LA EDUCACIÓN DE ALGUNOS QUE REPRESENTAN AL PUEBLO
Es lo que hay y parece, por desgracia, que para ocupar ciertos cargos hace falta únicamente estar afiliado a un partido y tener el voto de la gente, quedando sin valor otros aspectos como puedan ser modales, comportamiento o educación
Artículo de opinión de Marino Baler
Quien haya leído la inmortal obra de Cervantes, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, recordará el pasaje en que Sancho, antes de partir para hacerse cargo de su ínsula, recibe los consejos que le da Don Quijote al respecto de cómo ha de ser su gobierno. Son consejos de una persona culta hacia otra ignorante, de caballero a escudero. Realmente, son dignos de lectura y disfrute, aunque también deberían serlo de práctica por quienes gobiernan. Los he recordado por una noticia publicada en este periódico hace pocas fechas.
Hasta dónde yo sé, estamos en un sistema llamado democracia, en el que la gente vota a partidos políticos formados por personas que, voluntariamente, representan al pueblo. Nadie pone una pistola en su sien ni les obliga a presentarse, por lo tanto, al hacerlo, se exponen a críticas (no confundir con insultos), y han de ser conscientes y consecuentes al respecto.
Me parece intolerable la forma en la que el concejal de agricultura, Enrique Montalvá, se dirige a la concejala del Ayuntamiento de Alzira Laura Salvador, a quien ha llamado bellaca o sinvergüenza y a quien ha retado cual pistolero del lejano oeste, a enfrentamiento público.
Tanto el señor Montalvá como la señora Salvador han sido elegidos por los vecinos, y faltar verbalmente a quien representa a una parte de los votantes, es hacerlo a todos aquellos que lo han elegido. Por mucho que no le guste lo que pueda decir la concejala, la respuesta ha de ser propia de alguien que representa al pueblo. Nunca se puede emplear un lenguaje más propio de taberna, con insultos, retos o amenazas, y menos viniendo de alguien que ocupa un cargo público.
Es intolerable que un representante del pueblo tenga esos modales cuando no gusta de la opinión de los demás. Es lo que hay y parece, por desgracia, que para ocupar ciertos cargos hace falta únicamente estar afiliado a un partido y tener el voto de la gente, quedando sin valor otros aspectos como puedan ser modales, comportamiento o educación.
Cualquiera que pueda votar tiene derecho a criticar, ¡cualquiera! Y la persona que se presenta a un cargo y resulta elegida, ha de aceptar esas críticas puesto que eso también forma parte del sueldo (muy generoso por cierto). De no estar dispuesto a ello solamente tiene que marcharse a su casa (evidentemente dejando de cobrar) ya que nadie es imprescindible y otro ocupará su lugar. Seguro que no faltan candidatos.
Desconozco quién tiene razón en este caso. No voy a juzgar eso, pero sí juzgo las formas y con las mostradas se pierde toda la razón. Si los políticos han de dar ejemplo a la sociedad en esta ocasión no ha sido así. Quizás es lo que pasa cuando alguien tiene cierto poder en sus manos, llega a creerse invulnerable y no soporta las opiniones ajenas, llegando a reaccionar de forma más propia de un cacique del siglo XIX o de un señorito de cortijo.
Yo mismo me he visto en una situación similar cuando hice un comentario en este mismo periódico sobre una noticia referente a la agricultura. El señor concejal, en respuesta a mi comentario escribió lo siguiente:
“cuando quieres cogemos dos azadas una tu y otra yo y te pones a mi lado a ver si me ganas, a ver si dejas de poner tonterías que tu si que no sirves ni para criticar”.
En fin. Creo que no hay mucho más que añadir al respecto porque si contesto con el mismo tono traicionaría lo que me enseñaron mis padres en cuanto a comportamiento y respeto. Mejor dejarlo y procurar no tentar a la suerte ya que parece estar de moda en el PP, últimamente, acudir a los tribunales para defender el “honor” y cada uno se califica con sus contestaciones.
Sería conveniente, eso sí, que el respeto no faltara, parece harto difícil, pero es cuestión de intentarlo. Aceptar otras posturas o puntos de vista, darse cuenta uno de que no tiene la verdad absoluta ni es inventor de nada. La agricultura existían antes que el señor Montalvá fuera concejal, sí, la revolución agrícola es del Neolítico, aunque también es cierto que la educación se ha de tener 30 años antes de nacer, pero no lo es menos que si no se tiene de adulto ya no se tendrá jamás.
Espero que si algún día deja de ser concejal porque así lo quieran los votantes, no se ate alrededor de un naranjo en señal de protesta, pensando que el electorado es estúpido y se ha equivocado al no votarle para aferrarse al puesto.
En fin, viendo los antecedentes que hay seguro que volveremos a leer y oír más salidas de tono. Lo bueno que tiene Alzira es que ya nos conocemos todos o al menos nos vamos conociendo.
Marino Baler