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EL SEIS DOBLE - DIARIO DIGITAL DE ALZIRA

Articulistas ----------------------- Alfonso Rovira

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (24) ----- HISTORIA DE LOS LAVADEROS EN ALZIRA ----- POR: ALFONSO ROVIRA

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (24)  ----- HISTORIA DE LOS LAVADEROS EN ALZIRA  -----  POR: ALFONSO ROVIRA

Creemos, y así parece que fue, que hubo lavaderos públicos en Alzira antes de los que comenta­mos hoy. En el Museo Municipal, su director, Agustín Ferrer, nos ha mostrado una fotografía donde se inauguraba uno de ellos; Isabel Albarracín, empleada del mismo, ha reconocido a alguno de los que asistían a la inauguración. Quizá fuera en la barriada de I'Alquerieta. Hoy describiremos los lavaderos que hemos conocido, que se situaban en cuatro puntos de la población. El primero en la barriada del Hospital, el segundo en la calle del Cid, el tercero en l'Alquerieta y el último en Les Barraques.

En el Pleno de la Corporación Municipal celebrado el 1 de julio de 1975, presidido por el alcalde Dr. Camilo Dolz, se trató de la supresión de lavaderos públicos, tras una encuesta practicada entre los vecinos sobre la utilización de estos servicios o si bien los disponían en sus domicilios. Ex­ceptuando los vecinos de Les Barraques, donde de momento era necesario el lavadero, el resto ya disponía de este menester.

Un poco de historia

La necesidad de construir un lavadero municipal nace con sólo considerar que en 1932  Alzira carecía de tal servicio, por lo cual, el ayuntamiento, percatado de la necesidad, "hace un pequeño esfuerzo económico, para conseguir su pronta puesta en servicio".

El arquitecto municipal, Juan Ríos Cogollos, diseñó el proyecto a realizar en una parcela del ayuntamiento destinada a jardines, detrás del hospital Santa Lucía. Tenían los terrenos 220 metros cuadrados y acceso por tres puertas. La subasta de las obras se llevó a cabo el 20 de octubre de 1932 y fueron adjudicadas al contratista Enrique Galán Puig por 18.407 pesetas, obras que el señor Galán entregaría terminadas un año después, en octubre de 1933.

El abastecimiento de agua para las balsas lavadero procedía de la perforación que realizó el “pouero” José Balaguer. El contrato especificaba que si encontraba agua antes de 15 metros le sería abonado a 65 pesetas el metro. De prolongarse hasta los 30, al mismo precio y si pasara de los 30, a razón de 75 pesetas hasta los 45 metros. No hemos encontrado documentación de hasta donde perfo­ró el señor Balaguer.

Lavadero numero 2

También el mismo año, 1932, Rafael Birlanga, vecino de Valencia, propietario de unas parcelas urbanas de las calles Figueras y Cid, renunció a indemnización alguna de estos terrenos para ser desti­nados a un lavadero público, cediendo los mismos al ayuntamiento. La superficie era de 227 metros cuadrados y el presupuesto de las obras ascendió a la cantidad de 32.560 pesetas. El contratista de las obras fue Agustín Caries, que las terminó en diciembre de 1934, habiendo comenzado un año antes. Hoy, el recinto donde se situaba el antiguo lavadero de la calle del Cid, lo ocupan los miembros de la falla Albuixarres-Cami Fondo.

Lavadero número 3

En marzo de 1936, Joaquín Lacasta, propietario que fue de l’Hort del pararrayos, la desapareci­da casa de I'Alquerieta, cedía los terrenos de su propiedad para construir el lavadero público de l'Alquerieta. El proyecto lo diseñó Juan Guardiola, como arquitecto municipal interino, en septiembre de 1936. Su coste fue de 33.066 pesetas y fue a cargo de la Administración, puesto que las dos subastas que se llevaron a cabo se declararon desiertas. No sabemos si es que escasea­ban los contratistas, ya que nos encontrábamos en plena guerra civil. Como anécdota, señalar que el ayuntamiento solicitó al Ministerio de la Guerra materiales de construcción, principalmente cemento y hierro, dada su escasez, para la construcción del referido lavadero que se terminó el 23 de marzo de 1937.

Lavadero número 4

En julio de 1937, el alcalde recibió una solicitud, firmada por los vecinos de Les Barraques en tinta roja, “en full de paper de barba”, en la que decía: "Camarada alcalde, los abajo firmantes, en represen­tación del vecindario del Arrabal de Santa María, solicitan la construcción de un lavadero municipal".

Se construyó en la calle General Castaños, 13 y las obras costaron 4.936 pesetas. Las aguas para las necesidades de este lavadero procedía de la acequia de Toro que, después de pasar por debajo de la vía del ferrocarril, lamían el “sequer” de El Cano y por el lado del desaparecido matadero llegaba, bordean­do la barriada, a la partida del Ráfol, por el lado de la Serrería de Pardo; de allí tomaba el ramal de agua para el servicio del lavadero.

En nuestros días, los lavaderos públicos de Alzira quedaron en el recuerdo de las señoras que los utilizaron durante muchos años y donde tantos “barrets” hicieron.

Alfonso Rovira, 28.06.1992

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (23) ----- XXV ANIVERSARIO DEL HOGAR DE ANCIANOS SANTA TERESA JORNET ----- POR: ALFONSO ROVIRA

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (23) ----- XXV ANIVERSARIO DEL HOGAR DE ANCIANOS SANTA TERESA JORNET ----- POR: ALFONSO ROVIRA

Hoy domingo 21 de junio, festividad de San Luis Gonzaga, se cumple el XXV aniver­sario de la bendición e inauguración del Hogar de Ancianos Santa Teresa Jornet. La congregación de Hermanitas de Ancianos Desamparados se instauraron en Alzira a principios de 1883. Así lo desearon sus vecinos y así lo manifestaron a la Madre General, su fundadora, Sor Teresa Jornet Ivars, que lo aceptó de buen grado. Fue hallado el local adecua­do, una casa bastante grande en la calle San Roque, 32, hoy desaparecido, estaba frente el ayuntamiento. A la inauguración asistió la fundadora de la orden acompañada de cuatro hermanas, siendo recibidas en el ayuntamiento por el alcalde Juan Redal y el cura párroco de Santa Catalina, León Gadea. Con la corporación municipal y vecinos, se trasladaron a la parroquia de Santa Cata­lina donde, en acción de gracias, se cantó un Te Deum. Ochenta y cuatro años estuvieron Hermanitas y ancianos en el viejo caserón, ya que después de transcurrido el tiempo, amena­zaba ruina.

En el año 1963 se formó una junta pro construcción de la nueva casa que comenzó a llevarse a cabo el 26 de agosto de 1963. Presidía la misma, el alcireño Luis Suñer Sanchis, junto con otros buenos vecinos, que tras elegir el lugar adecuado, en la partida del Alborgí, a extramuros de lo que fue la antigua isla de Algezira. Este lugar hoy es una de las más bellas avenidas de la ciudad. Las obras que se realiza­ron en su día ascendieron a un total de doce millones de pesetas y las mismas ocuparon una extensión de diez mil metros cuadrados.

A la ceremonia de la inauguración asistieron autoridades provinciales y locales, así como muchísimos alcireños. Los padrinos fueron el alcalde de Alzira, José Pellicer Magraner y la esposa de Luis Suñer, Carmen Picó.

En la fotografía, que ilustra nuestro reportaje vemos al gobernador civil, Antonio Rueda, al que acompañaron la esposa del alcalde, Carmen España; el presidente de la junta de obras, Luis Suñer; Eugenio Martí; el capitán de la guardia civil, José Valhondo; María del Carmen Suñer con  su abuelo, An­tonio Picó; Ramón Flor; Juan Ferrer Ferrandis; Francisco Clari y Eduardo Vicente Bono, que era el administrador de la junta. También aparecen otras autoridades locales.

La misa fue oficiada por el vicario episcopal de la zona sureste, Vicente Torregrosa, al que acompañaron el arcipreste, Francisco Albiol y sacerdotes de las parroquias de la ciudad. Por parte de la Comunidad estaba presente la Madre General, Sor Mercedes del Niño Jesús Villarrica. El vicario episcopal procedió, en primer lugar, a la consagración de la mesa altar, que en principio se hallaba en la parte opuesta a donde se sitúa en la actualidad, que era la entrada a la capilla. Siguió a este acto la celebración de la eucaristía, pronunciando la homilía el padre agustino, Juan José Domínguez, hermano de la Madre Superiora, Sor Carmen del Redentor. Poco después de la santa misa, a la entrada, el arcipreste Francisco Albiol procedió a la bendición de la residencia descubriendo los padrinos una placa conmemorativa que dice: “Alzira levantó este Hogar Teresa Jornet para los ancianos, presidiendo la junta de construcción el excelentísimo Señor Luis Suñer Sanchis. 28-8-63/21-6-67.

Seguidamente, Luis Suñer pronunciaba unas palabras manifestando “cuando en 1963 recibía el encargo de la Madre General, no dudé en aceptarlo complacido e ilusionado, porque la tarea confiada en levantar un hogar para nuestros ancianos merecía la pena. El día de hoy, para mi está muy cargado de emoción y es por lo que le manifiesto que cumplo el deber de decirle que le entregamos el Hogar Teresa Jornet, junto a la promesa de que sus moradores estarán siempre en nuestro corazón con la ayuda de todos los alcireños”.

Otros parlamentos siguieron a Luis Suñer, la Madre General dio las gracias a todos los benefactores de esta ciudad; el alcalde y el gobernador civil pusieron final a los discursos para inaugurar el Hogar de Ancianos Santa Teresa Jornet, que siguieron a una comida extraordina­ria para los ancianos servida por las esposas de autoridades de la junta de obras y las reinas de las fiestas Fina Benedito y María José Aguilar, para celebrar esta fecha tan especial. Felicidades a la Comunidad por esta etapa cumplida de veinticinco años en la nueva casa y que sigan con este afán de trabajo por servir a personas desvalidas y desamparadas donde encuentran un nuevo hogar y una nueva familia, entre estos ángeles de Dios. 

Alfonso Rovira, 21.06.1992

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (22). JOSE MARÍA PARRA, UNA MEMORIA ESCONDIDA ENTRE LEGAJOS. POR: ALFONSO ROVIRA

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (22). JOSE MARÍA PARRA, UNA MEMORIA ESCONDIDA ENTRE LEGAJOS. POR: ALFONSO ROVIRA

La mejor y más grata imagen que conservamos grabada en nuestra retina del regio sacer­dote, archivero municipal y cronista oficial de Alzira José María Parra Ballester, corresponde a su salida de la casa consistorial después de la jornada laboral en el archivo, sito en la última planta del ayuntamiento; con el traje talar, tocado con su teja y envuelto con el manteo. El venerable cléri­go, alto y enjuto, era casi todos los días esperado para acompañarle, poco después de las dos de la tarde, en las inmediaciones de la Casa de la Ciudad, por su sobrino Ricardo Fluixá Gómez,  muchos años director de la Escuela Municipal de Dibujo. El Padre Parra había nacido en Alzira el 3 de mayo de 1888, festividad de la Santa Cruz. La carrera sacerdotal la realizó en el Seminario  de Valencia, siendo ordenado sacerdote en 1912. Su primer destino fue un pueblecito de la Vall de la Gallinera, Benisivá, en el arciprestazgo de Pego. Unos años después, en 1917, fue nombrado cura ecónomo de la parroquia de San Juan de su ciudad natal, ejerciendo también su ministerio en la ermita de la alcireña barriada de l’Alquerieta, que no fue parroquia hasta el año 1954.

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Prolija actividad cultural

Su dilatada vida en torno al estudio marca un largo y sentido aspecto cultural. Su silenciosa dedicación a la ordenación del rico archivo de la ciudad del Xúquer, donde puso a punto toda la copiosa documentación histórica. Como obras definitivas, el ayuntamiento publicó en 1967 un voluminoso libro con el catálogo de pergaminos de la Cancillería Real. La brillante traducción y magistrales comentarios son la cumbre de la obra de José María Parra. Fue reeditada años después. En 1972 fue publicada su última obra: “El Compromiso de Caspe y la Villa de Alzira”.Los achaques de la avanzada edad, noventa años, interrumpieron su trabajo cuando dedi­caba largas horas al estudio del rey de Aragón Jaime I, como homenaje en su centenario.

El viernes 16 de junio de 1978 fallecía en su domicilio de la céntrica y populosa avenida de los Santos Patronos José María Parra Ballester. Cumpliéndose su última voluntad, tras el óbito, fue trasladado por el camino más corto al camposanto. En varias ocasiones había comentado con su sobrino, Ricardo Fluixá, que no quería “pasacalles”, que fueran directos al cementerio. Así se hizo al día siguiente, sábado, a las nueve de la mañana, acompañado el féretro tan sólo por su albacea y sobrino Ricardo Fluixá, sus sobrinas Elisa Boquera y María Ignacia Oroz Parra y el ama de llaves, Amparo Castelló. El cadáver fue depositado en la capilla del cementerio municipal hasta las cinco de la tarde del mismo día, en el que se celebró una misa rezada por el arcipreste, Francisco Albiol Bañón, al que acompañaron en la eucaristía el obispo dimisionario de Ciudad Real, monseñor Juan Hervás y sacerdotes de las distintas parroquias  de Alzira. No hubo representación oficial en el sepelio, como el mismo dejó legado, dada su excep­cional humildad.

En la imagen retrospectiva que hoy acompañamos a este artículo, que perpetúa su me­moria, aparece el ilustre sacerdote acompañado, a la izquierda de la fotografía, por el gobernador civil de la época, Rafael Orbe Cano. A su derecha puede verse al entonces alcalde de la ciudad, José Pellicer Magraner, también fallecido, y, entre otros, al que fue presidente de la Diputación Provincial de Valencia, el setabense José Antonio Perelló Morales y al concejal del Ayuntamien­to de Alzira, Rafael Andújar Oliver. La fotografía que ilustra nuestro comentario corresponde a una visita oficial que realizó el gobernador civil a Alzira. La primera autoridad municipal tuvo especial interés de que las autoridades de la provincia conocieran de cerca los ricos documentos que se conservan en el Archivo Municipal de Alzira y que tuvieran oportunidad de saludar a su conservador más directo, José María Parra. 

Merecido homenaje

El ayuntamiento de su ciudad natal le tributó el más merecido homenaje cuando dio su nombre al nuevo instituto de enseñanza media que se ubica en la barriada de la Sagrada Familia, al norte de la población. El recuerdo de José María Parra ya es memoria para los futuros estudiosos de temas alcireños.

Para los que gozábamos de su amistad, de su infinita bondad, de su humanidad en sus consejos de sabio, ponderado y animoso, perdurará siempre en nuestro corazón. Con su muerte, hoy hace casi catorce años, la ciudad de Alzira quedó huérfana de un hombre que marcó una época en los anales de su historia. 

Alfonso Rovira, 14.06.1992

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (21) // NEGOCIOS SOBRE RUEDAS // POR: ALFONSO ROVIRA

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (21)     //     NEGOCIOS SOBRE RUEDAS     //     POR: ALFONSO ROVIRA

Hasta no hace muchos años presenciábamos por las calles de nuestra Alzira unos perso­najes populares que se nos hacían familiares y que tenemos presentes en nuestra memoria. Se dedicaban a recorrer el pueblo pregonando en voz alta su honrado trabajo. Eran los profesionales liberales que queremos recordar aquí.

La imagen con la que hoy  acompañamos el artículo es toda una muestra de aquellos personajes que laboraron en las calles. Se trata del llanterner y hojalatero, al que vemos sentado en su caja de herramientas; a su mismo lado un bote alto, que era el portador de las brasas, donde asoman dos mangos de soldado­res. Pegado a la caja, una botella de ácido sulfúrico para la limpieza del soldador. El llanterner está arreglando un lebrillo, rajado quizás por algún golpe; lo cose con unas grapas a lo largo de su rotura y quedaba como nuevo.

Habían otros, como el que anunciaba “paraigüera barata, s'apanyen paraigües a la mateixa casa". Al son de la música de un instrumento denominado popularmente pinta, acompañado de un carrito de una rueda y varias piedras de afilar anunciaba su bien hacer el esmolaor. Saben ustedes del afilador Enrique Lamelas Álvarez, cuya profesión ha heredado un nieto suyo. ¿Quién no ha saboreado un buen vaso de agua limón que vendía por las calles Enrique Rovira? Recuerdo también  al señor Toni Serrano, que siendo cacahuero y viviendo en l’Alquerieta, también en verano proclamaba “aigua limón quallada i dolça”. En invierno, al anochecer, aparecía por las calles portando un capazo y dentro de él un saco con castañas recién asadas y en la otra mano una linterna de aceite, pregonando “castanyes torraes, calentetes i bones”. Otro personaje era el bueno del señor Pepe Mascarell, el Bolo, vendía lotería diciendo “demá el sorteo, que poquet viura el que no ho vora... Demà el sorteo...”

Hay quien recorría la población con la bicicleta en la mano anunciando “metal, coure i ferro vell, teniu per a vendre ...” o aquel que decía “pells de conill cambìe per caixetes de mistos”. Una señora tirando del burret que llevaba el carro, cambiaba “draps i espardenyes velles, per plats i gots”. Otro personaje decía ‘yauuuuu ...”, vendía cal para blanquear las paredes de la casa y los corrales; era el calciner, creo que venía de Carlet. Otro simpático personaje era el señor Agustí, el terrero, que anunciaba el producto que las señoras utilizaban en la cocina para limpieza de la vajilla; en alta voz proclamaba “el terrero, terrero, terrero, terreroooo”.

¿Se acuerdan ustedes de un burrito bien adornado con sus albardas portadoras de arrop i talladetes? Pues era de Benigánim, donde este producto tan dulce se fabrica y creo que siguen haciendo los paisanos de la beata Inés, pero ya no lo distribuyen con el burret. También los alcire­ños nos acordamos de la señora Pepeta, la Gorrineta, que vivía al final de la putxada de Baltaro, muy cerca del camino que se dirige al Respirall; vendía terreta, de la que se abastecía en el monte, en el camino de la travessa, al lado del restaurante que regentaba la señora Fina en el Respirall. Por otra parte, también estaban los hermanos Blasco que, con una rapidez pasmosa, dis­tribuían por los domicilios en su carro hierba para los animales. Eran los albarsediers. ¿Quién no se acuerda de las pescateras que anunciaban con sus cestas cargadas de este producto “sardina fresca”?. La señora Victorina era una de ellas.

Cuando era niño el que suscribe, los domingos muy temprano salía a la calle para comprar churros al señor Vicente Calatayud. Era un hombre que vivía en la calle Nueva, era de Navarrés; también en su cesta de aluminio, en otro departamento, llevaba papas. Y aparecía otro en el escenario natural de la calle que pregonaba “porte brossetes de la Serra Mariola per a la panxa”. En aquella época de la venta ambulante había un buen hombre, el señor Grau, que con su maleta de madera pregonaba por las calles de Alzira y La Ribera “es para la vista cansada y miope”; vendía, ya lo habrán adivinado, gafas.

“Faixero, faixes”; era de Canals. “Regalicia de vara”, pregonaba un hombre que vivía en un huerto del termino de Benimuslem. El somierer y matalafer, un oficio que desempeñaba un hom­bre de la calle Colmenar. El abuelo Carrucha, que vivía en la calle de la Font, vendía helados en su carrito ambulante construido para este menester. “Caragols cristians i moros”; el Granotero era otro personaje popular.

Sabemos que hubieron muchos más personajes de esta índole. Eran tiempos muy difíciles los veinte años que si­guieron al terminar la guerra de 1936. Estos personajes, que aquí hemos recordado con todo cariño, ganaban lo que podían honradamente para llevar a casa lo necesario, que siempre era escaso para el sustento y supervivencia de la familia. 

Alfonso Rovira, 07.06.1992

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (20) // LA ROMERÍA EN HONOR A LA VIRGEN DE LA MURTA DE ALZIRA // POR: ALFONSO ROVIRA

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (20)     //     LA ROMERÍA EN HONOR A LA VIRGEN DE LA MURTA DE ALZIRA     //     POR: ALFONSO ROVIRA

Esta misma tarde, el salón de sesiones del ayuntamiento alcireño volverá a acoger a la imagen de la Virgen de la Murta, después de pasar el día en el valle del mismo nombre donde se apareció a unos monjes en los inicios del  siglo XI. Todos los años, desde hace más de cuarenta, realizan los alcireños una romería a las ruinas del monasterio de Jerónimos, un domingo, en mayo, o en el siguiente mes de Junio.

La imagen, que un día llegara a “refugiarse” en la casa consistorial, después de la exclaustración de los monjes jerónimos que la custodiaban y antes de incorporarse a su capilla de la iglesia de Santa Catalina, todos los años se desplaza al Valle. Está situada en el altar de San Silvestre Papa y desde allí es recogida esa mañana del domingo por la cofradía de manos de un concejal del consistorio alcireño y acompañada por numerosos romeros en sus vehículos en caravana, recorriendo parajes por las tierras feraces donde crecían espigas de trigo, que San Juan de Ribera, —que también visitó el valle de la Murta— quería para elaborar formas que por la consagración había de ser el Cuerpo de Cristo.  

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Caravana de fieles 

Antiguamente, la romería discurría por el camino de la Murta, que no era otro que por la putxada de Baltaro, dejando a la derecha el huerto de Magnota, con el que los alcireños conocían el nombre de Macnaugthan, un inglés que llevó el agua potable a Alzira; a la izquierda dejaban la muntanyeta del Salvador, donde se venera la Virgen de Lluch; seguía el garrofer de Bonaire, desde donde se nos permite la visión del paisaje del Pla de Corbera, con sus innumerables pueblos y cuyas tierras son regadas por el Xúquer. Poco después, la romería dejaba a la izquierda el camposanto para dirigirse por el camino de la umbría a la Murta. Al fondo se sitúa el macizo de montañas que protegía al monasterio, como el Cavall Bemat y la Creu del Cardenal; a la izquierda el tallat Roig  y a la derecha las crestas que lo separan del valle de la Casella.

Llegados a la Murta, la imagen de la Virgen, hasta no hace muchos años en que un voraz incendio hacia desaparecer la pléyade de pinos, era entronizada en la explanada, al Lado de las dos balsas,  muy cerca del canalillo de agua procedente de la fuente. Era entronizada por un tronco de uno de los pinos y los romeros campaban alrededor para la celebración de la eucaristía que oficiaba el párroco de Santa Catalina y arcipreste de San Bernardo, Francisco Albiol.

En la fotografía que acompañamos vemos, en la presidencia de la  misa,  al que fue presidente de la Real Cofradía, Manuel Oro, al que acompaña­ban el capitán de la Guardia Civil, Luciano Borges Salvador; el teniente alcalde del Ayuntamiento de Alzira, Rafael Presencia; el  concejal José Tudela; Salvador Núñez Garés y Eduardo Domenech. A la izquierda de la imagen, al lado de Manuel Oro, Ricardo Llácer y su esposa Marita Ferrer, así como Ángeles Cervantes.

En estos últimos años, la misa se celebra al pie de la puerta principal de la iglesia que fue del monasterio, tras atravesar el puente de Felipe II. En esta ocasión es oficiada por el delegado del arzo­bispado y vicario episcopal de La Ribera, José Nácher, que a su vez es el director espiritual de la cofradía. 

Misa al aire libre 

¿No han asistido ustedes a una misa en el templo de la naturaleza? Les aconsejo que lo hagan. El alma parece más humilde y hace sentir además un goce íntimo al pensar que somos parte de la misma y que algún día confundirá nuestro cuerpo con ella la presencia inefable de quien todo lo ha creado.

El tiempo hace recordar que hace muchos años, más de treinta, al atardecer de un día de romería, nos sorprendió la visita de Monseñor Fray Vicente Roig Villalba, vicario apostólico de Arat, obispo de Valledupar, en Colombia y natural de Guadassuar. Juan Blasco Ferrer, a través de la emiso­ra Radio Alzira, desde el teléfono de la casa solariega, en directo, le entrevistaba. Después de hacer una cronología de las personalidades que habían visitado el valle, desde Felipe II, San Vicente Ferrer y otros santos, cardenales y obispos, le preguntaba ¿qué impresión le había producido en el orden estético la incon­fundible paz y hermosura de estos parajes?

El obispo guadasuarense, fallecido hace unos años —su ciudad natal le dedicó un monu­mento que perpetúa su memoria— manifestaba: “al llegar aquí y al ver que la Real Cofradía de la Virgen de la Murta en un día de peregrinación ha suscitado un gran fervor alrededor de la imagen tan antigua, me he sentido lleno de entusiasmo. He visto como los alcireños no olvidan nunca sus tradiciones y sobre todo aman a la santísima Virgen. Todo lo que signifique el engrandecimiento de nuestra Señora, bajo el título de la Murta, es engrandecer la historia de AIzira". También instó a la cofradía a erigir una pequeña iglesia al estilo gaudíano para venerar la virgen en esos bellos parajes.

Hoy los alcireños siguen realizando el legado que dejaron nuestros mayores, la romería al Monasterio de Nuestra Señora de la Murta. Nosotros queremos dedicar un cariñoso recuerdo para las personas que hicieron posible esta realidad, que figuran en la fotografía, y otros que no lo están, como el metge Manuel Just, y que ya no pueden compartir con nosotros este día de gozo. 

Alfonso Rovira, 31.05.1992

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (19) // LA VIRGEN DEL LLUCH, UN CUARTO DE SIGLO CORONADO DE DEVOCIÓN // POR: ALFONSO ROVIRA

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (19)     //     LA VIRGEN DEL LLUCH, UN CUARTO DE SIGLO CORONADO DE DEVOCIÓN     //     POR: ALFONSO ROVIRA

Era domingo, el 22 de mayo de 1966, cuando se llevó a cabo, en la Plaza Mayor de Alzira, la solemne coronación pontificia de la imagen de la Virgen de Lluch. El domingo anterior, día 15, se iniciaron los festejos extraordinarios. Aquel día visitaron el santuario en peregrinación los alcireños residentes en la capital de la provincia, encuadrados en la Colonia Alcireña que presidía Eugenio Martí Sanchis, así como los valen­cianos pertenecientes a la cofradía del Santo Cáliz, que presidía Luis María Lluch Garín, para ganar el jubileo de aquel año santo mariano. A continuación de esta visita, hacia las siete y medja de la tarde, los alcireños bajaron la imagen de la Virgen a la ciudad para visitar la misma, quedando entronizada en la parroquia arciprestal de Santa Catalina.

El jueves 19, en el cine Salomón, se llevó a cabo una velada en honor de la Virgen de Lluch, donde en primer lugar intervendrían  la orquesta Serenade con su vocalista Bernardino, que interpretaron una selección de canciones; después lo haría el coro del conservatorio de la clase conjunta, dirigido por el maestro Santiago Sansaloni. A continuación se entregaron las medallas de la coronación a distintas entidades y perso­nas, efectuando la misma los padrinos de la coronación, Adrián Campos y María del Carmen Suñer. Acto seguido, el sacerdote valenciano José Zahonero Vivó, presentó el Himno de la Coronación, del que era autor, así como también lo es del Himno a San Bernardo y sus hermanas, patronos de la capital de La Ribera Alta, el musicólogo y organista de la catedral de la ciudad de Valencia, reverendo J osé Climent.

Los actos propios de la coronación comenzaron a las cinco y media de la tarde del domingo día 22, cuando llegó a la Plaza Mayor de Alzira la imagen de la Virgen de Lluch. La comitiva la abría la banda de cornetas y tambores del Instituto de la Guardía Civil, vestidos con  uniforme de gala, siguiendo la carroza portadora de las imágenes relicario de los Santos Patronos, autoridades y jerarquías seguían después. La imagen de la virgen fue entronizada en un templete en el centro de la plaza y se procedió a la ofrenda de flores.

La presidencia oficial la ostentaba el gobernador militar de Valencia, Diego Mayoral Massot, en representación del capitán general de la Región Militar al que acompañaban el teniente coronel de la 134 Comandancia de la Guardia Civil, Isabelino Cáceres Ruiz. En la tribuna, la corporación municipal, presidida por el primer teniente alcalde Ramón Flor Orlells; los presidentes de la cofradía, José Palacios y María Moll y el presidente de la archicofradía de los Santos Patronos, Manuel Montagud.

Tras unas palabras del presidente, José Palacios, sobre la gran labor que se estaba desa­rrollando en Alzira; el periódico Levante, a través de su delegación y del responsable de la misma, Ismael Mascarell, y su equipo, recibieron de parte de los padrinos de la coronación la medalla de oro.

A las seis y media de la tarde llegó a la Plaza Mayor el arzobispo de la diócesis Dr. Marcelino Olaechea y Loizaga. Por su parte, el canónigo de la catedral, José María Belarte Vicent, procedió a dar lectura del decreto pontificio por el que se concedía la coronación de la imagen de la Virgen de Lluch.

Tras bendecir las coronas, se llevó a cabo la coronación por el arzobispo Marcelino Olaechea iniciándose seguidamente la misa de pontifical. Al finalizar la eucaristía, José Palacios pronunciaba unas palabras dirigidas al prelado, en las que recordó las grandes realizaciones religiosas en Alzira, culminadas con la coronación pontificia, ambientada en el fervor popu­lar y en el sentir de un pueblo fiel. A continuación, el arzobispo y su séquito, así como las autoridades provinciales, fueron despedidos con el mismo ceremonial de llegada, mientras que se organizaba la procesión para trasladar a la imagen de la virgen a su santuario de la Montañeta del Salvador.

Muchos rostros conocidos figuran en la imagen gráfica que acompañamos, de las personas que asistieron a este acto solemne. Reconocerán ustedes, entre otros, a Ramón Flor; a los doctores Agustín Forcade!l, Vicente Sifre Pelufo, Miguel Rodríguez de Arellano, Enrique Montalvá y Camilo Dolz; a la reina de la Colonia Alcireña en Valencia, María del Carmen Na­varro, hoy presidenta de la cofradía, e Irene Piera y su marido José Luis Vivar; a los conceja­les del ayuntamiento de aquella época, Rafael Andújar, Rafael Giner, José Boluda y Francis­co Clari; a muchas de las camareras de la Virgen y, en primer plano, al gobernador militar de Valencia con su esposa.

Una fiesta que todavía hoy recordamos  que se celebró ya hace más de un cuarto de siglo, 26 años, aquí en la ciudad de Alzira capital de La Ribera Alta del Xúquer.

Alfonso Rovira, 24.05.1992

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (18) // EL NACIMIENTO DEL INSTITUTO JOSÉ MARÍA PARRA EN 1968 // POR: ALFONSO ROVIRA

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (18)     //     EL NACIMIENTO DEL INSTITUTO JOSÉ MARÍA PARRA EN 1968     //     POR: ALFONSO ROVIRA

Pocas son las personas que hayamos conocido que en nuestra población les dedica­ran calles o algún centro institucional. A Luis Suñer, en el año 1967, le rotularon una de las vías más importantes de la ciudad.  Al año siguiente, 1968, el instituto de enseñanza media sirvió para recordar a otro preclaro hijo de Alzira: José María Parra Ballester. El alcalde de entonces, José Pellicer Magraner, y la corporación que presidía, dedicaran este centro de educativo ubicado al norte de la población, dentro de la barriada de la Sagrada Familia.

Fue el 10 de diciembre de 1968, cuando fue inaugurado oficialmente —el próximo año 1993 nuestro instituto cumplirá su primer cuarto de siglo—.  Al acto protocolario asistió el Director General de Enseñanzas Medias, Agustín de Asís y Díaz Garrote, al que vemos en la fotografía saludando al Dr. Miguel Rodríguez de Arellano; también en la imagen están las autoridades locales de la época de 1968; entre otros, Agustín Oliver, Manuel Oro, Enrique Pelufo, al fondo Alberto Rubio, Francisco Montagud y Germán Palop Gimeno. En primer plano, el alcalde José Pellicer y el director del Instituto. A la derecha, Pedro López Llorens.

La bendición de las instalaciones estuvo a cargo del vicario episcopal, Vicente Torregrosa, al que acompañaba el arcipreste Francisco Albiol. También asistió el director del instituto Rey Don Jaime, José Luis Espinosa Ivorra.

El Instituto de Enseñanza Media “José María Parra”, tenía el proyecto en la fecha de inauguración de una capacidad para 1.200 alumnos y contaba con una matricula de 735, de ellos 573 de bachillerato elemental y 162 en el superior y preuniversitario, desglosados éstos en 35 de letras y 127 de ciencias. El edificio contaba con tres plantas, amplios patios previstos para instalaciones de­portivas; treinta y cuatro aulas, tres laboratorios, diez seminarios didácticos, oficinas, secretaría, seis despachos, dos salas de visita, salas de profesores, salón de actos y gimnasio. El inmueble costó al Ayuntamiento de Alzira alrededor de veinte millones de pesetas y la dirección general lo amuebló y dotó de material científico.

En el momento de la inauguración, el alcalde de Alzira, José Pellicer, decía en su parlamento: "Alzira, que en su escudo ostenta orgullosa una llave, como signo inconfundible de posición privilegiada como nudo de comunicaciones en la zona más importante del Reino, cumple su misión histórica de abrirse a la corriente universal de la cultura, y contribuye con esfuerzo a levantar centros de enseñanza de toda clase, no sólo para elevar el nivel cultural de sus hijos, sino también de toda la comarca que, en apretado haz, forman los pueblos entrañables de la Ribera del Júcar".

Por otra parte, el director Pedro López Llorens decía: “hay, además, un hecho que quisiera resaltar especialmente; la estrecha colaboración que ha habido entre el ministerio y la corporación municipal, que no han regateado esfuerzos para llevar a cabo la construcción y puesta en funcionamiento de este centro".

El director general, Agustín de Asís y Díaz Garrote, decía que "Alzira ha dado un ejemplo en la construcción de este instituto y espero que esta corporación sea imitada por otras".

Como cualquier edificio de esta ciudad, el centro de enseñanza media “José María Parra” no se escapó de las garras de la pantanada del 20 de octubre de 1982, pero tuvo la gran suerte de que la empresa castellonense Petromed, de la que cada año sigue recibiendo la visita cariñosa de sus dirigentes y celebrando el Día de Petromed, les ayudara para la norma­lización del centro y pudieran reanudarse las clases, así como la dotación de libros para sus alumnos.

Pero hay más. El salón de actos de este centro alcireño ha estado siempre a la dispo­sición de todos y todas las instituciones que han tenido dificultades para llevar a cabo sus actos por no estar disponible el Gran Teatro Municipal, sea por inundación o afectado por un incendio.

También han estado en él personalidades del ámbito político, como el que fue vice­presidente del Gobierno, Alfonso Guerra, que disertó en aquella ocasión sobre Machado y el preclaro sabio valenciano, el científico Santiago Grisolía, por citar algunos de los más desta­cados.

Muchos y buenos profesores han impartido y lo siguen haciendo la enseñanza en sus aulas. También muchos alumnos que hoy ocupan cargos de responsabilidad en la vida coti­diana han pasado por este instituto alcireño.

Alfonso Rovira, 17.05.1992

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (17) // 350 ANIVERSARIO BERNARDINO Y ALGUNOS HOMBRES QUE LO HICIERON POSIBLE // POR: ALFONSO ROVIRA

ESTAMPAS Y RECUERDOS DE ALZIRA (17)     //     350 ANIVERSARIO BERNARDINO Y ALGUNOS HOMBRES QUE LO HICIERON POSIBLE     //     POR: ALFONSO ROVIRA

Conocí muy de cerca a Manuel Montagud Ricart; gozaba de su buena amistad ya en mis cortos años cuando a principios de 1940 vestía mi cota de monaguillo en la iglesia de Santa Catalina. Lo recuerdo muy bien: era una persona buena, agradable, un bemardino por los cuatro costados. Su ceremonia matrimonial se ofició en el altar de los Santos Patronos, que en aquella época se ubicaba donde hoy la ocupa la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, en Santa Catalina, y en esta ocasión ayudaron la misa dos amigos de su junta en la archicofradía, Juan Gallach y Octavio Clari González.

Manuel Montagud había formado parte de la junta de la Archicofradía de los Santos Patronos antes de la contienda civil en el año 1935; fue uno de los que hicieron posible las fiestas del octavo centenario del nacimiento de San Bernardo, junto con otros alcireños que aún están con nosotros. El señor Montagud Ricart tenía un buen conjuntado equipo en la Archicofradía; unos ya desaparecidos, pero otros, como Emilio Bohigues, siguen trabajando con entusiasmo el legado que le dejaron sus antecesores en la junta. A ellos, con la colaboración de los alcireños, se debe la obra del altar donde se veneran los Santos Patronos de esta ciudad; Bernardo, María y Gracia. Así lo describe su hijo, el historiador y doctor en arte, nuestro entrañable amigo Bernardo Montagud Piera, en su publicación Alzira, estudios artísticos: "... éste fue construido por Elias Cuñat, que comenzó la obra en el año 1962 El conjunto, con mármoles rojos, cremas y verdes, se conjuga con maderas policromadas en oro. Se adjuntan tallas en relieve del ‘martirio’, los escudos de Alzira, del Cister y las tallas plateadas de San Juan de Ribera y San Silvestre". En 1975, Vicente Sanz Castellanos, recientemente fallecido, rubricó dos grandes lienzos con alegorías del bautismo de San Bernardo y de sus hermanas Zaida y Zoraida”. 

Con la imagen en el saco 

No queremos se nos pase por alto, en este recuerdo a Manuel Montagud, una hazaña de un compañero suyo de equipo, Salvador Baeza Peris: realizó la anécdota histórica en los tres años que duró la guerra civil. En 1936 y los siguientes 37 y 38, cada 23 de julio, a la hora que habitual­mente se celebraba la procesión de San Bernardo, él, cargado con un saco al hombro, contenien­do en su interior las imágenes de los Santos Patronos, partía desde la puerta de Santa Catalina, realizando el recorrido tradicional de todos los años por las calles de Alzira, por lo que la cita de Sant Bernat i les Germanetes, con los vecinos de la ciudad, no dejó nunca de cumplirse.

Después de muchos años de labor en pro de Sant Bernat, delicado de salud, Manuel Montagud cedió la presidencia de la archicofradía a un joven emprendedor, Bernardo Mazo Mar­tínez, que llevó el timón de la misma a buen fin. A él se debe la gestión de la adquisición de los terrenos donde antiguamente se ubicaba el convento de San Bernardo y la construcción de un santuario que fue bendecido, tras su terminación, en 1980, con motivo del octavo centenario de su martirio.

Años después tomó el relevo un alcireño incansable, José Palacios, a quien se deben las múltiples gestiones e investigaciones en los archivos del Vaticano sobre nuestro santo Patrón. Bajo su égida se celebró el año Jubilar Bernardino, donde el llorado arzobispo monseñor Roca Cabanellas, el día 30 de noviembre de 1988, procede a la apertura del año jubilar con motivo del 50 aniversario de la restauración del culto a San Bernardo, María y Gracia y la autenticidad de las reliquias de los Santos, cuyo precinto fue destruido en la catástrofe de las inundaciones de 1982, cerrando el año jubilar el Nuncio de Su Santidad monseñor Tagliaferri el día 23 de julio del año siguiente 1989. 

Gran efeméride 

La Pontificia Archicofradía, el próximo año 1993, se dispone a celebrar el 350 aniversario del patronazgo de San Bernardo, como lo describe el que fue archivero munici­pal, José María Parra: "... y sucedió que, dando cumplimiento a las disposiciones del Papa Urbano VIII, los jurados de la villa, con justicia, en consejo general (19 julio 1643) convocado a timbales batientes y vibrantes sones de ‘nafils’ por las calles y plazas de la población, proclamaron Patrón de la villa a San Bernardo mártir".

Manuel Montagud Ricart, que falleció y fue enterrado vistiendo el hábito de San Bernar­do, recibió la recompensa de sus años de dedicación a la Archicofradía, la medalla de oro de la misma, que le fue impuesta en el mes de julio de 1973 por otro alcireño también desaparecido, José España, momento que recoge la imagen gráfica que hoy publicamos junto a estas líneas. Termino con un escogido tramo de la poesía de Juan Bautista Caballero Torres: "Per ser graciós reliquiari, de les imatges senyeres, que son portabanderes d'este poble mil.lenari, fores Ilavors necessari i acumplires ta missió, salvant en tota ocasió als amats patrons d’Alzira."

Alfonso Rovira, 10.05.1992