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EL SEIS DOBLE - DIARIO DIGITAL DE ALZIRA

Articulistas ----------------------- Alfonso Rovira

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (16) // L’ALQUERIETA, ESE ENTRAÑABLE BARRIO. SUS EDIFICIOS Y EL RECUERDO DE DOÑA MATILDE. // POR: ALFONSO ROVIRA

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (16)     //     L’ALQUERIETA, ESE ENTRAÑABLE BARRIO. SUS EDIFICIOS Y EL RECUERDO DE DOÑA MATILDE.     //      POR: ALFONSO ROVIRA

La Alquerieta, o l'Alquería como rezaba en “les rajoletes” del hort  dels pararra­yos, es una entrañable y querida barriada alcireña donde siempre han sido acogidos con todo cariño los que vivimos en este “cau de raboses”, huyendo de las catástrofes que nos han producido las inundaciones. L’Alquerieta, que cuenta con una elevada cota sobre el nivel del mar, ha acogido y sigue acogiendo importantes servicios que no pueden ser ubicados en el llano donde existe el peligro de la invasión de las aguas de nuestro, a pesar de todo, entrañable río.

Nuestra colaboración de hoy la vamos a dedicar a tres bloques de edificios hoy desapare­cidos donde se ubicaba primeramente la Sericícola, industria de la seda; más tarde la subestación naranjera; después el Hogar Eucaristía y, finalmente, el colegio San Enrique; para terminar en un des­campado montículo. Muy cerca de estos terrenos se sitúa hoy el edificio del Servicio de Protec­ción Civil, dotado de un pequeño helipuerto. 

Industria de la seda, estación naranjera y el Hogar Eucaristía

Los alcireños de mi época recuerdan una puerta enrejada y escalera que ascendía hasta llegar al edificio central y que arrancaba desde el final del Carrer del Pou —Callao—. Allí, en el primer tercio del siglo XX, casi en el ocaso, se ubicaba la industria del gusano de seda. La Comisaría de la Seda, perteneciente a la presidencia del Gobierno, el 14 de diciembre de 1926, por Real Decreto, fomentaba esta industria en las escuelas nacionales. Esta documentación al respec­to se la debemos al incansable investigador alcireño, el maestro nacional Jesús Emilio Hernán­dez, que nos la ha facilitado para que ustedes tengan una idea de esta industria de nuestro pueblo.

Seguía diciendo la Real Orden que para que se fomente en la fiesta del árbol, que la recuerdo bien, se celebraba en el mes de abril, cuando mi padre ejercía el magisterio en esta ciudad, “se planten moreras, a fin de que en las escuelas nacionales tengan base para la cría de gusanos de seda".

Siguiendo un orden de prestación de servicios de aquellos edificios de l'Alquerieta, en el mes de agosto de 1932, fue cuando comenzó a funcionar el Subcentro de la Estación Naranjera de Levante. Nuestro recordado paisano Ernesto Magraner, perito agrícola, describe los servicios que prestaba a los agricultores alcireños en un reportaje publicado en la revista gráfica Xúcar editada el16 de julio de 1935 y que dirigía el archivero municipal Vicente Pelufo Corts. "El Subcen­tro de Alzira, decía el señor Magraner, está dedicado al servicio del agricultor; a la observación de sus huertos, los frutos y en las variaciones de los mismos; la proporción del azúcar; las alteraciones de acidez y la composición química, entre otros menesteres".

La naranja en el término de Alzira, en aquella época, tenía un prestigio considerable hasta el punto de que el 17 de septiembre de 1934, Luis Simarro, presidente de la Cámara Oficial Agrícola de la capital de provincia, escribiera al alcalde de Alzira, Vicente Pellicer, para que la población de La Ribera participara en la exposición de plantas, flores, frutos y aves en los viveros municipales, en el día de la naranja, fijado para el día 7 de octubre de 1934. Allí se puso en escena la obra del compositor almeriense Padilla, autor del conocido pasodoble Valencia, titulada “El pregón naranjero”. Como "la naranja de Alzira, decía el señor Simarro en su carta al alcalde, es de las que gozan de más justa fama en nuestro país y extranjero, me indica la comisión organizadora la conveniencia de que asistiera la Banda Municipal al certamen, pues de este modo el nombre de Alzira quedaría unido a la propaganda que de este acto se tiene que hacer". Desapareció el Subcentro de la Estación Naranjera; el Centro estaba en Burjassot en los años cuarenta.

Pasaron a ocupar estos edificios una buenas alcireñas que, capitaneadas por doña Matilde Gimeno Castillo, dentro de sus posibilidades, ayudaban a los niños de la barriada con enseñanza y algún que otro alimento, tan escaso en la época. De aquellas heroicas mujeres recor­damos también a Zoe Dolz, que era tía del doctor Camilo Dolz, alcalde que fue de nuestra ciu­dad. Ellas fundaron el Hogar Eucaristía. Con el tiempo vendrían las Hermanas Obreras de la Cruz y el colegio de la Sagrada Familia. 

Casa de les malaltetes

Tenían doña Matilde y sus compañeras una casita donde hoy se sitúa el colegio, al lado de donde ha estado más de treinta años el centro emisor de Radio Alzira, que denominaba popular­mente la "casa de les malaltetes" donde residían algunas jóvenes que tenían el bacilo de Koch —tuberculosis—. Eran marginadas por sus familiares y estas buenas hermanas las acogían y cuida­ban.

Más tarde, estos edificios albergaron a niños hijos de enfermos del sanatorio lazareto de Fontilles. Se denominó Colegio Preventorio San Enrique y era regido por hermanas Franciscanas. Por su parte, frente a este preventorio, doña Matilde fundó el colegio Sagrada Familia, que sigue funcio­nando con nutrida matrícula.El grano que aquella buena alcireña doña Matilde Gimeno Castillo sembró en la buena tierra del barrio de l'Alquerieta, fructificó en el transcurso del tiempo en esta barriada que ella tanto quiso y que los alcireños seguimos apreciando mucho.

Alfonso Rovira, 03.05.1992

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (15) // LAS CALLES DEL RECUERDO. MAYOR SANTA CATALINA, LA CALLE CON MÁS COMERCIOS // POR: ALFONSO ROVIRA

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (15)     //      LAS CALLES DEL RECUERDO. MAYOR SANTA CATALINA, LA CALLE CON MÁS COMERCIOS     //      POR: ALFONSO ROVIRA Que un servidor tenga conocimiento, en ninguna parte tienen el privile­gio de contar con tres calles mayores como en nuestra Alzira. Por orden de antigüe­dad, Mayor Santa María, en la barriada del Cristo; Mayor Santa Catalina, en el cora­zón de La Vila, y Mayor San Agustín en el arrabal.

La calle Mayor Santa Catalina es la que nos ocupa hoy este espacio, ya que disponemos de imagen gráfica antes del derribo de la casa donde se situaba la plate­ría Villanueva. En el piso superior vivía Ricardo Fluixá Gómez, director de la Escuela Municipal de Dibujo, casa que formaba la desaparecida plazoleta de Colón, que daba nombre al café y hotel hoy transformado en cine. Podríamos decir, sin lugar a dudas, que era y sigue siendo la calle que más comercios acoge en esta ciudad. En ella, también per­sonas, unas que ya no están con nosotros y otras que afortunadamente viven aún. ¿Quién de mis contemporáneos no ha sido alumno de don Juan Bialcanet Latorre, que tenía su academia al principio de la referida calle y a la que se accedía por la del Amparo, arriba de la exposición de muebles de Salvador Carreres Oliver? Seguía por los números pares, el primer comercio cuando llegó a Alzira, Jacinto Sarasqueta Aguirregomezcorta; después el ordinario Antonio Requena y al lado, cerrando la manzana, hoy desaparecida, el médico dermatólogo Celestino París Pe­llicer, que contaba, si mal no recuerdo, con una gran familia numerosa de ocho hijos. En la siguiente esquina, Casa Bernardeta, seguida de  la fonda Victoria de la familia Gratacós. Una pequeña capilla, dedicada a nuestra Señora de los Ángeles, seguía más abajo; después de la casa los Bonora; el ordinario Alejandro López, que hacía esquina con la calle Doctor Ros; la siguiente casa era de los Mizzi, y junto a ella, el taller de Muebles Ramírez y su octogenario propietario, el señor Pepe, con el que aún tenemos el grato placer de conversar muchas veces.

Cuantos de los de mi época han aprendido a escribir a máquina en casa de Francisco Mínguez Villena, a cuyo edificio seguía la del constructor alcire­ño Emerano Gil Porcar, que fue administrador de la estafeta de Correos de nuestra ciudad en la década de los años cuarenta. Salvador Benedito era un canoso zapatero que tenía su taller al lado de la casa de don Emerano y a la vuelta de la misma, como hacemos referencia en la foto que publicamos, se situaba el taller de relojería de Revert y el horno de la señora Tereseta España. En el piso superior, el metge Manuel Just, junto al horno el Hotel y café Colón. De regreso nuevamente al principio de la calle, en los números impares, en la primera casa vivía el abogado Hilario Sanchis Coll; más adelante, la farmacia de Francisco Tena, y en la esquina siguiente, la administración de lotería de la señora Amparo, que era de Segorbe. En el piso superior, la Comisaría de Policía.

¿Quién no se acuerda de ir a comprar el “potet” de tabaco, con la cartilla de racionamiento al respecto, al estanco y era atendido por las hermanas Isabel, Bernardina o Concha España? Al mismo lado vivía el sastre Donato y el “coeter” Crespo. Más adelante, el sastre Garrigues, que por añadidura era un buen poeta; la frutería de la señora Catalina, extremeña, que tenía las mejores manzanas o limones que se habían visto jamás; después estaba la platería de Rogelio Gramaje, La Bola de Oro. Seguía la exposición de muebles Llavador y la farmacia de Carbonell. No nos podemos olvidar de la peluquería del bueno de Tomás Sánchez y Constan­tino Belenguer; y a continuación la casa donde residió el cirujano Rafael Olivares Bel. Después, en una pequeña manzana de casas, Ramón Juncá, que reparaba toda clase de artículos de goma; la droguería “El Sol”, de Salvador Mascarell y, al mismo lado, el taller de vainica y pequeña bodega de "Panchito"; la calle del Dr. Sociats; la pastelería de Arnalte; la tienda de telas "La Mona" del señor Pedro González Luis y, hasta el final de la calle, la imprenta Lledó y el edificio más elegante y moderno de la época, que en su día albergó el cupón regalo, antaño una peluquería de caballeros. En aquella vivienda residían, entre otros, Salvador Bono Montalvá y los maestros nacionales Alfonso Escudero y su esposa Agustina Benedí, que a tantos niños y niñas impartieron su magisterio en esta ciudad.

A los que se fueron ya y a los que quedan entre nosotros, que vivieron y traba­jaron en esta entrañable calle alcireña, nuestro más cariñoso recuerdo. 

Alfonso Rovira, 06.04.1992

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (14) // LA LIBERACIÓN DE LUIS SUÑER, SECUESTRADO POR ETA EL 13 DE ENERO DE 1981 // POR: ALFONSO ROVIRA

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (14)     //     LA LIBERACIÓN DE LUIS SUÑER, SECUESTRADO POR ETA EL 13 DE ENERO DE 1981     //     POR: ALFONSO ROVIRA

El martes pasado, 14 de abril, no solamente se cumplía el XLI aniversario de a la proclamación de la II República Española; también era el XI de la feliz liberación de nuestro querido y recordado paisano el empresario Luis Suñer Sanchis, después de noventa y un días privado de libertad.

Era el 13 de enero de 1981 y martes por añadidura. En el programa informativo “Terra Nostra” de Radio Alzira, que como todos los días realizaba la ribereña emisora, el que suscribe se hallaba realizando el programa informativo acompañado de Eleuterio Grau. Al término del mismo comentábamos para los oyentes la fecha “13 y martes”, y añadíamos que era una fecha para supersticiosos. A las 20.45 de aquel mismo día se producía la fatídica noticia que corría como un reguero de pólvora por la ciudad. Luis Suñer había sido secuestrado por ETA. En el programa Hora 25, de la Cadena SER, lo dábamos a conocer a toda la nación y durante tres meses que duró el secuestro nos ocupamos de ir ofreciendo las noticias que iban llegando a la redacción de Radio Alzira.   

14 de abril de 1981 

Poco después de la medianoche nos llegó la buena nueva de la liberación del empresario alcireño. Conforme avanzaba el día se iban conociendo nuevas noticias y en los alrededores de la residencia de la familia Suñer se iban congregando cada vez más gente, ávida de ir conociendo novedades.

José Palacios, que durante el secuestro había sido el portavoz de la familia en los meses transcurridos de incertidumbre, iba dando a conocer a los representantes de los medios de comunicación las primeras manifestaciones del recién liberado que no eran otras que el deseo imperioso de Suñer de poder viajar hasta Alzira para abrazar a su familia.

A las 13.30 de este 14 de abrí llegaba la comitiva a Alzira, siendo recibida por una gran muchedumbre de alcireños que le vitoreaban y aplaudían. Entre las gentes estaba la banda de música de Alzira, las fallas y autoridades locales. Poco después de las cuatro de la tarde, José Palacios reunió a la prensa en un salón de la primera planta de la residencia Suñer y fueron sus primeras palabras de agradecimiento por la objetiva colaboración, pudiendo asegurar  que —decía Palacios— “habían contribuido a que don Luis estuviera ahora en su casa”. 

“Nunca he llorado tanto” 

Luis Suñer, contó a los periodistas los primeros pasos desde que fue liberado:  “al terminar el chequeo en el hospital, aunque me invitaron a dormir en casa de unos amigos, manifesté mi deseo de viajar a Alzira, a donde henos llegado a la una y media. Mi afán principal era ver a mi familia. La emoción que me he llevado ha sido enorme en este viaje, desde que salí de Logroño he llorado tanto que al llegar a Alzira no me quedaban lágrimas. Estoy muy agradecido a mi ciudad porque ha demostrado que me quiere, yo he hecho siempre lo que he podido por mi pueblo y quizás ahora, si puedo, haré más. Quiero que mi pueblo tenga la industria que deben tener, como lo deseo para Valencia, porque Alzira está en Valencia y es España. Hace un momento, en la calle, nuestra banda de música ha interpretado el himno regional y me he emocionado mucho”.

Al finalizar la rueda de prensa, en la que se encontraban periodistas de toda España, se dio cuenta Luis Suñer de la presencia del que suscribe y, acercándose, me dio un abrazo, motivo que reflejamos en la foto que acompañamos.

Las fallas de Alzira, cuya junta presidía Eduardo Gallardo, prepararon una jornada fallera, ya que Luis Suñer no había estado presente en las fiestas josefinas del último ejercicio. Así pues, el sábado 23 de mayo se llevó a cabo una fiesta fallera completa. Hubo una plantá, despertá y crema de una falla acompañada de un castillo de fuegos de artificio. La idea de este homenaje fallero a Luis Suñer fue sugerido en el seno de la Juta Local Fallera por el representante de la comisión de la falla de la plaza Mayor y tuvo una buena acogida entre las demás presidencias de comisiones. El monumento fallero fue obra del artista Vicente Luna y se plantó cerca de los casalicios de los Santos Patronos. Como cualquier día de San José, aquel sábado 23 de mayo de 1981, la comitiva festiva partió de la plaza Primero de Mayo, cerrando el cortejo las falleras mayores María Mercedes Mascarell y María Ángeles Ramírez, con sus cortes de honor, acompañadas por la banda de música. A medianoche, después de agradecer esta distinción a todos los falleros, Luis Suñer prendió la mecha de la traca destinada a quemar la falla. Más tarde, seguiría el baile amenizado por una orquesta para todos los que se habían congregado en la Avenida, alrededor de la falla. Así fue como los falleros, la idiosincrasia de un pueblo, homenajearon a  Luis Suñer, su benefactor de siempre. Y Aquí estamos nosotros para recordarlo.

Alfonso Rovira, 19.04.1992

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (13) // ANECDOTARIO Y MÁS PREGONEROS EN LA SEMANA SANTA DE ALZIRA // POR: ALFONSO ROVIRA

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (13)     //     ANECDOTARIO Y MÁS PREGONEROS EN LA SEMANA SANTA DE ALZIRA     //     POR: ALFONSO ROVIRA

En la pasada “Estampa” nos ocupábamos de los pregones de Semana Santa.  En esta ocasión comentaremos anécdotas y costumbres que hemos vivido siguiendo los actos que ha realizado la Junta de Hermandades y Cofradías en la visita de los pregoneros a nuestra ciudad en los últimos años. Muchos de ellos —no es el caso del cardenal Tarancón—, a pesar de venir extensamente documentados de la historia de Alzira, quedaron  deslumbrados al entrar en la antigua isla de Júcar y contemplar la vega naranjera desde la Muntanyeta del Salvador, el santuario dedicado a la patrona nuestra Señora de Lluch y en donde firmaron en el libro de la Real Cofradía. También se sorprendieron por la recepción de la corporación municipal en el ayuntamiento y la visita a su rico archivo. Disfrutaron del paseo por las calles y plazas de la población y finalmente el pregón que se ha realizado en distintos escenarios a lo largo de los años y, sobre todo, la convivencia por unas horas con los habitantes de estas tierras de color naranja.

El día 30 de marzo de 1985, a las 13:37,  llegaba a las puertas del ayuntamiento el cardenal Tarancón, en plena transmisión del programa informativo “Terra Nostra” de Radio Alzira. El que suscribe abordaba a su eminencia reverendísima, quien nos manifestaba: “molt agust arrive a Alzira per ser el portaveu del poble en estes festes de Semana Santa i estic molt content, perque me han fet un recibiment extraordinari. Crec que han manifestat la vostra socarronería, perque tenim fama els burrianencs de ser fanfarrons, però me pareix que hi ha molts  pobles de la Ribera que quasi ens guanyen. Jo salude carinyosament a tots els fills d’Alzira”.

Este mismo día, 30 de marzo, se cumplía el VII aniversario de la proclamación canónica de la Virgen de Lluch en su santuario. El pregón lo pronunciaría en el parador fallero de la calle Mayor San Agustín, cedido por la familia Suñer para esta ocasión, ya que el Gran Teatro no estaba en condiciones para este menester, por haber sufrido, como en toda la comarca, los daños ocasionados por el desmoronamiento de la presa de Tous.

Y así, siguieron al cardenal: el padre Martín Patino; al año siguiente Gregorio Peces-Barba Martínez, que había sido presidente del Congreso de los Diputados, quien glosó en su disertación sobre “El proceso y la muerte de Jesús”. En 1988 los alcireños pudieron escuchar la exquisita dicción del académico de la lengua Joaquín Calvo Sotelo, quien manifestaba en su visita al santuario que había pasado varias veces por Alzira sin haberse detenido, y “no se qué penitencia habré de pagar por ello. Pero, desde luego, mi arrepentimiento y dolor de corazón. Este es un paraje fuera de serie y no dudo que la Virgen esté mejor hospedada que lo está aquí”. Otro miembro de la Real Academia, José García Nieto, fue el pregonero que deleitó a los alcireños con sus versos. Esto ocurría en el año 1989 en el cine Reyno.

De los dos últimos años, podemos recordar a dos ilustres doctores en la palabra: el murciano Manuel Augusto García Viñolas y el famoso locutor Matías Prats Cañete. Sobre todo las dedicatorias escritas en los libros de oro de la Real Cofradía de la Virgen de Lluch y el del ayuntamiento de la ciudad. En el pregón pronunciado en el Gran Teatro por Matías Prats, donde hizo una detallada cronología de los “Pasos” de la Semana Santa alcireña, dijo que se sentía muy satisfecho “por haberme proporcionado la ocasión gratísima de estar entre vosotros en esta bendita ciudad, inmerso en el perfume de las naranjas, respirando el aire que transmiten los huertos fecundos, sintiéndome ribereño con vosotros, capitalino de la Ribera Alta por unas horas. Estoy extasiado, confieso, entre el poderío agrícola industrial y comercial de la Villa que os vio nacer, vivir, sufrir y prosperar. Todo lo percibe el pregonero que llega a Alzira para exaltar la más bella de sus tradiciones: la Semana Santa”.

Todos los pregoneros fueron obsequiados en la recepción en el ayuntamiento, de manos del alcalde, en aquella época Francisco Blasco, con un ejemplar de la lujosa edición de los Pergaminos de la Cancillería Real,  que en su día preparó y escribió para conocimiento de todos el recordado sacerdote alcireño, cronista oficial de Alzira y archivero municipal, José María Parra Ballester.  

Alfonso Rovira, 12.04.1992

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (12) // LOS PREGONES DE SEMANA SANTA Y SUS PREGONEROS // POR: ALFONSO ROVIRA

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (12)     //     LOS PREGONES DE SEMANA SANTA Y SUS PREGONEROS     //     POR: ALFONSO ROVIRA

Siempre ha tenido importancia y relieve el pregón que abre pórtico a la Semana Mayor de Alzira, cuya celebración arranca del siglo XVIII. Desde la mitad de los años 50 en que el que suscribe comenzó la andadura en los medios de comunicación, será el tiempo transcurrido hasta nuestros días lo que comenta­remos en el reportaje de hoy. Serán básicamente los pregones y sus pregoneros que "hacen en voz alta y en lugar público", como reza el diccionario.

En el año 1958, el pregón estuvo a cargo del poeta alcireño Enrique Marzal Boluda, miembro de honor de la Institución Mundial Católica. Se celebró en los salones del Círculo Alcireño el día 23 de marzo. El maestro nacional, muy querido en Alzira, Gonzalo Hernández Macías, se encargó de pro­nunciarlo el día 21 de marzo de 1959, en el mismo lugar. En 1960, el día 9 de abril, se representó en el Gran Teatro  la obra del periodista algemesinense Martín Domínguez Barberá, “¿No n'eren deu?” En el Círculo Alcireño, el día 25 de marzo de 1961, estuvo el pregón a cargo de un doctor en teología, el conocido sacerdote Juan Benavent. El 11 de abril de 1962, pronuncia­ría el pregón de la Semana Santa, Pedro Ruíz Tomás y tuvo como escenario el Teatro Cervantes.

El sábado 5 de abril de 1963, Diego Salas Pombo, ex gobernador civil de Valencia, pregonó la Semana Santa en el Teatro Cervantes, siendo presentado por el catedrático del Instituto Rey Don Jaime, Gregorio Jiménez Salcedo. El alcalde Bernardo Andrés Bono, le hizo, en aquella ocasión, entrega del título de hijo adoptivo de la ciudad, concesión que le había sido otorgada con anterioridad y que Diego Salas rehusó mientras desempeñara el cargo oficial. El día 21 de marzo de 1964, deleitó al selecto auditorio el catedrático Gregorio Jiménez Salce­do, también en el Teatro Cervantes. Terminaba esta primera cronología de pregoneros en el año 1965. En el Teatro Cervantes lo realizaría el Padre Oltra, superior del colegio San Antonio de Carcaixent. Pasaron los años y recordamos a: Francisco Llácer Domingo, Germán Palop Gimeno, Juan Fe­rrer Ferrandis, y Bernardo Martínez. Catorce años transcurridos con motivo de la toma de posesión de los ayuntamientos demo­cráticos, la Coordinadora de Cofradías de la Semana Santa pasó a llamarse Junta de Her­mandades y Cofradías, teniendo autonomía propia. Fue su primer presidente Alfredo Borrás Pas­cual, quién organizó la procesión y todos los actos correspondientes, a partir de 1980.Desde 1986 la presidencia la ostenta Bernardo Carrió Carrascosa, también con un buen conjuntado equipo directivo y dos miembros de cada cofradía o hermandad llevan a cabo los actos que tienen asignados.

El pregón de la Semana Santa lo recuperó Alfredo Borrás en 1982. Fue el pregonero de aquel año, el canónigo de la Colegiata de Xàtiva, Vicente Bertomeu y el presentador Segundo Álvarez. El local del pregón fue el cine Giner. Posteriormente, en el año 1983, teniendo como escenario el Gran Teatro de la capital de La Ribera Alta, realizó el pregón de la Semana Santa el padre capuchino Estanislao María de Guadassuar. En esta ocasión, el presentador fue el autor de estas crónicas semanales. Un año más tarde, en 1984 ,  también en el Gran Teatro de Alzira, tuvo lugar el pregón de la Semana Santa; que en esta ocasión lo ofreció Bernardo Pastor, párroco de San Juan. El presentador fue Rafael Álvarez, redactor de Radio Vaticano. En 1985 el pregonero fue el cardenal Vicente Enrique y Tarancón y presentador el historiador alcireño Bernardo Montagud Piera. El marco que acogió este pregón, fue el parador fallero de Mayor San Agustín.

En la Semana Santa de 1986, en el Gran Teatro, el pregón lo pronunciaría Gregorio Peces Barba, siendo el presentador el archivero municipal, Aureliano Lairón. Este año correspondió la expo­sición provincial a Alzira, siendo la misma en el pabellón polideportivo Fontana Mogort, donde Bernar­do Montagud condujo a través de Radio Alzira un programa por donde desfilaron represen­tantes de todas las cofradías existentes en la ciudad.

Joaquín Calvo Sotelo fue el pregonero de 1988. El local elegido para este acto fue el Cinema Reyno y su presentador el locutor de Radio Alzira, Francisco Grau. En 1989 también se escogió el Cinema Reyno. El pregón lo pronunció José García Nieto y el presentador, Fernando Ruíz. Al año siguiente estuvo a cargo de Manuel Augusto García Viñolas y su presentador Bernardo Clari, responsable de la Delegación Comarcal del periódico Levante EMV en La Ribera. El pasado año el pregonero fue el famoso periodista Matias Prats Cañete y presentador, el arqueólogo municipal, Agustín Ferrer. Tras este largo recorrido por una parte de la historia de Alzira, llegamos al presente año 1992. El pregón corresponderá a la periodista Pilar Urbano y será presentado en el Gran Teatro por Eduard Salvador Martínez Darás.

Alfonso Rovira, 05.04.1992

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (11) // DE LA CASA DEL XAVO A LA CITA PREVIA // POR: ALFONSO ROVIRA

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (11)     //     DE LA CASA DEL XAVO A LA CITA PREVIA     //     POR:  ALFONSO ROVIRA

Los centros sanitarios de Alzira antes del Hospital Comarcal. Crónica escrita en el año 1992. 

El miércoles 1 de abril de 1992 era inaugurado el centro de salud de Alzira en la calle de la Paz, muy cerca del hospital Santa Lucía. En este lugar trabaja el equipo de atención primaria. Los usuarios encuentran en este centro una gran cantidad de recursos humanos a cargo de profesionales de la medicina, cita previa y otros servicios. Aprovechando la puesta en marcha de este Centro de Salud, hagamos un retroceso en el tiempo y recordemos un poco lo que fueron en Alzira los servicios de sanidad.

La Casa del Xavo, entidad en la que los trabajadores cotizaban con un xavo para des­pués tener derecho a la jubilación. Se situaba en la calle Hort dels Frares, donde estuvo el casino carlista. Las oficinas de este Instituto Nacional de Previsión las dirigía el alcireño José Moscardó, padre de la conocida familia compuesta por Marita, Ángeles, Pepa, Carmen, José y Rafael Moscardó Alcón. Al terminar la contienda fraticida de 1936/39, el INP y el consultorio médico se instaló en el edificio del Ateneo, con entrada por Faustino Blasco, ocupado hoy, en 1992,  por el Cuerpo Nacional de Policía.

Años más tarde pasó a la casa de los Magraner, junto al Ayuntamiento, dirigiendo la agencia del INP Ernesto Aleixandre Alzamora, que estuvo ocupando el cargo durante 25 años. El inspector médico, un canario, Luis Rodríguez Batllori, se integró completamente con la sociedad alcireña. Doctores que pasaron consulta en este ambulatorio fueron: Miguel Rodríguez de Arellano, Vicente Ferrer, Vicente Sifre y Manuel Just. Practicantes: Daniel Zamora, Antonio Urcía, Juan Blasco, Ernesto Fontana, Luis Sánchez y José Calvo, entre otros. Prestaban servicios administrativos, Juan Mizzi, Francisco Izquierdo, Ricardo Flores y Ampa­ro Bonora. De los celadores de la época solamente queda Pascual Sierra.

En la década desde 1930  a 1940, donde hoy se sitúa el ambulatorio de los Santos Patronos, era la plaza de toros. Las casas de la parte derecha de Reyes Católicos, daban al campo. Llegados los años cuarenta, el industrial molinero Ricardo Aliño ponía en marcha la construcción de un nuevo molino para modernizar las instalaciones que disponía en la carretera de Guadassuar. Era una época difícil, no se importaba maquinaria del extranjero y el señor Aliño tuvo la feliz idea de montar un stand por su cuenta en la Feria Internacional de Muestras de Valencia y brindársela a un fabricante del sector, quedándose con la maquinaria al terminar la muestra. Pero el molino no se puso en marcha hasta que Cartonajes Suñer  trasladara la fábrica a las nuevas instalaciones al pie de la Montañeta del Salvador, debido a que, como ustedes saben, la fábrica de Luis Suñer fue destruida por el incendio acaecido en octubre de 1945, en la calle del Doctor Ferrán. En marzo del año siguiente, gracias a la amistad que le unía con Ricardo Aliño, éste le prestó la importante ayuda de cederle los locales del proyectado molino.

El lunes 8 de mayo de 1968, después de haber transferido al INP —Instituto Nacional de Previsión— el edificio donde Ricardo Aliño tenía el molino, el ministro de trabajo, Jesús Romeo Gorría; acompañado por el gobernador civil, Antonio Rue­da; el alcalde de Alzira, José Pellicer; el delegado de trabajo, Alberto Jarabo Payá y del que fue también gobernador civil de Valencia, Jesús Posada Cacho; se inauguraba el nuevo ambulatorio de la Seguridad Social bajo el nombre de  “Santos Patronos”.

En la imagen que acompañamos podemos ver personas que asistieron al acto: los doctores París Pellicer; Emilio Zarzosa; Rodríguez de Arellano; Forcadell Solé; el practicante, José Calvo; la jefa de enfermeras, Carmen Llopis; el pre­sidente de la Junta Local Fallera, Alberto Rubio; la Fallera Mayor, Fina Benedito; el párroco de los Santos Patronos, José María Mestre y los representantes de los medios de comunicación Ismael Mascarell y Ángel Ares, entre otros.

El ambulatorio de los “Santos Patronos”, desde hace 24 años que lleva fun­cionando (esta crónica está escrita en 1992), se ha visto incrementado en nuevas instalaciones técnicas y, ahora, como decíamos al principio, el miércoles próximo, muy cerca del hospital, nace una im­portante ayuda en beneficio de los usuarios: el Centre de Salut d'Alzira, que ha puesto a punto el Servicio Valenciano de Salud. Esperemos que un día no muy leja­no se complete con el hospital comarcal. 

Alfonso Rovira, 29.03.1992

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (10) // LA TABERNA DEL "GLORIETERO" // POR: ALFONSO ROVIRA

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (10)     //     LA TABERNA DEL "GLORIETERO"     //     POR: ALFONSO ROVIRA

 Entre los licores de la bodega y los perfumes de las flores 

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¿Qué recuerdos les trae a mis contemporáneos la imagen de hoy? Aunque no tiene nada que ver el comercio de bebidas, puesto que nuestro recordado señor Paco “El Glorietero” vivía en el piso superior, la taberna de la planta baja la conocíamos como la "Casa del Glorietero". Era una casa de despacho de bebidas frecuentada por gentes del campo,  trabajadores de las distintas industrias del alrededor o por los numerosos pescadores que por aquellos ya lejanos tiempos eran bastantes. Estos últimos bajaban al río Júcar con sus cañas, y en las inmediaciones del puente de hierro probaban su paciencia en la pesca del barbo. Algunos venían de Xàtiva en tren, dormían en el sótano de la casa y al amanecer se acercaban al río para pescar y llevarse a su casa la cesta llena de pescado.

La casa que hoy reproducimos en la fotografía se situaba, para los que no la conocieron, cercana al puente de hierro, en el enclave de la carretera de Algemesí, cerca de la estación del ferrocarril. Frente a la casa recordamos haber visto dirigir el tránsito rodado, cuando los carros se dirigían al muelle de la estación para descargar el fruto dorado que se enviaba a Europa, por policías urbanos, tocados con su casco blanco. Cabe recordar algunos de ellos: el andaluz Antonio Heredia y su simpatía, el "manitas" Aureliano Lozano, la seriedad de Andrés Grau o la bonanza de José Barroso.

Francisco Valle Romero, como hemos dicho, vivía arriba de la taberna. Al mismo lado del local disponía de un pequeño terreno donde cultivaba flores para la venta en la festividad de Todos los Santos. Era, además, el jardinero municipal desde 1901. Estuvo en activo hasta los 92 años, falleciendo el 27 de agosto de 1962. El señor Paco, como familiarmente le llamábamos, era muy querido por todos y se caracte­rizaba por su bondad y buena educación. Aún le recordamos llevando a cabo su menester en la plaza mayor, en la glorieta, ataviado con su uniforme y su bastón, cuidando de que fueran respetadas las flores y plantas que él, toda su vida, había cultivado con todo cariño.

La casa del "Glorietero" situada en el entorno de las carreteras comárcales 3320 y 3322,  que discurrían por el centro de la población, fue derribada por el ayuntamiento en el mes de agosto de 1966; procediendo Obras Públicas a la ordenación de la carretera para su ensanchamiento. Los últimos moradores de la taberna fueron Eloy Ruiz y su madre Carmen Artés, que pasaron posteriormente a regir el bar de La Parrilla en la Avenida de los Santos Patronos.

Antes de llegar a la desaparecida chimenea que ven en la foto, levan­tada en 1907 y derribada por el maestro de obras Alberto Alós, estaba situado "El Palaciet", un lujoso chalet que mandó construir Vicente Pardo, el de la serrería mecá­nica poco más abajo, que también fue el que trajo la luz eléctrica a Alzira en 1900. La entrada al "Palaciet" era de piedra sillar y en el interior el piso era de mosaico. Posi­blemente,  las piedras base del edificio estén enterradas bajo los escombros que dejó en 1936, en plena fraticida guerra civil, una bomba que la "Pava" descargó con la idea de volar el puente de hierro; una de ellas cayó rozando el puente al río Júcar, la otra fue a dar de pleno en "El Palaciet", destruyéndolo totalmente. Queda, en lo que fue Serrería de Pardo, una chimenea interior. Una parcela de la serrería pertenece a lberdrola y donde se situaba “El Palaciet” es una propiedad de los herede­ros de Ramón Flor. De la chimenea, que fue derribada por Alberto Alós, fueron de­jando caer los ladrillos en montones de arena para aprovecharlos después en otras construcciones.

Después de la contienda, desde el 1936 a 1939, un grupo de exportadores, capita­neados por Ramón Flor, intentaron construir una fábrica de derivados de cítricos, pero no hubo respaldo del gobierno. Adquirieron unos terrenos en el huerto de la "Tancà de Butiñes" y años después, al no poder llevar a cabo esta realidad, Ramón Flor y compañía procedieron a su venta. El producto sobrante de la compraventa fue distribuido entre los centros necesitados, como la Beneficencia, el Hospital y el Asilo. 

Alfonso Rovira, 22.03.1992

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (9) // UN RECORRIDO POR LA CALLE JÚCAR // Por: ALFONSO ROVIRA

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (9)     //     UN RECORRIDO POR LA CALLE JÚCAR     //     Por: ALFONSO ROVIRA

Una avenida sin árboles ni ciencia 

No sabemos con exactitud la fecha en que fueron talados los cinco árboles los plátanos en la calle Júcar, situados pasada la pasarela o el pontet de Tudela, en el arrabal, a la otra parte del río Barxeta. Dionisio Cárceles fue el encargado de la tala para dar paso al cemento y el hierro que lo convertiría en las edificaciones de la avenida de los Santos Patronos. Fue el 27 de mayo de 1969, dato que nos ha completado Carlos Ramírez Canet, el “marmoliste“ de la calle Júcar. Éste era hijo del señor Aurelio Ramírez, propietario de esta industria del mármol, antes de José Valls Goig, el “torroner”, con quien formaba sociedad el señor Aurelio.

En la fotografía con que ilustramos nuestro reportaje, tomada ese día 27 de mayo de 1969, vemos caído el último árbol que se situaba frente al taller de mármol. Identificamos, de izada. a derecha, a Dionisio Cár­celes, con 23 años menos que ahora; Aurelio Ramírez y su padre, el señor Aurelio, que conversa sobre la tala de estos árboles centenarios con el carpintero, vecino de esta calle, Vicente Osca.

En Alzira habían árboles de este tipo, plátanos, en la subida a la montañeta del Salvador; al principio del Cami Nou de Gandía, en el “sequer alt” de Amat; en las carreteras de Alberic, Guadassuar, Carcaixent y Algemesí; así como en el tramo del puente de hierro a la estación de ferrocarril. Poco a poco, con el “progreso”, han ido desapareciendo.

El árbol de la imagen podríamos situarlo frente a Mármoles Ramírez. Imagínenselo ustedes, a la izquierda de la foto se sitúa la primera finca que fue construida en esta vía, el Edificio Avenida. Dando un repaso de película por nuestra memoria, la calle Júcar arrancaba, como hoy, en la plaza Mayor, desde el edificio de Correos; no había calle en la parte por donde discurría el río Barxeta. En las primeras casas tenía el almacén de “cacauet” José Gregori Furió,  después el taller mecánico de Cortina y,  al lado, vivía la familia de Lucas Hernández, el gitano. Al lado de la calle Téjar Martí vivía Sebastián Gil, el taxista. Más adelante el tornero Fernando Roca Cubells; después Elvira, florista que hacia maravillas con el arte de la cera; el taller de Ramí­rez; el almacén de frutas de Héctor Garrido; Nelo, el pedrero, que cortó la piedra en la cantera donde hoy se sitúan las viviendas de la Graella. Al terminar la calle Júcar, que los alcireños conocemos popularmente como el Camí Fondo, se situaba la cochera de pompas fúnebres de “Morro Tallat”. Los miércoles, en el primer tramo de la calle Júcar, se reunían los tratantes de caballería para llevar a cabo las transacciones. También hemos sabido que los labra­dores que poseían caballerías para los menesteres del campo, “rossins”, que tenían mal de patas, los llevaban al río Barxeta y bajo del pontet de Tudela  los dejaban en la corriente del agua hasta que sanaban.

Las tierras a ambos lados del río, desde pasado el puente de Sant Bernat hasta la desembocadura del Barxeta, una vez pasado el puente de hie­rro, eran tierras de cultivo donde los agricultores recogían sus cosechas ¡y no vean ustedes qué cosechas!

También la calle Júcar, a la altura de la casa de Mármoles Ramírez, era el punto de reunión de despedida de los entierros.

Carlos Ramírez, hijo del señor Aurelio, conserva un trozo del tronco de este árbol que fue talado con la fecha grabada del día su desaparición.  

Alfonso Rovira, 15.03.1992