a la curva de la bajada del puente, se producían enormes atascos, al enfilar hacía el "carrer Nou", la rambla y después “el pont de ferro". Por esta vía discurrían dos carreteras comarcales, la 3320, de Silla a Xàtiva, y la 3322, de Tavernes a Lliria por Chiva. Las dos comparecían en el punto donde se ubicaba la "casa del glorietero", antes de la entrada a la ciudad por el “'pont de ferro". La primera, después del “pont de Sant Bernat", al entrar en la placeta, por la derecha al "carrer dels Negres" y el "Camí Vell", calle Colón, hacia Xativa. La otra, 3322, también, al llegar a la placeta seguía por el centro dirigiéndose por Pérez Galdós a Camí Nou y salida a Tavernes. Por este motivo, cerca de la década de 1960, el ayuntamiento se planteó, con urgencia, la desviación de estas carreteras comarcales de mucho tránsito, para la construcción de una variante y puente sobre el río Júcar, atravesando la partida del Alborgí, discurriendo al mismo lado del muro de contención, ya construido hace muchos años para la defensa de las avenidas del devastador río, siguiendo una línea tangente dejando la ciudad al norte de esta vía.
Las obras a realizar, según el proyecto, serían desde el punto kilométrico 20 al 24, de las referidas carreteras, solicitándolo al Ministerio de Obras Públicas para que se llevara adelante en el Plan General de Carreteras, el Plan de Accesos a Alzira, elevándolo a la oficina correspondiente el 27 de enero de 1965. Por fin, fue aprobado el proyecto técnico el día 5 de julio de 1971 y el 27 de abril del año siguiente se aprobó el expediente informativo de contratación por la cantidad de 153.184.000 pesetas, según resolución del MOP. El 11 de septiembre de 1974 fueron abiertas las plicas de la subasta adjudicándose las obras a Coninsa, empresa de Construcciones e Ingeniería SA, por 214.255.209 pesetas, según expediente de 27 de septiembre de 1974.
En el mes de marzo de 1977 las obras estaban casi terminadas y a propuesta del alcalde, por unanimidad en la Comisión Municipal Permanente del 21 de diciembre de aquel mismo año, se acordó oficiar a la empresa constructora la necesidad imperiosa que tenía la población de la pronta finalización de las obras de la variante.
La inauguración tendría lugar el día 11 de marzo de 1977 y el MOP dictaminó, el 14 de este mismo mes, que las calles por las que discurrían las carreteras comarcales 3320 y 3322, que servían de travesía, fueran desafectadas de tal servicio y revertieran al ayuntamiento como simples calles. Aunque la variante entró a prestar servicio, los meses siguientes, la empresa constructora continuó laborando para la ejecución de una serie de trabajos de remate y acabado. El 11 de noviembre de 1983, la jefatura de carreteras aprobó plantar árboles y la construcción de aceras. Para el trazado del puente sirvió como base el antiguo de "Sant Gregori". Miguel Mora Suárez, que formó parte del equipo de construcción, nos explicó las anécdotas que ocurrieron; y lo hicimos "in situ". Una de las zapatas que soporta uno de los machos del puente, se sitúa al mismo lado de uno de los ojos del antiguo puente, a 1,60 centímetros, fueron hallados restos de huesos humanos, presumiblemente romanos, puesto que muy cerca del lugar se descubrieron restos de una calzada de aquella civilización. En la fotografía que hoy ilustra nuestro reportaje, se aprecia en primer plano, uno de los muchos, soportes del puente en construcción. Al fondo el puente de hierro.
Siguiendo nuestra línea de informar y contarles lo que hemos vivido, que forma parte de nuestro legado histórico, he de dejar escrito que en el pleno de la corporación del 7 de noviembre de 1974, presidido por el alcalde accidental Ricardo Bellver Ramírez, por unanimidad se acordó el que en el nuevo puente sobre el río Júcar llevara el nombre del alcalde recién fallecido, José Pellicer Magraner, en justo homenaje por los desvelos que llevó durante su mandato de dotar a Alzira de un vía tan importante como es la Variante y Puente sobre el Júcar; la entrada a la ciudad más bella que hemos conocido, orgullo de los alcireños y admiración de cuantos tienen ocasión de atravesarla o de los que nos visitan.
Alfonso Rovira, 23.08.1992

La estación que pasó de largo
Caminábamos bien avanzado el año 1961 y el viejo cauce del río Barxeta se estaba rellenando para que algunos años más tarde, concretamente en 1967, se inaugurara el primer tramo de la avenida de los Santos Patronos. En aquel año 1961, el entonces alcalde de Alzira, Bernardo Andrés Bono, presentó al Pleno de la Corporación Municipal, el 26 de Junio, una moción en la que entre otras cosas manifestaba: "... Estas medidas se encaminan a evitar la posibilidad de una gran anarquía y desconcierto en la ordenación de aparcamientos de vehículos, punto de toma y apeamiento de viajeros, circulación de los grandes coches o autobuses que los conducen y, en general, en los sistemas reguladores de tan importante y trascendental servicio público".
Nacimiento de un proyecto
Acababa de nacer el proyecto de creación de una estación de autobuses y, como todos los solares a orillas del río eran de propiedad municipal, la idea de la ubicación de la referida estación, en principio, fue en lo que hoy es la última manzana de edificios de la avenida, en la calle Júcar y adyacentes Nicolás Bas, Tejar Martí y Piletes. En el pleno celebrado el 4 de julio de 1961, la corporación acordó municipalizar con monopolio el servicio de autobuses. El anteproyecto de la estación de autobuses lo realizó el ingeniero de caminos Bernabé Fernández, alcanzado el presupuesto 18.646.369,50 pesetas, que comprendía la edificación de la referida estación más un hotel municipal de segunda categoría y viviendas.
El 19 de marzo de 1969, habiendo transcurrido casi toda la década de 1960, en el pleno de este día se examina el pliego y, tras los tratamientos legales, se procede a convocar la licitación correspondiente.
Como quiera que se iban dando largas y pidiendo nuevas demoras al ministerio para el comienzo de las obras, en el pleno celebrado el 28 de julio de 1969, dos meses después de haber aprobado el proyecto, se recibió una notificación del Ministerio de Transportes en la que se da a conocer que “por dificultades surgidas ante el ministerio, como son la mejor descongestión de tránsito entre otras ventajas, la nueva estación de autobuses será construida en el solar del ayuntamiento, sito en la calle Ronda, de 2.850 metros cuadrados, 2.367 para estación de autobuses y 483 para el hotel". Para este proyecto la subasta ascendió a 7.702.637,99 pesetas que se le adjudicó al constructor alcireño Agustín Goig Yago por 7.700327,20 el día 24 de septiembre de 1970.
Las obras terminaron y la estación de autobuses fue inaugurada el14 de marzo de 1974. La foto con la que hoy ilustramos este artículo es el momento de la inauguración y la bendición por el Arcipreste Francisco Albiol, al que le acompañan en la instantánea el alcalde José Pellicer; el gobernador civil, Antonio Rueda y el concejal Antonio Pastor. También podemos reconocer en segundo plano a Manuel Oro, Enrique Lahuerta, Ernesto Casanova y adivinamos que Eleuterio Grau es el que sujeta el micrófono a la derecha de la instantánea.
Anulación del Ministerio
Poco tiempo funcionó la estación de autobuses puesto que, con fecha 31 de mayo de 1974, el Ministerio notificó al Ayuntamiento de Alzira la resolución de anular la autorización concedida al mismo para establecer la estación de autobuses que decía: "Anular dejando en consecuencia la autorización concedida al Ayuntamiento de Alzira por orden ministerial de 1965 para construir y explotar directamente en dicha ciudad una estación de autobuses destinada a concentrar llegadas y salidas de vehículos adscritos al servicio público de transporte de viajeros por carretera, en consecuencia ordenar el archivo de las actuaciones".
Un año más tarde, en el pleno celebrado por el Ayuntamiento el día 2 de mayo de 1975, se notificó que “por haber quedado desbordados los planteamientos legales y sociales en que fueron constituidos, la estación de autobuses, en la actualidad sin prestar servicio alguno y habida cuenta de la necesidad de locales para escuelas nacionales procede a la desafección de la misma para que sean construidos, de ser legalmente procedente, para la dedicación de escuelas nacionales". El acuerdo se tomó por unanimidad. Han transcurrido dieciocho años y, desde entonces, el edificio de la calle Ronda, entre los juzgados y el colegio de La Purísima, ha albergado, que recuerde, escuelas nacionales, centro de disminuidos psíquicos, escuela de adultos, parque de bomberos con muchísimas dificultades para la salida al servicio, escuela taller y no sé si se me olvida alguna actividad más.
Lo bien cierto es que, remitiéndonos al principio, la buena idea que nació del alcalde alcireño Bernardo Andrés Bono, que desgraciadamente no fraguó, ningún sucesor suyo ha continuado el proyecto de dotar a Alzira de una digna estación de autobuses donde se concentren las líneas y viajeros que lleguen a Alzira de toda la comarca y, como decía Bernardo Andrés Bono, "Estas medidas se encaminan a evitar la posibilidad de una gran anarquía y desconcierto en la ordenación de aparcamiento de autobuses".
Diversidad de paradas
Hoy, cada línea de autobuses aparca en un lugar distinto en plena vía pública, como puede ser alrededor de la plaza del Reyno o en la Avenida de la Hispanidad. En esta última, el viajero tiene que esperar a que el autobús llegue desde donde haya tenido que esperar la hora de partida, porque si ocupa el carril de circulación de esta vía, salida de la población, recibe la visita de los agentes de la autoridad para ser multado, sin olvidar los atascos que se pueden llegar a formar cuando algún vecino, empleado de comercios que por allí se encuentran o repartidor de cualquier tipo, aparca momentáneamente sus vehículos en las zonas reservadas a los autobuses.
Por otra parte los vecinos de la plaza del Reyno y alrededores tienen que soportar la contaminación de humos y ruidos que desprenden los potentes motores de los autocares que aparcan en esta zona desde primeras horas de la mañana.
Por todo ello, debería ir pensándose en dotar, como las hay en las ciudades importantes, de una estación de autobuses a la capital de La Ribera Alta. Alzira y su comarca la merecen.
Alfonso Rovira, 16.08.1992

El día 24 de julio del año 1969 el Teatro Casablanca fue testigo de un magno acontecimiento hispano-argentino que fue promovido por el Ayuntamiento de Alzira a propuesta de Alberto Rubio Santa Fe, concejal y presidente de la Junta Local Fallera, que es un entusiasta seguidor de la canción porteña. Fue invitado de honor a este festival el cónsul de la República Argentina en Valencia, José Alberto Carro. Motivo de esta amistad entre dos pueblos, el Ayuntamiento de Alzira rotuló con el nombre de la patrona de Buenos Aires, la Virgen de Luján, una de las calles que desembocan a la Avenida de los Santos Patronos.
José Luis Cañamero, locutor de Radio Alzira —que acompañamos en la imagen entrevistando al cantor de tangos, el argentino Jorge Cardoso—, fue con María Antonia López, locutora de la emisora valenciana "La Voz de Levante", los encargados de presentar el espectáculo que fue transmitido en directo por Radio Alzira. María Antonia López, al dar comienzo el acto, tuvo unas primeras palabras de bienvenida al selecto auditorio que se hallaba reunido en el Teatro Casablanca de Alzira, lleno por completo, manifestando que era "la terraza más bonita de España, sin duda alguna".
Comenzó el espectáculo hispano-argentino el trío Los Rubíes; le siguieron Angelines del Prez, estrella de la canción española y María Brull, esta última había triunfado recientemente en el festival de Benidorm. Así concluyó la primera parte. Siguió la segunda mitad con la proyección de un documental inédito de Carlos Gardel, propiedad del alicantino Ricardo Tafalla, en cuyo film el cantante bonaerense interpretaba para el público sus mejores tangos. Antes de ser proyectada la cinta cinematográfica, José Luis Cañamero hablaba en directo con Perla Cristal, quien manifestaba ante los micrófonos de Radio Alzira que "para cantar canciones de la tierra que sea, es preciso y necesario haber nacido en ella y, como soy argentina, creo que canto los tangos muy bien". Al mismo tiempo, seguía afirmando: "No es que todos los argentinos canten tangos, ni todos los españoles son toreros. Yo canto el tango porque es la canción racial, no es folklórica, porque no pertenece al folklore argentino, es como si fuera la canción española, no la ‘soleá’ ni la seguidilla. Yo tengo en el repertorio bastantes tangos; esta noche solamente cantaré tangos y dos canciones de Ataualpa Yupanqui —recientemente fallecido— el poeta indio más representativo de mi tierra".
También José Luis Cañamero hablaba con Jorge Cargoso, un cantante argentino afincado en España desde el año 1945, que comenzó a cantar tangos a los catorce años. A la pregunta del locutor ¿qué había sido para él Carlos Gardel? La respuesta fue "Carlos Gardel ha sido lo más grande, era, es y será. Era un compendio de todo lo que tiene que tener el tango. Un privilegiado”.
Los asistentes al magnífico festival celebrado en Alzira, se deleitaron con la documentación que ofrecía la proyección del celuloide, con imágenes inéditas. Al terminar la cinta, avanzada la noche, terminó la velada con la actuación de Perla Cristal y Jorge Cardoso, que fueron famosos en la época en el teatro, en el cine y en la radio.
Cabe señalar que en este festival también pudimos escuchar tangos por Ricardo Tafalla, de Alicante, que había aportado la película de Gardel.
Remató el acto José Luis Cañamero, resaltando la amistad que se había forjado en este acto entre dos pueblos: el argentino y el español. Un gran espectáculo del que fuimos testigos presenciales en el salón del desaparecido Teatro-cine Casablanca de Alzira, hace ahora poco más de veintitrés años y que ahora recuperamos en estas páginas para la historia.
Alfonso Rovira, 09.08.1992

Estaba concluyendo la década de 1960 en Alzira. Se había inaugurado en aquellos años la remodelación y saneamiento de la Avenida de los Santos Patronos, con la desaparición del antiguo puente de Sant Bernat y la Avenida Luis Suñer comenzaba a resurgir, después de haber sido cubierto el tramo del brazo muerto del río Júcar que separaba la Villa de la partida del Alborgí. Ya se había inaugurado el 21 de junio de 1967 el Hogar Teresa Jornet, conocido popularmente por los alcireños como el Asilo. Existían ya los majestuosos edificios Mayvi, en la plaza del Reyno y correspondía a la administración local ornamentar la plaza, por lo que el día 6 de diciembre de 1969, el arquitecto municipal, Andrés Herruzo Goberna, presentó el proyecto de urbanización consistente en una fuente luminosa en el centro de la plaza con estanque circular y zona ajardinada rodeada de palmeras que formara un paseo y con un monumento en el centro de la fuente.
El encargo de diseñar y fabricar el monumento fue el escultor valenciano Octavio Vicent. La estatua que labró para la cúspide era la diosa Ceres, protectora de la agricultura, de mármol. Para más abajo, sobre un pedestal, la estatua en bronce que representara al labrador valenciano. El presupuesto alcanzaba la cifra total de 1.903.779 pesetas, la escultura de bronce costó 160.000 pesetas. La obra y la escultura de mármol alcanzaron las 175.000. pesetas. La obra se terminó en el mes de julio de 1972 para ser inaugurada en las fiestas de los patronos de la ciudad, Sant Bernat i les Germanetes.
Radio Alcira entrevistó al escultor
Avanzaba este año 1972 y en el segundo semestre, José Antonio Serrano Belinchón, redactor de Radio Alzira, realizador del programa informativo "Terra Nostra", entrevistaba al escultor Octavio Vicent a pie de la fuente cuando se estaba llevando a cabo la colocación de la estatua al labrador valenciano. Queremos significar —decía Serrano— un momento trascendental en la historia de Alzira; estamos en la plaza del Reyno para entrevistar a un escultor en el momento en que la grúa está elevando la preciosa estatua dedicada al labrador valenciano. Obra de Octavio Vicent. ¿Qué tiempo ha empleado en la construcción?
-Más o menos de medio año.
-¿En que se ha basado artísticamente para hacer la representación de esta mujer? ¿Es el prototipo de la mujer valenciana que será depositada en la cúspide el monolito?
-Representa a la diosa Ceres, protectora de la agricultura. Sabemos de Ceres, Celes y Pomona, son los tres nombres que se designa a la diosa de la agricultura. Por lo tanto, es una cosa simbólica, tradicional y al mismo tiempo decorativa.
-Esta imagen que ha construido en piedra, indudablemente puede ser así, como la representación gráfica en algún día lo que es la ciudad de Alzira?
-Es la fuente-monolito más importante que a partir de ahora tendrá Alzira.
-¿Eso para usted será motivo de orgullo.
-Naturalmente. La he hecho con mucha ilusión, porque mi familia, mi tradición, esta vinculada a la agricultura valenciana.
-¿De que material está compuesta la estatua?
-Es de mármol y la figura del labrador de bronce.
-A la vista del escultor, del artista en todo caso, la perspectiva de la plaza del Reyno para el futuro ¿es halagüeña?
-Maravillosa. Naturalmente que ya conocíamos la plaza antes de hacer el proyecto y hemos estructurado líneas y volúmenes de claro-oscuro para la plaza.
Cuando esta estatua de la diosa Ceres era depositada por la grúa en la cúspide del monolito, el escultor manifestaba entusiasmado: "Resulta muy bonita de color y de línea; creo que es el complemento del monolito.
Han pasado los años y la fuente de la plaza del Reyno sigue dando vida a la ciudad. Cuenta con diversos bancos alrededor para que los alcireños, en las noches de calor en el verano, aprovechen para descansar y refrescar, cobijado por sus frondosas palmeras y jardines. En la foto que acompañamos vemos, aunque existe un pequeño andamio al pie del monumento, un jardín alrededor de la fuente. Al mismo tiempo distinguimos el edificio del fondo y también, detrás del monumento recién terminado, el antiguo mercado de detall.
Alfonso Rovira, 02.09.1992

Conocía el bien hacer del maestro alcireño Nicanor Sanz Sifre por las grabaciones que remitía, allá por la década de 1950, a su amigo de Radio Alzira Bernardo Fontana Martínez desde Johanesburgo, en África del Sur, donde españoleaba y ejercía la profesionalidad de solista de trompa en la Orquesta Sinfónica de aquella lejana ciudad en donde permaneció cinco años.
Por otra parte, he tenido la satisfacción de viajar en su compañía y de la Banda a Kerkrade, ciudad de la música en Holanda, y también a Hungría; después a innumerables poblaciones y capitales de esta España nuestra. Nicanor Sanz, alcireño ilustre, ha sido motivo de homenaje merecido por segunda vez en el concierto celebrado en el día de Sant Bernat.
El primer homenaje a Nicanor Sanz se llevó a cabo en el mismo escenario del Gran Teatro Municipal, hace diecisiete años. Se interpretaron, entre otras obras, su Concierto para Trompa, número 1, que fue estreno mundial, siendo tal su majestuosidad, que cuando le preguntamos en el entreacto cómo había salido tan bien nos contestó que "con la ayuda de Sant Bernat". Hagamos un poco de historia del primer homenaje que recibió Nicanor Sanz en su ciudad natal. Era un 30 de noviembre de 1975 cuando la Banda de la Sociedad Musical de Alzira ofrecía un concierto extraordinario dedicado a la patrona de la música, Santa Cecilia. El motivo del traslado de fecha, del 22 al 30 del mismo mes, fue por el fallecimiento, el día 20, del jefe del Estado, Francisco Franco.
Presidía la Sociedad Musical Ricardo Bellver Ramírez y era director de la banda el recordado "mes!re", Francisco Hernández Guirado, que tanta fructífera labor desarrolló y dejó a su paso por la Sociedad Musical de nuestra ciudad. Antes de dar comienzo la parte musical, fueron entregados los diplomas e instrumentos de música a los alumnos que se habían distinguido en sus exámenes, de notable o sobresaliente en el curso anterior, alumnos que iba nombrando el secretario, Ricardo Borrás y a los que les entregaban los diplomas el alcalde Dr. Camilo Dolz Enguix, el presidente Ricardo Bellver o el director Francisco Hernández.
Antes de dar comienzo al concierto, hizo uso de la palabra el presidente, Ricardo Bellver, quién destacó el magnífico camino recorrido por la banda, que en el mes de julio pasado obtuvo el primer premio de la sección primera en el concurso internacional de bandas de Valencia. "Me regocija pensar -decía el presidente- que todos los aquí reunidos comparten conmigo el gozo de ver progresar, ininterrumpidamente, a la Banda de la Sociedad Musical de nuestra ciudad, llevada adelante con la esperada dedicación de todos y en sus distintos cometidos".
Daba comienzo a continuación el concierto que transmitía en directo Radio Alzira, presentado por José Antonio Serrano, contando en esta ocasión con un músico alcireño de excepción y en cuya audición se iban a interpretar obras de las que era autor, se trataba de Nicanor Sanz Sifre. La primera interpretación fue el pasodoble “Francisco Iborra”, que el autor compuso hacía unos 15 años y que había dedicado a su padre político, que se encontraba en la sala. El maestro Hernández Guirado le ofreció la batuta para esta ocasión. Seguía el concierto con “Capricho y Variaciones”, de Roff, actuando como solista de trombón Rafael Tortajada, de Benaguacil y dirigiendo el maestro Miguel de la Fuente. El “Concierto para Trompa”, de Mozart fue interpretado a la tuba por Francisco Hernández, conduciendo la banda Nicanor Sanz. Después, para completar la primera mitad, fue el estreno mundial del “Concierto para Trompa” de Nicanor Sanz.
Al terminar la primera parte, el alcalde de Alzira, Dr. Camilo Dolz Enguix, impuso a nuestro paisano Nicanor Sanz el escudo de oro de la ciudad. No vamos a reseñar en este espacio los extensos valores humanos y profesionales de nuestro paisano, de sobra conocido por los alcireños. El Dr. Camilo Dolz ascendió al escenario del Gran Teatro Municipal para decir públicamente: "Debemos estar agradecidos a Nicanor Sanz por haber tenido la gentileza de habernos ofrecido en primicia el estreno mundial de su Concierto para Trompa. También debemos estar orgullosos de que un hijo de AIzira vaya pregonando el nombre de nuestra ciudad por el ancho mundo. Alzira, creo, debe sentirse orgullosa. Por todo ello, le voy a imponer el escudo de oro de la ciudad en prueba de agradecimiento y para que sienta el mismo orgullo de llevarlo en la solapa que el que nosotros sentimos de tenerlo como hijo de Alzira".
En la segunda parte de este concierto dedicado a Santa Cecilia actuaron conjuntamente la Banda y la Coral Polifónica Valenciana. Interpretaron Valencia Canta, de Serrano; Coro de Esclavos, de la ópera Nabucco, de Verdi; Es xopa hasta la moma, poema sinfónico de Giner; Danzas Guerreras del príncipe Igor, de Borodín y el Himno Regional.
Antes de poner punto y final al concierto y de interpretar el Himno, las dos sociedades intercambiaron unos obsequios, siendo la oportunidad para el presidente de la coral polifónica, Joaquín María Guillamón, para destacar que el acontecimiento musical que se había desarrollado en Alzira era muy difícil de superar.Felicidades, amigo Nicanor, por estos merecidos homenajes del pueblo que te vio nacer.
Alfonso Rovira, 26.07.1992

Era viernes, 21 de julio de 1967, avanzaba el crepúsculo, olía a asfalto en la nueva Avenida de los Santos Patronos por haber finalizado las obras unas horas antes las máquinas y dejar a punto la inauguración de la reforma y desaparición del viejo puente que unía La Vila y el Arrabal.
Las autoridades locales, puesto que el gobernador civil había excusado la asistencia, habían inaugurado ya otras obras como las de L’Alquerieta; el nuevo mercado de Abastos en l’Alborxí, hoy polideportivo Fontana Mogort; la puesta en marcha de los primeros semáforos para la regulación del tránsito en la ciudad en la calle Pérez Galdós, en "els quatre cantons" y, finalmente, llegaron a la avenida. El corte de la cinta inaugural fue a cargo de la reina de las fiestas, Fina Benedito Sifre, a la que acompañaba la reina infantil María José Aguilar Florit. Juntas con el alcalde y autoridades accedieron a la nueva avenida dirigiéndose desde la calle Jurisconsulto Bernardo Montalvá hacia los Casalicios; al llegar, el arcipreste reverendo Francisco Albiol Bañón, procedió a la bendición de las obras de remodelación.
Un poco de historia
El constructor Eusebio Rosa fue el encargado del relleno de la primera fase del brazo muerto del río Júcar y, a su vez, del Barxeta; ambos discurrían paralelos y se encontraban tras atravesar cada uno los ojos del viejo puente de Sant Bernat, antes del Arrabal y de San Agustín. La piedra para este menester, fue obtenida de la ya casi desaparecida Muntanyeta de Xixera.
El proyecto de urbanización completa de la avenida dio comienzo el 18 de enero de 1963 y aún no tenía nombre en el plan general de ordenación urbana; se hablaba de Gran Vía. El saneamiento de este primer tramo y reforma alcanzaba un presupuesto de 6.525.312 pesetas, siendo otorgadas las obras bajo subasta al constructor de Tous Ramón Ortega Martorell el 1 de septiembre de 1966. El 3 de febrero de este mismo año se procedió a cortar el tránsito rodado por el puente por donde discurrían las carreteras comarcales 3320 y 3322.
El proyecto señalaba formar una plaza circular en la avenida entre las calles Puente y Calderón de la Barca, que eran las que desembocaban al puente entre la Vila y el Arrabal, respectivamente, para consensuar el emplazamiento de los casalicios, atendiendo al sentir unánime de la población.
Instalado el mecano abrazando los casalicios, el pintor alcireño Blayet numeró las piedras sillares y el imaginero valenciano Elías Cuñat procedió al desmontaje de las imágenes y los casalicios a continuación.
En el mes de abril de 1967 estaban avanzadas las obras que llevaban un buen ritmo, si bien costó muchísimo el último reducto, el arco más largo, que recaía a la parte de la Vila. Los trabajos eran presenciados por muchos alcireños, que habían sido testigos oculares de cómo, poco a poco, iba desapareciendo la imagen del puente que tantas veces habían atravesado. El levantamiento de los remozados casalicios ya no se ubicaron en el mismo asentamiento, es decir sobre los mismos machos de los que creemos recordar que alcanzaban una profundidad de catorce metros.
Antes de colocar el pedestal o casalicio de Sant Bernat, el alcireño Ricardo Fluixá Gómez, que durante muchos años fue el director de la Academia Municipal de Dibujo, depositó en un recipiente elaborado para este menester varios periódicos del día, así como monedas de curso legal, para que fuera enterrado al pie de Sant Bernat.
El día de la inauguración, viernes 21 de julio de 1967, el alcalde de Alzira, José Pellicer Magraner, manifestaba al diario Levante: "Se cumplen ahora precisamente, dos siglos y medio, cuando ínclitos alcireños, en 1717, Jaime Servera y Nicolás Bas, fervorosos del Santo y Alzira, levantaron sobre los pilares del entonces puente de San Agustín unos monumentos a nuestros Patronos en memoria de eterna fidelidad. Las aguas de nuestro río socavaban inútilmente sus cimientos, y enhiestos ellos bajo sus casalicios, igualmente presidían los baños de los vecinos, convertido el río en piscina, como ofrecían méritos de su martirio en las grandes avenidas de las aguas, como bendecían el paso de pequeñas embarcaciones movidas a vapor —els vaporets— en servicio de comunicaciones fluviales. Técnicos en la materia, y en aceptación de encargo, dictaminaron la conveniencia de evitar el paso de las aguas de nuestro río por el centro de la población. El puente de la Virgen María, —San Gregorio— fue destruido, el río desplazado y el cauce que nos circundaba quedó en estado deplorable en todos los órdenes; urgía el remedio, y se optó, quizá por el más fácil, el convertir el cauce—brazo muerto— en grandes avenidas. Una de ellas, la central se ha dedicado a los Santos Patronos, para que, sin cortar "la memoria eterna de felicidad" sobre el mismo puente, desde los mismos monumentos que nuestros antepasados les erigieron, y ante los que todos siempre les hemos venerado, remozados bendigan el paso de las nuevas generaciones y presidan como fervorosamente pedimos este nuevo cauce de vida alcireña, espléndido, señorial, alegre... Visca Alzira”.
Han transcurrido 25 años “Y parece que fue ayer".
Alfonso Rovira, 19.07.1992

Recordar hoy a Juan Ortega Vicente, pionero de la radio en España, fundador en 1934 de la emisora EAJ54 Radio Alzira y director de la misma, es escribir de un hombre que creó un medio de comunicación en esta comarca de La Ribera del Xúquer, es hacer justicia de su bien hacer en pro del semejante y del necesitado. Esto lo tenía muy claro el señor Ortega, la caridad, en los años que estuvo al frente de la emisora.
Queremos hacer mención en esta ocasión de los programas benéficos o religiosos que realizaba la emisora, ya que, por otra parte, también los hubo otros de feliz memoria. El Hospital Santa Lucía de Alzira; la Casa de Beneficencia, hoy colegio Santos Patronos; el Hogar de Ancianos Santa Teresa Jornet o el Sanatorio de Fontilles; podrían dar testimonio de tantos y tantos programas de "Sus Artistas Favoritos" que se dedicaron a estos centros benéficos que con tanto entusiasmo y cariño realizaban los locutores Delfina Esteve y Joaquín Sanchis. Fue, sin lugar a dudas, el programa que más tiempo estuvo en antena. Los radioescuchas aportaban un pequeño donativo que era destinado al centro benéfico de su preferencia y la emisora le dedicaba un espacio musical que solía ser entre las cuatro y las cinco de la tarde. Les complacían y por otra parte se hacía caridad.
La misa en la radio
Disponía la discoteca de Radio Alzira una grabación de Lya Delby que cantaba: "la televisión, pronto llegará...". Atravesábamos el ecuador del siglo XX; era párroco de Santa Catalina, el reverendo Francisco Albiol; no había televisión, como ahora que nos ofrecen la misa para enfermos cada domingo. Una de las preocupaciones del buen sacerdote era que los enfermos e impedidos de la Ribera participaran de la eucaristía desde sus domicilios a través de la radio. El señor Ortega recogió la inquietud del párroco con mucho cariño y la llevó a la práctica. Puso en marcha el mecanismo técnico para hacer realidad esta transmisión religiosa, corriendo todos los gastos por cuenta de la emisora.
Hubo una simpática anécdota en este entramado que no resisto la tentación de contársela a ustedes. En aquellos tiempos, la Compañía Telefónica no disponía de vacantes de líneas en la caja próxima a la iglesia de Santa Catalina, que es desde donde se pretendía transmitir la misa; por lo que Juan Ortega encargó al buenazo de Alfredo Giner, "llumener" de profesión y colaborador en la sección técnica de la emisora, que tendiera una línea aérea entre el edificio donde estaban los estudios, en la Plaza del Caudillo 51, a través de los tejados en línea recta hasta Santa Catalina. No era mucha la distancia, pero que había que salvar el río Barxeta, entre el Bar Tropical, en el "Racó de Coves" y "la Parrilla". A Alfredo Giner no se le ocurrió otra idea que fabricar un arco de madera de haya con el formato de una ballesta de automóvil y con un listón de madera que le servía de flecha. Disparaba el arco con una maestría asombrosa alcanzando la otra orilla, para continuar con la instalación hasta el final. De este medio se sirvió cuando hubo avería en este tramo tan largo.
Superadas las dificultades técnicas, Francisco Albiol hizo las oportunas gestiones y halló la persona idónea para la transmisión de la Santa Misa: Eleuterio Grau, maestro nacional, con quien compartí durante muchos años las labores técnicas de este menester con una compenetración extraordinaria. Eleuterio Grau fue la persona que con sobrado acierto llevó a cabo el consuelo a los enfermos e impedidos de toda La Ribera en esta transmisión matinal de los domingos.
El programa "La Santa Misa" comenzaba allá por el año 1956 y finalizó el 28 de octubre de 1979. En la imagen que hoy ilustramos este reportaje vemos en plena transmisión a Eleuterio Grau y a su lado al sacerdote reverendo José Domínguez Valor, más joven por supuesto, al órgano. Terminaba la transmisión de la misa el 28 de octubre, pero al domingo siguiente el párroco de Santa Catalina, en la misma emisora, con idéntico horario, abría un programa de orientación religiosa titulado "Stop Alzira, te habla tu mejor amigo: Cristo", que estuvo en antena hasta el domingo anterior a la pantanada.
Falleció el sacerdote Francisco Albiol y unos años más tarde, la emisora estaba carente de un programa religioso. Hice las gestiones ante el equipo sacerdotal de Alzira y el 2 de diciembre de 1984 pusimos en marcha "La voz de la Iglesia en La Ribera", que realizaba con notable audiencia el sacerdote Conrado Andrés hasta el último domingo de noviembre de 1990, fecha en la que Radio Alzira pasó a denominarse "Dial Mediterráneo".
No podemos olvidar, para terminar, otro programa religioso, que alcanzó mucho prestigio y audiencia en La Ribera: “El Santo Rosario”, que todos los días, al amanecer, se emitía desde el Santuario de la Virgen de Lluch, realizado por Antonio Sancho y acompañado por la ermitaña Andrea Ceballos. Estuvo en antena desde el 2 de noviembre de 1971 hasta el 7 de octubre de 1979.
A las personas que hicieron posible esta realidad, que ya es historia, nuestro reconocimiento por el bien espiritual que repartieron a través de las ondas de la entrañable Radio Alzira.
Alfonso Rovira, 12.07.1992

Mediaba el mes de junio de 1968, cuando el cine de verano Casablanca de Alzira acogía el festival de preselección de Miss España.
Fueron designadas en este acto festivo seis aspirantes al título de Miss Valencia, Miss Región Valenciana y Miss Costa del Azahar.
Este festival, patrocinado por el Ayuntamiento de Alzira y la Junta Local Fallera que presidía Alberto Rubio Santa Fe, alcanzó un éxito resonante.
La esplendorosa noche favoreció la asistencia de público, que llenó por completo el local del cine de verano Casablanca. Los actos del apretado programa, se iniciaron con un desfile de modelos presentado por Miristela. La segunda parte consistió en la presentación de ocho jóvenes aspirantes a esta preselección, quienes fueron desfilando al ser citadas por los presentadores, Carmen Domínguez y Julio Pla, locutores de la ya desaparecida emisora valenciana La Voz de Levante.
Brillante desfile
Desfilaron por la pasarela que iba desde el grandioso escenario del Casablanca de Alzira hasta el final del patio de butacas: María Ángeles Balaguer Llinares, Paqui Requena Villalba, Elisa Martínez Castelló, Carmina Ortigues San Andrés, Conchín Ballester Cortés, Juana Torres Bañuls, Francisca Rubio Morales y Virginia Richart Micó.
Mientras el jurado calificador deliberaba -formado por el teniente alcalde presidente de la comisión de fiestas Rafael Presencia Lliso; Carmen España, esposa del alcalde José Pellicer; María Isabel Brotons; Ramón Flames; Julián Lucas, teniente alcalde del ayuntamiento de Carcaixent; Amparo Navarro de Alarte; Manuel Feliu, concejal del Ayuntamiento de Burriana; Luis Pellicer, de la Junta Local Fallera de Cullera; Manuel Delmonte, concejal del Ayuntamiento de Valencia y Amparo Vieco- actuaron un relevante trío de la época, Los Tres de Castilla, que obtuvieron tal éxito en sus interpretaciones que se vieron obligados a prolongar su actuación.
Finalmente, el jurado hacia saber su veredicto, saliendo seleccionadas: Juana Torres Bañuls, María Ángeles Balaguer, Carmina Ortigues San Andrés, Francisca Rubio Morales, Conchín Ballester Cortés y Paqui Requena Villalba; subiendo todas al escenario entre los aplausos del público para serles impuestas las bandas acreditativas y, al mismo tiempo, entregarles unos obsequios el teniente alcalde, Rafael Presencia; Enrique Hernándis, alcalde de Corbera; Manuel Feliu, de la Junta Local Fallera de Burriana; Julián Lucas, del Ayuntamiento de Carcaixent, Alberto Rubio, presidente de la Junta Local Fallera de Alzira y Juan Bautista Martí Belda, presidente de la Junta Central Fallera de Valencia.
Una velada muy animada
Terminaba el acto de la preselección de Miss España 1968 con unas palabras de Rafael Presencia y Juan Bautista Martí Belda. Como última parte del espectáculo actuó el conjunto Los Millonarios, que consiguieron animar la velada de baile hasta altas horas de la madrugada.
En la fotografía que acompañamos en este reportaje de la preselección de Miss España 1968, llevado a cabo en el cine de verano Casablanca de Alzira, vemos al que fue ilustre abogado alcireño Rafael Presencia Lliso, teniente alcalde del ayuntamiento de la ciudad de Alzira y presidente de la comisión de festejos, obsequiando a las jóvenes seleccionadas en aquella noche del 15 de junio de 1968, que se convirtió en algo inolvidable para las bellezas que se presentaron. Allí estuvimos presentes para recordarlo hoy al paso de los años.
Alfonso Rovira, 05.07.1992

Creemos, y así parece que fue, que hubo lavaderos públicos en Alzira antes de los que comentamos hoy. En el Museo Municipal, su director, Agustín Ferrer, nos ha mostrado una fotografía donde se inauguraba uno de ellos; Isabel Albarracín, empleada del mismo, ha reconocido a alguno de los que asistían a la inauguración. Quizá fuera en la barriada de I'Alquerieta. Hoy describiremos los lavaderos que hemos conocido, que se situaban en cuatro puntos de la población. El primero en la barriada del Hospital, el segundo en la calle del Cid, el tercero en l'Alquerieta y el último en Les Barraques.
En el Pleno de la Corporación Municipal celebrado el 1 de julio de 1975, presidido por el alcalde Dr. Camilo Dolz, se trató de la supresión de lavaderos públicos, tras una encuesta practicada entre los vecinos sobre la utilización de estos servicios o si bien los disponían en sus domicilios. Exceptuando los vecinos de Les Barraques, donde de momento era necesario el lavadero, el resto ya disponía de este menester.
Un poco de historia
La necesidad de construir un lavadero municipal nace con sólo considerar que en 1932 Alzira carecía de tal servicio, por lo cual, el ayuntamiento, percatado de la necesidad, "hace un pequeño esfuerzo económico, para conseguir su pronta puesta en servicio".
El arquitecto municipal, Juan Ríos Cogollos, diseñó el proyecto a realizar en una parcela del ayuntamiento destinada a jardines, detrás del hospital Santa Lucía. Tenían los terrenos 220 metros cuadrados y acceso por tres puertas. La subasta de las obras se llevó a cabo el 20 de octubre de 1932 y fueron adjudicadas al contratista Enrique Galán Puig por 18.407 pesetas, obras que el señor Galán entregaría terminadas un año después, en octubre de 1933.
El abastecimiento de agua para las balsas lavadero procedía de la perforación que realizó el “pouero” José Balaguer. El contrato especificaba que si encontraba agua antes de 15 metros le sería abonado a 65 pesetas el metro. De prolongarse hasta los 30, al mismo precio y si pasara de los 30, a razón de 75 pesetas hasta los 45 metros. No hemos encontrado documentación de hasta donde perforó el señor Balaguer.
Lavadero numero 2
También el mismo año, 1932, Rafael Birlanga, vecino de Valencia, propietario de unas parcelas urbanas de las calles Figueras y Cid, renunció a indemnización alguna de estos terrenos para ser destinados a un lavadero público, cediendo los mismos al ayuntamiento. La superficie era de 227 metros cuadrados y el presupuesto de las obras ascendió a la cantidad de 32.560 pesetas. El contratista de las obras fue Agustín Caries, que las terminó en diciembre de 1934, habiendo comenzado un año antes. Hoy, el recinto donde se situaba el antiguo lavadero de la calle del Cid, lo ocupan los miembros de la falla Albuixarres-Cami Fondo.
Lavadero número 3
En marzo de 1936, Joaquín Lacasta, propietario que fue de l’Hort del pararrayos, la desaparecida casa de I'Alquerieta, cedía los terrenos de su propiedad para construir el lavadero público de l'Alquerieta. El proyecto lo diseñó Juan Guardiola, como arquitecto municipal interino, en septiembre de 1936. Su coste fue de 33.066 pesetas y fue a cargo de la Administración, puesto que las dos subastas que se llevaron a cabo se declararon desiertas. No sabemos si es que escaseaban los contratistas, ya que nos encontrábamos en plena guerra civil. Como anécdota, señalar que el ayuntamiento solicitó al Ministerio de la Guerra materiales de construcción, principalmente cemento y hierro, dada su escasez, para la construcción del referido lavadero que se terminó el 23 de marzo de 1937.
Lavadero número 4
En julio de 1937, el alcalde recibió una solicitud, firmada por los vecinos de Les Barraques en tinta roja, “en full de paper de barba”, en la que decía: "Camarada alcalde, los abajo firmantes, en representación del vecindario del Arrabal de Santa María, solicitan la construcción de un lavadero municipal".
Se construyó en la calle General Castaños, 13 y las obras costaron 4.936 pesetas. Las aguas para las necesidades de este lavadero procedía de la acequia de Toro que, después de pasar por debajo de la vía del ferrocarril, lamían el “sequer” de El Cano y por el lado del desaparecido matadero llegaba, bordeando la barriada, a la partida del Ráfol, por el lado de la Serrería de Pardo; de allí tomaba el ramal de agua para el servicio del lavadero.
En nuestros días, los lavaderos públicos de Alzira quedaron en el recuerdo de las señoras que los utilizaron durante muchos años y donde tantos “barrets” hicieron.
Alfonso Rovira, 28.06.1992

Hoy domingo 21 de junio, festividad de San Luis Gonzaga, se cumple el XXV aniversario de la bendición e inauguración del Hogar de Ancianos Santa Teresa Jornet. La congregación de Hermanitas de Ancianos Desamparados se instauraron en Alzira a principios de 1883. Así lo desearon sus vecinos y así lo manifestaron a la Madre General, su fundadora, Sor Teresa Jornet Ivars, que lo aceptó de buen grado. Fue hallado el local adecuado, una casa bastante grande en la calle San Roque, 32, hoy desaparecido, estaba frente el ayuntamiento. A la inauguración asistió la fundadora de la orden acompañada de cuatro hermanas, siendo recibidas en el ayuntamiento por el alcalde Juan Redal y el cura párroco de Santa Catalina, León Gadea. Con la corporación municipal y vecinos, se trasladaron a la parroquia de Santa Catalina donde, en acción de gracias, se cantó un Te Deum. Ochenta y cuatro años estuvieron Hermanitas y ancianos en el viejo caserón, ya que después de transcurrido el tiempo, amenazaba ruina.
En el año 1963 se formó una junta pro construcción de la nueva casa que comenzó a llevarse a cabo el 26 de agosto de 1963. Presidía la misma, el alcireño Luis Suñer Sanchis, junto con otros buenos vecinos, que tras elegir el lugar adecuado, en la partida del Alborgí, a extramuros de lo que fue la antigua isla de Algezira. Este lugar hoy es una de las más bellas avenidas de la ciudad. Las obras que se realizaron en su día ascendieron a un total de doce millones de pesetas y las mismas ocuparon una extensión de diez mil metros cuadrados.
A la ceremonia de la inauguración asistieron autoridades provinciales y locales, así como muchísimos alcireños. Los padrinos fueron el alcalde de Alzira, José Pellicer Magraner y la esposa de Luis Suñer, Carmen Picó.
En la fotografía, que ilustra nuestro reportaje vemos al gobernador civil, Antonio Rueda, al que acompañaron la esposa del alcalde, Carmen España; el presidente de la junta de obras, Luis Suñer; Eugenio Martí; el capitán de la guardia civil, José Valhondo; María del Carmen Suñer con su abuelo, Antonio Picó; Ramón Flor; Juan Ferrer Ferrandis; Francisco Clari y Eduardo Vicente Bono, que era el administrador de la junta. También aparecen otras autoridades locales.
La misa fue oficiada por el vicario episcopal de la zona sureste, Vicente Torregrosa, al que acompañaron el arcipreste, Francisco Albiol y sacerdotes de las parroquias de la ciudad. Por parte de la Comunidad estaba presente la Madre General, Sor Mercedes del Niño Jesús Villarrica. El vicario episcopal procedió, en primer lugar, a la consagración de la mesa altar, que en principio se hallaba en la parte opuesta a donde se sitúa en la actualidad, que era la entrada a la capilla. Siguió a este acto la celebración de la eucaristía, pronunciando la homilía el padre agustino, Juan José Domínguez, hermano de la Madre Superiora, Sor Carmen del Redentor. Poco después de la santa misa, a la entrada, el arcipreste Francisco Albiol procedió a la bendición de la residencia descubriendo los padrinos una placa conmemorativa que dice: “Alzira levantó este Hogar Teresa Jornet para los ancianos, presidiendo la junta de construcción el excelentísimo Señor Luis Suñer Sanchis. 28-8-63/21-6-67.
Seguidamente, Luis Suñer pronunciaba unas palabras manifestando “cuando en 1963 recibía el encargo de la Madre General, no dudé en aceptarlo complacido e ilusionado, porque la tarea confiada en levantar un hogar para nuestros ancianos merecía la pena. El día de hoy, para mi está muy cargado de emoción y es por lo que le manifiesto que cumplo el deber de decirle que le entregamos el Hogar Teresa Jornet, junto a la promesa de que sus moradores estarán siempre en nuestro corazón con la ayuda de todos los alcireños”.
Otros parlamentos siguieron a Luis Suñer, la Madre General dio las gracias a todos los benefactores de esta ciudad; el alcalde y el gobernador civil pusieron final a los discursos para inaugurar el Hogar de Ancianos Santa Teresa Jornet, que siguieron a una comida extraordinaria para los ancianos servida por las esposas de autoridades de la junta de obras y las reinas de las fiestas Fina Benedito y María José Aguilar, para celebrar esta fecha tan especial. Felicidades a la Comunidad por esta etapa cumplida de veinticinco años en la nueva casa y que sigan con este afán de trabajo por servir a personas desvalidas y desamparadas donde encuentran un nuevo hogar y una nueva familia, entre estos ángeles de Dios.
Alfonso Rovira, 21.06.1992

La mejor y más grata imagen que conservamos grabada en nuestra retina del regio sacerdote, archivero municipal y cronista oficial de Alzira José María Parra Ballester, corresponde a su salida de la casa consistorial después de la jornada laboral en el archivo, sito en la última planta del ayuntamiento; con el traje talar, tocado con su teja y envuelto con el manteo. El venerable clérigo, alto y enjuto, era casi todos los días esperado para acompañarle, poco después de las dos de la tarde, en las inmediaciones de la Casa de la Ciudad, por su sobrino Ricardo Fluixá Gómez, muchos años director de la Escuela Municipal de Dibujo. El Padre Parra había nacido en Alzira el 3 de mayo de 1888, festividad de la Santa Cruz. La carrera sacerdotal la realizó en el Seminario de Valencia, siendo ordenado sacerdote en 1912. Su primer destino fue un pueblecito de la Vall de la Gallinera, Benisivá, en el arciprestazgo de Pego. Unos años después, en 1917, fue nombrado cura ecónomo de la parroquia de San Juan de su ciudad natal, ejerciendo también su ministerio en la ermita de la alcireña barriada de l’Alquerieta, que no fue parroquia hasta el año 1954.
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Prolija actividad cultural
Su dilatada vida en torno al estudio marca un largo y sentido aspecto cultural. Su silenciosa dedicación a la ordenación del rico archivo de la ciudad del Xúquer, donde puso a punto toda la copiosa documentación histórica. Como obras definitivas, el ayuntamiento publicó en 1967 un voluminoso libro con el catálogo de pergaminos de la Cancillería Real. La brillante traducción y magistrales comentarios son la cumbre de la obra de José María Parra. Fue reeditada años después. En 1972 fue publicada su última obra: “El Compromiso de Caspe y la Villa de Alzira”.Los achaques de la avanzada edad, noventa años, interrumpieron su trabajo cuando dedicaba largas horas al estudio del rey de Aragón Jaime I, como homenaje en su centenario.
El viernes 16 de junio de 1978 fallecía en su domicilio de la céntrica y populosa avenida de los Santos Patronos José María Parra Ballester. Cumpliéndose su última voluntad, tras el óbito, fue trasladado por el camino más corto al camposanto. En varias ocasiones había comentado con su sobrino, Ricardo Fluixá, que no quería “pasacalles”, que fueran directos al cementerio. Así se hizo al día siguiente, sábado, a las nueve de la mañana, acompañado el féretro tan sólo por su albacea y sobrino Ricardo Fluixá, sus sobrinas Elisa Boquera y María Ignacia Oroz Parra y el ama de llaves, Amparo Castelló. El cadáver fue depositado en la capilla del cementerio municipal hasta las cinco de la tarde del mismo día, en el que se celebró una misa rezada por el arcipreste, Francisco Albiol Bañón, al que acompañaron en la eucaristía el obispo dimisionario de Ciudad Real, monseñor Juan Hervás y sacerdotes de las distintas parroquias de Alzira. No hubo representación oficial en el sepelio, como el mismo dejó legado, dada su excepcional humildad.
En la imagen retrospectiva que hoy acompañamos a este artículo, que perpetúa su memoria, aparece el ilustre sacerdote acompañado, a la izquierda de la fotografía, por el gobernador civil de la época, Rafael Orbe Cano. A su derecha puede verse al entonces alcalde de la ciudad, José Pellicer Magraner, también fallecido, y, entre otros, al que fue presidente de la Diputación Provincial de Valencia, el setabense José Antonio Perelló Morales y al concejal del Ayuntamiento de Alzira, Rafael Andújar Oliver. La fotografía que ilustra nuestro comentario corresponde a una visita oficial que realizó el gobernador civil a Alzira. La primera autoridad municipal tuvo especial interés de que las autoridades de la provincia conocieran de cerca los ricos documentos que se conservan en el Archivo Municipal de Alzira y que tuvieran oportunidad de saludar a su conservador más directo, José María Parra.
Merecido homenaje
El ayuntamiento de su ciudad natal le tributó el más merecido homenaje cuando dio su nombre al nuevo instituto de enseñanza media que se ubica en la barriada de la Sagrada Familia, al norte de la población. El recuerdo de José María Parra ya es memoria para los futuros estudiosos de temas alcireños.
Para los que gozábamos de su amistad, de su infinita bondad, de su humanidad en sus consejos de sabio, ponderado y animoso, perdurará siempre en nuestro corazón. Con su muerte, hoy hace casi catorce años, la ciudad de Alzira quedó huérfana de un hombre que marcó una época en los anales de su historia.
Alfonso Rovira, 14.06.1992

Hasta no hace muchos años presenciábamos por las calles de nuestra Alzira unos personajes populares que se nos hacían familiares y que tenemos presentes en nuestra memoria. Se dedicaban a recorrer el pueblo pregonando en voz alta su honrado trabajo. Eran los profesionales liberales que queremos recordar aquí.
La imagen con la que hoy acompañamos el artículo es toda una muestra de aquellos personajes que laboraron en las calles. Se trata del llanterner y hojalatero, al que vemos sentado en su caja de herramientas; a su mismo lado un bote alto, que era el portador de las brasas, donde asoman dos mangos de soldadores. Pegado a la caja, una botella de ácido sulfúrico para la limpieza del soldador. El llanterner está arreglando un lebrillo, rajado quizás por algún golpe; lo cose con unas grapas a lo largo de su rotura y quedaba como nuevo.
Habían otros, como el que anunciaba “paraigüera barata, s'apanyen paraigües a la mateixa casa". Al son de la música de un instrumento denominado popularmente pinta, acompañado de un carrito de una rueda y varias piedras de afilar anunciaba su bien hacer el esmolaor. Saben ustedes del afilador Enrique Lamelas Álvarez, cuya profesión ha heredado un nieto suyo. ¿Quién no ha saboreado un buen vaso de agua limón que vendía por las calles Enrique Rovira? Recuerdo también al señor Toni Serrano, que siendo cacahuero y viviendo en l’Alquerieta, también en verano proclamaba “aigua limón quallada i dolça”. En invierno, al anochecer, aparecía por las calles portando un capazo y dentro de él un saco con castañas recién asadas y en la otra mano una linterna de aceite, pregonando “castanyes torraes, calentetes i bones”. Otro personaje era el bueno del señor Pepe Mascarell, el Bolo, vendía lotería diciendo “demá el sorteo, que poquet viura el que no ho vora... Demà el sorteo...”
Hay quien recorría la población con la bicicleta en la mano anunciando “metal, coure i ferro vell, teniu per a vendre ...” o aquel que decía “pells de conill cambìe per caixetes de mistos”. Una señora tirando del burret que llevaba el carro, cambiaba “draps i espardenyes velles, per plats i gots”. Otro personaje decía ‘yauuuuu ...”, vendía cal para blanquear las paredes de la casa y los corrales; era el calciner, creo que venía de Carlet. Otro simpático personaje era el señor Agustí, el terrero, que anunciaba el producto que las señoras utilizaban en la cocina para limpieza de la vajilla; en alta voz proclamaba “el terrero, terrero, terrero, terreroooo”.
¿Se acuerdan ustedes de un burrito bien adornado con sus albardas portadoras de arrop i talladetes? Pues era de Benigánim, donde este producto tan dulce se fabrica y creo que siguen haciendo los paisanos de la beata Inés, pero ya no lo distribuyen con el burret. También los alcireños nos acordamos de la señora Pepeta, la Gorrineta, que vivía al final de la putxada de Baltaro, muy cerca del camino que se dirige al Respirall; vendía terreta, de la que se abastecía en el monte, en el camino de la travessa, al lado del restaurante que regentaba la señora Fina en el Respirall. Por otra parte, también estaban los hermanos Blasco que, con una rapidez pasmosa, distribuían por los domicilios en su carro hierba para los animales. Eran los albarsediers. ¿Quién no se acuerda de las pescateras que anunciaban con sus cestas cargadas de este producto “sardina fresca”?. La señora Victorina era una de ellas.
Cuando era niño el que suscribe, los domingos muy temprano salía a la calle para comprar churros al señor Vicente Calatayud. Era un hombre que vivía en la calle Nueva, era de Navarrés; también en su cesta de aluminio, en otro departamento, llevaba papas. Y aparecía otro en el escenario natural de la calle que pregonaba “porte brossetes de la Serra Mariola per a la panxa”. En aquella época de la venta ambulante había un buen hombre, el señor Grau, que con su maleta de madera pregonaba por las calles de Alzira y La Ribera “es para la vista cansada y miope”; vendía, ya lo habrán adivinado, gafas.
“Faixero, faixes”; era de Canals. “Regalicia de vara”, pregonaba un hombre que vivía en un huerto del termino de Benimuslem. El somierer y matalafer, un oficio que desempeñaba un hombre de la calle Colmenar. El abuelo Carrucha, que vivía en la calle de la Font, vendía helados en su carrito ambulante construido para este menester. “Caragols cristians i moros”; el Granotero era otro personaje popular.
Sabemos que hubieron muchos más personajes de esta índole. Eran tiempos muy difíciles los veinte años que siguieron al terminar la guerra de 1936. Estos personajes, que aquí hemos recordado con todo cariño, ganaban lo que podían honradamente para llevar a casa lo necesario, que siempre era escaso para el sustento y supervivencia de la familia.
Alfonso Rovira, 07.06.1992

Esta misma tarde, el salón de sesiones del ayuntamiento alcireño volverá a acoger a la imagen de la Virgen de la Murta, después de pasar el día en el valle del mismo nombre donde se apareció a unos monjes en los inicios del siglo XI. Todos los años, desde hace más de cuarenta, realizan los alcireños una romería a las ruinas del monasterio de Jerónimos, un domingo, en mayo, o en el siguiente mes de Junio.
La imagen, que un día llegara a “refugiarse” en la casa consistorial, después de la exclaustración de los monjes jerónimos que la custodiaban y antes de incorporarse a su capilla de la iglesia de Santa Catalina, todos los años se desplaza al Valle. Está situada en el altar de San Silvestre Papa y desde allí es recogida esa mañana del domingo por la cofradía de manos de un concejal del consistorio alcireño y acompañada por numerosos romeros en sus vehículos en caravana, recorriendo parajes por las tierras feraces donde crecían espigas de trigo, que San Juan de Ribera, —que también visitó el valle de la Murta— quería para elaborar formas que por la consagración había de ser el Cuerpo de Cristo.
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Caravana de fieles
Antiguamente, la romería discurría por el camino de la Murta, que no era otro que por la putxada de Baltaro, dejando a la derecha el huerto de Magnota, con el que los alcireños conocían el nombre de Macnaugthan, un inglés que llevó el agua potable a Alzira; a la izquierda dejaban la muntanyeta del Salvador, donde se venera la Virgen de Lluch; seguía el garrofer de Bonaire, desde donde se nos permite la visión del paisaje del Pla de Corbera, con sus innumerables pueblos y cuyas tierras son regadas por el Xúquer. Poco después, la romería dejaba a la izquierda el camposanto para dirigirse por el camino de la umbría a la Murta. Al fondo se sitúa el macizo de montañas que protegía al monasterio, como el Cavall Bemat y la Creu del Cardenal; a la izquierda el tallat Roig y a la derecha las crestas que lo separan del valle de la Casella.
Llegados a la Murta, la imagen de la Virgen, hasta no hace muchos años en que un voraz incendio hacia desaparecer la pléyade de pinos, era entronizada en la explanada, al Lado de las dos balsas, muy cerca del canalillo de agua procedente de la fuente. Era entronizada por un tronco de uno de los pinos y los romeros campaban alrededor para la celebración de la eucaristía que oficiaba el párroco de Santa Catalina y arcipreste de San Bernardo, Francisco Albiol.
En la fotografía que acompañamos vemos, en la presidencia de la misa, al que fue presidente de la Real Cofradía, Manuel Oro, al que acompañaban el capitán de la Guardia Civil, Luciano Borges Salvador; el teniente alcalde del Ayuntamiento de Alzira, Rafael Presencia; el concejal José Tudela; Salvador Núñez Garés y Eduardo Domenech. A la izquierda de la imagen, al lado de Manuel Oro, Ricardo Llácer y su esposa Marita Ferrer, así como Ángeles Cervantes.
En estos últimos años, la misa se celebra al pie de la puerta principal de la iglesia que fue del monasterio, tras atravesar el puente de Felipe II. En esta ocasión es oficiada por el delegado del arzobispado y vicario episcopal de La Ribera, José Nácher, que a su vez es el director espiritual de la cofradía.
Misa al aire libre
¿No han asistido ustedes a una misa en el templo de la naturaleza? Les aconsejo que lo hagan. El alma parece más humilde y hace sentir además un goce íntimo al pensar que somos parte de la misma y que algún día confundirá nuestro cuerpo con ella la presencia inefable de quien todo lo ha creado.
El tiempo hace recordar que hace muchos años, más de treinta, al atardecer de un día de romería, nos sorprendió la visita de Monseñor Fray Vicente Roig Villalba, vicario apostólico de Arat, obispo de Valledupar, en Colombia y natural de Guadassuar. Juan Blasco Ferrer, a través de la emisora Radio Alzira, desde el teléfono de la casa solariega, en directo, le entrevistaba. Después de hacer una cronología de las personalidades que habían visitado el valle, desde Felipe II, San Vicente Ferrer y otros santos, cardenales y obispos, le preguntaba ¿qué impresión le había producido en el orden estético la inconfundible paz y hermosura de estos parajes?
El obispo guadasuarense, fallecido hace unos años —su ciudad natal le dedicó un monumento que perpetúa su memoria— manifestaba: “al llegar aquí y al ver que la Real Cofradía de la Virgen de la Murta en un día de peregrinación ha suscitado un gran fervor alrededor de la imagen tan antigua, me he sentido lleno de entusiasmo. He visto como los alcireños no olvidan nunca sus tradiciones y sobre todo aman a la santísima Virgen. Todo lo que signifique el engrandecimiento de nuestra Señora, bajo el título de la Murta, es engrandecer la historia de AIzira". También instó a la cofradía a erigir una pequeña iglesia al estilo gaudíano para venerar la virgen en esos bellos parajes.
Hoy los alcireños siguen realizando el legado que dejaron nuestros mayores, la romería al Monasterio de Nuestra Señora de la Murta. Nosotros queremos dedicar un cariñoso recuerdo para las personas que hicieron posible esta realidad, que figuran en la fotografía, y otros que no lo están, como el metge Manuel Just, y que ya no pueden compartir con nosotros este día de gozo.
Alfonso Rovira, 31.05.1992

Era domingo, el 22 de mayo de 1966, cuando se llevó a cabo, en la Plaza Mayor de Alzira, la solemne coronación pontificia de la imagen de la Virgen de Lluch. El domingo anterior, día 15, se iniciaron los festejos extraordinarios. Aquel día visitaron el santuario en peregrinación los alcireños residentes en la capital de la provincia, encuadrados en la Colonia Alcireña que presidía Eugenio Martí Sanchis, así como los valencianos pertenecientes a la cofradía del Santo Cáliz, que presidía Luis María Lluch Garín, para ganar el jubileo de aquel año santo mariano. A continuación de esta visita, hacia las siete y medja de la tarde, los alcireños bajaron la imagen de la Virgen a la ciudad para visitar la misma, quedando entronizada en la parroquia arciprestal de Santa Catalina.
El jueves 19, en el cine Salomón, se llevó a cabo una velada en honor de la Virgen de Lluch, donde en primer lugar intervendrían la orquesta Serenade con su vocalista Bernardino, que interpretaron una selección de canciones; después lo haría el coro del conservatorio de la clase conjunta, dirigido por el maestro Santiago Sansaloni. A continuación se entregaron las medallas de la coronación a distintas entidades y personas, efectuando la misma los padrinos de la coronación, Adrián Campos y María del Carmen Suñer. Acto seguido, el sacerdote valenciano José Zahonero Vivó, presentó el Himno de la Coronación, del que era autor, así como también lo es del Himno a San Bernardo y sus hermanas, patronos de la capital de La Ribera Alta, el musicólogo y organista de la catedral de la ciudad de Valencia, reverendo J osé Climent.
Los actos propios de la coronación comenzaron a las cinco y media de la tarde del domingo día 22, cuando llegó a la Plaza Mayor de Alzira la imagen de la Virgen de Lluch. La comitiva la abría la banda de cornetas y tambores del Instituto de la Guardía Civil, vestidos con uniforme de gala, siguiendo la carroza portadora de las imágenes relicario de los Santos Patronos, autoridades y jerarquías seguían después. La imagen de la virgen fue entronizada en un templete en el centro de la plaza y se procedió a la ofrenda de flores.
La presidencia oficial la ostentaba el gobernador militar de Valencia, Diego Mayoral Massot, en representación del capitán general de la Región Militar al que acompañaban el teniente coronel de la 134 Comandancia de la Guardia Civil, Isabelino Cáceres Ruiz. En la tribuna, la corporación municipal, presidida por el primer teniente alcalde Ramón Flor Orlells; los presidentes de la cofradía, José Palacios y María Moll y el presidente de la archicofradía de los Santos Patronos, Manuel Montagud.
Tras unas palabras del presidente, José Palacios, sobre la gran labor que se estaba desarrollando en Alzira; el periódico Levante, a través de su delegación y del responsable de la misma, Ismael Mascarell, y su equipo, recibieron de parte de los padrinos de la coronación la medalla de oro.
A las seis y media de la tarde llegó a la Plaza Mayor el arzobispo de la diócesis Dr. Marcelino Olaechea y Loizaga. Por su parte, el canónigo de la catedral, José María Belarte Vicent, procedió a dar lectura del decreto pontificio por el que se concedía la coronación de la imagen de la Virgen de Lluch.
Tras bendecir las coronas, se llevó a cabo la coronación por el arzobispo Marcelino Olaechea iniciándose seguidamente la misa de pontifical. Al finalizar la eucaristía, José Palacios pronunciaba unas palabras dirigidas al prelado, en las que recordó las grandes realizaciones religiosas en Alzira, culminadas con la coronación pontificia, ambientada en el fervor popular y en el sentir de un pueblo fiel. A continuación, el arzobispo y su séquito, así como las autoridades provinciales, fueron despedidos con el mismo ceremonial de llegada, mientras que se organizaba la procesión para trasladar a la imagen de la virgen a su santuario de la Montañeta del Salvador.
Muchos rostros conocidos figuran en la imagen gráfica que acompañamos, de las personas que asistieron a este acto solemne. Reconocerán ustedes, entre otros, a Ramón Flor; a los doctores Agustín Forcade!l, Vicente Sifre Pelufo, Miguel Rodríguez de Arellano, Enrique Montalvá y Camilo Dolz; a la reina de la Colonia Alcireña en Valencia, María del Carmen Navarro, hoy presidenta de la cofradía, e Irene Piera y su marido José Luis Vivar; a los concejales del ayuntamiento de aquella época, Rafael Andújar, Rafael Giner, José Boluda y Francisco Clari; a muchas de las camareras de la Virgen y, en primer plano, al gobernador militar de Valencia con su esposa.
Una fiesta que todavía hoy recordamos que se celebró ya hace más de un cuarto de siglo, 26 años, aquí en la ciudad de Alzira capital de La Ribera Alta del Xúquer.
Alfonso Rovira, 24.05.1992

Pocas son las personas que hayamos conocido que en nuestra población les dedicaran calles o algún centro institucional. A Luis Suñer, en el año 1967, le rotularon una de las vías más importantes de la ciudad. Al año siguiente, 1968, el instituto de enseñanza media sirvió para recordar a otro preclaro hijo de Alzira: José María Parra Ballester. El alcalde de entonces, José Pellicer Magraner, y la corporación que presidía, dedicaran este centro de educativo ubicado al norte de la población, dentro de la barriada de la Sagrada Familia.
Fue el 10 de diciembre de 1968, cuando fue inaugurado oficialmente —el próximo año 1993 nuestro instituto cumplirá su primer cuarto de siglo—. Al acto protocolario asistió el Director General de Enseñanzas Medias, Agustín de Asís y Díaz Garrote, al que vemos en la fotografía saludando al Dr. Miguel Rodríguez de Arellano; también en la imagen están las autoridades locales de la época de 1968; entre otros, Agustín Oliver, Manuel Oro, Enrique Pelufo, al fondo Alberto Rubio, Francisco Montagud y Germán Palop Gimeno. En primer plano, el alcalde José Pellicer y el director del Instituto. A la derecha, Pedro López Llorens.
La bendición de las instalaciones estuvo a cargo del vicario episcopal, Vicente Torregrosa, al que acompañaba el arcipreste Francisco Albiol. También asistió el director del instituto Rey Don Jaime, José Luis Espinosa Ivorra.
El Instituto de Enseñanza Media “José María Parra”, tenía el proyecto en la fecha de inauguración de una capacidad para 1.200 alumnos y contaba con una matricula de 735, de ellos 573 de bachillerato elemental y 162 en el superior y preuniversitario, desglosados éstos en 35 de letras y 127 de ciencias. El edificio contaba con tres plantas, amplios patios previstos para instalaciones deportivas; treinta y cuatro aulas, tres laboratorios, diez seminarios didácticos, oficinas, secretaría, seis despachos, dos salas de visita, salas de profesores, salón de actos y gimnasio. El inmueble costó al Ayuntamiento de Alzira alrededor de veinte millones de pesetas y la dirección general lo amuebló y dotó de material científico.
En el momento de la inauguración, el alcalde de Alzira, José Pellicer, decía en su parlamento: "Alzira, que en su escudo ostenta orgullosa una llave, como signo inconfundible de posición privilegiada como nudo de comunicaciones en la zona más importante del Reino, cumple su misión histórica de abrirse a la corriente universal de la cultura, y contribuye con esfuerzo a levantar centros de enseñanza de toda clase, no sólo para elevar el nivel cultural de sus hijos, sino también de toda la comarca que, en apretado haz, forman los pueblos entrañables de la Ribera del Júcar".
Por otra parte, el director Pedro López Llorens decía: “hay, además, un hecho que quisiera resaltar especialmente; la estrecha colaboración que ha habido entre el ministerio y la corporación municipal, que no han regateado esfuerzos para llevar a cabo la construcción y puesta en funcionamiento de este centro".
El director general, Agustín de Asís y Díaz Garrote, decía que "Alzira ha dado un ejemplo en la construcción de este instituto y espero que esta corporación sea imitada por otras".
Como cualquier edificio de esta ciudad, el centro de enseñanza media “José María Parra” no se escapó de las garras de la pantanada del 20 de octubre de 1982, pero tuvo la gran suerte de que la empresa castellonense Petromed, de la que cada año sigue recibiendo la visita cariñosa de sus dirigentes y celebrando el Día de Petromed, les ayudara para la normalización del centro y pudieran reanudarse las clases, así como la dotación de libros para sus alumnos.
Pero hay más. El salón de actos de este centro alcireño ha estado siempre a la disposición de todos y todas las instituciones que han tenido dificultades para llevar a cabo sus actos por no estar disponible el Gran Teatro Municipal, sea por inundación o afectado por un incendio.
También han estado en él personalidades del ámbito político, como el que fue vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, que disertó en aquella ocasión sobre Machado y el preclaro sabio valenciano, el científico Santiago Grisolía, por citar algunos de los más destacados.
Muchos y buenos profesores han impartido y lo siguen haciendo la enseñanza en sus aulas. También muchos alumnos que hoy ocupan cargos de responsabilidad en la vida cotidiana han pasado por este instituto alcireño.
Alfonso Rovira, 17.05.1992

Conocí muy de cerca a Manuel Montagud Ricart; gozaba de su buena amistad ya en mis cortos años cuando a principios de 1940 vestía mi cota de monaguillo en la iglesia de Santa Catalina. Lo recuerdo muy bien: era una persona buena, agradable, un bemardino por los cuatro costados. Su ceremonia matrimonial se ofició en el altar de los Santos Patronos, que en aquella época se ubicaba donde hoy la ocupa la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, en Santa Catalina, y en esta ocasión ayudaron la misa dos amigos de su junta en la archicofradía, Juan Gallach y Octavio Clari González.
Manuel Montagud había formado parte de la junta de la Archicofradía de los Santos Patronos antes de la contienda civil en el año 1935; fue uno de los que hicieron posible las fiestas del octavo centenario del nacimiento de San Bernardo, junto con otros alcireños que aún están con nosotros. El señor Montagud Ricart tenía un buen conjuntado equipo en la Archicofradía; unos ya desaparecidos, pero otros, como Emilio Bohigues, siguen trabajando con entusiasmo el legado que le dejaron sus antecesores en la junta. A ellos, con la colaboración de los alcireños, se debe la obra del altar donde se veneran los Santos Patronos de esta ciudad; Bernardo, María y Gracia. Así lo describe su hijo, el historiador y doctor en arte, nuestro entrañable amigo Bernardo Montagud Piera, en su publicación Alzira, estudios artísticos: "... éste fue construido por Elias Cuñat, que comenzó la obra en el año 1962 El conjunto, con mármoles rojos, cremas y verdes, se conjuga con maderas policromadas en oro. Se adjuntan tallas en relieve del ‘martirio’, los escudos de Alzira, del Cister y las tallas plateadas de San Juan de Ribera y San Silvestre". En 1975, Vicente Sanz Castellanos, recientemente fallecido, rubricó dos grandes lienzos con alegorías del bautismo de San Bernardo y de sus hermanas Zaida y Zoraida”.
Con la imagen en el saco
No queremos se nos pase por alto, en este recuerdo a Manuel Montagud, una hazaña de un compañero suyo de equipo, Salvador Baeza Peris: realizó la anécdota histórica en los tres años que duró la guerra civil. En 1936 y los siguientes 37 y 38, cada 23 de julio, a la hora que habitualmente se celebraba la procesión de San Bernardo, él, cargado con un saco al hombro, conteniendo en su interior las imágenes de los Santos Patronos, partía desde la puerta de Santa Catalina, realizando el recorrido tradicional de todos los años por las calles de Alzira, por lo que la cita de Sant Bernat i les Germanetes, con los vecinos de la ciudad, no dejó nunca de cumplirse.
Después de muchos años de labor en pro de Sant Bernat, delicado de salud, Manuel Montagud cedió la presidencia de la archicofradía a un joven emprendedor, Bernardo Mazo Martínez, que llevó el timón de la misma a buen fin. A él se debe la gestión de la adquisición de los terrenos donde antiguamente se ubicaba el convento de San Bernardo y la construcción de un santuario que fue bendecido, tras su terminación, en 1980, con motivo del octavo centenario de su martirio.
Años después tomó el relevo un alcireño incansable, José Palacios, a quien se deben las múltiples gestiones e investigaciones en los archivos del Vaticano sobre nuestro santo Patrón. Bajo su égida se celebró el año Jubilar Bernardino, donde el llorado arzobispo monseñor Roca Cabanellas, el día 30 de noviembre de 1988, procede a la apertura del año jubilar con motivo del 50 aniversario de la restauración del culto a San Bernardo, María y Gracia y la autenticidad de las reliquias de los Santos, cuyo precinto fue destruido en la catástrofe de las inundaciones de 1982, cerrando el año jubilar el Nuncio de Su Santidad monseñor Tagliaferri el día 23 de julio del año siguiente 1989.
Gran efeméride
La Pontificia Archicofradía, el próximo año 1993, se dispone a celebrar el 350 aniversario del patronazgo de San Bernardo, como lo describe el que fue archivero municipal, José María Parra: "... y sucedió que, dando cumplimiento a las disposiciones del Papa Urbano VIII, los jurados de la villa, con justicia, en consejo general (19 julio 1643) convocado a timbales batientes y vibrantes sones de ‘nafils’ por las calles y plazas de la población, proclamaron Patrón de la villa a San Bernardo mártir".
Manuel Montagud Ricart, que falleció y fue enterrado vistiendo el hábito de San Bernardo, recibió la recompensa de sus años de dedicación a la Archicofradía, la medalla de oro de la misma, que le fue impuesta en el mes de julio de 1973 por otro alcireño también desaparecido, José España, momento que recoge la imagen gráfica que hoy publicamos junto a estas líneas. Termino con un escogido tramo de la poesía de Juan Bautista Caballero Torres: "Per ser graciós reliquiari, de les imatges senyeres, que son portabanderes d'este poble mil.lenari, fores Ilavors necessari i acumplires ta missió, salvant en tota ocasió als amats patrons d’Alzira."
Alfonso Rovira, 10.05.1992

La Alquerieta, o l'Alquería como rezaba en “les rajoletes” del hort dels pararrayos, es una entrañable y querida barriada alcireña donde siempre han sido acogidos con todo cariño los que vivimos en este “cau de raboses”, huyendo de las catástrofes que nos han producido las inundaciones. L’Alquerieta, que cuenta con una elevada cota sobre el nivel del mar, ha acogido y sigue acogiendo importantes servicios que no pueden ser ubicados en el llano donde existe el peligro de la invasión de las aguas de nuestro, a pesar de todo, entrañable río.
Nuestra colaboración de hoy la vamos a dedicar a tres bloques de edificios hoy desaparecidos donde se ubicaba primeramente la Sericícola, industria de la seda; más tarde la subestación naranjera; después el Hogar Eucaristía y, finalmente, el colegio San Enrique; para terminar en un descampado montículo. Muy cerca de estos terrenos se sitúa hoy el edificio del Servicio de Protección Civil, dotado de un pequeño helipuerto.
Industria de la seda, estación naranjera y el Hogar Eucaristía
Los alcireños de mi época recuerdan una puerta enrejada y escalera que ascendía hasta llegar al edificio central y que arrancaba desde el final del Carrer del Pou —Callao—. Allí, en el primer tercio del siglo XX, casi en el ocaso, se ubicaba la industria del gusano de seda. La Comisaría de la Seda, perteneciente a la presidencia del Gobierno, el 14 de diciembre de 1926, por Real Decreto, fomentaba esta industria en las escuelas nacionales. Esta documentación al respecto se la debemos al incansable investigador alcireño, el maestro nacional Jesús Emilio Hernández, que nos la ha facilitado para que ustedes tengan una idea de esta industria de nuestro pueblo.
Seguía diciendo la Real Orden que para que se fomente en la fiesta del árbol, que la recuerdo bien, se celebraba en el mes de abril, cuando mi padre ejercía el magisterio en esta ciudad, “se planten moreras, a fin de que en las escuelas nacionales tengan base para la cría de gusanos de seda".
Siguiendo un orden de prestación de servicios de aquellos edificios de l'Alquerieta, en el mes de agosto de 1932, fue cuando comenzó a funcionar el Subcentro de la Estación Naranjera de Levante. Nuestro recordado paisano Ernesto Magraner, perito agrícola, describe los servicios que prestaba a los agricultores alcireños en un reportaje publicado en la revista gráfica Xúcar editada el16 de julio de 1935 y que dirigía el archivero municipal Vicente Pelufo Corts. "El Subcentro de Alzira, decía el señor Magraner, está dedicado al servicio del agricultor; a la observación de sus huertos, los frutos y en las variaciones de los mismos; la proporción del azúcar; las alteraciones de acidez y la composición química, entre otros menesteres".
La naranja en el término de Alzira, en aquella época, tenía un prestigio considerable hasta el punto de que el 17 de septiembre de 1934, Luis Simarro, presidente de la Cámara Oficial Agrícola de la capital de provincia, escribiera al alcalde de Alzira, Vicente Pellicer, para que la población de La Ribera participara en la exposición de plantas, flores, frutos y aves en los viveros municipales, en el día de la naranja, fijado para el día 7 de octubre de 1934. Allí se puso en escena la obra del compositor almeriense Padilla, autor del conocido pasodoble Valencia, titulada “El pregón naranjero”. Como "la naranja de Alzira, decía el señor Simarro en su carta al alcalde, es de las que gozan de más justa fama en nuestro país y extranjero, me indica la comisión organizadora la conveniencia de que asistiera la Banda Municipal al certamen, pues de este modo el nombre de Alzira quedaría unido a la propaganda que de este acto se tiene que hacer". Desapareció el Subcentro de la Estación Naranjera; el Centro estaba en Burjassot en los años cuarenta.
Pasaron a ocupar estos edificios una buenas alcireñas que, capitaneadas por doña Matilde Gimeno Castillo, dentro de sus posibilidades, ayudaban a los niños de la barriada con enseñanza y algún que otro alimento, tan escaso en la época. De aquellas heroicas mujeres recordamos también a Zoe Dolz, que era tía del doctor Camilo Dolz, alcalde que fue de nuestra ciudad. Ellas fundaron el Hogar Eucaristía. Con el tiempo vendrían las Hermanas Obreras de la Cruz y el colegio de la Sagrada Familia.
Casa de les malaltetes
Tenían doña Matilde y sus compañeras una casita donde hoy se sitúa el colegio, al lado de donde ha estado más de treinta años el centro emisor de Radio Alzira, que denominaba popularmente la "casa de les malaltetes" donde residían algunas jóvenes que tenían el bacilo de Koch —tuberculosis—. Eran marginadas por sus familiares y estas buenas hermanas las acogían y cuidaban.
Más tarde, estos edificios albergaron a niños hijos de enfermos del sanatorio lazareto de Fontilles. Se denominó Colegio Preventorio San Enrique y era regido por hermanas Franciscanas. Por su parte, frente a este preventorio, doña Matilde fundó el colegio Sagrada Familia, que sigue funcionando con nutrida matrícula.El grano que aquella buena alcireña doña Matilde Gimeno Castillo sembró en la buena tierra del barrio de l'Alquerieta, fructificó en el transcurso del tiempo en esta barriada que ella tanto quiso y que los alcireños seguimos apreciando mucho.
Alfonso Rovira, 03.05.1992
Que un servidor tenga conocimiento, en ninguna parte tienen el privilegio de contar con tres calles mayores como en nuestra Alzira. Por orden de antigüedad, Mayor Santa María, en la barriada del Cristo; Mayor Santa Catalina, en el corazón de La Vila, y Mayor San Agustín en el arrabal. La calle Mayor Santa Catalina es la que nos ocupa hoy este espacio, ya que disponemos de imagen gráfica antes del derribo de la casa donde se situaba la platería Villanueva. En el piso superior vivía Ricardo Fluixá Gómez, director de la Escuela Municipal de Dibujo, casa que formaba la desaparecida plazoleta de Colón, que daba nombre al café y hotel hoy transformado en cine. Podríamos decir, sin lugar a dudas, que era y sigue siendo la calle que más comercios acoge en esta ciudad. En ella, también personas, unas que ya no están con nosotros y otras que afortunadamente viven aún. ¿Quién de mis contemporáneos no ha sido alumno de don Juan Bialcanet Latorre, que tenía su academia al principio de la referida calle y a la que se accedía por la del Amparo, arriba de la exposición de muebles de Salvador Carreres Oliver? Seguía por los números pares, el primer comercio cuando llegó a Alzira, Jacinto Sarasqueta Aguirregomezcorta; después el ordinario Antonio Requena y al lado, cerrando la manzana, hoy desaparecida, el médico dermatólogo Celestino París Pellicer, que contaba, si mal no recuerdo, con una gran familia numerosa de ocho hijos. En la siguiente esquina, Casa Bernardeta, seguida de la fonda Victoria de la familia Gratacós. Una pequeña capilla, dedicada a nuestra Señora de los Ángeles, seguía más abajo; después de la casa los Bonora; el ordinario Alejandro López, que hacía esquina con la calle Doctor Ros; la siguiente casa era de los Mizzi, y junto a ella, el taller de Muebles Ramírez y su octogenario propietario, el señor Pepe, con el que aún tenemos el grato placer de conversar muchas veces.
Cuantos de los de mi época han aprendido a escribir a máquina en casa de Francisco Mínguez Villena, a cuyo edificio seguía la del constructor alcireño Emerano Gil Porcar, que fue administrador de la estafeta de Correos de nuestra ciudad en la década de los años cuarenta. Salvador Benedito era un canoso zapatero que tenía su taller al lado de la casa de don Emerano y a la vuelta de la misma, como hacemos referencia en la foto que publicamos, se situaba el taller de relojería de Revert y el horno de la señora Tereseta España. En el piso superior, el metge Manuel Just, junto al horno el Hotel y café Colón. De regreso nuevamente al principio de la calle, en los números impares, en la primera casa vivía el abogado Hilario Sanchis Coll; más adelante, la farmacia de Francisco Tena, y en la esquina siguiente, la administración de lotería de la señora Amparo, que era de Segorbe. En el piso superior, la Comisaría de Policía.
¿Quién no se acuerda de ir a comprar el “potet” de tabaco, con la cartilla de racionamiento al respecto, al estanco y era atendido por las hermanas Isabel, Bernardina o Concha España? Al mismo lado vivía el sastre Donato y el “coeter” Crespo. Más adelante, el sastre Garrigues, que por añadidura era un buen poeta; la frutería de la señora Catalina, extremeña, que tenía las mejores manzanas o limones que se habían visto jamás; después estaba la platería de Rogelio Gramaje, La Bola de Oro. Seguía la exposición de muebles Llavador y la farmacia de Carbonell. No nos podemos olvidar de la peluquería del bueno de Tomás Sánchez y Constantino Belenguer; y a continuación la casa donde residió el cirujano Rafael Olivares Bel. Después, en una pequeña manzana de casas, Ramón Juncá, que reparaba toda clase de artículos de goma; la droguería “El Sol”, de Salvador Mascarell y, al mismo lado, el taller de vainica y pequeña bodega de "Panchito"; la calle del Dr. Sociats; la pastelería de Arnalte; la tienda de telas "La Mona" del señor Pedro González Luis y, hasta el final de la calle, la imprenta Lledó y el edificio más elegante y moderno de la época, que en su día albergó el cupón regalo, antaño una peluquería de caballeros. En aquella vivienda residían, entre otros, Salvador Bono Montalvá y los maestros nacionales Alfonso Escudero y su esposa Agustina Benedí, que a tantos niños y niñas impartieron su magisterio en esta ciudad.
A los que se fueron ya y a los que quedan entre nosotros, que vivieron y trabajaron en esta entrañable calle alcireña, nuestro más cariñoso recuerdo.
Alfonso Rovira, 06.04.1992

El martes pasado, 14 de abril, no solamente se cumplía el XLI aniversario de a la proclamación de la II República Española; también era el XI de la feliz liberación de nuestro querido y recordado paisano el empresario Luis Suñer Sanchis, después de noventa y un días privado de libertad.
Era el 13 de enero de 1981 y martes por añadidura. En el programa informativo “Terra Nostra” de Radio Alzira, que como todos los días realizaba la ribereña emisora, el que suscribe se hallaba realizando el programa informativo acompañado de Eleuterio Grau. Al término del mismo comentábamos para los oyentes la fecha “13 y martes”, y añadíamos que era una fecha para supersticiosos. A las 20.45 de aquel mismo día se producía la fatídica noticia que corría como un reguero de pólvora por la ciudad. Luis Suñer había sido secuestrado por ETA. En el programa Hora 25, de la Cadena SER, lo dábamos a conocer a toda la nación y durante tres meses que duró el secuestro nos ocupamos de ir ofreciendo las noticias que iban llegando a la redacción de Radio Alzira.
14 de abril de 1981
Poco después de la medianoche nos llegó la buena nueva de la liberación del empresario alcireño. Conforme avanzaba el día se iban conociendo nuevas noticias y en los alrededores de la residencia de la familia Suñer se iban congregando cada vez más gente, ávida de ir conociendo novedades.
José Palacios, que durante el secuestro había sido el portavoz de la familia en los meses transcurridos de incertidumbre, iba dando a conocer a los representantes de los medios de comunicación las primeras manifestaciones del recién liberado que no eran otras que el deseo imperioso de Suñer de poder viajar hasta Alzira para abrazar a su familia.
A las 13.30 de este 14 de abrí llegaba la comitiva a Alzira, siendo recibida por una gran muchedumbre de alcireños que le vitoreaban y aplaudían. Entre las gentes estaba la banda de música de Alzira, las fallas y autoridades locales. Poco después de las cuatro de la tarde, José Palacios reunió a la prensa en un salón de la primera planta de la residencia Suñer y fueron sus primeras palabras de agradecimiento por la objetiva colaboración, pudiendo asegurar que —decía Palacios— “habían contribuido a que don Luis estuviera ahora en su casa”.
“Nunca he llorado tanto”
Luis Suñer, contó a los periodistas los primeros pasos desde que fue liberado: “al terminar el chequeo en el hospital, aunque me invitaron a dormir en casa de unos amigos, manifesté mi deseo de viajar a Alzira, a donde henos llegado a la una y media. Mi afán principal era ver a mi familia. La emoción que me he llevado ha sido enorme en este viaje, desde que salí de Logroño he llorado tanto que al llegar a Alzira no me quedaban lágrimas. Estoy muy agradecido a mi ciudad porque ha demostrado que me quiere, yo he hecho siempre lo que he podido por mi pueblo y quizás ahora, si puedo, haré más. Quiero que mi pueblo tenga la industria que deben tener, como lo deseo para Valencia, porque Alzira está en Valencia y es España. Hace un momento, en la calle, nuestra banda de música ha interpretado el himno regional y me he emocionado mucho”.
Al finalizar la rueda de prensa, en la que se encontraban periodistas de toda España, se dio cuenta Luis Suñer de la presencia del que suscribe y, acercándose, me dio un abrazo, motivo que reflejamos en la foto que acompañamos.
Las fallas de Alzira, cuya junta presidía Eduardo Gallardo, prepararon una jornada fallera, ya que Luis Suñer no había estado presente en las fiestas josefinas del último ejercicio. Así pues, el sábado 23 de mayo se llevó a cabo una fiesta fallera completa. Hubo una plantá, despertá y crema de una falla acompañada de un castillo de fuegos de artificio. La idea de este homenaje fallero a Luis Suñer fue sugerido en el seno de la Juta Local Fallera por el representante de la comisión de la falla de la plaza Mayor y tuvo una buena acogida entre las demás presidencias de comisiones. El monumento fallero fue obra del artista Vicente Luna y se plantó cerca de los casalicios de los Santos Patronos. Como cualquier día de San José, aquel sábado 23 de mayo de 1981, la comitiva festiva partió de la plaza Primero de Mayo, cerrando el cortejo las falleras mayores María Mercedes Mascarell y María Ángeles Ramírez, con sus cortes de honor, acompañadas por la banda de música. A medianoche, después de agradecer esta distinción a todos los falleros, Luis Suñer prendió la mecha de la traca destinada a quemar la falla. Más tarde, seguiría el baile amenizado por una orquesta para todos los que se habían congregado en la Avenida, alrededor de la falla. Así fue como los falleros, la idiosincrasia de un pueblo, homenajearon a Luis Suñer, su benefactor de siempre. Y Aquí estamos nosotros para recordarlo.
Alfonso Rovira, 19.04.1992

En la pasada “Estampa” nos ocupábamos de los pregones de Semana Santa. En esta ocasión comentaremos anécdotas y costumbres que hemos vivido siguiendo los actos que ha realizado la Junta de Hermandades y Cofradías en la visita de los pregoneros a nuestra ciudad en los últimos años. Muchos de ellos —no es el caso del cardenal Tarancón—, a pesar de venir extensamente documentados de la historia de Alzira, quedaron deslumbrados al entrar en la antigua isla de Júcar y contemplar la vega naranjera desde la Muntanyeta del Salvador, el santuario dedicado a la patrona nuestra Señora de Lluch y en donde firmaron en el libro de la Real Cofradía. También se sorprendieron por la recepción de la corporación municipal en el ayuntamiento y la visita a su rico archivo. Disfrutaron del paseo por las calles y plazas de la población y finalmente el pregón que se ha realizado en distintos escenarios a lo largo de los años y, sobre todo, la convivencia por unas horas con los habitantes de estas tierras de color naranja.
El día 30 de marzo de 1985, a las 13:37, llegaba a las puertas del ayuntamiento el cardenal Tarancón, en plena transmisión del programa informativo “Terra Nostra” de Radio Alzira. El que suscribe abordaba a su eminencia reverendísima, quien nos manifestaba: “molt agust arrive a Alzira per ser el portaveu del poble en estes festes de Semana Santa i estic molt content, perque me han fet un recibiment extraordinari. Crec que han manifestat la vostra socarronería, perque tenim fama els burrianencs de ser fanfarrons, però me pareix que hi ha molts pobles de la Ribera que quasi ens guanyen. Jo salude carinyosament a tots els fills d’Alzira”.
Este mismo día, 30 de marzo, se cumplía el VII aniversario de la proclamación canónica de la Virgen de Lluch en su santuario. El pregón lo pronunciaría en el parador fallero de la calle Mayor San Agustín, cedido por la familia Suñer para esta ocasión, ya que el Gran Teatro no estaba en condiciones para este menester, por haber sufrido, como en toda la comarca, los daños ocasionados por el desmoronamiento de la presa de Tous.
Y así, siguieron al cardenal: el padre Martín Patino; al año siguiente Gregorio Peces-Barba Martínez, que había sido presidente del Congreso de los Diputados, quien glosó en su disertación sobre “El proceso y la muerte de Jesús”. En 1988 los alcireños pudieron escuchar la exquisita dicción del académico de la lengua Joaquín Calvo Sotelo, quien manifestaba en su visita al santuario que había pasado varias veces por Alzira sin haberse detenido, y “no se qué penitencia habré de pagar por ello. Pero, desde luego, mi arrepentimiento y dolor de corazón. Este es un paraje fuera de serie y no dudo que la Virgen esté mejor hospedada que lo está aquí”. Otro miembro de la Real Academia, José García Nieto, fue el pregonero que deleitó a los alcireños con sus versos. Esto ocurría en el año 1989 en el cine Reyno.
De los dos últimos años, podemos recordar a dos ilustres doctores en la palabra: el murciano Manuel Augusto García Viñolas y el famoso locutor Matías Prats Cañete. Sobre todo las dedicatorias escritas en los libros de oro de la Real Cofradía de la Virgen de Lluch y el del ayuntamiento de la ciudad. En el pregón pronunciado en el Gran Teatro por Matías Prats, donde hizo una detallada cronología de los “Pasos” de la Semana Santa alcireña, dijo que se sentía muy satisfecho “por haberme proporcionado la ocasión gratísima de estar entre vosotros en esta bendita ciudad, inmerso en el perfume de las naranjas, respirando el aire que transmiten los huertos fecundos, sintiéndome ribereño con vosotros, capitalino de la Ribera Alta por unas horas. Estoy extasiado, confieso, entre el poderío agrícola industrial y comercial de la Villa que os vio nacer, vivir, sufrir y prosperar. Todo lo percibe el pregonero que llega a Alzira para exaltar la más bella de sus tradiciones: la Semana Santa”.
Todos los pregoneros fueron obsequiados en la recepción en el ayuntamiento, de manos del alcalde, en aquella época Francisco Blasco, con un ejemplar de la lujosa edición de los Pergaminos de la Cancillería Real, que en su día preparó y escribió para conocimiento de todos el recordado sacerdote alcireño, cronista oficial de Alzira y archivero municipal, José María Parra Ballester.
Alfonso Rovira, 12.04.1992

Siempre ha tenido importancia y relieve el pregón que abre pórtico a la Semana Mayor de Alzira, cuya celebración arranca del siglo XVIII. Desde la mitad de los años 50 en que el que suscribe comenzó la andadura en los medios de comunicación, será el tiempo transcurrido hasta nuestros días lo que comentaremos en el reportaje de hoy. Serán básicamente los pregones y sus pregoneros que "hacen en voz alta y en lugar público", como reza el diccionario.
En el año 1958, el pregón estuvo a cargo del poeta alcireño Enrique Marzal Boluda, miembro de honor de la Institución Mundial Católica. Se celebró en los salones del Círculo Alcireño el día 23 de marzo. El maestro nacional, muy querido en Alzira, Gonzalo Hernández Macías, se encargó de pronunciarlo el día 21 de marzo de 1959, en el mismo lugar. En 1960, el día 9 de abril, se representó en el Gran Teatro la obra del periodista algemesinense Martín Domínguez Barberá, “¿No n'eren deu?” En el Círculo Alcireño, el día 25 de marzo de 1961, estuvo el pregón a cargo de un doctor en teología, el conocido sacerdote Juan Benavent. El 11 de abril de 1962, pronunciaría el pregón de la Semana Santa, Pedro Ruíz Tomás y tuvo como escenario el Teatro Cervantes.
El sábado 5 de abril de 1963, Diego Salas Pombo, ex gobernador civil de Valencia, pregonó la Semana Santa en el Teatro Cervantes, siendo presentado por el catedrático del Instituto Rey Don Jaime, Gregorio Jiménez Salcedo. El alcalde Bernardo Andrés Bono, le hizo, en aquella ocasión, entrega del título de hijo adoptivo de la ciudad, concesión que le había sido otorgada con anterioridad y que Diego Salas rehusó mientras desempeñara el cargo oficial. El día 21 de marzo de 1964, deleitó al selecto auditorio el catedrático Gregorio Jiménez Salcedo, también en el Teatro Cervantes. Terminaba esta primera cronología de pregoneros en el año 1965. En el Teatro Cervantes lo realizaría el Padre Oltra, superior del colegio San Antonio de Carcaixent. Pasaron los años y recordamos a: Francisco Llácer Domingo, Germán Palop Gimeno, Juan Ferrer Ferrandis, y Bernardo Martínez. Catorce años transcurridos con motivo de la toma de posesión de los ayuntamientos democráticos, la Coordinadora de Cofradías de la Semana Santa pasó a llamarse Junta de Hermandades y Cofradías, teniendo autonomía propia. Fue su primer presidente Alfredo Borrás Pascual, quién organizó la procesión y todos los actos correspondientes, a partir de 1980.Desde 1986 la presidencia la ostenta Bernardo Carrió Carrascosa, también con un buen conjuntado equipo directivo y dos miembros de cada cofradía o hermandad llevan a cabo los actos que tienen asignados.
El pregón de la Semana Santa lo recuperó Alfredo Borrás en 1982. Fue el pregonero de aquel año, el canónigo de la Colegiata de Xàtiva, Vicente Bertomeu y el presentador Segundo Álvarez. El local del pregón fue el cine Giner. Posteriormente, en el año 1983, teniendo como escenario el Gran Teatro de la capital de La Ribera Alta, realizó el pregón de la Semana Santa el padre capuchino Estanislao María de Guadassuar. En esta ocasión, el presentador fue el autor de estas crónicas semanales. Un año más tarde, en 1984 , también en el Gran Teatro de Alzira, tuvo lugar el pregón de la Semana Santa; que en esta ocasión lo ofreció Bernardo Pastor, párroco de San Juan. El presentador fue Rafael Álvarez, redactor de Radio Vaticano. En 1985 el pregonero fue el cardenal Vicente Enrique y Tarancón y presentador el historiador alcireño Bernardo Montagud Piera. El marco que acogió este pregón, fue el parador fallero de Mayor San Agustín.
En la Semana Santa de 1986, en el Gran Teatro, el pregón lo pronunciaría Gregorio Peces Barba, siendo el presentador el archivero municipal, Aureliano Lairón. Este año correspondió la exposición provincial a Alzira, siendo la misma en el pabellón polideportivo Fontana Mogort, donde Bernardo Montagud condujo a través de Radio Alzira un programa por donde desfilaron representantes de todas las cofradías existentes en la ciudad.
Joaquín Calvo Sotelo fue el pregonero de 1988. El local elegido para este acto fue el Cinema Reyno y su presentador el locutor de Radio Alzira, Francisco Grau. En 1989 también se escogió el Cinema Reyno. El pregón lo pronunció José García Nieto y el presentador, Fernando Ruíz. Al año siguiente estuvo a cargo de Manuel Augusto García Viñolas y su presentador Bernardo Clari, responsable de la Delegación Comarcal del periódico Levante EMV en La Ribera. El pasado año el pregonero fue el famoso periodista Matias Prats Cañete y presentador, el arqueólogo municipal, Agustín Ferrer. Tras este largo recorrido por una parte de la historia de Alzira, llegamos al presente año 1992. El pregón corresponderá a la periodista Pilar Urbano y será presentado en el Gran Teatro por Eduard Salvador Martínez Darás.
Alfonso Rovira, 05.04.1992

Los centros sanitarios de Alzira antes del Hospital Comarcal. Crónica escrita en el año 1992.
El miércoles 1 de abril de 1992 era inaugurado el centro de salud de Alzira en la calle de la Paz, muy cerca del hospital Santa Lucía. En este lugar trabaja el equipo de atención primaria. Los usuarios encuentran en este centro una gran cantidad de recursos humanos a cargo de profesionales de la medicina, cita previa y otros servicios. Aprovechando la puesta en marcha de este Centro de Salud, hagamos un retroceso en el tiempo y recordemos un poco lo que fueron en Alzira los servicios de sanidad.
La Casa del Xavo, entidad en la que los trabajadores cotizaban con un xavo para después tener derecho a la jubilación. Se situaba en la calle Hort dels Frares, donde estuvo el casino carlista. Las oficinas de este Instituto Nacional de Previsión las dirigía el alcireño José Moscardó, padre de la conocida familia compuesta por Marita, Ángeles, Pepa, Carmen, José y Rafael Moscardó Alcón. Al terminar la contienda fraticida de 1936/39, el INP y el consultorio médico se instaló en el edificio del Ateneo, con entrada por Faustino Blasco, ocupado hoy, en 1992, por el Cuerpo Nacional de Policía.
Años más tarde pasó a la casa de los Magraner, junto al Ayuntamiento, dirigiendo la agencia del INP Ernesto Aleixandre Alzamora, que estuvo ocupando el cargo durante 25 años. El inspector médico, un canario, Luis Rodríguez Batllori, se integró completamente con la sociedad alcireña. Doctores que pasaron consulta en este ambulatorio fueron: Miguel Rodríguez de Arellano, Vicente Ferrer, Vicente Sifre y Manuel Just. Practicantes: Daniel Zamora, Antonio Urcía, Juan Blasco, Ernesto Fontana, Luis Sánchez y José Calvo, entre otros. Prestaban servicios administrativos, Juan Mizzi, Francisco Izquierdo, Ricardo Flores y Amparo Bonora. De los celadores de la época solamente queda Pascual Sierra.
En la década desde 1930 a 1940, donde hoy se sitúa el ambulatorio de los Santos Patronos, era la plaza de toros. Las casas de la parte derecha de Reyes Católicos, daban al campo. Llegados los años cuarenta, el industrial molinero Ricardo Aliño ponía en marcha la construcción de un nuevo molino para modernizar las instalaciones que disponía en la carretera de Guadassuar. Era una época difícil, no se importaba maquinaria del extranjero y el señor Aliño tuvo la feliz idea de montar un stand por su cuenta en la Feria Internacional de Muestras de Valencia y brindársela a un fabricante del sector, quedándose con la maquinaria al terminar la muestra. Pero el molino no se puso en marcha hasta que Cartonajes Suñer trasladara la fábrica a las nuevas instalaciones al pie de la Montañeta del Salvador, debido a que, como ustedes saben, la fábrica de Luis Suñer fue destruida por el incendio acaecido en octubre de 1945, en la calle del Doctor Ferrán. En marzo del año siguiente, gracias a la amistad que le unía con Ricardo Aliño, éste le prestó la importante ayuda de cederle los locales del proyectado molino.
El lunes 8 de mayo de 1968, después de haber transferido al INP —Instituto Nacional de Previsión— el edificio donde Ricardo Aliño tenía el molino, el ministro de trabajo, Jesús Romeo Gorría; acompañado por el gobernador civil, Antonio Rueda; el alcalde de Alzira, José Pellicer; el delegado de trabajo, Alberto Jarabo Payá y del que fue también gobernador civil de Valencia, Jesús Posada Cacho; se inauguraba el nuevo ambulatorio de la Seguridad Social bajo el nombre de “Santos Patronos”.
En la imagen que acompañamos podemos ver personas que asistieron al acto: los doctores París Pellicer; Emilio Zarzosa; Rodríguez de Arellano; Forcadell Solé; el practicante, José Calvo; la jefa de enfermeras, Carmen Llopis; el presidente de la Junta Local Fallera, Alberto Rubio; la Fallera Mayor, Fina Benedito; el párroco de los Santos Patronos, José María Mestre y los representantes de los medios de comunicación Ismael Mascarell y Ángel Ares, entre otros.
El ambulatorio de los “Santos Patronos”, desde hace 24 años que lleva funcionando (esta crónica está escrita en 1992), se ha visto incrementado en nuevas instalaciones técnicas y, ahora, como decíamos al principio, el miércoles próximo, muy cerca del hospital, nace una importante ayuda en beneficio de los usuarios: el Centre de Salut d'Alzira, que ha puesto a punto el Servicio Valenciano de Salud. Esperemos que un día no muy lejano se complete con el hospital comarcal.
Alfonso Rovira, 29.03.1992

Entre los licores de la bodega y los perfumes de las flores
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¿Qué recuerdos les trae a mis contemporáneos la imagen de hoy? Aunque no tiene nada que ver el comercio de bebidas, puesto que nuestro recordado señor Paco “El Glorietero” vivía en el piso superior, la taberna de la planta baja la conocíamos como la "Casa del Glorietero". Era una casa de despacho de bebidas frecuentada por gentes del campo, trabajadores de las distintas industrias del alrededor o por los numerosos pescadores que por aquellos ya lejanos tiempos eran bastantes. Estos últimos bajaban al río Júcar con sus cañas, y en las inmediaciones del puente de hierro probaban su paciencia en la pesca del barbo. Algunos venían de Xàtiva en tren, dormían en el sótano de la casa y al amanecer se acercaban al río para pescar y llevarse a su casa la cesta llena de pescado.
La casa que hoy reproducimos en la fotografía se situaba, para los que no la conocieron, cercana al puente de hierro, en el enclave de la carretera de Algemesí, cerca de la estación del ferrocarril. Frente a la casa recordamos haber visto dirigir el tránsito rodado, cuando los carros se dirigían al muelle de la estación para descargar el fruto dorado que se enviaba a Europa, por policías urbanos, tocados con su casco blanco. Cabe recordar algunos de ellos: el andaluz Antonio Heredia y su simpatía, el "manitas" Aureliano Lozano, la seriedad de Andrés Grau o la bonanza de José Barroso.
Francisco Valle Romero, como hemos dicho, vivía arriba de la taberna. Al mismo lado del local disponía de un pequeño terreno donde cultivaba flores para la venta en la festividad de Todos los Santos. Era, además, el jardinero municipal desde 1901. Estuvo en activo hasta los 92 años, falleciendo el 27 de agosto de 1962. El señor Paco, como familiarmente le llamábamos, era muy querido por todos y se caracterizaba por su bondad y buena educación. Aún le recordamos llevando a cabo su menester en la plaza mayor, en la glorieta, ataviado con su uniforme y su bastón, cuidando de que fueran respetadas las flores y plantas que él, toda su vida, había cultivado con todo cariño.
La casa del "Glorietero" situada en el entorno de las carreteras comárcales 3320 y 3322, que discurrían por el centro de la población, fue derribada por el ayuntamiento en el mes de agosto de 1966; procediendo Obras Públicas a la ordenación de la carretera para su ensanchamiento. Los últimos moradores de la taberna fueron Eloy Ruiz y su madre Carmen Artés, que pasaron posteriormente a regir el bar de La Parrilla en la Avenida de los Santos Patronos.
Antes de llegar a la desaparecida chimenea que ven en la foto, levantada en 1907 y derribada por el maestro de obras Alberto Alós, estaba situado "El Palaciet", un lujoso chalet que mandó construir Vicente Pardo, el de la serrería mecánica poco más abajo, que también fue el que trajo la luz eléctrica a Alzira en 1900. La entrada al "Palaciet" era de piedra sillar y en el interior el piso era de mosaico. Posiblemente, las piedras base del edificio estén enterradas bajo los escombros que dejó en 1936, en plena fraticida guerra civil, una bomba que la "Pava" descargó con la idea de volar el puente de hierro; una de ellas cayó rozando el puente al río Júcar, la otra fue a dar de pleno en "El Palaciet", destruyéndolo totalmente. Queda, en lo que fue Serrería de Pardo, una chimenea interior. Una parcela de la serrería pertenece a lberdrola y donde se situaba “El Palaciet” es una propiedad de los herederos de Ramón Flor. De la chimenea, que fue derribada por Alberto Alós, fueron dejando caer los ladrillos en montones de arena para aprovecharlos después en otras construcciones.
Después de la contienda, desde el 1936 a 1939, un grupo de exportadores, capitaneados por Ramón Flor, intentaron construir una fábrica de derivados de cítricos, pero no hubo respaldo del gobierno. Adquirieron unos terrenos en el huerto de la "Tancà de Butiñes" y años después, al no poder llevar a cabo esta realidad, Ramón Flor y compañía procedieron a su venta. El producto sobrante de la compraventa fue distribuido entre los centros necesitados, como la Beneficencia, el Hospital y el Asilo.
Alfonso Rovira, 22.03.1992

Una avenida sin árboles ni ciencia
No sabemos con exactitud la fecha en que fueron talados los cinco árboles los plátanos en la calle Júcar, situados pasada la pasarela o el pontet de Tudela, en el arrabal, a la otra parte del río Barxeta. Dionisio Cárceles fue el encargado de la tala para dar paso al cemento y el hierro que lo convertiría en las edificaciones de la avenida de los Santos Patronos. Fue el 27 de mayo de 1969, dato que nos ha completado Carlos Ramírez Canet, el “marmoliste“ de la calle Júcar. Éste era hijo del señor Aurelio Ramírez, propietario de esta industria del mármol, antes de José Valls Goig, el “torroner”, con quien formaba sociedad el señor Aurelio.
En la fotografía con que ilustramos nuestro reportaje, tomada ese día 27 de mayo de 1969, vemos caído el último árbol que se situaba frente al taller de mármol. Identificamos, de izada. a derecha, a Dionisio Cárceles, con 23 años menos que ahora; Aurelio Ramírez y su padre, el señor Aurelio, que conversa sobre la tala de estos árboles centenarios con el carpintero, vecino de esta calle, Vicente Osca.
En Alzira habían árboles de este tipo, plátanos, en la subida a la montañeta del Salvador; al principio del Cami Nou de Gandía, en el “sequer alt” de Amat; en las carreteras de Alberic, Guadassuar, Carcaixent y Algemesí; así como en el tramo del puente de hierro a la estación de ferrocarril. Poco a poco, con el “progreso”, han ido desapareciendo.
El árbol de la imagen podríamos situarlo frente a Mármoles Ramírez. Imagínenselo ustedes, a la izquierda de la foto se sitúa la primera finca que fue construida en esta vía, el Edificio Avenida. Dando un repaso de película por nuestra memoria, la calle Júcar arrancaba, como hoy, en la plaza Mayor, desde el edificio de Correos; no había calle en la parte por donde discurría el río Barxeta. En las primeras casas tenía el almacén de “cacauet” José Gregori Furió, después el taller mecánico de Cortina y, al lado, vivía la familia de Lucas Hernández, el gitano. Al lado de la calle Téjar Martí vivía Sebastián Gil, el taxista. Más adelante el tornero Fernando Roca Cubells; después Elvira, florista que hacia maravillas con el arte de la cera; el taller de Ramírez; el almacén de frutas de Héctor Garrido; Nelo, el pedrero, que cortó la piedra en la cantera donde hoy se sitúan las viviendas de la Graella. Al terminar la calle Júcar, que los alcireños conocemos popularmente como el Camí Fondo, se situaba la cochera de pompas fúnebres de “Morro Tallat”. Los miércoles, en el primer tramo de la calle Júcar, se reunían los tratantes de caballería para llevar a cabo las transacciones. También hemos sabido que los labradores que poseían caballerías para los menesteres del campo, “rossins”, que tenían mal de patas, los llevaban al río Barxeta y bajo del pontet de Tudela los dejaban en la corriente del agua hasta que sanaban.
Las tierras a ambos lados del río, desde pasado el puente de Sant Bernat hasta la desembocadura del Barxeta, una vez pasado el puente de hierro, eran tierras de cultivo donde los agricultores recogían sus cosechas ¡y no vean ustedes qué cosechas!
También la calle Júcar, a la altura de la casa de Mármoles Ramírez, era el punto de reunión de despedida de los entierros.
Carlos Ramírez, hijo del señor Aurelio, conserva un trozo del tronco de este árbol que fue talado con la fecha grabada del día su desaparición.
Alfonso Rovira, 15.03.1992

Desde el candil hasta la llegada de la luz en Alzira
Hasta que el Tomás Alva Edison, en el año 1878, experimentara la lámpara de hilo incandescente y se hiciera la luz eléctrica expandiéndose a todo el mundo; aquí en Alzira, a finales del siglo XIX, tras la consolidación de Edison, ya había molinos que fabricaban luz.
Los alcireños, en sus casas del siglo pasado se alumbraban con candiles de aceite. Más tarde, apareció el quinqué que se alimentaba de petróleo; también se usaba el carburo y después, como ya hemos dicho, la luz eléctrica.
El alumbrado público, las farolas de las calles, fueron de aceite entre 1838 y 1870. Se alimentaban de aceite de !a cosecha del terreno. A partir de 1871, hasta el comienzo del siglo XX, el combustible fue el petróleo; pero con la adversidad de que había de ser suministrado de fuera. Más tarde se pretendió realizar la instalación de gas, pero se desestimó para esperar a las noticias que llegaban allende los mares, sobre el resultado de la experiencia de Edison.
José Vicente Pardo Pérez, padre de Baldomero Juan Pardo Sánchez, que fue alcalde de Alzira hasta la llegada de la república el 14 de abril de l931, era propietario del pequeño salto de agua en el río Verde que nace en Massalavés, localizado en el término de Alzira y conocido como "el molinet de la llum". En este “molinet” se construyeron tres turbinas y el señor Pardo llevó la luz que se producía hasta la serrería de su propiedad en Les Barraques, la de Pardo, que muchos de ustedes recordarán. El señor Pardo dio servicio a la población y se cuenta que la barriada mejor dotada era de la San Juan, que llegaban a la coquetería de cambiar los faroles con bastante frecuencia.
En el año 1910, los faroles de aceite que habían prestado importante servicio, con los avances de la técnica, fueron retirados y vendidos como chatarra para pasar a los eléctricos. Alrededor de 1920 llegó a Alzira la compañía Volta, que estuvo intervenida durante la contienda de 1936. Las restricciones de la década de 1940, hasta pasado 1950, fueron suplidas por el "molinet", que abastecía principalmente a La Vila, con una extensión al transformador de San Bernaet en las cercanías del carrer de la Palla.
En 1956, llega Hidroeléctrica Española y comienza la expansión de las instalaciones a toda la ciudad y periferia. La instalación no se refiere a La Víla, puesto que ya en su día fue tendida por el señor Pardo. Volta tenía sus oficinas y centro de transformación en la placeta del Forn, donde prestaba servicio el Sr. Izquierdo, Arturo Pellicer, los hermanos Gallardo, los Campos, Nácher y otros.
Hecho este preámbulo, que podría ser mucho más extenso por la documentación que tenemos, hoy quisiéramos dar "luz" a una persona que convivió con nosotros casi 30 años, Manuel García Bega, que hizo mucho por los vecinos de esta extensa comarca. El daba luz desde la sombra; era un profesional que, debido a su sencillez, nunca fue protagonista de su bien hacer. Técnico de Iberdrola, Manolo para los amigos, un hombre al que con un buen conjuntado equipo, tenemos mucho que agradecer.
Recuerdo por mentar alguna anécdota que durante la “pantanada” no tocó las sábanas de su cama en más de diez días. Manolo era una persona presta a trabajar a la hora que se le requería y no reparaba en hacer cualquier favor a quien se lo pidiera. Una cruel y rápida enfermedad y su fallecimiento poco después, nos dejaron huérfanos de su amistad, de su jovialidad y ansias de vivir. Cada noche, si miran al cielo estrellado, verán que hay un astro que brilla con más intensidad, allí está dándonos luz Manolo García, que queda en el recuerdo de todos cuantos le conocimos.
Alfonso Rovira, 08.02.1992

La solidaridad que no pudo ser
Comenzaba la década de 1970. Ismael Mascarell dirigía la emisora Radio Alzira, de la Cadena SER, desde hacía muy poco tiempo. Contaba con un buen equipo de profesionales que al micrófono realizaban programas especiales, cara al público, como se denominaban, dedicados especialmente a la juventud. Al mismo tiempo, destacaban los programas informativos y espacios deportivos.
Cabe recordar aquellos programas para jóvenes: “Las mañanas de Radio Alzira”, “El título de la semana” y “Juventud alegre”; realizados por el locutor José Luis Cañamero. Así mismo, por la noche a las doce, “La hora cero”, por Juan Ortega. Eran los programas más populares de la época.
Nino Bravo
“El título de la semana” se producía todos los días por la mañana, de lunes a sábado. Era el de más audiencia. Por él pasaron grupos musicales alcireños, como “Los Shostak’s”, “Los Zarescks”, “Snaker’s” y “Smoking’s”; así como las voces más populares del momento: Juan Bau, Juan Camacho, Félix, Ernesto y una de las voces más preciadas, el malogrado Nino Bravo —Luis Manuel Ferri— que vemos en la fotografía que acompañamos. Una foto inédita que el que suscribe tuvo ocasión de tomar en el estudio de Radio Alzira durante una entrevista realizada por José Luis Cañamero. Aquel mismo día coincidió Nino Bravo en la visita a Radio Alzira con el arcipreste de Alzira don Francisco Albiol. Fue una mañana de las muchas en que José Luis Cañamero presentaba estos programas musicales. Don Francisco aprovechó la estancia en Radio Alzira del famoso cantante para pedirle que colaborara realizando un programa a beneficio de la Casa Beneficencia, donde el arcipreste realizaba unas obras de mejora y reforma. Nino Bravo, que tenía un corazón muy grande, se ofreció a organizar un festival pro obras que nunca llegó a realizarse debido a un desgraciado accidente de carretera que segó la juventud del cantante en pleno éxito de su vida profesional.
También Cañamero —en la actualidad responsable de la edición de TVE en la Comunicad Valenciana— presentó otros programas en la emisora. “Juventud Alegre”, que se realizaba en directo desde la Parrilla Hogar los sábados por la tarde; así como un concurso que alcanzó fama en la época realizado en la vecina población de Carcaixent, en el parador fallero “El Tro”. Llevaba por título “Pith to poke”; a este programa llegaron participantes de las más lejanas poblaciones con un final extraordinario.
Grupos musicales alcireños de la época
Por su juventud, Los Sostak’s fueron los más populares en aquella época en Alzira. Cuando se creó el grupo, sus componentes contaban entre los trece y catorce años. Marcelino Rodríguez, batería; José Gradolí, guitarra rítmica; Ricardo Guerrero, guitarra baja y Jesús Solaz, que llevaba la voz cantante. Corría el año 1965 cuando comenzaron su andadura, disolviéndose diez años después al terminar cada uno el servicio militar. Los Sostak’s, un nombre salido de la idea del conjunto desde las iniciales de distintos comercios alcireños. Salieron a actuar en poblaciones fuera de la Comunidad Valenciana. Viajaron a Granada y Madrid. En esta última ciudad estuvieron más de un mes actuando en la Cadena Consulado con notable éxito. También estuvieron largo tiempo en Alicante, sin dejar las poblaciones del ámbito de la Ribera y en la capital de provincia.
Otros grupos musicales han dado popularidad a la ciudad que les vio nacer. Los Serenade, que aún están en el candelero. La Coco Orquesta y Los Carrozas, estos últimos han evolucionado notablemente. Otros conjuntos que tuvieron su prestigio durante muchos años se disolvieron: la Orquesta Ritter, con su cantante Manolo Arquimbau y Salvador Albuixech; otra más reciente, la Orquesta Pirata... fueron las que más renombre alcanzaron en la década de 1970. Veinte años más tarde aún les recordamos pudiendo remachar categóricamente ¡Valencia es tierra de artistas!
Alfonso Rovira, 01.03.1992

Una lección de historia sobre los baños árabes del colegio Julio Tena
Cuando construyeron el grupo escolar “Julio Tena”, dedicado al médico Julio Tena Just, alcalde de Alzira, ya habían desaparecido los baños árabes ubicados en los bajos de lo que fue l’Escola del Ratolí. Estaban en inmejorable estado de conservación, eran casi la última muestra de la civilización que campeó en nuestras tierras hace casi ocho centurias.
Fue en el año 707 de nuestra era cuando los árabes, mandados por Ab-del-Aris, llegaron a nuestra ciudad poniendo sitio y quistando a los godos que la ocupaban. La llamaron Algetzira, que en lengua arábiga quiere decir isla del Júcar, porque en realidad la encontraron construida y fabricada por sus antecesores para descanso de sus reyes, al construirla rodeada del río. En el 717, los mahometanos impusieron sus costumbres y religión, instaurando y construyendo sus baños para las abluciones.
Los baños que yo conocí cuando existía "l’ Eescola del Ratolí”, después “Julio Tena”, en los primeros años de la década de 1940, se localizaban bajo de la escalera que conducía al primer piso donde estaban las aulas de los maestros D. Agustín Izquierdo, D. Alfonso Escudero, D. Juan Navarro, Doña Agustina Benedí, o la "Mare Felisa", ésta última a modo de guardería infantil impartían su magisterio. Los baños permanecieron intactos hasta finales del siglo XVII cuando los Jurados de la Villa adquirieron el inmueble para destinarlo como casa de pobres, mendigos o transeúntes. En sus bajos era donde estaban instalados los baños.
Más tarde fueron construidas en la planta alta aulas destinadas a escuelas públicas de primera enseñanza, la conocida "Escola del Ratolí"' por donde pasaron muchísimos alcireños. La casa, ya vieja de por sí, pegada a la muralla que daba al brazo muerto del río Júcar, deteriorada por el paso de los años y amenazando ruina, fue demolida para modernizar el ambiente escolar. Sobre el patio donde se asentaban los baños fue construido el colegio “Julio Tena” pero, antes de ser demolido en 1947, "la piqueta de la incultura" o el ánimo de ir haciendo desaparecer los vestigios de antiguas poblaciones en nuestra ciudad, hicieron que demolieran los baños árabes que durante tantos siglos habían estado en este lugar.
Los baños de la plaza del Sufragio, inservibles por el paso del tiempo, estaban instalados, como ya hemos dicho, en la planta baja del edificio en cuestión, hacia el fondo. Se componían de diversas galerías cubiertas de arcos de medio punto con algunos agujeros en forma de estrella por donde penetraba el sol y la luz natural. Los departamentos para baños se situaban en el suelo y tenían figura rectangular y a los lados bancos de piedra. Al sur, paralelos a los bancos, se situaban unas canaletas de piedra por donde se escurría el agua.
Para proporcionar agua para las abluciones había antiguamente una noria con dos pozos que sirvieron para el servicio de la casa y escuela y que fueron cegados para construir la escuela nacional “Julio Tena”. A mitad de 1985 se llevaron a cabo unas excavaciones en el solar de lo que fue el grupo escolar, derribado por amenaza de ruina, antes de la construcción de la Delegación de Hacienda. Una joven técnico de la Conselleria, confundida por erróneas informaciones, estuvo al cargo de unas catas en el subsuelo para encontrar los baños. Pero, éstos, habían estado a ras de tierra y habian desaparecido en 1947. Le sugerí que si quería encontrar "els banys arabs", los tenía que buscar en el país arábigo.
Aquí desaparecieron, como los baños árabes, otros monumentos: Pont de Sant Gregori, Pont de Sant Bernat, Pont del Alborgí, el teatro Casablanca, la Iglesia de Santa María, el circuito amurallado...
Alfonso Rovira, 23.02.1992

El primer atropello de la variante
¿Quién de ustedes, ciudadanos de Alzira, no han consumido carne de vacuno, bovino o de algún que "altre animalet grunyidor” -como diría nuestro buen amigo escritor n'Eduard Soler i Estruch-? que los matarifes sacrificaban en el desaparecido matadero municipal de la carretera a la estación de ferrocarril, junto a la "Cotonera" de Monfort y Peris. La carne, después de ser despiezada, era distribuida por los carniceros a su clientela en el despacho al detall de las casetas que tenían en el mercado entre las calles de Faustino Blasco y Amparo.
Para dirigirse al desaparecido matadero —en la fotografía que acompañamos— en los años 1976-77, desde la ciudad, se atravesaba el “pont de ferro" dejando al lado derecho, en el sentido de la marcha, la taberna donde en el piso superior vivía el señor Paco "el glorietero" Francisco Valle.
Siguiendo la carretera hacia la estación, Guadassuar o Alberique, resguardándose del sol por los frondosos árboles plátanos y dejando a la izquierda el río Júcar, frente a la “ereta”, se situaba el edificio del Matadero Municipal. Su construcción data del año 1925, como bien estaba inscrito en "les rajoletes" al lado del escudo heráldico de la ciudad.
Fue su arquitecto Emilio Ferrer, alcanzado el presupuesto de las obras 10.373,60 pesetas, que en subasta fueron otorgadas a la Sociedad Unión Progresiva, representada por Antonio Picó y Antonio Carbonell el día 3 de diciembre de 1922.
Recordemos como anécdota que el matadero era punto de reunión de un grupo de amigos aficionados a la cinegética que, entre 1929 y 1935, después de recorrer el término llegaban y con el conserje Antonio Yudici, "el gringo", hacían recuento de las piezas cobradas.
La ciudad de Alzira, entonces Villa, ha contado con otro matadero que fue construido en 1863.
En el mes de marzo de 1937, el ayuntamiento contrató la instalación de un teléfono con la Compañía Telefónica, dotándolo de este importante servicio dado que se encontraba alejado de la ciudad. En el año 1950 se acondicionaba el local para al mismo tiempo poder ser sacrificados animales equinos; ordenado por el entonces concejal Vicente Perpiñá. Esta obra, que llevó a cabo el arquitecto municipal Juan Ríos Cogollos, finalizó el día 9 de septiembre; habían comenzado el 17 de mayo del mismo año con un coste total de 1.355 pesetas.
Carniceros contemporáneos del que suscribe fueron Gregorio Marzal “Goriet”, Pedro y Antonio Morell, Emilio Marzal, Pascual Tudela, José Moreno, Vicente Bohígues Molió, Arturo Flores y Emilio Bohígues. Estos dos últimos viven aún. Fueron matarifes, queremos recordar, Jesús y Manolo Palazón, Pepe Segarra, Vicente y Ricardo Bohígues, Paquillo, Bernardo y Fernando. También cabe recordar al último conserje que tuvo el matadero, Juan Escrivá.
Anecdotario de la época, podíamos contar un montón de casos. Habían reses que, por su cornamenta, no pasaban por la estrecha puerta de entrada y los conductores del ganado y empleados del matadero se las veían y deseaban para entrar los animales al sacrificio. Los hijos de los carniceros, futuros continuadores del oficio de sus padres, jugaban en el recinto y se escondían en las calderas que no se usaban cuando se escapaba algún toro que iba a ser sacrificado por el matarife en la conducción del corral al final de su existencia. Cuántas veces el animal embestía y se llevaba por delante el gallinero del conserje.
El Matadero Municipal, edificio construido en 1925, fue “sacrificado” hacia 1976 para dar paso a las obras de acceso a la variante de Alzira y puente sobre el Júcar. Queda en el recuerdo de muchos alcireños... Y ahora, la capital de La Ribera Alta carece de matadero municipal.
Alfonso Rovira, 09.02.1992

Bodas de plata de una insignia que fue de oro
El 29 de enero del año 1967, el industrial alcireño Luis Suñer Sanchis recibía de manos del alcalde José Pellicer Magraner la medalla de oro de la ciudad que le vio nacer. Un expediente que comenzó a gestarse en el ayuntamiento el día 5 de febrero de 1963, y el acuerdo el 1 de abril de 1966, dieron vía libre al acontecimiento del que vamos a tratar hoy. Aquella mañana soleada del domingo 29 de enero de 1967, llegaron a la Casa Consistorial las primeras autoridades provinciales, uniéndose a la corporación municipal, junto con los alcaldes del distrito de Alzira y con ellas la reina de las fiestas, Elena Negueroles Colomer; dirigiéndose en comitiva a la iglesia de Santa Catalina donde el Arcipreste Francisco Albiol ofició una misa solemne en acción de gracias.
Finalizada la ceremonia religiosa se trasladaron al cine Colón, donde tuvo lugar el acto protocolario que presidiría el gobernador civil Antonio Rueda, al que acompañaban en el estrado el homenajeado Luis Suñer, el alcalde José Pellicer, el presidente de la diputación Bernardo de Lassala, el gobernador militar, Joaquín Nogueras, el arcipreste Francisco Albiol, el juez de primera Instancia Francisco Beneyto y García-Robledo y fray Justo Pérez de Urbel, abad mitrado de la basílica del Valle de los Caídos, amigo de la familia Suñer.
El salón se hallaba completamente lleno de alcireños, dando comienzo la ceremonia con la lectura del acta del acuerdo unánime de la concesión de la medalla por el secretario del ayuntamiento Julio Tauroni Vitalis. Después, hizo uso de la palabra, en representación de los productores de las empresas Suñer, Vicente Sanchis. Andrés Palop, hablaría como presidente del Círculo Alcireño. Seguidamente intervendría el alcalde José Pellicer, diciendo que "no ha sido la autoridad quien ha propuesto este galardón, de una forma fría y burocrática, sino que ha sido ese entrañable pueblo de Alzira, el que con su fino instinto de agradecimiento ha desbordado todos los cauces y, con una unanimidad poco común, ha ofrecido su más preciado galardón a un hijo ilustre; de manera que, honrándole a él, participan de ese honor todos los alcireños".
A continuación, entre clamorosos aplausos, le prendió la medalla de oro a Luis Suñer, que vivamente emocionado dijo que se sentía un hijo de esta ciudad y se la ofrecía a ella, a su madre Alzira. "Sabré corresponder a cuantos con esta imposición me honran", prometiendo seguir laborando por el engrandecimiento de la ciudad que le vio nacer.
Cerró el acto el gobernador civil, felicitando al homenajeado y glosando la trayectoria de su vida de trabajo dedicada a sus empresas.
Inauguración de la Avenida Luis Suñer
Terminado el acto del cine Colón a primeras horas de la tarde, la comitiva se desplazó —momento que recoge la foto— a la avenida que iba a llevar su nombre. Allí, su esposa, Carmen Picó, descubrió una placa que recordamos fue elaborada su inscripción en una piedra sillar del desaparecido puente de San Bernardo. Una avenida, la de Luis Suñer, que partiendo de la plaza del Reyno, ha ido poblándose poco a poco de grandes edificios, donde antaño —partida del Alborgí— crecían frondosos naranjales, mediando el brazo muerto del río Júcar. Otras edificaciones han surgido donde durante tantos años se ubicaba parte del circuito amurallado de la antigua Algetzira.
Han pasado 25 años hasta hoy, día en que escribo esta crónica, desde aquel acontecimiento el día 29 de enero de 1967. Hoy, los alcireños recuerdan con cariño a su preclaro hijo, Luis Suñer Sanchis, fallecido en la ciudad que le vio nacer, en agosto de 1990.
Alfonso Rovira, 02.02.1992

El párroco José Vilar emprendió la gran obra de construir 625 viviendas, en régimen de cooperativa, para paliar la necesidad y dar habitación a los necesitados.
Hace poco más de treinta años l’Alquerieta, querida barriada alcireña, estaba aislada del casco de la ciudad. Se llegaba por la carretera de Corbera, desde el "rajolar de Garés", al final de la calle del Doctor Ferrán. A ambos lados de la calzada los viandantes disfrutaban de una fila de plataneros, que les guarecían de los rayos del sol en verano. Por el lado derecho, hacia la barriada, discurría una acera y entre la ciudad y l’Alquerieta se encontraba el huerto de Salvador Escolá, ”Gorreta”. Huertos de naranjos y frutales fueron desapareciendo poco a poco, para "nacer" lo que es hoy la populosa barriada de la Sagrada Familia. En el año 1954 fueron creadas nuevas parroquias en la ciudad; Santos Patronos, Virgen de Lluch y Sagrada Familia. Esta última fue regentada por el sacerdote Juan Friedland como primer párroco; después fue nombrado por el arzobispado, José Vilar Esteve, que venía de misionar en América junto con su hermano Melchor, también sacerdote.
José Vilar era un hombre sencillo, emprendedor y gran comunicador, consciente de la necesidad imperiosa de viviendas. Juntamente con un grupo de alcireños, emprendió la gran obra de construir 625 viviendas, en régimen de cooperativa, para paliar la necesidad y dar habitación a los necesitados.
Fue en los primeros días del mes de julio de 1963 cuando se acercó a Alzira el arzobispo de Valencia, Marcelino Olaechea, para bendecir los terrenos donde iban a ubicarse las viviendas del complejo cooperativo y la primera piedra de la iglesia, construcción que al paso del tiempo no se ha llevado a cabo y continúa ubicada en los bajos de uno de los edificios.
En 1964, la Diputación Provincial taló los plataneros que durante tantos años habían cobijado de los rayos del sol del verano a los residentes en la barriada. Al mismo tiempo, fueron creados 160 puestos de trabajo con un 90% de cooperativistas, que trabajaron en la construcción de este importante núcleo urbano que uniría la población con la barriada de l’Alquerieta. Varios fueron los proyectos del sacerdote José Vilar que se llevaron a la práctica. Años después el Estado levantó el Instituto José María Parra, en el centro de las viviendas, que se pretendían inaugurar en el año 1965, pero se demoró y las casas fueron ocupadas al año siguiente.
El buen sacerdote también proyectaba construir para la cooperativa un hotel, que hoy gracias a la iniciativa privada está ubicado en la barriada. Lo que sí consiguió don José fue la ubicación de una estación de servicio en este barrio, hoy de propiedad privada; también creó una panificadora, un moderno supermercado y un restaurante, que en la actualidad no pertenecen a la cooperativa.
El día 8 de mayo de 1967, visitaba la cooperativa ya en marcha y con las viviendas ocupadas el entonces Ministro de Trabajo, Jesús Romero Gorría -en el centro de la foto acompañado del gobernador civil-, Antonio Rueda, Sánchez Malo, el alcalde José Pellicer y el párroco-constructor; así como de numeroso público.
Al año siguiente, el miércoles 7 de febrero de 1968, la junta directiva de la cooperativa alcireña fue recibida por el J efe del Estado a quien el alcalde José Pellicer le daba cuenta de que "era una obra social de nuevo estilo realizada por un sacerdote extraordinario que ha pretendido que la Cooperativa Sagrada Familia fuera una gran familia donde sus habitantes tuvieran asegurado un puesto de trabajo decoroso y una vivienda confortable, No es un barrio obrero, ni de aspecto pobre; es una zona de alegría, de amplitud, donde se vive y se convive".
Hoy la ciudad de Alzira se ha expandido hacia otros sectores y la barriada de la Sagrada Familia es lo que soñó aquel buen sacerdote que, siguiendo el evangelio, hizo el bien para sus semejantes. Nos queda para el recuerdo del que fue párroco de la comunidad de la Sagrada Familia fallecido hace pocos años, una plaza en la misma barriada que lleva su nombre.
Alfonso Rovira, 26.01.1992

Sor Dolores Chiva y todas las Hermanas. Una vida al servicio de los demás
"Venid, benditas de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer; porque estaba desnudo y me vestisteis; porque estaba desamparado y me recogisteis..." Así podríamos comenzar esta cita de hoy de “Estampas y Recuerdos” para ir recordándoles nuestras vivencias en esta querida terra nostra donde hemos tenido la suerte de vivir.
La base principal de estos artículos, van a ser apoyados con fotografías que acompañaremos a la publicación; imágenes recordadas de alcireños que ya nos dejaron y otras de distintos motivos, siempre en torno a la nuestra Alzira.
En la foto que ilustramos este segundo reportaje de la serie, vemos a Luis Suñer con su esposa, Carmen Picó; Sor Dolores Chiva, Sor Dolores Tos, ya fallecida, y Sor Esperanza. En primer plano, Sor Carmen del Redentor Domínguez, superiora del Hogar Teresa Jornet. A la derecha, en segundo plano, Tomás España dialogando con la esposa de Pepe Moll, los dos ya fallecidos.
La imagen fue tomada el 19 de noviembre de 1967, en el transcurso de la postulación pro Hogar Teresa Jornet, que había sido inaugurado el día 21 de junio de aquel mismo año. Postulación en la que colaboraron todos los vecinos de la ciudad.
Las Hermanitas de la Congregación de Ancianos Desamparados, que disfrutan del cariño de todos los alcireños, celebrarán este año el 25 aniversario de la inauguración de la nueva casa en la Avenida Luis Suñer.
Las religiosas pertenecientes a este Hogar de Ancianos cuidan solícitamente, con filial cariño, a los ancianos de ambos sexos que, por su estado de pobreza, soledad de familia o achaques de la vejez, necesitan de los auxilios de la caridad cristiana para descender lo menos penosamente posible los últimos peldaños de la escala de la vida.
Sor Dolores Chiva
Hoy, 19 de enero de 1992, queremos homenajear cariñosamente a Sor Dolores Chiva Artero, una hermanita que a longeva edad de 81 años, todavía se encuentra en plena actividad, que el miércoles día 22 de este mes, cumplirá 47 años de servicio en el Asilo de Alzira, y el 12 de febrero, las bodas de oro de la Congregación que fundara Sor Teresa Jornet Ivars.
Sor Dolores, aunque nació en La Plana, en Almazora, se considera alcireña, casi toda su vida ha transcurrido entre los ribereños, principalmente ayudando a los ancianitos en el Asilo de Alzira, y con todo merecimiento debemos homenajearla.
Esta crónica fue publicada en el diario Levante el domingo 19 de enero de 1992. Tres años después, el día 30 de diciembre de 1995 a Sor Dolores Chiva le fue concedida, por el ayuntamiento de Alzira , la Insignia de Oro, con el escudo de la ciudad por su humanitaria labor y espíritu generoso de sacrificio y entrega a los desamparados.
Aquella tarde, en el salón noble del ayuntamiento, Sor Dolores, muy emocionada pronunciaba unas palabras dirigidas al señor alcalde y miembros de la Corporación Municipal: “soy una Hermanita que durante toda mi vida me he dedicado a amar a Dios a través de los ancianos. En ellos siempre he visto a Jesús y también en ellos he encontrado el sentido de mi vida y la propia felicidad. Aunque no lo crean, soy muy feliz al lado de mis Hermanas de Congregación y los ancianos. Al querer corresponder a este homenaje, con motivo de los cincuenta años de permanencia en Alzira, estoy tan agradecida, que de la misma forma que saltó de gozo San Juan Bautista en el seno de Santa Isabel, por la visita de la Virgen María, así salta de gozo mi alma al ver el reconocimiento público que en mi humilde persona hacen a toda la Congregación de Hermanitas de Ancianos Desamparados. Muchas gracias. Yo no tengo ni plata ni oro, como dijo San Pedro en una ocasión, pero en nombre mío y de mi Congregación, os prometemos ese oro de la oración para todos vosotros y la total dedicación social y religiosa a los ancianos”. Alfonso Rovira, 19.01.1992

31 años de la historia del espectáculo y el cine en Alzira
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En la noche del jueves día 30 de agosto de 1945 fue inaugurado en Alzira el teatro de verano Casablanca. Bajo la experta dirección técnica de Juan Guardiola Martínez, uno de los miembros componentes de la empresa propietaria, se edificó en los solares lindantes con el antiguo Teatro Giner, instalándose todos los adelantos técnicos de acústica, comodidad y elegancia que había en aquel momento.
El frontispicio del escenario, con pista saliente al aire libre, era de estilo romano, simbolizando el origen fundacional de la ciudad, con sus torreones de sillería. Al efectuar las excavaciones para la cimentación fueron hallados vestigios de las antiguas murallas de la ciudad, que discurrían por estos lugares, así como una moneda de Cesar Augusto. En una de las piedras de sillería estaba gravada esta singular historia.
Adosados al escenario, como palcos proscenios, se presentaban unos balcones o balconcillos de estilo Edad Media, con refinados detalles. Seguían una sección aparte de la primera, más palcos en la planta baja, cubiertos por palcos terrazas sobre éstos, de estilo colonial, circundando por ambos lados el gran patio de cómodas sillas con su rampa reglamentaria y moderna.
Sobre el nivel superior del patio, con acceso de artísticas escalerillas, la gran terraza del moderno bar-café, estilo americano; la terraza se hallaba casi cubierta por completo por un enorme almez, árbol centenario llamado en valenciano llidoner, de tan extraordinaria frondosidad, que resguardaba la intemperie de la noche. Este recordado árbol se encontraba dentro de la propiedad del alcireño Bernardo Rodríguez, que el señor Guardiola adquirió para la construcción de Casablanca, ordenando fuera talado. Aquel mismo día cuando viajaba hacia la capital de provincia, a mitad de camino, detuvo su vehículo llamando por teléfono para que no fuera cortado. Fue un gran acierto; siempre fue el punto de atracción de todos, en este teatro de verano Casablanca.
A la sesión inaugural el jueves 30 de agosto de 1945, asistieron las autoridades locales y una extraordinaria concurrencia de espectadores. La entrada tuvo carácter benéfico. La recaudación fue entregada íntegramente a los centros asistenciales de la ciudad El rasgo muy significativo del empresario Juan Guardiola, fue muy aplaudido.
El acto de inauguración se abrió con un concierto a cargo del tenor Juan Marco, interpretando un fragmento de El trus de los tenorios, de Serrano. La tiple Carmencita Ribas cantó una romanza de La del Manojo de Rosas, de Pablo Sorozábal, y el barítono Vicente Ballester, la Catalina de El barbero de Sevilla, de Rossini. Finalmente, Juan Marco y la tiple Carmencita Ribas interpretaron un fragmento de La Tabernera del Puerto, de Sorozábal.
Poco después, el charlista José Montó Serrano pronunció unas palabras descriptivas del significado de los diferentes estilos que enmarcaban el magnífico local, felicitando a los alcireños por contar con el mismo, digno de todo prestigio de la primera ciudad de la provincia. Poco después, se tributó de una manera espontánea un sentido homenaje al arquitecto, autor de las obras, Juan Guardiola Martínez, que se hallaba con su familia ocupando uno de los palcos y obligándole a ponerse en pie y corresponder a la gran ovación promovida por el público asistente.
Finalmente se proyectó la película “Luna Nueva”. Sería exhaustivo el nombrar aquí toda la programación que se llevó a cabo en los años de auge del teatro de verano Casablanca. Aparte de las películas que fueron proyectadas en su pantalla, normal primero y después súper panorámica, verbenas, revistas, concurso de Miss Valencia, zarzuela, teatro en lengua vernácula y muchas cosas más que sería largo de enumerar.
Comenzaba a alborear el año 1976 cuando los alcireños, a su paso por el final de la avenida de los Santos Patronos, donde hasta no hace muchos años el Barxeta lamía el camino que conducía al Casablanca a su paso para encontrarse con el Júcar, lugar donde ya se estaban construyendo altos y modernos edificios, sentían nostalgia al ver como iba desapareciendo el cine de verano Casablanca tan entrañable para los habitantes de esta ciudad. En la moderna barra americana, al lado del frondoso árbol, era servida la mejor horchata que hemos saboreado.
Antes de ser demolido por la empresa de construcciones "Palop-Benedito", los locales sirvieron unos años para albergar la guardería infantil "Bambi", a la que muchos de nuestros hijos asistieron.
Alfonso Rovira, 12.01.1992
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